sábado, 21 de enero de 2017

147. Un patronato para el colegio



Alcalá Zamora con una niña durante la inauguración del grupo escolar Rosario de Acuña
En el año 1995 uno de los institutos de Gijón pasó a denominarse oficialmente «Instituto Rosario de Acuña» (⇑). Supuso una novedad para casi todos. Casi nadie sabía entonces quién era ella. A pesar de todo, no era la primera vez que había ocurrido. Sesenta y dos años antes otro centro escolar había recibido ese mismo nombre. Estaba situado en Madrid, en la calle España (actualmente calle María del Carmen, en el distrito de La Latina).

El Gobierno de la Segunda República puso en marcha un ambicioso plan de construcciones escolares para paliar la escasez de plazas existentes en los centros públicos. El grupo escolar Rosario de Acuña era uno de los previstos en el denominado Plan de 1931, que había sido diseñado en colaboración con el Ayuntamiento de Madrid: a los seis grupos escolares que se habían construido entre 1922 y 1928 (Jaime Vera, Pardo Bazán, Joaquín Costa, Concepción Arenal, Pérez Galdós y Menéndez Pelayo) se iban a sumar otros dieciocho... ¡en menos de dos años!  Y, en efecto, se consiguió el objetivo; todos fueron inaugurados en 1933: cinco el 11 de febrero, siete el 14 de abril y los seis restantes lo hicieron el primero de septiembre.

Con gran brillantez se celebró ayer el LX aniversario de la proclamación de la Primera República española. Y la conmemoración en Madrid se efectuó con la mejor fiesta para un régimen democrático: la inauguración de cinco grupos escolares que se han colocado bajo los auspicios de los nombres gloriosos de Pablo Iglesias, Rosario de Acuña, Vicente Blasco Ibáñez, Tomás Bretón y Lope de Rueda.

Así iniciaba el diario La Libertad la información referida a  tan significado evento. Los textos iban acompañados de varias fotografías, entre los cuales figuraba la del presidente de la República, don Niceto Alcalá Zamora, con una niña. En otra página se daba cuenta de una velada en honor de doña Rosario de Acuña (⇑).  Se había celebrado el mismo día, sábado 11 de febrero, en el Ateneo.

Detrás de todo esto debían de estar Carlos y Regina, los hermanos Lamo, quienes nada más proclamarse la república redoblaron sus esfuerzos para conseguir que, al fin, doña Rosario de Acuña Villanueva tuviera el reconocimiento público que, a su juicio, merecía. La nueva situación política parecía más favorable a sus objetivos. No tenían tiempo que perder. En el mismo mes de abril del año treinta y uno Carlos Lamo fue recibido en audiencia privada por el ministro de Fomento Álvaro de Albornoz. Regina, por su parte, seguía, erre que erre, empeñada en dar cumplida cuenta a aquel encargo testamentario de «ordenar, coleccionar, corregir y publicar» todas sus obras literarias publicadas o inéditas, en prosa o en verso. En 1933 vería  la luz Rosario de Acuña en la escuela. Cuentos y versos, anunciado como «Tomo I», el inicio de una serie, de una colección.

Grupo escolar Rosario de Acuña. Una de las aulas y la biblioteca
El grupo escolar Rosario de Acuña, inaugurado el 11 de febrero de 1933 por el presidente de la República, cuenta con comedor, biblioteca, duchas, patio cubierto, servicio médico-escolar, vivienda para el conserje  y  seis secciones para unos trescientos alumnos y, merced al empeño de Regina Lamo Jiménez, también con el auxilio del Patronato Rosario de Acuña, que se pone en marcha poco después, con el objetivo de servir de soporte, de complementar la actividad educativa, incluso de «atender materialmente» a los alumnos de aquel colegio y, por extensión, a cuantos reciban enseñanza en los centros del distrito de La Latina, con la puesta en marcha de un dispensario infantil de asistencia médica y económica. Todo ello sin menoscabo del enaltecimiento de la mujer que da nombre al grupo escolar. 

