Mostrando entradas con la etiqueta Regina Lamo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Regina Lamo. Mostrar todas las entradas

18 diciembre

299. Un colegio, cuatro mujeres

 

Sábado 11 de febrero de 1933. El presidente de la República Niceto Alcalá Zamora inaugura el Grupo Escolar Rosario de Acuña. En ese momento, la mujer cuyo nombre identificará desde entonces a ese colegio llevaba casi una década muerta; Regina contaba con 62 años; Julia iba a cumplir los treinta; Rosa María aún no había nacido. 

Cuenta la prensa que el barrio de Aluche se había engalanado para la ocasión, que desde el Puente de Segovia no eran pocas las casas que lucían colgaduras de los colores nacionales, colchas o mantones de Manila, y que en la Puerta del Ángel se había levantado un arco de triunfo con una inscripción que decía: «¡Viva la República, que ama la cultura!». Para que nada faltara, la Junta Municipal de Enseñanza había editado un folleto titulado ¿Quien fue Rosario de Acuña? con la pretensión de que el vecindario pudiera conocer a la mujer que daba nombre al nuevo colegio.

Cuatro mujeres que unieron su nombre al grupo escolar Rosario de Acuña

Unas semanas después de la inauguración ya encontramos noticias de la existencia del Patronato Rosario de Acuña, a cuyo frente se encuentra Regina Lamo Jiménez, «sobrina», amiga y entusiasta transmisora de su vida y obra, labor a la cual llevaba ya un tiempo entregada: elegida vicepresidenta del Ateneo Socialista de Barcelona, a finales de 1928 organiza  una velada para honrar la memoria de su amiga Rosario; un año después pone en marcha la Editorial Cooperativa Obrera y su colección quincenal La Novela Blanca, en cuyos dos primeros números, titulados El secreto de la abuela Justa (⇑) y El País del Sol (⇑), recopila algunos de los escritos de «su excelsa ascendiente». 

Instalada en Madrid, prosigue su actividad divulgadora, ahora desde la presidencia del Patronato. A primeros de abril de 1933 participa en una velada en honor de Rosario de Acuña que tiene lugar en la Sociedad Matritense de Amigos del País, con el mismo propósito que la celebrada semanas atrás –el día anterior a la inauguración del grupo escolar– en el Ateneo de Madrid. En los inicios del mes de junio se conocen las gestiones que el Patronato está realizando para organizar una función en el teatro Calderón con la finalidad de obtener fondos que permitan habilitar un dispensario infantil en el colegio. Sabemos también de sus intenciones de organizar una colonia escolar en Gijón, en la misma casa del acantilado donde había vivido su amiga. El 3 de julio más de 600 niños celebran en las instalaciones del grupo escolar el Día de la Cooperación Internacional con una chocolatada; unos días después, Belén Sárraga pone fin al ciclo de conferencias organizado por el Patronato con la que lleva por título «Problemas educativos». Antes de que el año finalice se publica Rosario de Acuña en la escuela, un libro que recopila algunos de sus cuentos y poemas...

Grupo Escolar Rosario de Acuña
En la primavera de ese mismo año se había celebrado un concurso-oposición a direcciones de escuelas graduadas de seis o más grados. Julia Álvarez Resano fue una de las maestras que logró superar los exámenes y queda a la espera de conocer su nuevo destino. Nacida en 1903 en Villafranca, una localidad navarra que por entonces contaba con cerca de tres mil habitantes, estudió en la Escuela Normal de Maestras de Pamplona. Tras aprobar las oposiciones en Zaragoza, se matriculó por libre en la Facultad de Derecho y comenzó a trabajar en varias escuelas hasta obtener destino en su localidad natal. Durante un tiempo compaginó trabajo y estudios: «Había que conocer las leyes para hacerlas cumplir, en algunos casos, …o para derogarlas, cuando era injustas». 

A principios de 1934 ya conoce que será la directora del madrileño Grupo Escolar Rosario de Acuña. Tal y como nos cuenta la profesora e investigadora Isabel Lizárraga Vizcarra, al mes siguiente ya se encuentra en su nuevo destino: «Después de cesar el 25 febrero de 1934 como maestra de Villafranca, se incorporó a la plaza de Aluche y se presentó en la capital con su madre Nemesia y sus hermanos Miguel y Carmen». Como el sueldo no da para mucho, abre despacho de abogada en la calle Mayor y asume la asesoría de la Federación Provincial de Trabajadores de la Tierra. «Como Rosario de Acuña, Julia también era una mujer valiente y luchadora, otra propagandista revolucionaria, y tenía ante sí en aquellos momentos la oportunidad de seguir batallando por la justicia, tanto desde su labor docente como desde la asesoría de la Federación o desde su despacho».

