jueves, 19 de diciembre de 2019

202. Mujeres míticas


Ilustración incluida en la Agenda 2020 Mujeres míticas de Gijón/Xixón
Un buen día, consultando Asturias en el resurgimiento español (Apuntes históricos y biográficos) de Antonio López Oliveros, me detuve a analizar el índice onomástico que se incluía en aquella edición. Allí encontré más de quinientos nombres de personajes que, según el autor, tuvieron algún tipo de protagonismo en los sucesos que relata. Pues bien, entre esos cientos de referencias tan solo aparecen citadas tres mujeres. Ellas son: Veneranda García Manzano, maestra, escritora y política, diputada por Asturias en la legislatura de 1933-1935; Matilde de la Torre Gutiérrez, de Cabezón de la Sal, folklorista, intelectual y política que fue diputada por Asturias en la legislatura de 1933-1935; y Rosario de Acuña. El hecho, además de sorprendente, resultaba muy significativo, tanto por la cualificación del autor como por la trascendencia de la obra. A Antonio L. Oliveros se le puede considerar un testigo excepcional de la época que describe, pues ocupó la dirección del periódico El Noroeste desde 1917 hasta 1934, años en los cuales el rotativo gijonés desempeñó una notable influencia en la sociedad asturiana. Su libro, editado en 1935, pretende recoger los hechos más significativos de la vida regional sucedidos entre 1898 y 1934: el dinamismo de los indianos, el desarrollo del movimiento obrero, la huelga general de 1917, la revolución de 1934… Pues bien, de su lectura se deduce que quienes protagonizaron este periodo de gran significación en la vida de la región fueron los hombres, con esos centenares a la cabeza. ¿Qué hacían las mujeres mientras tanto? ¿Dónde estaban? Esas preguntas fueron el detonante de Mujeres de Gijón (1898-1941), donde intento darles adecuada respuesta.

Imagen de la portada del libro Mujeres de Gijón (1898-1941)
Hombres eran los que dirigían la política, las empresas, las organizaciones obreras, los periódicos… Hombres los que se manifestaban, los que se ponían en huelga, los que acudían a asambleas, los que se agrupaban… Hombres los de la Extensión Universitaria, los del Ateneo, los de los casinos, los de los clubes deportivos… Ante esa evidencia, ante la constatación de la ausencia de mujeres en las crónicas de un periodo de gran interés en la historia regional y, especialmente, en la gijonesa, no pude menos de preguntarme ¿qué hacían las mujeres mientras tanto?, ¿dónde estaban? La búsqueda de respuestas a esas preguntas me ocupó varios meses en los que me vi obligado a ajustar la lente con la cual miramos el mundo. Con paciencia y enfoque adecuado las busqué en las fábricas, en las calles, en los bailes, en las casas… Al final, como no, las encontré. Allí estaban: en la Gota de Leche, en la Pescadería, en La Algodonera, en el matadero, cogiendo agua en La Pipa, manifestándose por las calles, en el Ateneo Obrero, en la playa, en las trincheras, en el Ayuntamiento, en la cárcel de El Coto, en la Escuela de Comercio, en el Sindicato de la Aguja, ante los tribunales, en la Fábrica de Tabaco, jugando a jóquey, en las Agrupaciones de Mujeres Antifascistas, en el teatro Dindurra, atendiendo la Cocina Económica, descargando pescado, en los conventos, en la Fábrica de Vidrios, huyendo de la guerra… Ahí están por centenares, con nombre y apellidos.

Estaban ahí. ¡Claro que estaban ahí! Solo era preciso buscarlas en el sitio adecuado y, una vez encontradas, darles la visibilidad adecuada. Eso es lo que ha venido haciendo en los últimos años el Ayuntamiento de Gijón que por estas fechas publica una agenda que tiene por únicas protagonistas a las mujeres. La de 2020 lleva por título Mujeres míticas de Gijón/Xixón y sus protagonistas  son –según escribe Ana González Rodríguez, alcaldesa de la ciudad– destacadas mujeres «que forman parte de nuestra cultura, de nuestra memoria colectiva, de nuestra idiosincrasia». Al lado de Rosario de Acuña, a quien se le dedica el mes de marzo, aparecen Xosefa Jovellanos, Les Cigarreres (las obreras de la fábrica de tabacos de Cimavilla), Esmeralda Maseda (la primera concejala del Ayuntamiento) o las mujeres dedicadas a los tradicionales oficios de la mar (las pescaderas ambulantes y con puesto fijo, rederas, conserveras).

«Recordamos con admiración su trabajo, sus reivindicaciones laborales, políticas y sociales, su obra artística y literaria. Su memoria se perpetúa desde el cariño, la admiración y el reconocimiento, manteniendo vivo su pensamiento feminista que ha contribuido a hacer de Gijón/Xixón la ciudad que hoy es».

Portada de la Agenda 2020 Mujeres míticas de Gijón/Xixón
Tanto la inclusión de nuestra protagonista en la agenda como las palabras de la alcaldesa, dan pie a pensar que algo parece haber cambiado en el Ayuntamiento con respecto a la figura de Rosario de Acuña. Tras varios años de atonía, me enrolé en la lista de quienes confiaban en que la llegada de una nueva corporación municipal podría restablecer el respaldo que, tiempo atrás y desde la plaza Mayor, se había prestado a todo cuanto tuviera que ver con la recuperación de su testimonio vital. Así lo manifesté en el escrito «Cuatro años por delante» (⇑), publicado en la edición gijonesa del diario La Nueva España el pasado 2 de julio, con la mirada puesta en 2023, año en el que se cumplirá el centenario de la muerte de esta ilustre gijonesa.

Aunque ya han pasado unos meses desde entonces, aún se está a tiempo para hacer reconocible ese paseo que lleva su nombre y que, como se escribe en la agenda, «recuerda su paso por el Cervigón» (aunque casi nadie sepa que camina por él, pues nada hay que así lo informe); aún se está a tiempo de darle un aprovechamiento apropiado a la que fuera su casa. Lograrlo sería una magnífica manera de afrontar el reto del centenario: una oportunidad para dar visibilidad a esta mujer excepcional, «gran defensora de los derechos sociales y la emancipación de las mujeres». Confío en que Mujeres míticas, la agenda para el año 2020, sea un indicio de que, efectivamente, el Ayuntamiento de Gijón va a involucrarse en la organización del centenario de la muerte de una de sus vecinas más ilustres. Al fin y al cabo, toda caminata, por larga y exigente que sea, empieza siempre por un primer paso.




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