jueves, 24 de diciembre de 2015

66. «En justa respuesta», por Regina Lamo



Fotografía de Regina Lamo publicada en Mundo Gráfico, 24-4-1918
Con emoción hondísima he leído la bella y fiel descripción que el Sr. De la Viña ha hecho, en dos artículos publicados en LA LIBERTAD, bajo el título «La fosa de Rosario de Acuña» (⇑), de la casita solitaria del Cervigón, en que mi ilustre tía vivió y murió, y de la fosa en que sepultada yace desde el año 1923.

No son tan fieles como las descripciones panorámicas del distinguido escritor, las que dedica a recordar circunstancias tristísimas de la muerta.

Aunque ausente yo de Gijón, adonde no fui hasta transcurridos dos años y cinco meses del tránsito de mi tía, sé positivamente, por saberlo de labios de D. Alberto de Lera, que si bien fue trasladada al cementerio de Ceares a las diecisiete horas de la muerte, movido quien así lo dispuso por el único propósito de que los mineros y trabajadores de varias industrias que por ser domingo el 6 de mayo de 1923 habían podido acudir con el deseo de llevar en sus brazos el ataúd hasta depositarlo en la fosa, no regresasen a Oviedo, Turón, Mieres, Avilés, etc., etc., sin haber realizado aquel postrer homenaje a la que tanto habían amado, se la condujo al depósito del cementerio, en donde «quedó» veinticuatro horas más, que con las diecisiete apuntadas, suman «cuarenta y una», al fin de las cuales el Sr. Lera, una vez comprobados los síntomas de descomposición, tan evidentes que ya habían producido la ruptura de vasos sanguíneos del rostro, más la eclosión de un ojo, se procedió a sepultarla, en ese preciso lugar que se menciona en el artículo del señor De la Viña, aunque sin colocar encima ladrillo alguno ni cosa parecida, respetando su heredero universal, mi hermano don Carlos Lamo, la voluntad de la ilustre yacente allí.

Después, manos guiadas por mejor deseo que acierto, se han permitido subrayar, sin conocimiento nuestro, el sitio, testificando el nombre innecesario allí, como lo será cualquier cosa que, muy agradecida por nosotros, declinamos, por ser contraria a la voluntad expresa y terminante de la que había de ser usufructuaria de tales honores pétreos y marmóreos.

Ni ella quería mausoleos ni nosotros podemos consentirlos. Hay demasiados pobres, hay demasiada miseria en España para pensar en honras fúnebres, buenas para los que carecieron de ellas en vida. Lo único que aceptaremos es la institución escolar de colonia veraniega instalada en aquella casita roja de Somió.

Desde el año 1928 vengo laborando por conseguirlo. Recabe el auxilio pecuniario de Horacio Echevarrieta. En la colección «Reflejos de El Motín» pueden leerse mis artículos relatando la entrevista que celebre con dicho financiero republicano. Hasta las gracias hube de darle en uno de ellos; tales fueron las seguridades verbales de que levantaría la hipoteca —1000 pesetas— que pesaba sobre la modesta finca, con que mi tía hubo de gravarla a raíz de su regreso del destierro ocasionado por el proceso incoado a requerimiento de Acción Católica, de Barcelona.

Horacio Echevarrieta no cumplió nada de cuanto me ofreció.

Javier Bueno, requerido por mí, escribió un bello artículo en La Voz, en el cual, a más de mencionar mi nombre y mi postulado, se hacía solidario de éste, pidiendo ayuda para salvar de la usura aquella casita, en que debía esculpirse el nombre egregio de Rosario de Acuña, para recibir a los niños de los librepensadores pobres de España. No halló eco aquel hermoso trabajo de Bueno.

No me desalenté aún. Llamé a las puertas de la masonería. Invoqué mi derecho para hacerlo. Pedí ayuda económica y moral para la colonia escolar en el Cervigón. La pedía en nombre de Rosario de Acuña gra :. 32, Hipatia, y en mi propio nombre, hija de masón, caballero Rosa Cruz. Al mismo señor Lera, Venerable de una de las más importantes logias de Asturias, referí cuanto venía haciendo en este sentido.

Nada se logró, y eso que de todos era conocida la manifiesta parcialidad con que en tiempo de la monarquía se designaban los niños que habían de disfrutar puestos en las colonias veraniegas.

A Marcelino Domingo, en su época de revolucionario, al parecer auténtico, pedí campaña en La Libertad. Colaboraba semanalmente en ella. Año 1928. Me prometió hacerla. «Rosario de Acuña lo merece todo. Su postulado de usted me parece admirable y digno de las dos. Cuente usted conmigo.» Hasta hoy. Varias veces he intentado verle para recordarle su ofrecimiento, incumplido totalmente antes del cambio de régimen y después. Ha pasado al ministerio de Instrucción pública sin llevar su admiración a Rosario de Acuña a la Gaceta.

¿Qué más? Dolor. Asco. Cansancio.

Entre tanta decepción y amargura, la Sección de Pedagogía del Ateneo abre sus oídos y su corazón a mi solicitud de un homenaje a Rosario, como corolario a la inauguración del grupo escolar que lleva su nombre.

Se celebra el acto con toda la efusividad brillantísima que yo soñaba, consignándose en el programa que cuanto se recaudase con la reprise de «Rienzi» sería destinado por mí a la cantina escolar del grupo Rosario de Acuña.

Ahora me place hacer público que cuanto produzca el libro Rosario de Acuña en la escuela, ya en prensa, se dedicará a la readquisición de la casita roja en que pervivía siempre la magna figura de Rosario de Acuña, propósito el mío ya formulado por mí hace meses a los maestros con quienes he compartido mis actividades en la organización de los homenajes verificados.

Ahora bien, aceptando la buena voluntad del señor De la Viña en su llamamiento, que agradezco en su aspecto espiritual, debo rechazarlo en su aspecto económico.

Nada de suscripciones. Nada de óbolos. Nada de cantidades para honrar a Rosario de Acuña. Ella, por sí ante sí, dejó labor sobrada para mantener su nombre señero en la más alta albarrana del castillo interior que fue su gesta.

De ella sobrará para que se cumpla el postulado que me impuse.

Tendrá su colonia escolar en el Cervigón. Su alma gigante ganará la batalla después de muerta sin otra ayuda que la de la justicia de mi causa.

Regina Lamo de O´Neill
La Libertad, Madrid, 6 de mayo de 1933


Nota. Este comentario fue publicado originariamente en blog.educastur.es/rosariodeacunayvillanueva el 2-7-2010.




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