sábado, 28 de enero de 2023

257. Una gijonesa ejemplar

 

Rosario de Acuña: una gijonesa ejemplar

Texto íntegro de mi intervención en la charla coloquio (⇑) organizada por el Fórum de Política Feminista de Asturias que tuvo lugar en el gijonés Centro de Cultura Antiguo Instituto  el jueves 19 de enero de 2023

= = =

Buenas tardes 

Antes de nada, permítanme que mis primeras palabras sean para recordar a José Bolado, fallecido en mayo de 2021, autor de la inestimable edición de las Obrar reunidas de Rosario de Acuña y uno de los impulsores del proceso de recuperación de la memoria de esta gijonesa ejemplar. 

Cierto es que doña Rosario no nació en Gijón, que lo hizo en Madrid el primer día de noviembre del año 1850. No nació en Gijón, pero aquí quiso pasar los últimos años de su vida, aquí quiso morir y en el cementerio civil reposan sus restos, mirando al sol nacer. No es, ciertamente, gijonesa por nacimiento, sino por propia voluntad, porque así lo quiso. La suya fue una decisión largamente acariciada, pues su querencia por esta tierra le venía de lejos a juzgar por sus palabras: «casi desde mi niñez, fue mi sueño rosado vivir y morir en esta Asturias, a la que conozco palmo a palmo».

Portada del folleto editado por el Fórum de Política Feminista de Asturias
Empezó a conocerla a edad temprana, cuando el viaje en tren resultaba toda una odisea al no estar terminada la rampa de Pajares. Por entonces quienes pretendían llegar a la región tenían que apearse en la estación de Villamanín, para tomar allí un coche de caballos que les bajaba hasta Puente los Fierros, donde debían de subirse de nuevo a uno de los vagones que allí aguardaba para llevarlos, al fin, a su destino. Fue en uno de estos tempranos viajes de Madrid a Gijón cuando el tren en el que viajaba fue asaltado por una partida de carlistas. Tenía ella quince o dieciséis años y, acompañada de su padre, venía a pasar un mes del verano, a disfrutar de los efectos salutíferos del mar, a los baños. Sabían que las brisas yodadas tenían efectos beneficiosos para sus enfermos y doloridos ojos. A la vuelta, su madre les esperaba para viajar a París y visitar la Exposición Universal antes de que cerrara sus puertas.

Aquel viaje no lo olvidó. Poco antes de llegar a Villamanin el tren correo se paró bruscamente: la máquina había descarrilado al toparse de pronto con unos railes que habían sido levantados. Por las ventanillas podían verse hombres a caballo que, armados con escopetas y trabucos, amenazaban con la muerte a quien osara apearse. Otros entraban en los vagones pidiendo la documentación a los pasajeros. El que se subió al suyo aprovechó la circunstancia para coger los billetes que había en la cartera que su padre sacó para mostrarles su cédula de identificación. Al poco, un sonido de corneta dio por terminada la operación: los carlistas ya habían encontrado en otro de los vagones el botín que venían buscando. Tras la marcha de los asaltantes y con menos dinero en el bolsillo, padre e hija tuvieron que caminar en dirección a Busdongo, hasta encontrar cobijo en una de las casas del lugar. A la mañana siguiente, pusieron rumbo a Puente los Fierros, puerto abajo, en un carro tirado por un burro que habían conseguido alquilar en la localidad leonesa. Una vez allí, tomaron otro tren que, al fin, los condujo hasta su ansiado destino, donde esperaban unos buenos amigos.

Volvió en más de una ocasión, y no solo a Gijón, y no solo para que sus ojos se beneficiaran del aire marino. Asturias fue uno de sus destinos recurrentes en aquellos viajes a caballo que cada año realizaba para recorrer su querida España. Cuando el sol de mayo comenzaba a calentar las tierras, salía de Pinto a lomos de una dócil cabalgadura para conocer una parte de su vieja patria, en largas jornadas de varias decenas de kilómetros, que terminaban con un merecido descanso, bien en una pensión, bien al resguardo de una tienda de campaña. Y así durante semanas, hasta que, ya entrado el otoño, regresaba a su Villa Nueva, la casa que se había hecho construir a las afueras de la pequeña localidad pinteña.

De una de aquellas expediciones –la que realizó en 1887– contamos con algunas notas que ella iba recogiendo con la intención de publicar un libro. Sabemos que por entonces pasó unas cuantas semanas en Asturias. Estuvo algunos días en Trubia, conviviendo cara a cara con el temor que atenazaba a los obreros de la fábrica de armas, sometidos como estaban al férreo control que sobre ellos ejercían los oficiales del Ejército que la dirigían. La siguiente parada tiene lugar en Luarca, donde hay quienes la agasajan, organizando una velada en su honor que se celebra en el casino, y quienes, teniéndola por una atea y enemiga de la religión católica, le envían anónimos con amenazas de muerte. Al abandonar la capital valdesana, al dejar atrás las disputas de los hombres, no pudo menos que olvidarse momentáneamente de todo, para deleitarse contemplando la inmensidad del océano, de ese mar siempre cambiante que tanto le atraía.

Dos o tres veranos después volvió a Asturias, en una nueva expedición, con la intención de recorrer durante cinco meses, a caballo y a pie, buena parte de la Cordillera Cantábrica. En ese tiempo realizó algunas ascensiones de las que dan cuenta sus escritos, alcanzando las cumbres de, al menos, Peña Remoña y El Evangelista. Al parecer, se valía de un caballo asturcón para aproximarse hasta las primeras pendientes; a partir de ahí, esfuerzo, tesón, pericia... En la cima de la Pica del Jierru (o Pico del Evangelista, que era como solía aparecer por entonces en los mapas), sus ojos se recrearon en la panorámica que desde aquellas alturas, a más de dos mil cuatrocientos metros, se contemplaba: si miraba hacia el sur, las estepas castellanas; si lo hacía al norte, la azul inmensidad del mar; y allí al lado, «Asturias, ¡la sin par Asturias!, donde el alma se embriaga de suavidades y la imaginación se impregna de ideales».

En el transcurso de estas expediciones a caballo por tierras asturianas conoció lugares que no eran habituales para la mayoría de sus habitantes: Leitariegos, Tarna, Ventaniella, el desfiladero de los Beyos que, según nos cuenta, era «uno de esos cañones de ríos inverosímiles si se explican, asombradores si se contemplan». Nos habla con deleite del Nalón, río que conoció «desde sus fuentes principales, en las heladeras majestuosas de la Nalona, hasta el deslumbrante panorama de su desembocadura en Soto del Barco». Precisamente, a la incomparable visión que contemplaba desde un amplísimo balcón que se alza sobre el alto Nalón, dedicó sus mejores palabras. Cuenta que, tras avanzar a gatas hasta la misma arista volada sobre el abismo, pudo contemplar la sucesión de valles, montes, colinas, vegas y pueblos, que se derrumbaban delante suyo en inacabable sucesión. Y allí, en aquel incomparable escenario, lo vio, o quizás lo intuyó en la lejanía: «El Nalón corría allá, lejos, muy lejos, y detrás de los últimos límites, en el fondo brumoso, sobresaliendo sobre las nieblas, que sacudían sus pliegues sobre vegas y picachos, cortando el esplendor de una mañana gloriosa de luz, un telón inmenso, azul cobalto oscuro, confundido en línea indecisa con el celeste del infinito, se desplegaba en el horizonte: ¡era el mar!»

¡El mar! ¡La serena majestuosidad del océano! ¡Como lo echó de menos durante aquellos largos meses que permaneció postrada en cama, luchando contra las fiebres palúdicas que la llevaron al borde de la muerte! Fue entonces cuando tomó la decisión de abandonar su casa de Pinto para ir a reencontrarse con el mar. Podría haber sido esta la ocasión para mudarse a Asturias, pero no, entonces decidió poner en marcha una granja avícola en Cueto, una pequeña localidad cántabra situada en las proximidades del mar y a unos pocos kilómetros del centro de Santander.

Allí estuvo varios años, dedicada por entero al cuidado de sus patos y gallinas. En aquel tiempo su actividad era incesante: salvo las seis horas reglamentarias de sueño y el preceptivo descanso de un par de horas que se tomaba en las tardes del domingo, momento que destinaba a sentarse en un acantilado próximo a su vivienda para contemplar la inmensidad del mar, todos los minutos de cada uno de los días estaban ocupados. Ya no había tiempo para expedición alguna, ni a pie ni a caballo.

