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sábado, 15 de octubre de 2016

133. «Couplets de actualidad con música de La gatita blanca», José Jackson Veyán



Fotografía de José Jackson publicada en 1922No es un joven  cabreado por aquellas palabras de Rosario de Acuña que resuenan en las asambleas: «nuestra juventud masculina no tiene nada de macho». No es uno de los miles de universitarios que ocupan las plazas de España para protestar por aquella ofensa, por aquella supuesta paternidad que les atribuye la infausta librepensadora: «la mayoría son engendros de un par de sayas la de la mujer y la del cura o el fraile». No; quien toma la pluma en esta ocasión ni es joven, ni universitario. Cuenta con cincuenta y nueve años y ha sido padre de unos veintidós hijos, cinco en su primer matrimonio y los restantes en el segundo. Es jefe del centro telegráfico de Valladolid y ha escrito el libreto de unas cuentas zarzuelas; la última, que lleva por título La fresa, con música de Amadeo Vives.

A pesar de dedicarse desde muy joven al campo de las comunicaciones  (contaba con  diecinueve años cuando aprobó unas oposiciones para el cuerpo de Telégrafos), su verdadera vocación fueron los escenarios. Nada extraño si tenemos en cuenta, que este gaditano era hijo único del dramaturgo Eduardo Jackson Cortés y de la actriz Dolores Veyán Carbajal.

Así que  a finales del año 1911, el señor Jackson (Pepe Jackson, para los amigos), compartía su tiempo entre los hilos telegráficos, los escenarios teatrales y los periódicos, en cuyas páginas era habitual encontrar algunos de sus versos. Y en éstas estaba cuando estalló aquel asunto de las universitarias que fueron agredidas al salir de las aulas; de aquel carretero que salió en su defensa; y de aquella señora que publicó un artículo arremetiendo contra los agresores. No tarda mucho Pepe Jackson en afilar su pluma y, a ritmo de opereta, saca a relucir los fantasmas varoniles de la tropa estudiantil. Primero retador: pase por aquí y «verá si son varones»; luego profundamente tradicional: «como esposa y como madre, me entusiasma una mujer»; toma partido después en asuntos académicos:  «las mujeres literatas me molestan sin querer»; y con final misógino concluye el cupletista («váyase a hacer calceta»). 


                I
Una tal Rosario Acuña
escribió desde París
un articulo insultando
a la ciase estudiantil.

Llama burro loco
 y ostra sensual
a todo el que pisa
la Universidad.

Que son feministas 
dice sin razón,
y yo la propongo
esta solución.

Que una vueltecita
se dé por Madrid,
y verá si son varones
los que estudian por aquí.

               II
No haga usted doña Rosario,
que me llegue a incomodar
y la ajuste a usted las cuentas,
que las debe tener mal.

Son los estudiantes
mi corte de honor,
y todos me aplauden
a más y mejor.

Si es que no desea
mis uñas probar,
no me toque nunca
al Cuerpo escolar.

¡Mire usted que tengo
el alma en un tris,
y me voy mañana mismo
en el rápido a  París!

             III
Las mujeres literatas
me molestan sin querer;
como esposa y como madre,
me entusiasma una mujer.

La Rosario Acuña,
que escribe en París,
debe irse a otra parte...
¡Me parece a mí!

Y yo, si algún día
la llego a encontrar,
la digo en su cara:
«¡No escriba usted más!»

«¡Tire usted la pluma,
haga usté el favor,
que zurciendo calcetines
estará mucho mejor!»

             IV
Del insulto que se infiere
a la clase estudiantil,
yo protesto, caballeros,
como gata y como actriz.

Desde bastidores
me dice el autor
tiene siete hijos
que estudiantes son.

Su fe de bautismo
tiene cada cual,
y que son varones
a la visía está.

Si duda del sexo
 la pobre mujer,
que se entienda con los niños,
que la van a dar que hacer.

              V
No eche usted, señora Acuña,
desde Francia tanta hiél.
¡Nunca lia habido peor cuña
que españolas como usted.

A los estudiantes
les quiso faltar,
y es usted la burla
del Cuerpo escolar.

Probó de Castilla
el fiero león,
que sobran varones
en nuestra nación.

Y al hablar de estetas,
le debo decir: 
¡Vaya usted a hacer calcetas
 y no vuelva usté a escribir!» 

José Jackson Veyán
Madrid Cómico, 2-12-1911


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