Ya están juntas, en el mismo barco. Julia como directora del colegio y Regina presidiendo el patronato. Son dos mujeres valientes, decididas, luchadoras. No escatimarán esfuerzos a la hora de reclamar mejoras para el colegio. Llaman a todas las puertas, sean  del Ayuntamiento, del Ministerio o de la Presidencia de la República. 

Sea por su insistencia, sea por cualquier otra razón, el caso es que en los inicios de 1935 la prensa informa de que el alumnado del Grupo Escolar Rosario de Acuña será el que ese año, «con motivo de las fiestas de Reyes», reciba los juguetes donados por Presidencia. Y don Niceto, acompañado del gobernador civil y del alcalde de la ciudad, acude de nuevo a la barriada de Aluche para hacer entrega a la ilusionada concurrencia de juguetes y libros (quizás entre ellos hubiera algún ejemplar de Rosario de Acuña en la escuela, que acababa de ser incluido por el Comité Nacional de Cultura en la lista de libros seleccionados para uso en las escuelas).

 

Regina sigue insistiendo. En los inicios del mes de abril de 1935, encabeza la comisión del Patronato Rosario de Acuña que es recibida por Alcalá Zamora en el palacio presidencial. Unos días después, en las instalaciones del colegio se conmemora la proclamación de la República con una merienda para la totalidad del alumnado y las madres lactantes del barrio. En el transcurso de la misma la comisión municipal prometió al Patronato que ese mismo mes funcionaría la cantina escolar y se resolvería el problema de los accesos al colegio. Julia, por su parte, debe de hacer frente a quienes no ven con buenos ojos su intensa labor como activista política y sindical: el Consejo Provincial de Primera enseñanza suspendió temporalmente las clases hasta la conclusión de un expediente abierto por la actuación continuada de un maestro, que ha venido «realizando una labor demoledora entre los niños, al mismo tiempo que llevaba a cabo una campaña en contra de la directora (de filiación socialista), interesando en dicha campaña a los padres de los alumnos». 

Ciertamente, Julia Álvarez Resano, que ya había sido secretaria general del PSOE en su localidad natal, se había dado de alta en la Agrupación Socialista de Madrid nada más llegar a la capital para hacerse cargo de la dirección del Grupo Escolar Rosario de Acuña. Su destacada actividad política, primero en Navarra y ahora en Madrid, la llevaron a formar parte de la candidatura del Frente Popular por la circunscripción provincial en las elecciones legislativas de febrero de 1936; a convertirse en diputada, meses antes de que todo se volviera guerra.

Tal y como se cuenta en un comentario anterior (⇑), antes de que concluya aquel trágico mes de julio del año treinta y seis, el Patronato Rosario de Acuña hace público un comunicado de apoyo al Gobierno del Frente Popular y anuncia  «que está organizando una guardería de niños que ampare a los de la barriada de Aluche, a la cual pertenece el grupo escolar». 

La situación se complica. A principio de octubre los militares sublevados avanzan hacia Madrid. A partir de entonces ya nada será igual para el Grupo Escolar Rosario de Acuña. Una parte del alumnado es enviado a la huerta murciana; los de la guardería parten hacia Barcelona. Meses de guerra, dolor y muerte.

Decretada la paz por los vencedores, todo se volvió negro para los vencidos. En la negritud del olvido se enterró todo recuerdo de Rosario de Acuña Villanueva: el polvo cubrió sus libros en archivos y bibliotecas, su nombre se borró de los callejeros (⇑), el grupo escolar del barrio de Aluche, distrito de Latina pasó a denominarse San José de Calasanz...  El inicio de la larga posguerra confinó a Regina Lamo Jiménez en Barcelona al amparo de su hija Enriqueta y para colaborar en la economía familiar publicó algunos libros bajo el seudónimo Nora Avante. Falleció en 1947, cuando contaba con setenta y siete años. Julia Álvarez Resano, después de prestar sus servicios como gobernadora de Ciudad Real, como juez de primera instancia e instrucción en Alberique, como magistrada interina del Tribunal Central de Espionaje y Alta Traición, partió para el exilio. La antigua directora del Grupo Escolar Rosario de Acuña residió primero en el sur de Francia y más tarde en México, donde murió en 1948, unos meses después que Regina.