Todo cambió en la primavera de 1905. Una noche del mes de abril, los ladrones entraron en su granja y se apoderaron de gallos y gallinas con un valor que, a precios de mercado, suponía el importe de un año de trabajo. Aquel robo la hizo desistir. Fue un duro golpe para ella. Al importante perjuicio económico, se une la desesperanza que le produce la miseria humana, pues tiene fundadas sospechas de que los ladrones residen en las proximidades, y la certeza de que sus gallos y sus gallinas se venden impunemente en el mercado de la capital. Tras varios meses de búsquedas e indagaciones, con oferta de recompensa incluida, decide poner fin a su trabajo de avicultora.

Desmantelada la granja y libre ya de las ataduras requeridas por la atención a los animales del corral que le habían impedido ausentarse de la localidad, recupera su actividad viajera: pasa un tiempo en Suances, luego en Santillana del Mar… A finales de septiembre de 1906, coincidiendo con la feria anual, se encuentra en un hotel de Reinosa. Allí compró un potro que habría de transportar sus pertenencias en el viaje a pie que, partiendo de Soto de Campoo, la llevaría a adentrarse de nuevo en tierras asturianas.

Llevaba varios años sin gozar de la belleza de sus ríos y de sus montañas, sin disfrutar de aquellos paisajes que le habían hecho exclamar que no había nada más soberanamente bello que Asturias. Además y por si los atributos que la naturaleza había concedido a esta tierra no fueran razón suficiente, en este privilegiado escenario habitaba también la esperanza: «un apretado haz de consecuentes, austeros y resueltos» que militan en el campo de la libertad, obreros concienciados y combativos, hijos del pueblo ansiosos de ilustrarse, de librarse de la superstición y de abrazar la racionalidad y el progreso; mujeres a quienes desea ver «emancipadas de los fanatismos de las religiones positivas».

Quizás fuera en el transcurso de este viaje cuando tomó la decisión, lo cierto es que no tardará en instalarse en Gijón, residiendo durante seis meses en una pensión de la localidad. Lo hace de incógnito, «sin que nadie notase mi presencia» escribió ella, como si de una prueba se tratara. Debió de resultar satisfactoria, pues al año siguiente compra un terreno situado sobre uno de los acantilados del litoral gijonés, a unos cuatro kilómetros de las calles más céntricas de la ciudad. Allí en El Cervigón, cerca del mar y alejada del escenario urbano, se hará construir la que será su última morada. A primeros de septiembre de 1909 solicita la oportuna licencia de construcción y, algunos meses después, ya se encuentra residiendo en su nueva casa del acantilado, reconfortada por el inmenso mar, por las aguas que contornean el cabo de San Lorenzo.

Que eligiera para vivir un lugar alejado del centro de la ciudad obedecía a su convencimiento –germinado ya a poco de alcanzar la treintena, en los tiempos de su temporal residencia en la capital aragonesa– de que el ajetreo urbano y los convencionalismos ciudadanos nos alejan del salutífero influjo de la naturaleza, de sus aromas y melodías, de sus cotidianas evocaciones… Necesita estar lo más cerca posible del mar y del cielo, lo cual no quiere decir, ni mucho menos, que la vida de sus semejantes le resultara indiferente. Antes al contrario, bien podemos afirmar que en esta última etapa de su vida su implicación en la defensa de los más desfavorecidos resulta aún más evidente, involucrándose activamente en diversas campañas destinadas a socorrer a los más débiles, en apoyo de quienes más padecen.

Cuando la situación lo requiere, no duda en abandonar la casa del acantilado tantas veces como resulte necesario, bien sea para acudir al mitin que tiene lugar en la plaza de toros contra las medidas represivas que puso en marcha el Gobierno de Antonio Maura tras la Semana Trágica barcelonesa; para manifestarse por las calles de su nueva ciudad en apoyo de la denominada Ley del Can-dado que limitaba la fundación de nuevas órdenes religiosas; o para participar en la velada que se celebra en el teatro Dindurra (actualmente teatro Jovellanos) en solidaridad con los dirigentes obreros detenidos tras el atentado sufrido por un miembro de la patronal: ella fue quien puso el cierre al acto con la lectura de unas poesías suyas cargadas de espíritu solidario…

Aunque haya elegido un lugar apartado para vivir, la nueva gijonesa sabe bien que en la ciudad hay personas que militan en el campo del progreso y de la libertad, y que con ellas tendrá que colaborar en la nueva etapa que comienza, razón por la cual y ya desde el primer momento hace pública su incondicional adhesión a todas las agrupaciones librepensadoras y radicales. Retoma por entonces su antigua relación con el Ateneo Obrero, y se aviene a enviar unas cuartillas que le piden para ser leídas en la sucursal de La Calzada con motivo de la inauguración de las clases nocturnas para obreros. Comienza a colaborar con el diario El Noroeste, en cuyas páginas aparecen algunos comentados escritos, como el que publica con ocasión del Primero de Mayo de 1910, en el cual vaticina la llegada de vientos purificadores ante el «avance de las huestes proletarias que enarbolan los grandes emblemas de la verdad, la razón y la justicia». Establece contactos con los republicanos melquiadistas, promotores de la Escuela Neutra, y a petición de sus dirigentes pronuncia un afamado discurso en la ceremonia de inauguración, que tiene lugar el 29 de septiembre de 1911 en el ya desaparecido teatro de los Campos Elíseos.

Tiempo después, tras regresar del exilio portugués donde pasa dos largos años por arremeter con crudas palabras contra los estudiantes que en Madrid agredieron a unas universitarias, la encontraremos más próxima a las organizaciones obreras. Consumida gran parte de los ahorros familiares durante aquella obligada estancia en tierras portuguesas, teniendo como único ingreso los escasos diecinueve duros mensuales que cobra de la pensión de viudedad que tiene asignada, su vida cotidiana se asemeja cada vez más a la de aquellos obreros que antaño se empeñara en defender. Las penurias que habrá de soportar desde entonces la sitúan, efectivamente, muy cerca de los desamparados, de los que carecen de todo.

Serán los jóvenes socialistas gijoneses quienes tomen la iniciativa: con ocasión del Primero de mayo de 1914, el primero tras su regreso, la invitan a acudir a su sede y participar en uno de los actos que organizan. Unos meses después será ella quien envíe un escrito a La Aurora Social, «órgano de las Agrupaciones socialistas de Asturias», que desde unos meses atrás dirige Isidoro Acevedo, un viejo conocido de la etapa santanderina. Se trata de una carta de apoyo a la causa socialista, en la que muestra su confianza en el papel que ha de jugar en el inmediato futuro la clase proletaria. Por entonces también comienza a colaborar en Acción Socialista, «revista semanal ilustrada», órgano del grupo de igual nombre constituido por militantes pertenecientes a las Juventudes Socialistas Madrileñas. Ya en 1919, en la campaña para las elecciones al Congreso, no duda en apoyar públicamente a Teodomiro Menéndez, un socialista con el que mantiene relación de amistad desde tiempo atrás. Parece que se encuentra cómoda con los obreros y que éstos aprecian su ya largo batallar. Así se lo hacen saber cada Primero de Mayo de sus últimos años, cuando los socialistas gijoneses organizan una gira hasta su casa para testimoniarle su admiración y respeto.

