jueves, 24 de diciembre de 2015

64. «Vais a llevar al porvenir algo mío, el nombre...»


El pasado martes 15 de junio el instituto Rosario de Acuña ponía fin a las actividades organizadas con motivo de la celebración de su XX aniversario. Fueron ochenta y tantos minutos deliciosos que, a buen seguro, habrían deleitado a doña Rosario de haber podido acudir a la convocatoria. Ni el fútbol que todo lo inunda en estos días ni la incesante lluvia que nos encharca las vidas en los últimos tiempos hubieran sido obstáculo suficiente para que ella se perdiera un espectáculo tan estimulante como éste: unos cuantos jóvenes —de los esforzados, de los trabajadores, de los que nos reconfortan con el porvenir— protagonizaron el acto de clausura trayéndonos a la memoria aquellas palabras que en ocasión similar pronunciara la ilustre pensadora que da nombre a este centro de enseñanza:

«Tengo por seguro que la regeneración española, es decir, el levantamiento de las energías laceradas y entumecidas de mi patria no se realizará sino por la juventud. [...] Vuestra generación es la España del porvenir; con ella están en los códigos del Estado: la República, sin adjetivos, sin reyes y sin histriones; la Iglesia sin autoridad desbastadora, sin rentas sacadas del trabajo del pueblo contra su voluntad, y sin soberanía sobre la dignidad de los ciudadanos; en el código de las costumbres están: la ciencia imperante sobre la rutina, la moral respetada en las acciones, no en las palabras; la estimación para los leales, no para los rastreros; el trabajo llevado al solio aun envuelto en andrajos; la rufianería a la picota, aun revestida de púrpura; el oro como medio, no como fin, y el más humilde teniendo derecho a presentarse en el banquete humano con solo el título de sincero; y, por último, está el código de la conciencia el único artículo capaz de legislar en el gran mundo de la razón: artículo que se reduce a la verdad sobre todos los demás y sobre nosotros mismos, prefiriendo morir física y moralmente a que sufra la más ligera violación. La juventud nos ha de traer estos códigos del Estado, de las costumbres y de la conciencia, únicos capaces de engrandecer con grados sensibles el civilizador avance de la raza; nosotros los que ya ostentamos los arabescos plateados que la mano del tiempo traza sobre la frente humana con el buril de los años, de los pensamientos o de las desesperaciones, hemos vislumbrado este ideal en un pórtico lejano, adonde es muy difícil que lleguemos; la realidad de nuestras ilusiones está en vosotros; para nuestra generación no pasará de ideal, en la vuestra llegará al hecho...»

Comenzó el acto con la presentación de Jóvenes investigadores, libro que recoge una selección de los trabajos que, en la categoría de estudiantes, han sido presentados en alguna de las doce ediciones de los Premios de Investigación y Divulgación Rosario de Acuña. En representación de los autores intervino Yania Suárez García quien, emocionándose y emocionándonos, alentó a los profesores a porfiar en su labor pues, aunque pudiera parecer que la tierra es baldía, hay más semillas de las que parece que terminan germinando. Y razón tiene, basta leer los trabajos incluidos en el libro para comprobarlo.

Tras la reconfortante intervención de Yania, llegó el reconocimiento público a los galardonados en la presente edición del Premio Rosario de Acuña: Pablo Rodríguez Alonso (Gijón, 1979) y Patricia Ana Argüelles Álvarez (Gijón, 1983), otros dos integrantes de la juventud que reconforta e ilusiona. El primero obtuvo el premio en la categoría dedicada a Gijón con «De totalitarios a demócrates», escrito en asturiano; la segunda fue la elegida en la de Asturias con su obra «El ramal de Lucus Asturum-Lucus Augusti del Ravenate».
Fotografía de Boni Ortiz publicada en La Nueva España, 12-2-2010

Y como colofón a la celebración de los actos organizados para conmemorar el XX Aniversario del instituto Rosario de Acuña, un espectáculo protagonizado por los más jóvenes, seis estudiantes de cuarto curso de Educación Secundaria: «Nuestra querida escritora doña Rosario de Acuña». María Álvarez García, Omar Casado Martínez, Estefanía Diaz Fresno, Borja Fernández Álvarez, Olaya Ferreras González y Marco González Pousada deleitaron a los presentes con el relato de los principales hitos de la biografía de la ilustre pensadora, entremezclados con la lectura de varios de sus poemas: Las cumbres (⇑), Los dos ángeles (⇑), Lo cierto (⇑), ¡Igualdad! (⇑), Mi última confesión (⇑), Casualidad (⇑), El otoño (⇑), A Gijón, Cantares (⇑), La marea (⇑), Más allá de la muerte (⇑) o El soneto póstumo (A mi madre). (⇑)

La dedicación de Boni Ortiz al teatro está plenamente documentada (ahí están sus artículos en La Ratonera y en Primer Acto, sus investigaciones acerca de la historia del teatro hecho en Asturias o su participación en numerosas iniciativas y exposiciones que tienen al teatro como protagonista), pero es en espectáculos como éste donde más se puede apreciar la pasión que en él despierta: en apenas unas semanas ha conseguido que seis chavales sin ninguna experiencia en las tablas lleguen a hacernos disfrutar —y a disfrutar ellos mismos— con los versos de doña Rosario o con el diálogo de «La casa del diablo» (⇑), aquel artículo que Manuel Álvarez Marrón publicara en 1912 en el que se atribuían poderes diabólicos a la librepensadora que vivía en la casa del Cervigón.

Gracias Boni.

Nota. Este comentario fue publicado originariamente en blog.educastur.es/rosariodeacunayvillanueva el 18-6-2010.




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