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viernes, 27 de mayo de 2016

113. Las Obras reunidas



Portada del volumen I de las Obras reunidas
La publicación en el año 2009 de las Obras reunidas supuso un hito en la recuperación de la palabra, del testimonio vital de Rosario de Acuña y Villanueva. Gracias al trabajo ímprobo de José Bolado el lector interesado podía tener al alcance de su mano la mayor parte de los textos que doña Rosario había dado a la imprenta a lo largo de casi cincuenta años.

El apoyo que a la edición prestaron diversas entidades públicas como el Instituto Asturiano de la Mujer, el Ayuntamiento de Gijón (al frente del cual se encontraba por entonces la alcaldesa Paz Fernández Felgueroso, una entusiasta admiradora de Acuña) y Cajastur, facilitó la difusión de la obra en los institutos y bibliotecas de la región; también en departamentos de varias universidades. Gracias a ello algunos investigadores pudieron conocer de primera mano la obra de esta mujer, desconocida para la mayoría. Tal fue el caso de Elena Hernández Sandoica, catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid, cuyo testimonio puede servirnos de ejemplo acerca de la trascendencia que para la difusión y el estudio de la vida y obra de Rosario de Acuña tiene la edición de las Obras reunidas:

Agradezco a Rosa Cid y a Amparo Pedregal, que me invitaron a participar en un máster de genero en la Universidad de Oviedo en diciembre de 2009, que pusieran en mis manos los dos primeros volúmenes. A ellas dos les debo el haber quedado atrapada por esta personalidad magnética, que interpela y demanda respuesta al hablar

Atrapada por el contenido de sus artículos, no tardó en regalarnos «Rosario de Acuña: la escritura y la vida», una lúcida aproximación al testimonio vital de nuestra protagonista. Y más recientemente,  «Rosario de Acuña y "La jarca de la universidad" (⇑)»,  la última de las conferencias que el instituto que lleva su nombre programó con ocasión de su XXV aniversario.

Si no hubiera sido por las Obras reunidas, quizás Elena no habría puesto sus ojos, y su saber, en esta ilustre librepensadora. El ejemplo de Hernández Sandoica nos hace aventurar que la ingente tarea desarrollada por Bolado durante años supondrá un significativo impulso a la labor de divulgación de la obra de Rosario de Acuña, que dio comienzo Regina de Lamo en los años treinta del pasado siglo.

Para que quienes lean este comentario se puedan hacer una idea aproximada de la magnitud de la tarea, permítaseme que enumere, aunque sea someramente, los principales hitos de la misma, habida cuenta de que, de forma paralela, también hube de recorrerlos.

Los primeros pasos, quizás los más placenteros, fueron relativamente fáciles: buscar en los catálogos de las bibliotecas, solicitar las copias y disfrutar de los primeros volúmenes, sus libros o folletos: Un ramo de violetas (⇑)La vuelta de una golondrina (⇑)Ecos del alma. Poesías (⇑), Rienzi el tribuno (⇑), Amor a la patria (⇑), Morirse a tiempo (⇑), Tribunales de venganza (⇑), Tiempo perdido (cuentos y bocetos) (⇑), La siesta (colección de artículos) (⇑), Influencia de la vida del campo en la familia (⇑), El lujo en los pueblos rurales (⇑), Sentir y pensar (⇑)Certamen de insectos (⇑), La casa de muñecas (⇑), Discurso leído en el Ateneo Obrero de Gijón (⇑), El padre Juan (⇑), La voz de la patria (⇑), Avicultura. Colección de artículos (⇑), La higiene en la familia obrera (⇑), Cosas mías (⇑). Fueron llegando de la Biblioteca Nacional y de otras bibliotecas públicas y privadas de Asturias, Cantabria, Las Palmas de Gran Canaria (Gabinete Literario), Zamora, Ciudad Real, León, Madrid (Ateneo) o Barcelona (Atenéu Enciclopedic Popular). Ciertamente  era un buen comienzo (más si tenemos en cuenta que algunos de esos volúmenes eran una colección de poemas o de artículos, con lo cual el número de títulos aumentaba), pero aún quedaba todo lo que había publicado en prensa y revistas.

Como esa ocupación era, ciertamente, mucho más ardua y laboriosa, estoy convencido que  José Bolado agradecería la labor que previamente había realizado María del Carmen Simón Palmer y que en el año 1991 dio a conocer en Escritoras españolas del siglo XIX : manual bio-bibliográfico: casi cien referencias de diversas obras de Rosario de Acuña:



Antes de las aportaciones de María del Carmen Simón hubo de agradecer los apuntes biográficos que Patricio Adúriz Pérez había publicado en El Comercio a finales de los años sesenta. A lo largo de cinco entregas (⇑), quien andando el tiempo se convertiría en cronista oficial de Gijón no sólo desveló algunos de los sucesos más importantes de la vida de nuestra protagonista (el éxito de Rienzi, la muerte de su padre, su actividad avícola en la localidad cántabra de Cueto, la serie de artículos que con el título «Conversaciones femeninas» publicó en El Cantábrico, el exilio en Portugal...), sino que también recuperó algunas de sus poesías (el soneto dedicado a su padre (⇑) , Sombra y luz (⇑), A mi madre (⇑), Asturias (⇑), Mis golondrinas (⇑), Los poetas nacen (⇑), A Gijón (⇑)...), así como la transcripción de buena parte de su testamento (⇑) ológrafo.

Tampoco le vendría nada mal la publicación en 2005 de mi libro Rosario de Acuña en Asturias, ya que allí se incluían diversos escritos de doña Rosario que habían visto la luz en el diario gijonés El Noroeste. Mucho más si tenemos en cuenta que por entonces el fondo del periódico no estaba digitalizado, y localizar esos textos suponía dedicar tardes y tardes a visionar cada una de las microfichas donde se conservaban: 
Quedaban aún decenas de artículos y decenas de poesías por desempolvar. Cualquier indicio, cualquier pista sería bienvenida, como mi aportación indirecta del año 2009, la cual, por cierto, estuvo a punto de no llegar a tiempo. De hecho, ocupó los últimos dos volúmenes. Por suerte para las poesías, el quinto era el suyo, así que ocuparon su lugar. Para el resto de los textos se les habilitó un apartado especial: Varia. Me estoy refiriendo a la carta a Tomás Costa (⇑), que encontré tras vueltas y revueltas en el Archivo Provincial de Huesca y, de manera especial, a los textos publicados en La Unión Democrática de Alicante, a los cuales se puede acceder en la actualidad con cierta comodidad por medio de buscadores, pero dado que no era así por entonces, no había otra que revisar hoja a hoja la edición de cada día. Por suerte aquella pesada tarea dio sus frutos y en aquellas páginas encontré un buen lote:
  No crea quien haya llegado hasta este punto, que estaba todo hecho. Ni mucho menos. A pesar de las aportaciones recibidas de una forma o de otra, la tarea que aún le quedaba por realizar a José Bolado era enorme: todavía permanecían en las hemerotecas muchos escritos desconocidos, tantos que no todos tuvieron cabida en las Obras reunidas.

Afortunadamente algunos  de esos sí que están publicados en  Rosario de Acuña. Vida y obra (⇑), una página que puse en marcha hace ya unos años con el objetivo de divulgar el testimonio de nuestra ilustre protagonista. Para facilitar la consulta a las personas interesadas, las obras que no aparecen en las Obras reunidas están oportunamente identificadas con una equis o cruz griega, de la manera que aparece reflejada en la imagen superior.



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