 

Además de para los socialistas, el hogar de doña Rosario tenía sus puertas abiertas para otras muchas personas, que hasta allí se suelen acercar a conversar largo y tendido de lo divino y de lo humano: directivos del Ateneo Obrero, maestros, destacados elementos del republicanismo gijonés como Benito Conde o Lucas Merediz, el periodista Antonio Oliveros, quien, según sus propias palabras, aceptó la dirección de El Noroeste por consejo de su anfitriona; también sus amigas Aquilina y Rosario Rodríguez Arbesú, dos jóvenes vecinas de Roces que la visitan con cierta frecuencia. Algunos, venidos de fuera, lo hacen para quedarse unos días alojados, como es el caso de su amigo el dramaturgo Joaquín Dicenta, que vino a Gijón en compañía de su hijo para que aquí se convirtiera en marino; o de Exoristo Salmerón, uno de los hijos de quien fuera presidente de la República, quien, acompañado de su mujer, solía pasar en El Cervigón unos días del mes de agosto. Hubo también quien cruzó aquellas puertas para recibir atención y cuidados. Tal fue el caso de los dos supervivientes del naufragio de una goleta en los acantilados del Cervigón que una madrugada del invierno de 1923, pocas semanas antes de su muerte, fueron llevados a su casa. Doña Rosario atiende solícita a los marineros y a sus salvadores. Realiza las primeras curas a los heridos, reparte ropas de abrigo, atiza el fuego, prepara café, les reconforta con palabras de aliento y apoyo…

Nada de cuanto sucede a su alrededor le es ajeno. Ni la tragedia de aquellos marineros que su-frieron la muerte de sus compañeros en el naufragio, ni la de los reservistas que son obligados a abandonar a su familia para morir en la guerra de África, ni la de los obreros que penan cada día malviviendo con míseros salarios, ni la de los soldados que se juegan la vida en las trincheras europeas, ni la de los humildes trabajadores que son tentados en el lecho mortal por la interesada caridad de quienes pretenden anotar en su cuenta la salvación de una nueva alma… Menos aún los sufrimientos de las mujeres, sus hermanas.

A las mujeres se dirige de manera especial cuando interviene en la ya citada ceremonia de inauguración de la Escuela Neutra, a ellas les habla de las bondades de una educación libre de las ataduras del pensamiento único dominante, de la sinrazón; a ellas las anima a alejar a su prole del pastoreo clerical, aunque tengan que arrostrar por ello las insidias y el sarcasmo del resto del rebaño. Las mismas insidias e incomprensiones que sufre alguna que otra mujer que decide salirse de la norma y casarse ante un juez, como fue el caso de una gijonesa apellidada Riestra Rubiera a quien Rosario de Acuña no duda en apoyar públicamente, convirtiéndola en su «amiga y compañera» –pues, según le dice, toda mujer que piensa y trabaja lo es suya– y trasladándole su satisfacción por el hecho de que «una mujer demuestre en Gijón que el marchar se prueba andando y que el progresar se manifiesta yendo delante». Si no puede permanecer callada ante los obstáculos que angostan el sendero por el que transitan sus compañeras, qué no hará esta mujer que dice tener por emblema «por y para la mujer» cuando se entere de que unos machichulos habían agredido a unas universitarias por el hecho de ser mujeres y estudiantas.

Pues no, no se quedó callada; cogió la pluma y escribió un artículo titulado «La jarca de la Universidad» en el cual –con palabras fuertes, rotundas– arremetió contra los agresores allí donde más les podía doler, la supuesta base de sus privilegios, su hombría: «Nuestra juventud masculina no tiene nada de macho… ». Pero sus palabras no tienen por únicos destinatarios a los protagonistas de esta agresión cometida a las puertas de la Universidad Central, sino que apuntan también al sustrato social que los incuba y alimenta, situando el foco de atención en uno de sus aspectos más cruciales, y lo hace con una simple pregunta: «¿Qué les quedaría que hacer a aquellas pobres chicas... digo pobres chicos... si las mujeres van a las cátedras, a las academias, a los ateneos y llegan a saber otra cosa que limpiar los orinales...?».


Las protestas estudiantiles comenzaron en Barcelona y se extendieron rápidamente por las facultades y los institutos de toda España. Se pide el procesamiento de la autora del escrito, se niegan a entrar en clase. Tanta es la presión ejercida que la Fiscalía de la capital catalana interpone una querella contra la autora por un delito de calumnias. Para evitar ser detenida, Rosario de Acuña abandona su casa del acantilado y se refugia en Portugal donde pasa dos largos años.

A su regreso, se reconoce más cansada, más vieja y bastante más pobre. No tiene el ánimo para nuevas batallas y parece decidida a alejarse de la palestra pública: nada de escritos, nada de conferencias, nada de actos públicos. No obstante, este autoimpuesto silencio no va afectar a la correspondencia, que sigue atendiendo con prontitud. Del Centro de Sociedades Obreras de Trubia le piden unas cuartillas para ser leídas en un acto que tienen programado. En el texto que les envía no se olvida de las mujeres: «A vuestras compañeras, que tan admirablemente secundan vuestro esfuerzo, decidles que estoy con todas ellas, que a todas las deseo emancipadas de los fanatismos de las religiones positivas, único modo de que sean dignas de figurar en las filas del proletariado».

Así las quiere: emancipadas del pensamiento dominante, del fanatismo y de la superstición. Convertida en activa publicista desde ya hace décadas, su mensaje ha llegado a muchas mujeres, no solo de España, también del extranjero. Sus palabras son leídas por las lectoras del semanario El Álbum de la Mujer (⇑) que se edita en México o por las de La Voz de la Mujer (⇑), subtitulado Periódico Comunista-Anárquico, que se publica en Argentina. Que las mujeres piensen por sí mismas: un deseo largamente expresado y que ahora, ya en la vejez, mantiene muy vivo: «Venid, ¡hermanas mías!, con vuestro pensamiento a contribuir a la gran obra de la redención de la mujer». Las quiere ver emancipadas y unidas, sea en la masonería, sea en las sociedades obreras.

Y ese era, precisamente, el objetivo que perseguían algunas socialistas asturianas. En 1913 se había constituido en Mieres el primer Grupo Femenino Socialista; poco después lo hará el de Gijón; y no tardando el de Trubia. De todo ello debía de estar bien al tanto, pues El Socialista formaba parte de la prensa que habitualmente leía, como ella misma nos ha contado.

Enterada de que el Grupo Femenino Socialista de Turón, recientemente constituido e integrado por un centenar de mujeres, iba a organizar una jira a la cual habían invitado a Virginia González, dirigente nacional del PSOE que tuvo una actuación destacada durante la huelga general de agosto de 1917, doña Rosario decide acudir. Su deseo de participar en aquel acto organizado por las mujeres de Turón, tuvo que ser intenso, tanto como para superar el esfuerzo que para una mujer de su edad suponía desplazarse hasta allí, por muy acostumbrada que estuviera a los viajes, por muy acostumbrada que estuviera a caminar.

Fotografía de Virginia González Polo publicada en 1918El tren que había tomado en Gijón el día anterior la dejó en la estación de Santullano y desde allí tuvo que caminar unos seis kilómetros, por un terreno no apto para cualquiera al tenor de sus palabras: «pisé las escorias incendiadas; me libré, con inverosímiles quiebros para mis huesos de setenta años, de las vagonetas que se precipitaban por los rieles; mi garganta se contrajo con el polvo negro y los humos fétidos; mis oídos se atronaron con las estridencias de las maquinillas carboneras, el chirriar de los cables y el tableteo de los lavaderos…». Una vez en Turón, se encaminó a la Casa del Pueblo donde Virginia González iba a pronunciar unas palabras como preámbulo a los actos programados para el día siguiente. Rosario de Acuña se acercó a la tribuna para abrazarla y fue entonces cuando las mujeres que mayoritariamente ocupaban el abarrotado salón de actos respondieron con un prolongado y clamoroso aplauso.

Está convencida del poder que pueden llegar a tener las mujeres cuando están unidas. Por esa razón, cuando en España se piden responsabilidades por las miles de muertes de la Guerra de Marruecos, por el llamado Desastre de Annual, ella hace un llamamiento a las mujeres asturianas para que, todas a una, reclamaran justicia:

«¡Mujeres, hermanas mías! Es preciso agruparse, y, en cabalgata de lamentos, de imprecaciones y de sacrificios, ir por medio de las ciudades, de las aldeas y de los campos […] Es menester que así, de esta manera, brote de vosotras el grito formidable de ¡Justicia, Justicia, Justicia!».

Parece evidente que la voz de aquella mujer que quiso vivir sus últimos años sobre un acantilado del litoral gijonés supuso todo un estímulo para las mujeres, también para las asturianas. Baste como muestra el testimonio de una de sus contemporáneas, quien años después de su muerte recordaba de esta forma la trascendencia de su largo batallar: «En las últimas décadas del pasado siglo se inició un sorprendente movimiento femenino […] iniciado por la ilustre doña Rosario de Acuña que, con una lógica irrebatible, con unos admirables razonamientos envueltos en una exquisita poesía, hablaba a las mujeres españolas, llamándolas a una nueva vida. El nombre de Rosario de Acuña, bendecido por muchos y anatemizado por la iglesia católica, fue una bandera bajo la cual nos agrupamos, las que oyendo cánticos de alondra mañanera sacudimos nuestro letargo y nos apresuramos a bañar nuestras almas en plena luz».

