lunes, 21 de diciembre de 2015

40. «Homenaje a una mujer ilustre», por Volney Conde-Pelayo


Dibujo de Volney publicado en Portugalete en el recuerdo: Los Conde-Pelayo
En un rincón de la costa astur, sola, olvidada de casi todos los españoles, vive una ilustre anciana, honra de las letras española. Allá la han llevado las persecuciones de los reaccionarios, que ni aún en la ancianidad la dejan en paz, y allí vive lamentado la indiferencia, abyección y cobardía de los compatriotas nuestros que no sienten en los presentes tiempos otro ideal sino el de la consagración del torero o la bailarina del día. ¿Sabéis cómo se llama esa anciana? Rosario de Acuña. Después de consagrar toda su vida a la ciencia, al trabajo y a la difusión de las ideas liberales; después de haber sido cantada y admirada en su juventud por los primeros poetas y escritores del pasado siglo; después de haber obtenido ruidosos triunfos como autora dramática; después de haber sido reconocido su genio por las naciones extranjeras que han traducido y propagado sus obras, Rosario de Acuña, abandonada de todos, ha visto alzarse frente a ella en Covadonga el último brote de la Inquisición española hecho carne en la fusión de las derechas. Y ha visto que estos hombres liberales de hoy, voltaríanos sólo en el chiste, que no en las obras, se han cruzado de brazos ante la procaz amenaza de Covadonga y han dejado obrar sin protesta a los representantes de los procedimientos políticos de Torquemada y Arbués. ¿Recordáis a Rosalía de Castro? Todavía hace poco la ha ensalzado un académico en un discurso de recepción; pero lo que se oculta es que la ilustre poetisa gallega se veía obligada a trabajar sin descanso para mantener a una numerosa familia, lo cual demuestra que el Estado español jamás se cuida de asegurar la vida a las personas ilustres; se oculta también que en torno de ella se hizo el vacío cuando publicó su colección de poesías, titulada En las orillas del Sar, que constituían una innovación en la gaya ciencia. Es que en nuestro país se siente en general desprecio hacia la mujer; cuando ésta es sabia el desprecio se trueca en envidia y odio. Si nuestras lumbreras literarias, que en cuanto a feminismo conservan todavía el resabio bíblico de la maldición paradisíaca, tuvieran verdadera mentalidad, no hubiesen cerrado a cal y canto a Emilia Parado Bazán las puertas de la Academia (⇑). Aunque yo no participo de las ideas filosóficas de esta señora, reconozco que vale mucho más que algunos académicos, y que su entrada en la Academia sería, como hace dos o tres años dijo Dicenta no sé donde, una perturbación saludable para las letras. La Academia es símbolo de la vejez y a ella van los que comienzan a chochear: su significación es por eso mismo clerical y opuesta a las innovaciones. Son académicos los que en Covadonga han pactado la unión de todas las ideas viejas.

Como respuesta viril al acto de Covadonga, hay que ir a Gijón en cruzada liberal, a rendir homenaje de cariño a la ilustre viejecita, de corazón juvenil, que se llama Rosario de Acuña. A esa cruzada han de prestar su calor los jóvenes que en Bilbao rindieron tributo al liberal Galdós, y en ella deben figurar todos los maestros de la literatura contemporánea, todos los que hayan arrojado fuera de su pecho el ideal de Pedro el Ermitaños, todos los que verdaderamente anhelan el resurgir de nuestra desgraciada España por la ciencia y la bondad, no por la conquista y la invasión guerrera.

Aguantar día por día acechanzas y maquinaciones de las gentes fanáticas y ver que las quejas se pierden en el vacío, tiene que ser dolorosísimo para una persona que ha puesto su ciencia y su trabajo al servicio de su nación con la perseverancia que lo ha hecho Rosario de Acuña. Merece esta mujer el homenaje, no sólo por sus cualidades literarias y periodísticas de primer orden, sino como mujer de ciencia, porque Rosario de Acuña es naturalista y cultivadora de la ciencia avícola. Quien haya leído las obras suyas que tratan de estas materias, admirará la constancia y energía que ha puesto en su amor a la ciencia y en el deseo de propagar en España la avicultura, que puede ser para nosotros fuente inagotable de prosperidades. Sus conciudadanos han pagado mal tanto sacrificio, y hoy, ya anciana, se ha refugiado en Gijón, viendo cómo se despeña en el abismo la menos previsora de las naciones europeas.

Castrovido, Sánchez Díaz, Aranquistain y otros, deben soportar sobre sus hombros la preparación y cauce del homenaje, que les honraría sobremanera. Hay que hacerlo por dignidad.

El Cantábrico, Santander, 20 de junio de 1916  
El Motín, Madrid, 22 de junio de 1916 
El Diluvio, Barcelona, 28 de junio de 1916


Notas

(1) Volney Conde-Pelayo Urraza (1889-1972) es miembro de una conocida familia de Portugalete, bibliotecario de  y autor de Breves apuntes socialistas (1919), Artículos manuscritos: vida y teoría de Marx (1931), así como de numerosos artículos. Formó parte, como bibliotecario que era, de la Sección Sexta del Consejo de Cultura de Euzkadi, creado en 1937.

(2) Este comentario fue publicado originariamente en blog.educastur.es/rosariodeacunayvillanueva el 29-1-2010.



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