Tras varias décadas de olvido, silencio y desmemoria, el aire viciado que todo lo envuelve parece que empieza a moverse, abriendo algunos huecos entre la densa neblina. En Gijón comienzan a preguntarse (⇑) quién había sido esa mujer cuyo nombre permanecía unido a un determinado lugar del litoral gijonés, un topónimo tantas veces utilizado por quienes por él transitan: «estuve por Rosario Acuña» o «fui a dar un paseo hasta Rosario Acuña». Algunos años más tarde, María del Carmen Simón Palmer, investigadora del Instituto de Filología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas  reedita dos de sus obras (⇑) y hace pública una lista con el paradero de varias decenas de sus escritos. Poco a poco va aumentando la nómina de quienes se interesan por desempolvar el rastro de su existencia, por rescatar su ejemplar testimonio vital para incorporarlo al patrimonio colectivo (⇑).

Centro Sociocultural Rosario de Acuña

En 2017 se constituye en Madrid la Asociación Mesa de Memoria Histórica del Distrito de Latina.  Entre sus integrantes se encuentra Rosa María Arteaga Cerrada, la cuarta protagonista de esta historia, la cuarta de las mujeres que han unido su nombre al del Grupo Escolar Rosario de Acuña.

En la segunda reunión que celebra la Mesa, Rosa María presenta una propuesta que tiene por objetivo la restitución de la denominación del centro cultural conocido como San José de Calasanz por el de Rosario de Acuña, el nombre con el cual fue inaugurado el edificio en febrero de 1933. Fue bien acogida por el resto de integrantes y se acuerda su traslado a las autoridades municipales. A ella le corresponderá defender la proposición ante la Junta Municipal, exponiendo a los presentes un documentado resumen de la biografía de doña Rosario, al tiempo que reivindica la importancia que conlleva el propio acto de restitución, de recuperación, de la denominación original. Semanas después, la Junta Municipal del Distrito de Latina acordó asignar el nombre Rosario de Acuña al centro sociocultural sito en la calle María del Carmen, número 65. Al verano siguiente, la decisión es ratificada por el delegado del Área de Gobierno de Coordinación Territorial y Cooperación Público-Social.

Hay que decir, no obstante, que el proceso no resulto sencillo. Para empezar, la aprobación en la Junta del Distrito no fue fácil: tanto en la primera votación como en la segunda se registró el mismo número de votos a favor de la propuesta como en contra, siendo necesario el voto de calidad de la presidenta para que, finalmente, fuera aprobada. O bien no estaban de acuerdo con esta labor de recuperación, o bien era la propia Rosario de Acuña la causa de su negativa; quizás fueran ambas cosas. Fuera como fuera, el caso es que surgen nuevos obstáculos: el acuerdo de la Junta de Distrito no acaba de recibir el visto bueno de la Junta de Gobierno del Ayuntamiento de Madrid, sin cuya aprobación el cambio de nombre, la recuperación del históricamente primigenio, no se produciría. Al parecer, podría haber algún obstáculo en el entramado normativo municipal que impediría la duplicidad en el nombre de calles y de edificios municipales, lo cual sucedería en este caso, pues ya existe una calle con su nombre.

Probablemente los ortodoxos cuidadores de la normativa municipal no contaban con que Rosa María Arteaga fuera tan luchadora como el resto de mujeres que protagonizan este comentario, que habría de batallar con tesón por aquello que consideraba justo; tampoco con su larga trayectoria en el desempeño de funciones jurisdiccionales como fiscal, jueza y magistrada. El caso es que no cejó en su empeño. Tras meses de espera, en una reunión de la Mesa de Memoria Histórica informa de las trabas que se ha encontrado la propuesta que habían presentado y, bien lejos del desistimiento,  procede a leer el recurso de impugnación que ha preparado acerca de la interpretación realizada de la ordenanza municipal en vigor.

Al final, como ha quedado dicho, en junio de 2018 queda formalmente aprobada la nueva denominación oficial: desde ese momento el edificio que albergara aquel grupo escolar que fue inaugurado el sábado 11 de febrero de 1933, destinado ahora a otros usos, recupera su nombre primigenio: Centro Sociocultural Rosario de Acuña. 

Cuenta la prensa que el barrio de Aluche se había engalanado para la ocasión, que desde el Puente de Segovia no eran pocas las casas que lucían colgaduras de los colores nacionales, colchas o mantones de Manila, y que en la Puerta del Ángel se había levantado un arco de triunfo con una inscripción que decía: «¡Viva la República, que ama la cultura!».




También te pueden interesar


Rosario de Acuña y la música279. De la clásica a la copla, de la ópera a la bulería
Un recorrido por el mundo musical que rodeó a Rosario de Acuña, ilustrado con varios fragmentos musicales. Alicia Álvarez nos regala unas coplas escritas y cantadas por doña Rosario que ella ha musicado para la ocasión...