Por lo dicho hasta aquí, no debería de resultar extraño que el día de su entierro fueran numerosas las mujeres gijonesas que, abandonando su reducto doméstico, se echaron a la calle para testimoniar su gratitud a aquella compañera que había luchado los últimos cuarenta años de su vida por la dignidad de todas ellas. Algunas crónicas no dejan de mostrar su sorpresa al comprobar cómo la lluvia, que incesantemente caía aquel sábado de mayo, no había impedido que fueran numerosas las mujeres que acompañaron su cadáver hasta el cementerio civil.

No debería de resultar extraño que, días después de que la asociación de mujeres madrileña Fraternidad Cívica hiciera llegar al Ayuntamiento de Gijón una petición para que se diera su nombre a una calle de la ciudad, otras mujeres gijonesas, las que integraban la sección artística del Centro Obrero Benito Conde, apoyaran públicamente la iniciativa y propusieran que se denominara Avenida de Rosario de Acuña a la, por entonces, nueva carretera del Piles a la Providencia, no muy alejada, por cierto, del paseo que, con inicio en las inmediaciones del Sanatorio Marítimo y finalización en la misma carretera de la Providencia, lleva oficialmente el nombre de Paseo de Rosario de Acuña desde que el pleno municipal gijonés así lo aprobara el 11 de mayo de 1990, por más que quienes caminan habitualmente por el citado paseo, entre los que me encuentro, no recuerden haber visto en todo su recorrido placa alguna que así lo indique.

No debería de resultar extraño que durante años, mientras fue posible hacerlo sin riesgo, unas mujeres gijonesas decidieran mantener vivo su recuerdo acudiendo al cementerio civil cada primero de noviembre, aniversario de su nacimiento, y cada cinco de mayo, el de su despedida, a depositar unas flores rojas sobre la tumba donde reposan sus restos.

No debería de resultar extraño que, cuando décadas atrás empezó a disiparse la neblina que ocultaba su testimonio vital y se empezó a recuperar su memoria, hubiera mujeres que tomaran su nombre por bandera, tal y como hizo la Asociación de Viudas de la República o el coro de voces femeninas que, por iniciativa de Yolanda Cueto, se formó en La Calzada antes de que el siglo anterior concluyera. Parece ser que en el primer caso la propuesta partió de Paz Fernández Felgueroso, que conocía bien a doña Rosario y sabía de sus virtudes; en cuanto al coro, será Gloria Cabranes, una de sus integrantes, quien algún tiempo después, nos cuente las razones: «Elegimos a Rosario de Acuña para dar nombre al coro porque fue una mujer luchadora y librepensadora: un ejemplo para nosotras que somos fieles a su memoria»

No debería de resultar extraño que en los últimos años algunas mujeres hayan puesto sus ojos en ella, centrándose en diversos aspectos de su vida o de su obra como tema central de sus trabajos de fin de grado o fin de máster. Tampoco, que haya habido escritoras que la tienen bien presente en sus creaciones. Tal es el caso de la novelista mierense Laura Castañón, que la hace revivir en su novela Todos los naufragios para nutrir al personaje de Flora Mateo, una maestra que encarna el arquetipo de mujer progresista y librepensadora. Muchas son las tardes que Flora pasa en la casa gijonesa del acantilado junto a su admirada Rosario de Acuña: a su lado encontró el antídoto contra el miedo.

No debería de resultar extraño que en los últimos meses centenares de mujeres, enteradas de la intención del Gobierno de poner nombre de mujer a algunas estaciones ferroviarias, apoyaran con su firma la petición para que la de Gijón, la que ahora está localizada en Sanz Crespo y la que se construya en el futuro, lleve el nombre Estación de Gijón–Rosario de Acuña.

No debería de resultar extraño tampoco que, a escasas semanas de cumplirse el centenario de su muerte, un nutrido grupo de mujeres, aceptando la invitación del Fórum de Política Feminista de Asturias, se haya reunido hoy aquí para recordar a esta gijonesa ejemplar que en vida se llamó Rosario de Acuña Villanueva.

Muchas gracias por su atención.





También te pueden interesar


The doctor (1891) óleo de Luke Fildes (Tate Britain. Londres) 211. El médico que la vio nacer
Enterada de su muerte, quiso rendirle un público homenaje. Se trata de Pablo León y Luque, afamado galeno que repartió sus esfuerzos entre los juzgados y las casas de socorro de Madrid, entre la beneficencia y la medicina forense...



Dibujo de la torre Eiffel publicado en La Ilustración Española y Americana en 1886161. Découvrez la France
Cuando en los primeros días del mes de diciembre del año 1911 la Guardia Civil se presenta en su casa gijonesa, se encontró con la finca desierta. La prensa dice que, probablemente, salió en dirección a Francia. Ciertamente, había motivos para pensar que su destino bien podría haber sido el territorio francés...




Portada de Poema del cante jondo. Madrid: Ediciones Ulises, 193196. Flamenco: Rosario de Acuña y García Lorca
El catedrático de Flamencología y cantaor Alfredo Arrebola sostiene que Lorca se alimentó de algunos textos de Rosario de Acuña, que el término «duende» y otros conceptos básicos para el libro Poema del cante jondo fueron tomados...



Imagen de la fachada del Café de Fornos (1908)72. De un banquete en el Café de Fornos y de su trascendencia
Aquella comida en ese café madrileño resultó ser la presentación en sociedad de la nueva Rosario de Acuña. Jóvenes y librepensadores serán sus nuevos compañeros de viaje: apenas dos semanas después del banquete convencer...



Fachada principal del teatro a principios del siglo XX26. HIPATIA en el teatro Principal de Alicante
El miércoles 17 de febrero de 1886 Rosario de Acuña y Villanueva sube al escenario del teatro Principal de Alicante. El público aplaude con entusiasmo «rayano al delirio». Va a dar comienzo el recital poético. No es la primera... 
 
 
 

256. Vida y pensamiento feminista de Rosario de Acuña



Fragmento de uno de los paneles de la exposiciónEl Fórum de Política Feminista de Asturias, que tiene como uno de sus objetivos  el de contribuir a la recuperación y construcción de la memoria de las mujeres,  ha querido recordar a Rosario de Acuña en este año en el que se cumple el centenario de su muerte:

«Rememorar el pasado nos hace pensar que cada una de nosotras se hace también con las demás, y aunque la experiencia es difícil de transferir, en la relación, en el conocimiento que establecemos unas con otras, pueden hallarse respuestas ante algunas cuestiones y problemas. Muchas mujeres que nos precedieron supieron que sólo la libertad colectiva nos iba a liberar como mujeres. Algunas de éstas transgredieron las normas que imponían, cómo ser, qué estaba permitido hacer, cómo vivir... Las que intentaron  conciliar sus ideas con su proceso vital fueron ridiculizadas a veces, anatemizadas o perseguidas. Tal fue el caso de Rosario de Acuña».

De las actividades que tienen programadas nos da cuenta Dulce Gallego en una intervención en el programa Hoy por hoy de SER Gijón, que podéis escuchar pulsando en el siguiente enlace:  (Conversación entre Dulce Gallego y Alicia Álvarez  ⇑ ).

La exposición de la que hablan se encuentra ubicada en el vestíbulo de la segunda planta del Centro de Cultura Antiguo Instituto, fue inaugurada el jueves día 12 de enero y estará abierta al público hasta el día 30. Diseñada para que pueda ser fácilmente instalada en nuevos escenarios, consta de varios paneles a través de los cuales se pone el foco en aspectos destacados de la trayectoria vital de doña Rosario, como bien se puede deducir por sus títulos:  Pionera, feminista, transgresora; Librepensamiento y compromiso social; La escritora; Masona; "Patos y gallinas"; Viajera curiosa, montañera y amante de la naturaleza; "Asturias me la sé"; Rosario de Acuña en Asturias y Gijón... 

