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martes, 11 de agosto de 2009

11. El último adiós de El Socialista



Aunque no desaprovechó ninguna ocasión para rechazar su pertenencia a cualquiera de los «ismos» que componían el grupo de los «verdaderos liberales» (ya fueran republicanos, socialistas, anarquistas o, más tarde, comunistas), bien puede decirse que  Rosario de Acuña y Villanueva –al menos en los últimos años de su vida–  mantuvo relaciones cordiales con los sectores socialistas. No faltan ejemplos que así lo parecen indicar. A la vieja amistad que le une a Isidoro Acevedo, nacida en los años en que ambos residían en Santander, hay que añadir la de Teodomiro Menéndez a quien apoya públicamente en la campaña electoral de 1919, o la de Virginia González, dirigente nacional que coincide con ella en algunos mítines celebrados en Asturias... No hay que olvidar tampoco que doña Rosario afirma en 1917 que solo lee El Socialista y algunos periódicos portugueses, ni que su figura adquiere cierto protagonismo en las celebraciones del Primero de Mayo desde que retornara a Gijón tras el exilio portugués  gracias a la iniciativa de las Juventudes Socialistas de invitarla en 1914 a los actos que organizan ese día, y  que más tarde proseguirán las sociedades obreras acudiendo hasta El Cervigón para rendirle su homenaje.

Fragmento de la primera página de El Socialista, 8-5-1923

Precisamente el Primero de Mayo de 1923 tuvo lugar la última de estas visitas, pues la homenajeada fallecía cuatro días después. Pues bien,  El Socialista se despidió de la ilustre librepensadora con una necrológica publicada el 8 de mayo y con un artículo firmado en León por Manuel Tejedor que lleva por título «La solitaria de El Cervigón» y que apareció en sus páginas el día 19.

La necrológica decía así:

 «A la avanzada edad de setenta y dos años ha fallecido en su apartado retiro de Gijón la notabilísima escritora e incansable paladín de los ideales democráticos y de libertad de conciencia doña Rosario de Acuña.

Cultivó con fortuna diversos géneros literarios, alcanzando éxitos resonantes con el estreno de algunas obras dramáticas de marcado carácter anticlerical.

Como periodista, publicó numerosos trabajos, en los que campea la brillantez de su estilo vigoroso y una sólida cultura, que acreditaba lo profundo y constante de sus estudios.

Reaccionando briosamente contra la gazmoñería dominante en la educación de las mujeres, supo mantener siempre la pureza de sus convicciones racionalistas, a las cuales ha sido fiel hasta en sus últimos momentos, disponiendo que su entierro fuera civil, como se ha celebrado, concurriendo gran número de trabajadores, entre los cuales contaba con merecidas simpatías.

Fragmento de la necrológica publicada en El Socialista
Su fina sensibilidad de mujer y de ciudadana se expreso últimamente en una inflamada protesta contra la guerra de Marruecos, redactando un sentidísimo manifiesto a las madres españolas que recogimos íntegramente en las columnas de EL SOCIALISTA.  [Se refiere al primero de los tres artículos  que con el título «¡Justicia!... ¡Justicia!... ¡Justicia!» fue publicado por  El Noroeste el 7 de diciembre de 1922 y que apareció posteriormente en la edición de  El Socialista correspondiente al  21 del mismo mes].

Rendidamente tributamos a Rosario de Acuña el efusivo homenaje de nuestra admiración por su vida ejemplar y la obra de cultura que realizó entre los trabajadores»

Para completar el homenaje que le dispensa el diario de los socialistas, dos días después publica en su primera página un cuento suyo, titulado El baratero, que había escrito en el verano de 1917, aquel en el que, de nuevo, estuvo en el punto de mira de unas autoridades que no dejaban de sospechar de ella, a pesar de su edad, por las buenas relaciones que la escritora mantenía con socialistas, reformistas y anarquistas en vísperas de la huelga general que por entonces se estaba preparando.

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Este comentario fue publicado originariamente en blog.educastur.es/rosariodeacunayvillanueva el 11-8-2009

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