Una de las primeras iniciativas que toma la junta directiva del patronato es la de organizar un acto de homenaje a doña Rosario. Tiene lugar el 6 de abril en el local de la madrileña Sociedad Económica de Amigos del País y cuenta con la participación de Miguel Tato y Amat, Julián Noguera, Gonzalo de Reparaz y la propia Regina Lamo.  Diose la circunstancia de que entre el numeroso público asistente se encontrara Belén Sárraga, considerada por algunos la discípula más distinguida de la homenajeada, quien no tardando sería una de las participantes en el ciclo de conferencias que el patronato iba a poner en marcha poco tiempo después, destinado tanto a las madres y padres como a los alumnos de las clases de adultos de aquel grupo escolar.

A lo largo del mes de junio del año treinta y tres, ponentes de reconocido prestigio en sus respectivas especialidades ocuparon la tribuna del patronato. Luis Huerta Naves (⇑), maestro e higienista,  dio inicio al ciclo de conferencias con la titulada  «Una lección de eugenesia: la paz por las madres». El jurista y político Luis Jiménez de Asúa intervino para hablar de «La Constitución», analizando sus diferentes tipos y explicando las circunstancias y el modo en que se elaboró la de 1931. «Actuación de la mujer en la vida política española» fue el título elegido por el periodista y escritor eldense Miguel Tato y Amat quien. Belén Sárraga Hernández, masona, republicana y librepensadora, disertó sobre «Principios educativos».

Grupo escolar Rosario de Acuña, semanas antes de su inauguración

En cuanto a las actividades dirigidas a los alumnos del grupo escolar, además de la atención prestada en el dispensario infantil al cual se ha hecho mención más arriba y dejando a un lado el proyecto de creación de una colonia escolar a la que tengo intención de dedicarle un próximo comentario,  son de destacar aquellas que se organizan en alguna festividad o fecha significada. Tal sucede con la velada artística, con chocolatada incluida, que tiene lugar con ocasión de la celebración del Día de la Cooperación Internacional o las que se celebran coincidiendo con el aniversario de la proclamación de la República.

La defensa que de los ideales republicanos realiza el patronato se va a ver impulsada con la llegada de Julia Álvarez Resano para hacerse cargo de la dirección del grupo escolar, habida cuenta de la significación política de esta maestra y abogada, presidenta de la Federación de Trabajadores de la Enseñanza y diputada por Madrid en las elecciones de febrero de 1936.

Cuando las armas se obstinaron en aniquilar los cimientos de la joven república, la junta directiva del patronato, con su presidenta Regina Lamo a la cabeza, se apresuró a brindar su total apoyo a las autoridades republicanas mediante un comunicado que hace público antes de que concluyera aquel trágico mes de julio del año treinta y seis:

El Patronato Rosario de Acuña, identificado con el fervoroso y acrisolado espíritu y acción republicanos, que hoy representa el Gobierno del Frente Popular, se pone a disposición de éste, deseando ardientemente se utilicen los servicios que todos y cada uno de los miembros que lo constituyen pueden y anhelan prestar en hospitales, ambulancias o guarderías de niños. El Patronato Rosario de Acuña pone asimismo en conocimiento de la Dirección general de Primera enseñanza que está organizando una guardería de niños que ampare a los de la barriada de Aluche, a la cual pertenece el grupo escolar que ostenta el nombre de la insigne republicana librepensadora Rosario de Acuña.

Claro está, que tan decidido apoyo a la causa republicana tuvo sus consecuencias. Cuando los nuevos gobernantes se hicieron con el control de la situación el grupo escolar dejó de ostentar el nombre de «la insigne republicana librepensadora» y pasó a denominarse colegio San José de Calasanz, denominación que el edificio mantiene en la actualidad, aunque ahora lo sea como un centro sociocultural dependiente del Ayuntamiento de Madrid.



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