Inauguración de la exposición (Fotografía de David Aguilar Sánchez, Nortes, 13/1/2023)

Una vez que el próximo día 30 de enero concluya esta etapa en el Antiguo Instituto, sus paneles y vitrinas (en las cuales se muestran algunas de las publicaciones que sobre su vida y su obra han ido apareciendo en los últimos años) iniciarán un periplo por diversos institutos gijoneses que así lo han solicitado. 

Como complemento a esta exposición, el Fórum de Política Feminista de Asturias ha programado una conferencia-coloquio, sobre la cual he tenido ocasión de conversar con Alicia Álvarez, periodista que dirige  y presenta el programa Hoy por hoy Gijón desde hace varios años y buena conocedora de la vida y obra de Rosario de Acuña (pulsando en el enlace (⇑), podéis escuchar el contenido).

La cita era en el gijonés Centro Cultural Antiguo Instituto y, a pesar de lo inclemente del tiempo, no fueron pocas las personas que acudieron a la misma, razón por la cual la sala de conferencias, que era el local inicialmente previsto, tuvo que ser sustituido finalmente por el salón de actos. A la hora prevista, Dulce Gallego tomó la palabra para realizar una breve introducción sobre Rosario de Acuña y para recordar que tras las intervenciones de las personas presentes en la mesa se abriría un coloquio abierto a todas las personas presentes. Me correspondió a mí iniciar la exposición de la parte que me habían encomendado: hablar de las razones que habían empujado a Rosario de Acuña a residir en Gijón, que no sólo tenían que ver con el paisaje, sino también con el paisanaje o, dicho de otra forma, hablar del escenario y de sus protagonistas. Como quiera que tengo por costumbre preparar por escrito mis intervenciones, quienes quieran leer el contenido de la que di en titular «Rosario de Acuña. Una gijonesa ejemplar» (⇑) no tienen más que pulsar en el enlace (⇑).

Marta Fernández Morales - Dulce Gallego - Macrino Ferández Riera

Toma la palabra seguidamente Marta Fernández Morales, profesora de la Universidad de Oviedo y autora del libro Rosario de Acuña. Literatura y propaganda en el fin de siècle, para hablarnos de los rasgos principales del pensamiento feminista de doña Rosario que se pueden rastrear tanto en su obra como en su vida. En su intervención hace hincapié en lo que denomina las transgresiones de Rosario de Acuña, deteniéndose en varias de ellas:

  • Transgresión de clase.
  • Transgresión de dogmas establecidos, principalmente religiosos y educativos.
  • Transgresión de roles derivados de su sexo.
  • Transgresión de los límites entre lo público y lo privado.

Más adelante justifica con varios ejemplos la vigencia del pensamiento feminista de Rosario de Acuña. Como muestra valga el de «La jarca de la Universidad», el artículo que provocó su exilio. Mientras Ramón de Castro, el primero que habló de la agresión sufrida por unas estudiantes a la salida de la madrileña Universidad Central, pone el foco en las señoritas ultrajadas, doña Rosario lo hace en los maltratadores.

Tras esta primera intervención de Marta Fernández Morales, se inició el debate moderado por Dulce Gallego, en el transcurso del cual se habló de la importancia que tuvo el tipo de educación que recibió, de su ceguera intermitente y de la gran capacidad de observación que desarrolló; de la necesidad de aprovechar el mayor conocimiento que vamos teniendo de algunas mujeres para reconstruir el pasado común de todas, de darnos cuenta que tras las más conocidas hay otras muchas que también lucharon aunque aún permanezcan en el anonimato...

Bien podemos decir que tanto la exposición como la charla coloquio que, bajo el título Vida y pensamiento feminista de Rosario de Acuña, ha organizado el Fórum de Política Feminista de Asturias han resultado ser una exitosa iniciativa para dar mayor visibilidad a esta mujer ejemplar en el año en el que se cumple el centenario de su muerte.




También te pueden interesar


Capitulaciones de boda y baile campestre, de Jean Antoine Wateau (Museo del Prado) 217. Acuerdo de separación
Se separan de mutuo acuerdo. Él se va del domicilio familiar, le pasa una pensión; ella asume la obligación de visitar a su marido y así lo hace en, al menos...



Cabecera de una revista de educación editada en los años sesenta del siglo XIX170. Aprendió a aprender
No tiene sentido elucubrar acerca de la formación que nuestra protagonista hubiera alcanzado de haber seguido el plan de estudios establecido en la Ley de Instrucción Pública de 1857. No sabemos, ciertamente, cómo hubiera sido su educación...


Fragmento del artículo publicado en El Pueblo141. «Rosario Acuña. En muerte como en vida», por Roberto Castrovido
Valía mucho aquella mujer por el temple de su voluntad, por lo mucho de ejemplaridad, por el arte de poetisa, de autora, de periodista y por sus virtudes de mujer. Era buena, era abnegada,...


Firma de Dolores Villanueva y Elices78. De tal astilla, tal palo
Nacida y criada en una familia católica, con un hermano de probada fidelidad al sector más integrista del catolicismo español, Dolores Villanueva y Elices mudó sus creencias de tal modo que cuando...



Fragmento del artículo publicado en el semanario Cataluña36. Proxeneta roja, engendro sáfico, harpía laica...
El artículo «La jarca de la Universidad» desató la cólera de buena parte de los universitarios españoles: huelgas, manifestaciones, denuncias y artículos de protesta como el que sigue, escrito por Ernesto Homs, estudiante de Derecho y colaborador...

lunes, 16 de enero de 2023

255. Virginia González: lo que faltaba

 

Habíamos leído textos elogiosos de ilustres personajes. Los habían reunido a modo de homenaje. En la mayor parte de los casos no eran más que unas líneas, sin ninguna otra referencia. Estaban firmados por Benito Pérez Galdós, Ramón de Campoamor, José Francos Rodríguez, Roberto Castrovido, Fernando Dicenta, Luis Bonafoux o Virginia González. Aparecieron publicados en un folleto que, a modo de explicación, había editado la Junta Municipal de Enseñanza de Madrid con el objetivo de que el vecindario del distrito de La Latina conociera quién era la mujer que daba nombre al nuevo grupo escolar (⇑) que allí se había construido. Más tarde los mismos textos fueron reproducidos en Rosario de Acuña en la escuela, el primer volumen (luego resultó ser también el último) de la iniciativa de Regina Lamo para dar a conocer la obra de su buena amiga.

De algunos de ellos, como el que firma José Nakens (⇑), conocemos el texto completo del que forma parte; de otros, nada más. Es el caso del escrito firmado por Virginia González, del cual tan solo se podía deducir el periodo en el que había sido escrito y el suceso que rememora.

Fotografía de Virginia González Polo publicada en 1918

Sabíamos que la puerta de la casita solitaria –situada en un alto a orillas del mar–, que nunca se abría a ninguna visita convencional, quedaba de par en par cuando se acercaban a ella los obreros.Tardes inolvidables en las que, cogidas del brazo, marchábamos por aquellos acantilados hablando de tantas cosas. Hablando del problema social, como una iluminada, profetizaba el gran cataclismo que pondría fin al régimen capitalista. La gran escritora ha muerto pobrísima. Ha sido perseguida y ultrajada por la prensa burguesa. Por decir grandes verdades ha sufrido grandes amarguras.¡Descansa en paz, mujer admirable! El cataclismo social que predecías se está realizando, y el mundo cambiará de estructura haciendo a los hombres más buenos, más inteligentes, más libres. ¡Una pena que ni tú ni yo podamos asistir al alumbramiento de la nueva vida! 

De la lectura de esas ciento treinta y seis palabras resulta evidente que fueron escritas tras la muerte de Rosario de Acuña; quizás formaran parte de un texto en el cual, como otros que se hicieron públicos en los días inmediatos a su fallecimiento, pretendían homenajear a nuestra protagonista. Sabemos también de qué está hablando: el momento en el cual estas dos mujeres se conocieron en el verano de 1919, con ocasión de la visita de Virginia a Asturias para participar en una serie de actos. Lo sabemos gracias a la prensa de entonces y también al testimonio de doña Rosario, que rememoró ese momento en un escrito publicado en El Socialista (⇑) con ocasión del Primero de Mayo del año siguiente.