Emilia Villacampa (El Álbum de la Mujer, 13/2/1887) 216. Emilia Villacampa, la hija del héroe
Muchos fueron los círculos, centros, casinos o ateneos que organizaron actos para enaltecer la memoria del brigadier Villacampa. Uno de ellos, el que tuvo por escenario el casino de Unión Republicana en Gijón, contó con la participación de Rosario de Acuña... 



Fotografía de Roberto Castrovido publicada en 1931150. Una viejecita muy aseñorada
Doña Rosario fue halagada al nacer para el arte con su drama en verso Rienzi el tribuno. Era bella, era rica, se apellidaba Acuña. Gozó del aura literaria y sufrió la nube de incienso de la adulación. Tiene –decían algunos de sus panegiristas– ideas atrevidas; pero ya se le pasará. Y no se le pasó. De vieja fue todavía más...


Fragmento del escrito de la Agrupación Feminista84. El apoyo de la Agrupación Feminista Socialista
Desde aquel día tuvimos preparados los hatillos para ingresar en la cárcel, pues, pensando lógicamente, suponíamos ir a parar allí, toda vez que, por la ciudad, la traílla policíaca honoraria decía...



El Urriellu,un pico imposible para Rosario de Acuña, resultaba «insuperable a mis fuerzas su escalamiento» (archivo del autor)8. Rosario de Acuña y Villanueva, pionera del montañismo asturiano
Hay motivos suficientes para afirmar que estamos ante una verdadera pionera del montañismo asturiano, no sólo por la entidad de las ascensiones que realiza, sino por la fecha...



 
© Todos los derechos reservados – Se permite la reproducción total o parcial de los textos siempre que se cite la procedencia 
Comentarios, preguntas o sugerencias: info.rosariodea@gmail.com
 

 



30 octubre

297. Con las niñas a otra parte

Aunque sabemos que Regina Lamo Jiménez solía visitar a su hermano Carlos y a su tía Rosario, gracias a la prensa local tenemos constancia de alguna de estas visitas, como la que tiene lugar en el verano de 1920, pues a mediados de septiembre el diario El Noroeste da cuenta de su partida «tras haber pasado en Gijón la temporada veraniega» en compañía de sus dos hijas: Carlota, que ya tiene quince años, y Enriqueta, que en la primavera cumplió los once. 

Regina la conocía desde bien joven (⇑) y, a pesar de que tiene veinte años menos que Rosario, comparte con ella puntos de vista e inquietudes en lo que respecta a la emancipación de la mujer, a la llamada cuestión social, al gusto por la poesía o al amor por los animales: Regina estará en los inicios de la Federación Ibérica Protectora de Animales y Plantas, desde donde luchará contra las corridas de toros y contra todo acto que pueda suponer sufrimiento para los animales, objetivo que comparte con Rosario de Acuña. Las coincidencias no se limitan al campo de las ideas que defienden (la necesidad de avanzar en la situación social de la mujer, la defensa del librepensamiento, la importancia de la educación de las nuevas generaciones, el papel protagonista que ha de jugar el proletariado español en la regeneración patria…); además, las dos se caracterizan por poseer una fuerte personalidad: ambas muestran decisión, voluntad y coraje para pelear por la consecución de sus ideales.

Quizás sea esa capacidad de lucha, esa decisión, la razón de que fuera ella y no su hermano quien intente por todos los medios a su alcance cumplir la encomienda que Rosario de Acuña dejó escrita en su testamento: «encargo a don Luis París y Zejín que ayude a ordenar, coleccionar, corregir y publicar (poniéndole prólogo a la colección) a D. Carlos Lamo y Giménez todas mis obras literarias publicadas o inéditas, en prosa o en verso...». Tal y como explico en un comentario anterior (⇑), no fue ni el uno ni el otro, fue Regina quien impulsó varias iniciativas para publicar las obras de su tía: a principios del año 1929 pone en marcha la Editorial Cooperativa Obrera, que publicará varios de sus cuentos y algún que otro escrito; en 1933 logra editar Rosario de Acuña en la escuela, con algunos artículos, diálogos teatrales, cuentos o poesías: un proyecto destinado al ámbito escolar que quedó truncado, y el libro, anunciado como «Tomo I», se convierte en «tomo único», pues no tuvo la continuación inicialmente prevista.

