domingo, 5 de septiembre de 2021

243. Un nuevo aliado en las tareas divulgativas

 

A medida que avanzaba en la investigación, a medida que iba profundizando en el conocimiento de su vida y de su obra, me afianzaba más en la idea de que todo aquello había que darlo a conocer, debía de ser conocido. Supongo que fue lo mismo que pensaron quienes me precedieron en esta labor de redescubrimiento: la desmemoria había ocultado durante años un valioso testimonio vital que había que sacar a la luz. Lo había dicho Amaro del Rosal décadas atrás desde su exilio mexicano: era preciso «sacarla del olvido y darla a conocer a la juventud de hoy que tanto necesita de un ideario de libertad, de justicia y de humanismo, que son las tres palabras a las que Rosario de Acuña dedicó su vida...». 

Pronto comprendí que la investigación debía de ir unida a la divulgación. En el otoño de 2004 me propusieron publicar un libro sobre Rosario de Acuña (⇑) destinado al alumnado que terminaba el bachillerato y fue entonces cuando me enfrenté con el dilema. Aunque no tenía concluido el plan que me había trazado, a pesar de tener abiertas varias vías de investigación, contaba con suficiente información, con datos contrastados, que bien podían ayudar a clarificar algunos aspectos de su vida, ocultos bajo la capa que el olvido y la inercia habían tejido durante años. Analicé pros y contras y terminé por aceptar el reto. El resultado fue Rosario de Acuña en Asturias, un libro que tenía por objetivo aproximar el valioso testimonio vital de esta mujer a quienes terminaban sus estudios en el instituto gijonés que lleva su nombre y, por añadidura, a cuantas personas estuvieran interesadas en conocer quién había sido esa mujer y se acercaran a sus páginas. Con los apuntes que sobre su vida en Asturias se dibujan en la primera parte y con la lectura de sus escritos gijoneses (publicados en El Noroeste desde 1909 a 1923) recogidos en la segunda, pretendía contribuir a disipar la borrina que la había ocultado durante tantos años.

Desde entonces, fui consciente de que investigación y divulgación podían –y debían– ir de la mano, tan solo era preciso encontrar los mecanismos adecuados. La publicación en formato libro era la forma tradicional de dar a conocer algo. Sus ventajas resultaban evidentes: las estanterías de las bibliotecas las corroboran. Pero también tenía inconvenientes, dos de ellos a tener muy en cuenta: no depende de la propia voluntad, por lo cual el proceso puede alargarse más de lo deseado (pasaron dos años desde que en 2007 di por concluido Rosario de Acuña y Villanueva. Una heterodoxa en la España del Concordato hasta que fue publicado); además, una vez que está en imprenta ya no se pueden incorporar nuevos datos, nuevas referencias, nuevas actualizaciones, lo que obliga a reediciones o a preparar nuevas publicaciones que completen la anterior.  De ahí que, sin renunciar a las indudables ventajas del libro (ahí están:  ¿Quien fue Rosario de Acuña?El crimen de la calle de Fuencarral; Rosario de Acuña Hipatia (1850-1923). Emoción y razón; Rosario de Acuña), en 2009 abrí dos espacios en Internet que, gracias a la versatilidad propia del medio, me han ayudado a solventar la rigidez del formato papel. Quienes accedan a Rosario de Acuña y Villanueva. VIDA y OBRA (⇑) encontrarán información actualizada sobre los aspectos más sobresalientes de su biografía, los escritos salidos de su pluma y las referencias más recientes de cuanto se haya publicado sobre ella; quienes lo hagan a Rosario de Acuña y Villanueva. Comentarios (⇑) hallarán opiniones y reflexiones –las propias y las, siempre bien venidas,  ajenas– acerca de su trayectoria vital.

Cabecera de La Voz de Asturias del 8-5-1923 donde aparece un texto de Mario Rey: un emocionado homenaje a la fallecida recordando una visita reciente a su casa en El Cervigón

Además de los libros y de los espacios en Internet, me pareció que la prensa resultaba un canal muy apropiado para divulgar su mensaje, pues no sólo llegaría a más personas, sino que también quedaba abierta la  posibilidad de que hubiera quien buscara más información sobre ella en los libros y en la Red. Con este objetivo en mente, desde principios de 2006 («Rosario de Acuña, pionera del montañismo en Asturias» se publicó por entonces) fueron apareciendo algunos escritos en la prensa regional, tanto en La Nueva España como en El Comercio. En esas estaba cuando hace apenas unos meses me topé con diversas informaciones referidas a las audiencias de la prensa que me dieron que pensar: resulta que los periódicos digitales siguen batiendo récords de audiencia; resulta que la diferencia porcentual entre quienes leen los diarios por internet y los que lo hacen en papel sigue aumentando; resulta que, por esta razón, los diarios se han digitalizado y en la mayor parte de los casos requieren de una cuota de suscripción para acceder a los contenidos; resulta que hay diarios que han optado únicamente por la digitalización y el acceso libre, sin pago... Este era el caso de La Voz de Asturias, una cabecera casi centenaria que, tras su cierre en 2012, resurgió tiempo después en formato digital  con un crecimiento constante de su audiencia. Las últimas cifras publicadas (3,3 millones de usuarios únicos durante el año, nueve millones de páginas leídas al mes en 2020... ) se encuentran muy alejadas de las que estoy acostumbrado a ver y  hablan bien a las claras del potencial divulgativo del medio.

