El pago de los intereses de la hipoteca con que está gravada la casa de El Cervigón fuerza a Carlos Lamo a poner a la venta la nutrida biblioteca de Rosario de Acuña. En esa tesitura, prefiere que sea una sociedad cultural gijonesa la destinataria del legado. Así fue como en 1924 la recién creada Sociedad de Cultura e Higiene de Cimadevilla se hace con una parte los volúmenes atesorados a lo largo de los años, tal y como se recoge en la crónica de la inauguración de la citada sociedad:
Pues bien, como quiera que en 1928 la citada sociedad publicó un folleto en el cual, entre otras cosas, se incluye el catálogo de su Biblioteca Circulante, es de suponer que entre las cerca de setecientas referencias allí incluidas se encontrarían las de aquellos que la sociedad había comprado a Carlos Lamo cuatro años antes. Sólo hay que encontrarlos. Veamos: los libros aparecen ordenados alfabéticamente por el apellido de su autor, lo cual, ciertamente, no nos aclara gran cosa. Mayor interés adquiere para nosotros el número de registro que se asigna a cada título, pues cabe pensar que aquellos que componían el lote comprado al heredero de la escritora debieron de ser anotados correlativamente. Una vez ordenados los títulos por este concepto encontramos bloques de volúmenes en número variable que mantienen el orden alfabético de autor de forma más o menos rigurosa. Uno de ellos, el que comienza en el número 295 y termina en el 422, contiene autores que coinciden con algunos de los citados por Rosario de Acuña en diversos artículos, además de otros con títulos de temática muy querida para ella, como la Agricultura, la Gramática Francesa, la Historia Natural o la Geografía. Allí están, en efecto, Modesto Lafuente, César Cantú, Charles Darwin… y, a su lado, Pascual Madoz (Diccionario Geográfico de España), Emilio Castelar (Historia de las clases trabajadoras), Victoriano Garrido y Escuín (La cárcel o el manicomio, con prólogo del doctor Esquerdo ⇑), Edmundo de Amicis o el filósofo fray Ceferino González, citado por ella en más de una ocasión. Las referencias apuntan a que, probablemente, estos 129 volúmenes, entre los que no hay ninguna obra literaria, sean aquellos procedentes de su biblioteca que fueron comprados por la Sociedad de Cultura e Higiene. Es probable que más adelante la misma entidad adquiriese a Carlos Lamo algunas obras más, pues aún se conserva en la biblioteca Jovellanos (lugar donde fueron depositados todos los libros de la Sociedad a la terminación de la Guerra), un volumen de aquel fondo del que sí sabemos con certeza que perteneció a la escritora.
Se trata del que lleva por título ¡El curioso parlante!... , álbum que reunió y publicó Sebastián López Arrojo en homenaje a su suegro Ramón Mesonero Romanos y en el que se incluyó un artículo de doña Rosario: en dicho ejemplar consta la siguiente dedicatoria manuscrita: «A la Sra. Dª Rosario de Acuña. s.s.s. y afmo. amº. S. López Arrojo. Junio de 1889», que confirma
la titularidad del ejemplar registrado con el número 511 en el catálogo al que me estoy refiriendo.
Nota. Este comentario fue publicado originariamente en blog.educastur.es/rosariodeacunayvillanueva el 16-7-2010.
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Rosario de Acuña y Villanueva. VIDA y OBRA (⇑)