Virginia González Polo llegó a Asturias precedida por una intensa actividad política y sindical que había iniciado a los veinte años de edad en el ámbito de las sociedades de zapateros, su oficio desde que con tan solo nueve comenzó a trabajar como guarnecedora. Integrada en las filas socialistas desde finales de siglo, en 1915 se convirtió en vocal del Comité Nacional del PSOE y un año después ocupó el mismo puesto en la dirección de la UGT. Además de ser la primera mujer en formar parte de la Ejecutiva del partido socialista y la primera también en la dirección de un sindicato en España, fue una de las integrantes –la única mujer– del Comité de la huelga general de agosto de 1917, huelga en la cual a  Rosario de Acuña también le atribuyeron algún que otro papel (⇑).

Hace unas semanas el profesor e investigador Manuel Almisas Albéndiz (⇑) tuvo la gentileza de enviarme algunos ejemplares del semanario La Antorcha, Órgano del Partido Comunista de España. En uno de ellos, publicado pocos días después de la muerte de doña Rosario,  aparece el texto íntegro de Virginia González, quien en 1921 había abandonado el PSOE para participar en la fundación del Partido Comunista Obrero Español. 

Aquí está:

- - - - -

Rosario de Acuña escribía de vez en cuando algún artículo en periódicos obreros, y recuerdo que cuando uno de éstos caía en mis manos lo leía con avidez, saboreando luego en el fondo de mi pensamiento la grandeza y el atrevimiento de los suyos. 

No hay que decir si yo tendría ganas de conocer a esta mujer excepcional, pero siempre creía que este deseo mío nunca sería satisfecho. 

Un buen día, en una de aquellas excursiones por los pueblos mineros de Asturias, había llegado a Turón y descansaba de las fatigas del viaje.  Una compañera me anuncia que tengo una visita. ¿Quién es? –pregunto un poco descontenta, porque aún no había conciliado el sueño–. «Doña Rosario de Acuña, que quiere conocerla». Salto del lecho y, a medio vestir, me presenté a ella y nos abrazamos como si nos conociéramos de siempre. 

La viejecita admirable me contaba riendo las fatigas que había pasado para llegar hasta allí. No encontrando en Mieres coche que la llevara a Turón a aquella hora y obedeciendo a su deseo, con aquella voluntad de acero, se fue andando unos cuantos kilómetros por un camino muerto, donde a trechos se hacía difícil la respiración, debido a los gases que se desprenden de los grandes montones de carbón extraídos del río.

En fín, pasé dos días contentísima. Recuerdo que al siguiente se daba un mitin al aire libre porque no había local suficiente para albergar aquella multitud. Ella leyó unas cuartillas y el público la aclamó con entusiasmo. 

Después fue en Gijón. Se celebraba otro mitin en el que yo tomaba parte. La gente se apretujaba de tal forma que era imposible materialmente acomodar a nadie más. Por entre aquella multitud se divisaba fuera de la puerta a algunas mujeres que aspiraban a entrar. ¡Qué ajena estaba yo a que entre aquellas compañeras se encontraba ella! Al terminar de hablar se abrió paso entre la multitud con un ramo de rosas blancas y hermosísimas en la mano. «Toma –me dijo llena de entusiasmo– este ramo para ti. Son todas blancas como tu alma». Lloramos silenciosas y el público, ante aquella escena tan sencilla, aplaudía y pedía que hablara ella. Pero la gran escritora, que nunca se había dirigido al público más que por medio de su pluma para decir verdades que asustaban a los pobres de espíritu, delegó en mí y salí del paso como pude. La gente al fin empezó a desfilar haciendo comentarios de lo útil que sería que las mujeres se preocuparan de estas cosas. 

Mi estancia en Gijón se prolongó unos días y  varias tardes, unas veces sola y otras en compañía de algunos camaradas, iba hacia la casita solitaria situada en un alto a las orillas del mar. Sabíamos que aquella puerta, que nunca se abría a ninguna visita convencional, quedaba de par en par cuando se aproximaban a ella los obreros. 

¡Tardes inolvidables en las que, cogidas del brazo, marchábamos por aquellos acantilados hablando de tantas cosas interesantes! Hablando del problema social, como una iluminada, profetizaba el gran cataclismo que pondría fin al régimen capitalista.

Un día, sentadas en uno de aquellos montecillos, contemplando el mar y gozando de la caricia de un aire purísimo, me atreví a preguntarle por la triste aventura que corrió por su célebre artículo dedicado a los estudiantes. 

–Aquello fue brutal –me dijo. Venían como fieras a lincharme y como no me encontraron, arremetieron a pedradas contra mi casa. Los conocía bien y puse tierra de por medio. Emigré a Portugal y recorrí aquel hermoso país andando por carretera. Donde encontraba un arroyo me lavaba, y vivía mi vida. 

¡Mujer fuerte y valerosa! A los setenta años, ella, criada con todo regalo, hija de una familia burguesa, fregaba el suelo y lavaba la ropa. La gran escritora ha muerto pobrísima; ha sido perseguida y ultrajada por la prensa burguesa, por decir grandes verdades; ha sufrido grandes amarguras. Tu recuerdo no quedará en los corazones egoístas, pero vivirá en el alma de los que te conocieron y te trataron. 

¡Descansa en paz mujer admirable! Ya has penetrado en el gran misterio de la muerte. Ya sabrás si existe esa vida de espíritus errabundos que vuelven al mundo de los vivos: idea que al hablar del más allá de la muerte, sin preocuparte grandemente, admitías como posible. 

El cataclismo social que predecías se está realizando, y el mundo cambiará de estructura, haciendo a los hombres más buenos, más inteligentes, más libres. Una pena que ni tú ni yo podamos asistir al alumbramiento de la nueva vida.

Virginia González

La Antorcha, Madrid, 18 de mayo de 1923





También te pueden interesar


Galileo ante el Santo Oficio, obra de Joseph-Nicolas Robert-Fleury (Museo de Luxemburgo, París) 210. La sombra de Galileo y el eclipse
Aparece un tercer elemento, el eclipse total de Sol que, al actuar como nexo de unión entre el pasado y el entonces presente, confiere contemporaneidad a la disputa, abriendo la puerta a una revisión del proceso inquisitorial...



Cartel de la obra177. Estreno en el Centro Dramático Nacional
El Centro Dramático Nacional produce una obra que tiene a Rosario de Acuña de protagonista. La autora es Asunción Bernárdez y lleva por título Rosario de Acuña: Ráfagas de huracán...




Mapa en el que señala el itinerario del viaje que realizó Rosario de Acuña en el verano de 1887130. De un viaje a caballo por Léon, Asturias y Galicia
Convertida en librepensadora y masona, su nombre no dejaba a nadie indiferente. En el verano de 1887 realizó un viaje para estudiar la vida de la gente del Norte, en el transcurso del cual pudo comprobar las reacciones que provocaba...



Caricatura publicada en El Motín (1-4-1888)71. De curas y beatas
Algunos se sorprenden cuando afirmo que Rosario de Acuña fue una persona de hondas creencias religiosas. Y no es de extrañar que tal cosa suceda: se hacen eco de sonoras etiquetas etiquetas...



Miguel de Unamuno. Grabado publicado en 191015. Las explicaciones de Unamuno
La ira estudiantil alcanzaba también a Bonafoux y a cuantos no condenaran abiertamente el escrito. En las asambleas se empieza a criticar la posición de don Miguel de Unamuno, rector de la Universidad de Salamanca por entonces, de quien se dice que «se había adherido...


lunes, 26 de diciembre de 2022

254. A las puertas del centenario

 

A unos días del inicio de 2023, el año en el que se cumplirá el centenario de la muerte de Rosario de Acuña Villanueva, ignoro si en Madrid  –la ciudad en la que nació el día primero de noviembre del año 1850, donde vivió su infancia y juventud, donde cosechó sus primeros triunfos como poeta y dramaturga– tienen previsto realizar algún acto para recordar a quien fue una de sus hijas ilustres. Tampoco sé si harán lo propio en Zaragoza –donde residió durante algunos años, aquellos en los cuales su marido estuvo destinado en el Depósito de Ultramar, allí radicado– o en Santander –en cuyas proximidades, en la por entonces aldea de Cueto, regentó durante años una afamada granja avícola, que más tarde trasladó al vecino municipio de Santa Cruz de Bezana–. Lo que sí sabemos es que tanto en Pinto como en Gijón tienen previsto un amplio programa de actividades para mantener viva la memoria de quien fue una de sus vecinas ejemplares.