Aunque no está presente en los homenajes que se le tributan en Gijón con ocasión de los dos primeros aniversarios de su fallecimiento («ausente yo de Gijón, adonde no fui hasta transcurridos dos años y cinco meses del tránsito de mi tía»), será ella quien tome el relevo de su hermano para evitar que la ejemplar trayectoria vital de Rosario de Acuña cayera en el olvido. Elegida vicepresidenta del Ateneo Socialista de Barcelona en noviembre de 1928, organiza una velada para honrar la memoria de su amiga. Tras la proclamación de la Segunda República, Regina redobla sus esfuerzos que se van a ver en parte recompensados cuando, a principios del año 1933, la Junta Municipal de Enseñanza de Madrid, acuerde que uno de los grupos escolares de nueva creación lleve su nombre. El 11 de febrero, con la asistencia de Niceto Alcalá Zamora, presidente de la República, se inaugura el Grupo Escolar Rosario de Acuña, establecido en la calle de España, en el barrio de Aluche. 

Poco después, con la intención de prestar apoyo al nuevo colegio y de enaltecer la memoria de la mujer que figura en su denominación oficial, impulsa la creación del Patronato Rosario de Acuña (⇑), que pasa a presidir. Los actos se suceden. Ilustres conferenciantes (Jiménez de Asúa, Belén Sárraga o Tato y Amat) que hablan sobre educación e higiene, pero también sobre otros asuntos de interés general. En cuanto a las actividades para el alumnado, destacan las veladas artísticas o las meriendas de confraternización con ocasión de algunas efemérides, como el Día de la Cooperación Internacional o el aniversario de la proclamación de la República. El último tuvo lugar el domingo 19 de abril de 1936: tras repartirse una «suculenta y abundantísima merienda» no solo para quienes asisten al centro escolar sino también para muchos pequeños del barrio, «aspirantes a ingreso en sus aulas», la Agrupación Musical Obrera de La Latina amenizó una animada velada de confraternización. 

Todo habrá de cambiar pocas semanas después con las primeras noticias de la sublevación del Ejército de Marruecos contra el Gobierno de la República. Aunque en Madrid no triunfó la conspiración militar y la capital queda bajo control gubernamental, la toma de la ciudad es un objetivo para los sublevados. Antes de que concluya aquel trágico mes de julio del año treinta y seis, el Patronato Rosario de Acuña hace público un comunicado de apoyo al Gobierno del Frente Popular en el cual ofrece la colaboración de sus miembros para prestar auxilio en hospitales, ambulancias o guarderías. El texto, firmado por la presidenta Regina Lamo, concluye anunciando «que está organizando una guardería de niños que ampare a los de la barriada de Aluche, a la cual pertenece el grupo escolar que ostenta el nombre de la insigne republicana librepensadora Rosario de Acuña».

Enriqueta O´Neill Lamo en la guardería infantil Rosario de Acuña reinstalada en Barcelona
Enriqueta O´Neill Lamo en la guardería infantil Rosario de Acuña reinstalada en Barcelona

A principios de octubre, los militares sublevados que habían reorganizado sus tropas en el Frente del Tajo, inician su avance hacia Madrid. Es entonces cuando se decide trasladar a los niños. Una parte de los que integran el grupo escolar Rosario de Acuña son enviados a la huerta murciana. Los de la guardería parten hacia Barcelona, donde ya se encuentran a primeros de noviembre, instalados en una guardería sita en la calle Aviñó número 20.

La capital catalana se convierte por entonces en lugar de acogida para la infancia desplazada. Se ponen en marcha varios CAIR (Comité de Ayuda Infantil en la Retaguardia) con la misión de proporcionar refugio a los niños evacuados. Tal y como se cuenta el semanario madrileño Crónica en el primer número del año 1937, son más de tres mil quinientos niños los que por entonces están a cargo de Ayuda Infantil en la Retaguardia. Los primeros habían llegado del frente de Aragón, luego de Irún, los últimos llegaron de Madrid. 

Texto de la aclaración al reportaje publicado por el semanario Crónica acerca de la guardería Rosario de Acuña
El reportaje, firmado por Madrigal Hernández, es muy completo, a doble página, pero contiene un error: las fotografías que lo ilustran no son de la guardería Lina Odena como equivocadamente se afirma, sino de la Rosario de Acuña, «radicada en Madrid, Paseo de Extremadura, 105», y llegada a Barcelona el 5 de noviembre, tal y como precisa la nota que publicó el periódico barcelonés El Diluvio en los primeros días del mes de enero de 1917, recogiendo la aclaración remitida por las profesoras Enriqueta O´Neill y Josefa Mildon, que son quienes aparecen en las fotos.