Me puse en contacto con Ángel Falcón, su director, y con la vista puesta en la fecha del centenario (días antes de que se cumpla el de la muerte de nuestra protagonista, La Voz de Asturias celebrará el de su salida a la calle), acordamos que periódicamente les enviaría un escrito sobre Rosario de Acuña. En ello estoy. Voy seleccionando entre los comentarios incluidos en este blog aquellos que considero más interesantes y, tras someterlos a un necesario proceso de adaptación (tamaño, contextualización...), se los envío cada tres o cuatro semanas. He aquí el resultado (pulsando sobre el título, podrás acceder al contenido completo):

  • El centenario de la muerte de Rosario de Acuña a dos años vista (⇑). El cinco de mayo de 2023 se cumplirán cien años de su muerte. Con esa fecha en mente y hallándome en esa etapa de la vida en la cual los objetivos se suelen aderezar con cierta dosis de escepticismo, decidí actuar con tiempo, con la mirada larga, no fuera a ser que el calendario terminara por convertirse en un obstáculo insalvable...

  • La primera mujer que ocupa la tribuna del Ateneo de Madrid (⇑). No fue la primera vez que sorprendió a la sociedad madrileña. Ya lo había hecho en 1876, con ocasión del estreno de Rienzi el tribuno, su primera obra dramática: concluido el segundo acto, la autora tuvo que subir al escenario para saciar la curiosidad de los presentes. Al ver aparecer en escena a la joven artífice del drama, el asombro fue tan grande que la sala ensordeció con los inacabables aplausos de los presentes...

  • Marruecos: la tumba de miles de españoles (⇑). Verano de 1921. «Los graves sucesos desarrollados en la zona de Melilla»: con este titular a toda página abre el periódico madrileño La Acción su edición del sábado 23 de julio. La prensa de la capital cuenta que el ministro de la Guerra estuvo reunido en el despacho oficial con sus asesores hasta altas horas de la madrugada; también que Alfonso XIII interrumpirá sus vacaciones en San Sebastián para presidir un Consejo de Ministros extraordinario...

  • Salvoconducto para una mujer separada (⇑). El imaginario colectivo, cimentado sobre arraigados soportes religiosos («Con dolor parirás a tus hijos y, no obstante, tu deseo te arrastrará hacia tu marido, que te dominará»), había situado al esposo y a la esposa en niveles diferentes, y la legislación civil asume y sanciona tal desigualdad: la mujer debe «obedecer a su marido, vivir en su compañía y seguirle a donde este traslade su domicilio o residencia […] no puede administrar sus bienes ni los de su marido…»

  • Por la libertad de cátedra ¡Yo pago la matrícula! (⇑). El artículo segundo del Concordato de 1851, vigente durante ochenta años, lo dejaba meridianamente claro. A la jerarquía católica española le correspondía el derecho a la vigilancia de la ortodoxia ideológica en todos los estudios impartidos en cualquier centro de enseñanza, público o privado, teniendo los obispos y demás prelados libertad para «velar sobre la pureza de la doctrina de la fe, y de las costumbres, y sobre la educación religiosa de la juventud»...

  • A pesar de las llagas en los ojos, aprendió a aprender (⇑). En 1857 fue aprobada la Ley de Instrucción Pública, que regulaba cómo habría de ser la educación de las nuevas generaciones de escolares. Rosario de Acuña, que no había cumplido aún los siete años, era una de las destinatarias de aquel programa que había diseñado el equipo del ministro Moyano Samaniego. Además de las materias instrumentales (Lectura, Escritura, Principios de gramática castellana y Principios de aritmética), la ley también establecía la obligatoriedad...

  • Asturias: el rincón más hermoso, florido y fecundo de la patria (⇑). Mucho antes de que a alguien se le ocurriera el muy afortunado y tantas veces repetido «Asturias paraíso natural», ya hubo quien proclamó con entusiasmo las cualidades paradisiacas de la región. Tal fue el caso de Antonio Pérez Pimentel, español de Cuba llegado a Gijón en l907 como catedrático de Francés del Instituto de Jovellanos, a cuya iniciativa y perseverancia se debe en gran medida la construcción del mirador del Fito...

  • Sorpresa en el teatro. No terminan de creérselo... (⇑). «Si no lo hubiera contemplado con mis propios ojos, si no hubiese visto aparecer una y otra vez en la escena a aquella graciosa joven de semblante risueño, de mirada apacible, de blanda sonrisa y ademán tranquilo y sereno, no hubiera creído nunca que Rienzi era inspiración de una musa femenil». Así mostraba su sorpresa Ramón de Navarrete, Asmodeo, en la crítica que publicó La Época el 20 de febrero de 1876, días después de que el madrileño teatro del Circo acogiera el estreno de ...


(Continuará)