Portada del Programa de actividades elaborado por el Seminario de Historia Local de Pinto
El Seminario de Historia Local de Pinto, localidad en la que nuestra protagonista vivió una de las etapas más transcendentales de su vida, ha elaborado un amplio programa que tiene previsto desarrollar a lo largo de todo el año próximo. Con el apoyo del Ayuntamiento de esta ciudad situada a una veintena de kilómetros al sur de la capital madrileña, el Seminario pretende llevar a cabo en el transcurso de 2023 una larga lista de actividades entre las que destacamos las que siguen:
  • Dotar a las bibliotecas municipales de publicaciones de o sobre Rosario de Acuña. 
  • Editar un libro conmemorativo. 
  • Dedicar el Aula de Historia íntegramente a contenidos vinculados con Rosario de Acuña, estando previstas ocho conferencias. 
  • La representación en el mes de marzo por el Taller de Teatro de Pinto de la obra de Asunción Bernárdez Rosario de Acuña: Ráfagas de Huracán (⇑)
  • La realización de unas jornadas con especialistas sobre la figura de Rosario de Acuña, con una actividad por semana (marzo).
  • Una exposición que incluirá paneles explicativos sobre Rosario de Acuña y una exposición bibliográfica con obras de ella o sobre ella que van desde sus primeras ediciones en el siglo XIX, pasando por obras publicadas por Regina de Lamo hasta las publicaciones de las últimas décadas (marzo).
  • La digitalización de los fondos relacionados con Rosario de Acuña que se encuentran en la Fundación Pablo Iglesias ( Fondo Amaro de Rosal ⇑), así como los del Archivo Rosario de Acuña (⇑) de la Biblioteca Histórica Municipal de Madrid que aún no lo están.
  • La realización de visitas guiadas a las exposiciones y difusión por los institutos de la localidad. 
  • Realizar una excursión a Gijón para visitar la ciudad en la que vivió y murió Rosario de Acuña (abril). 
  • Proponer el nombre de Rosario de Acuña para el principal parque municipal de la localidad, se tendrá que decidir en una consulta popular.

Por lo que respecta a Gijón, la ciudad en la que residió la última etapa de su vida y en cuyo cementerio civil está enterrada, también hay previstos varios actos conmemorativos para el próximo año. Las áreas de Igualdad y Cultura del Ayuntamiento gijonés, contando con la colaboración de diversas entidades y asociaciones (IES Rosario de Acuña, Ateneo Obrero, Consejo de Asociaciones de Mujeres, Asturias Laica...), han programado cerca de una veintena de actividades para recordar a lo largo de 2023 el centenario de su fallecimiento. 

Agenda 2023 dedicada a Rosario de Acuña y editada por la Oficina de Políticas de Igualdad del Ayto. de Gijón

Con carácter previo, antes de poner en marcha nuevas iniciativas, se va a proceder a corregir los errores detectados tanto la placa que se encuentra en las proximidades de la que fuera su casa (sustituyendo el año de su nacimiento ⇑) como la que en la Colina del Cuervo reproduce su soneto «Asturias» (⇑). (En cuanto a la señalización del paseo que oficialmente lleva su nombre (⇑) todavía, aún, no tenemos noticias).

Además de estas necesarias rectificaciones, se pretende poner en marcha diversos proyectos para dar a conocer su figura a la ciudadanía: trazar un itinerario urbano que unan aquellos lugares con especial significación en su etapa gijonesa, instalar  soportes publicitarios (mupis) en diversos puntos de la ciudad con frases suyas o realizar una marcha conmemorativa a la que fuera su casa en El Cervigón coincidiendo con el Primero de Mayo. En la hora del recuerdo no faltara tampoco el teatro: los alumnos de la Escuela de Arte Dramático de Asturias (ESAD) recrearán su dramaturgia en una obra que estrenarán en los próximos meses (cabe esperar que no se haya descartado la representación de La última casa de Rosario de Acuña, a la que me referí en un anterior comentario ⇑).

La Feria del Libro (con diversos actos sobre su obra), los colegios e institutos (se elaborará una unidad didáctica para acercar su obra al alumnado Secundaria y Bachillerato) o la Escuela Feminista Rosario de Acuña (en cuya próxima edición se pretende abordar con mirada actual su pensamiento) serán otros de los escenarios donde la vida y obra de doña Rosario cobrarán protagonismo. 

Sin esperar a que el nuevo año se inicie, como si no se quisiera que anidara la más mínima duda acerca del compromiso municipal con el centenario,  ya se han hecho públicos los primeros mensajes anunciadores de lo que está por venir. El pasado día 20 me llegó esta preciosa felicitación del Ayuntamiento de Gijón realizada por el diseñador gijonés Juan Jareño y que tiene a Rosario de Acuña como protagonista.


Dos días después tuvo lugar la presentación de la Agenda y Calendario de Igualdad 2023 (⇑) que, como cada año, edita el Servicio de Políticas de Igualdad del Ayuntamiento de Gijón. Si en ocasiones anteriores el protagonismo era coral, ya fueran músicas, pintoras o trabajadoras de las fábricas gijonesas (en el de 2019, nuestra protagonista compartió espacio (⇑) –el mes de marzo– junto a otras once "mujeres míticas"), en esta ocasión la Agenda y Calendario de Igualdad (ilustrada con una acuarela de Marian Cabeza Soberón y con edición a cargo de Carmen Suárez y Oliva Blanco) está dedicado íntegramente a Rosario de Acuña, lo cual parece ser una muestra de lo que en palabras de Ana González Rodríguez, alcaldesa de Gijón, se pretende realizar en el año que comienza:  «aprovechar el centenario de la muerte de esta mujer excepcional para recordar quién fue, por qué luchó y lo mucho que hizo; para seguir demostrando el honor y el orgullo de ser la casa definitiva de Rosario de Acuña, y aún más una ciudad en la que siguen vivos los valores y los afanes de su gran legado intelectual y humano».

Eso esperamos. También que sea una realidad el nuevo nombre de la estación ferroviaria de Gijón (⇑), algo que se da por hecho en todas las informaciones relacionadas con el centenario, pero que a día de hoy sigue permaneciendo en el cajón de las peticiones, pues aún no se ha publicado la oportuna orden ministerial en el boletín oficial correspondiente. Sin duda, sería una estupenda noticia para abrir el año del recuerdo. Veremos.




También te pueden interesar




Muestra de una gráfica de líneas229. Estadísticas y algo más
Resultando muy gratificante enterarse de la satisfactoria evolución de la audiencia –y, más aún, conocer a algunas de las personas que se encuentran detrás de esos datos–, no conviene olvidar que el objetivo último...



Título de la obra extraviada, un drama en prosa y en tres actos198. Un drama extraviado
Gracias a un documento manuscrito que he podido consultar apenas hace unos meses, sabemos que en el mes de agosto de 1880 envía a Guillermo Gullón el manuscrito de un drama en prosa y en tres actos titulado Castigar...



Carta de Rosario de Acuña a Aquilina Rodríguez Arbesú135. El último eslabón
Residía en una vivienda alejada de la ciudad, en una casa de aldea llamada «Rienzi» y situada a las afueras de Gijón; se llamaba Aquilina Rodríguez Arbesú; y había sido amiga y discípula de doña Rosario de Acuña y Villanueva. Ella era el último eslabón...




Imagen de la Biblioteca de Autor dedicada a Rosario de Acuña91. Rosario de Acuña en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
El 28 de febrero de 2013 la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes inauguró un portal dedicado a Rosario de Acuña y Villanueva, con lo cual esta infatigable luchadora pasa...