La menor de las hijas de Regina Lamo, había interrumpido varias veces su enseñanza por razones familiares y cambios de domicilio; luego intentó estudiar diversas enseñanzas que no llegó a completar. «Su belleza, su inteligencia, su desordenada cultura, sus conocimientos de esto y de aquello, sus ansias de superación, constituían un hermoso conjunto». Con veintitantos años conoció a César Falcón, por entonces uno de los mejores escritores y periodistas de habla hispana, activo militante del Partido Comunista de España y director de Mundo Obrero. En diciembre del año treinta y cinco nació su hija, a la que pusieron por nombre Lidia. Once meses después del nacimiento, abandona Madrid con los niños de la guardería Rosario de Acuña, que queda instalada «solo accidentalmente» en la barcelonesa calle Aviñó. 

Como años después contará su hija, Lidia Falcón O´Neill, en Los hijos de los vencidos, la estancia de Enriqueta en Barcelona no tendría el carácter de provisionalidad que ella pensaba por entonces. El inicio de la larga posguerra las pilló a las tres, hija, madre y abuela, en aquella ciudad, «sin un amigo, sin un céntimo, sin una esperanza». Menos mal que, sorprendentemente, Enriqueta consiguió una plaza de secretaria en la recién creada Delegación de Prensa y Propaganda, dependiente del Ministerio de Educación Nacional. 

Gracias al dinero que ganaba Enriqueta con su nuevo trabajo (y al cupo de alimentos al que tenía derecho) se alimentaban las seis personas que se alojaban en un piso de la barcelonesa calle Muntaner. Allí habían logrado reunirse la abuela Regina, sus hijas Carlota y Enriqueta y sus tres nietas: Lidia, la más pequeña, que había llegado de Madrid y María Gabriel y Carlota, rescatadas del Asilo de Huérfanos de Militares, donde se encontraban desde los inicios de la guerra civil, cuando su padre, el comandante de aviación Virgilio Leret, fue sentenciado a muerte por oponerse a la sublevación militar y su madre, Carlota Lamo O´Neill, ingresó en la prisión de Melilla. Al final, las seis se encontraban gracias a los buenos oficios de Bernabé, que por entonces era el Delegado de Prensa y Propaganda en Barcelona: «Mis años de infancia transcurrieron bajo el amparo de Bernabé y sus relaciones con mi madre no me dejaron entrever la existencia de aquel amor que era para todos patente». 

De Bernabé, a quien llamaban familiarmente Pepe, cuenta también Lidia Falcón que fue el artífice de la desaparición de los antecedentes de su madre. Relata que tuvo que pagar una buena cantidad de dinero a un policía para hacerse con el expediente completo de su madre: su matrimonio con César Falcón, sus colaboraciones en Mundo Obrero, su trabajo en el Teatro Proletario o su pertenencia a Film Popular, productora que se dedicaba a la importación de películas soviéticas y a la redacción del noticiero España al día.  

Uno de los dibujos de Enriqueta O´Neill Lamo que ilustra el libro Rosario de Acuña en la escuela

Ni qué decir tiene que la condena que podría esperarse de hacerse público el expediente hubiera sido muy grave, nefasta para la familia. Todo quedó destruido. Gracias a la actuación de Bernabé nadie sabría lo de César Falcón, Mundo Obrero, Film popular o el Teatro Proletario; tampoco que Enriqueta O´Neill Lamo pasó temporadas en la casa gijonesa de aquella mujer cuyo nombre se había proscrito, arrancado de paseos, calles y colegios; que sus dibujos habían ilustrado aquel libro, titulado Rosario de Acuña en la escuela, que su madre había conseguido publicar para enaltecer la memoria de su tía y amiga; o que había sido profesora en la guardería Rosario de Acuña, cuando no tuvieron más remedio que salir del asediado Madrid para refugiarse en aquella misma ciudad donde ahora las tres nietas de Regina Lamo Jiménez iniciaban una larga posguerra, que no parecía acabar nunca.






También te pueden interesar 

 

Página inicial del artículo (izda.), fotografía de Berthe Delaunay (dcha.)275. Una carta llegada desde el exilio
Desde Francia llegó a Gijón para hacerle una entrevista y se encontró con que estaba fuera, en el exilio portugués. Tanto era su interés que encontró la manera de hacerle llegar una carta. La respuesta no tardó en llegar...

 

El Santo Oficio (fragmento), Francisco de Goya (Museo del Prado)206. «La caverna y el Patronato Rosario de Acuña», por Regina Lamo
Es el nombre de Rosario de Acuña, la anticlerical, la librepensadora, lo que estorba. Hay que acabar con lo que significa, como acabaron con ella en vida. Es la consigna...