Imagen de la página Proyecto Ensayo Hispánico42. Rosario de Acuña en «Proyecto Ensayo Hispánico»
En 1997 vio la luz el Proyecto Ensayo Hispánico gracias a la iniciativa de José Luis Gómez Martínez, profesor emérito de Ensayo Hispánico de la Universidad de Georgia, con el objetivo de difundir la cultura hispánica. Es un espacio...



jueves, 1 de diciembre de 2022

253. La última casa de Rosario de Acuña, puro teatro

 

¿Dramaturagas españolas del diecinueve? Bueno, pues, poco es lo que conocemos al respecto: que Ángela Grassi estrenó una obra teatral siendo muy joven; que Joaquina Vera lo hizo en 1847... Pocas, muy pocas, son las escritoras españolas de las cuales sabemos que estrenaron obra a lo largo del siglo XIX. Tan pocas son, que quienes se dedican al estudio de la literatura española decimonónica coinciden en destacar a Gertrudis Gómez de Avellandeda, española nacida en Cuba y autora de varias dramáticas estrenadas en los años cincuenta del diecinueve... y también –desde no hace muchos años, desde que empezara a ser rescatada del olvido– a Rosario de Acuña Villanueva. 

Nuestra protagonista fue, en efecto, una de las contadas dramaturgas cuyas obras fueron estrenadas en los principales teatros españoles; algunas de ellas formaron parte del repertorio de varias conocidas compañías teatrales. Ya hemos comentado acerca del exitoso estreno –toda una sorpresa para más de uno por la juventud de su autora que acababa de cumplir los veinticinco y también por su condición de mujer– de Rienzi el tribuno (⇑), su primera obra dramática. Otras cuatro la sucedieron: Amor a la patria (estrenada en Zaragoza en 1877), Tribunales de venganza (teatro Español, Madrid, 1880), El padre Juan (teatro Alhambra, Madrid, 1891) y La voz de la patria (teatro Español, Madrid, 1893). Sabemos además de la existencia de otros originales que, por diversas causas, no llegaron a ser estrenados (tal es el caso de Castigar con la culpa (⇑), del que no volvió a saber nada más tras haberlo enviado a su  editor).

 Paula Moya dando vida a Rosario de Acuña en la obra

Fue una mujer de teatro, sin duda. Basta recordar cómo se estrenó El padre Juan: no encontrando ningún empresario que se arriesgara a poner en marcha aquel proyecto, ella se hizo cargo de todo, de buscar actrices y actores, de dirigir los ensayos, del vestuario, de los decorados, de contratar el local... Fue una mujer de teatro y sabía del poder del escenario para transmitir emociones e ideales, de ahí que renunciara a los derechos que le correspondían por la representación de sus obras... cuando lo hicieran las agrupaciones obreras («siempre que los socialistas representen mis obras, las tendrán libres de derechos»), de ahí que en una de las habituales visitas que realizan a su casa gijonesa con ocasión del Primero de mayo, les animara a que representaran El padre Juan. Y lo hicieron, aunque fuera después de su muerte: en el verano de 1923 se puso en escena en un teatro de la localidad. Después vinieron nuevas representaciones, algunas en tiempos más cercanos: en mayo de 2001 el grupo de teatro del instituto gijonés que lleva su nombre volvió a darle vida en la última representación de la cual tengo noticia (⇑).

Otra vertiente de su íntima relación con el teatro, es aquella que la tiene a ella por protagonista. Tal y como comentamos por entonces (⇑), en el otoño de 2018 se estrenó en el Centro Dramático Nacional la obra escrita por Asunción Bernárdez y titulada Rosario de Acuña: Ráfagas de huracán, en la cual el público va descubriendo quién fue la protagonista al tiempo que lo hace el grupo de jóvenes que se han propuesto realizar un documental sobre su vida y su obra. No fue la primera, años antes ya se estrenó en Gijón otra obra centrada en su figura y con su casa de El Cervigón como principal escenario.

El viernes 12 de mayo del año 2006, dentro del programa conmemorativo del 125 Aniversario del Ateneo Obrero de Gijón, el grupo de teatro La Máscara estrenó en el Centro Municipal Integrado de El Llano  La última casa de Rosario de Acuña, con guión de Boni Ortiz, en el cual se incluyen textos de José Bolado y de la propia Rosario de Acuña. La dirección corrió a cargo del propio Boni Ortiz y la actriz Paula Moya da vida a Rosario de Acuña con sucesivos monólogos que se intercalan con varias proyecciones de escenas grabadas en el exterior. A esta primera representación siguieron otras, como la que tuvo lugar en el ovetense teatro Filarmónica (octubre 2012) o en el Centro de Cultura Antiguo Instituto de Gijón (mayo 2013). 

A lo largo de algo más de una hora,  sobre el escenario se van perfilando los principales rasgos del personaje, los hitos más destacados de su biografía. Las viejas botas que limpia con esmero, compañeras de largas caminatas por llanuras y  montañas, son testigo callado de su amor por la Naturaleza; las canciones que inundan el escenario, cantadas por el tenor Gonzalo Quirós, y las coplas que ella misma canta mientras friega el suelo de su casa,  testifican  su afición a la música, y a la poesía; las imágenes de una amazona trotando por las orillas del mar, evocan aquellas largas expediciones que el afán  de conocer los lugares y sus gentes la llevó a recorrer buena parte de la geografía patria...

Lugar destacado tiene el asunto de La jarca: con las páginas de El Progreso en mano, la propia Rosario lee parte del artículo en el que arremetió contra los estudiantes que agredieron a una universitaria a la salida de clase. De forma bien diferente se abordan tanto el escrito en el que se la acusa de ser una bruja (⇑), y en el que se afirma que su casa es la morada del diablo, como su huida a Portugal para evitar ser apresada. En el primer caso, unas voces superpuestas recrean el diálogo que el autor  mantiene con un labrador de Somió mientras sobre el escenario se proyectan unas imágenes de una amazona a caballo; en el segundo, tras la escena en la que la actriz recoge sus cosas y abandona la casa de El Cervigón, en la pantalla aparece una caminante recorriendo un sendero que discurre por un paisaje boscoso y otoñal.

Hace ya unos años Boni Ortiz tuvo a bien regalarme un DVD con una copia de la grabación realizada por Pícara Producciones. Se lo agradezco cada vez que la veo. Cuando semanas atrás volví a verla en pantalla, no pude menos de pensar en que apenas quedan unos meses para que se cumpla el centenario de la muerte de doña Rosario, en que sería un momento propicio para que La última casa de Rosario de Acuña volviera a tomar vida en uno de los escenarios de la ciudad. Por de pronto, aquí queda constancia de la propuesta. Tan solo queda esperar que llegue a oídos de quien corresponda.




También te pueden interesar




Uno de los artículos de la serie publicada en La Nueva España243. Nuevos aliados en las tareas divulgativas
No tardé en darme cuente de que investigación y divulgación podían –y debían– ir de la mano, tan solo era preciso encontrar los mecanismos adecuados. Además de los libros y de los espacios en Internet, me pareció que la prensa resultaba un canal muy apropiado para dar a conocer...



Centro Sociocultrual Rosario de Acuña (fotografía www.madrid.es)180. Centro Sociocultural Rosario de Acuña, Madrid
La Junta Municipal del Distrito de Latina, en sesión celebrada el 5 de abril de 2018, acordó asignar el nombre Rosario de Acuña al centro sociocultural sito en la calle María del Carmen, número 65. Culminaba así un proceso iniciado...



Caricatura de Rosario de Acuña publicada en 1885149. Caricatura
Durante bastante tiempo su nombre estuvo unido a aquella imagen de la blusa negra, del pañuelo blanco ceñido al cuello por obra y gracia de un prendedor floreado, de la mirada un tanto perdida en algún ignorado...




Dedicatoria en un libro que fue de doña Rosario y que hoy se encuentra en la Biblioteca Pública Jovellanos de Gijón68. Noticia sobre el destino de una parte de su biblioteca
Saber cuál es el contenido de una biblioteca, qué autores y qué títulos forman parte de la misma, nos permite conocer un poco mejor a la persona que los fue reuniendo (y leyendo. En este comentario se aportan algunos datos sobre...



Fotografía tomada cuatro días antes de su fallecimiento, en la celebración del  Primero de Mayo (El Comercio, Gijón, 16-3-1969)12. La solitaria de «El Cervigón», por Manuel Tejedor
A ver, amigos socialistas –nos decía– únanse ustedes los socialistas, los comunistas, los sindicalistas, los anarquistas, todos los verdaderos liberales; unanse en bloque ante esa avalancha que se nos echa encima en todos los países, que es el fascismo...