Boceto de La invasión de los bárbaros que se conserva en el museo Ulpiano García160. Convertida en crítica literaria (y de otras artes)
Aunque en ocasiones presume de ser mujer hacendosa, sus ocupaciones habituales trascienden el ámbito doméstico. Sabemos de su amor por la naturaleza y de su afición por la montaña, conocemos su actividad como avicultora, tenemos... 
 
Dibujo de la estatua de la Libertad106. Heroína en Nueva York
Su adhesión a la causa del librepensamiento desató la euforia entre quienes llevaban años batallando frente al clericalismo. El eco de sus palabras traspasó fronteras y cruzó el océano; llegó hasta...
 
 
Portada de Lira guerrera, libro publicado por la editorial Atlántida22. Vuelve a Cuba, mi tórtola gallarda (José Martí)
Creyéndola cubana, le escribía: ¿Tú, presa en tierra fría, hija de tierra del calor eterno? Y el puerto del Caney hogar paternote dio, y amante halago, dulcísima caricia,y truecas a tu plácido Santiago por el rudo Santiago de Galicia?...



Rosario de Acuña y Villanueva. VIDA y OBRA (⇑)

Pulsa en la imagen para acceder a la página



 
© Todos los derechos reservados – Se permite la reproducción total o parcial de los textos siempre que se cite la procedencia 
Comentarios, preguntas o sugerencias: info.rosariodea@gmail.com
 
 
 

 

21 julio

272. Lidia Falcón en la Escuela

 

La escuela a la cual hace mención el título de este comentario es la Escuela Feminista Rosario de Acuña, que este año presenta algunas notas singulares en su programa, por aquello de la coincidencia de dos números redondos: cumple su edición número veinte en el centenario de la muerte de la mujer cuyo nombre figura en su denominación oficial. Una ocasión propicia para recordar, para reflexionar acerca de lo que hemos aprendido en el camino, con la vista puesta en lo que aún queda por recorrer, que es precisamente lo que hace Amelia Valcárcel, directora de la Escuela, en el texto que abre el programa de esta XX edición titulada «Acuña: las rebeldías creativas y feministas»:

Este es un año de conmemoraciones. Gijón recuerda el centenario del fallecimiento de Rosario de Acuña y Villanueva y esta Escuela Feminista, que lleva su nombre, celebra su vigésimo aniversario. Tal vez este sea el tiempo y el momento de reivindicar la rebeldía como esencia del movimiento feminista. Una rebeldía presente en el pensamiento de Rosario de Acuña, una rebeldía que nos ha acompañado en estos veinte años de Escuela Feminista y una rebeldía vigente ante los retos futuros. 

De izquierda a derecha: Carmen Moriyón, alcaldesa de Gijón, Lidia Falcón y Amelia Valcárcel, directora de la Escuela

Como era de esperar, doña Rosario no se queda solo en el título. Como cierre de la presente edición, para las once y media del viernes 7 de julio está programada la conferencia titulada «Rosario de Acuña, librepensadora, republicana, laica y heroína de su tiempo» a cargo de Lidia Falcón. En el programa que me han hecho llegar se dice de ella lo que sigue: «Política y escritora. Licenciada en Derecho, Arte Dramático y Periodismo, Doctora en Filosofía.Principal figura del feminismo en la transición. Fundadora del Partido Feminista de España. Autora de numerosos libros y artículos, dirige la revista Poder y Libertad. Su último ensayo lleva portítulo La filosofía del engaño. Para el tema que nos ocupa, una conferencia sobre Rosario de Acuña,  quizás hubiera sido pertinente decir que, además, es nieta de Regina Lamo Jiménez y, por tanto, sobrina-nieta de Carlos, la persona que vivió junto a Rosario los últimos treinta y tantos años de su vida, la persona que «sacrificando su carrera, sus naturales talentos, su porvenir y hasta su fama, ha sabido, con paciencia generosa, atenuar el vía crucis de quien, siendo mujer, se atrevió en España, a vivir como persona y por su cuenta».

Se ha dado por hecho que la suya fue una relación sentimental, de pareja. Yo mantengo dudas al respecto (véase el comentario 200. El buen discípulo ⇑), que esperaba que Lidia las pudiera disipar en su conferencia. Allá me fui. 

Bueno, pues empezó con una afirmación rotunda que, por cierto, yo ya esperaba pues hace años que me había dicho lo mismo, con idénticas palabras: «Rosario de Acuña fue mi tía-abuela». De todas formas, seguí expectante su intervención con la esperanza de que nos hablara de algunas de las cosas que le habría contado su abuela Regina, «mi primera niñera, mi primera consejera, mi primera maestra». Ciertamente, nos dijo que sabía de Rosario por las historias que sobre ella le contaban su abuela (con quien mantuvo una larga relación, desde bien joven hasta los cincuenta y dos años, que era la edad que tenía en el momento de su muerte) y su madre (menos duradera, pues en mayo del veintitrés tan solo tenía catorce años). 

Sus recuerdos caracterizaban a Rosario como una mujer valiente, que escribía cosas que ella no tenía nada claro que a día de hoy alguien se atrevería a escribir, y puso como ejemplo «La jarca en la Universidad», el escrito en el que arremetió contra los agresores de unas universitarias (para recordar:  «134. Proceso, exilio e indulto» ⇑). 

Echando mano de la memoria oral, de las historias recordadas, de los comentarios que tanto su madre, como su abuela le habían transmitido de aquellas temporadas que habían pasado  en la casa que doña Rosario tenía en el litoral gijonés, sobre los acantilados de El Cervigón, nos fue apuntando algunas cosas más, entreveradas con comentarios sobre la actualidad más reciente, con la próxima cita electoral...

Aunque escuchar a Lidia Falcón supone todo un lujo, salí de la conferencia sin el dato, sin la información, que contribuyera a aclarar alguna de mis dudas con respecto a la relación existente entre Carlos y Rosario. 

Al volver a casa cogí el ejemplar de su obra Los hijos de los vencidos que ella tuvo el detalle de enviarme tiempo atrás. Releí los primeros capítulos, subrayados y anotados con suaves trazos de lapicero, y volví a encontrarme con los recuerdos, esta vez escritos, de su familia materna: de sus bisabuelos, Micaela y Anselmo, de su abuela Regina, de su madre Enriqueta... Apenas unas referencias a Carlos y, aunque, en el primer capítulo se citan algunos personajes de la época (Giner de los Ríos, Costa, Concepción Arenal, Francos Rodríguez, Federica Montseny...), no aparece ninguna mención  a Rosario de Acuña. 

En fin, apreciada Lidia, creo que tendremos que volver a hablar sobre el asunto.

 




También te pueden interesar


Placa de la calle de Fomento de Madrid293. Callejero particular de su Madrid natal
Sobre un plano del año 1877 se realiza un recorrido por su callejero madrileño, por los escenarios de su ciudad natal que, de una u otra forma tuvieron alguna importancia en su vida...
 

Emilia Villacampa (El Álbum de la Mujer, 13/2/1887) 216. Emilia Villacampa, la hija del héroe
Muchos fueron los círculos, centros, casinos o ateneos que organizaron actos para enaltecer la memoria del brigadier Villacampa. Uno de ellos, el que tuvo por escenario el casino de Unión Republicana en Gijón, contó con la participación de Rosario de Acuña... 
 
 

Edificio del Ayuntamiento de Santander en 1907, el año de su inauguración146. Sus amigos de Cantabria
En Cantabria pasó algo más de una década, primero en Cueto y más tarde en Bezana. Allí puso en marcha una afamada granja avícola; allí se convirtió en viuda del comandante Rafael de Laiglesia; allí dejó enterrada a su madre. Llegó cuando...
 
 
Fragmento del escrito de la Agrupación Feminista84. El apoyo de la Agrupación Feminista Socialista
Desde aquel día tuvimos preparados los hatillos para ingresar en la cárcel, pues, pensando lógicamente, suponíamos ir a parar allí, toda vez que, por la ciudad, la traílla policíaca honoraria decía...
 

Fragmento del artículo publicado en el semanario Cataluña36. Proxeneta roja, engendro sáfico, harpía laica...
El artículo «La jarca de la Universidad» desató la cólera de buena parte de los universitarios españoles: huelgas, manifestaciones, denuncias y artículos de protesta como el que sigue, escrito por Ernesto Homs, estudiante de Derecho y colaborador...
 

Rosario de Acuña y Villanueva. VIDA y OBRA (⇑)

Pulsa en la imagen para acceder a la página



 
© Todos los derechos reservados – Se permite la reproducción total o parcial de los textos siempre que se cite la procedencia 
Comentarios, preguntas o sugerencias: info.rosariodea@gmail.com
 



16 enero

255. Virginia González: lo que faltaba

 

Habíamos leído textos elogiosos de ilustres personajes. Los habían reunido a modo de homenaje. En la mayor parte de los casos no eran más que unas líneas, sin ninguna otra referencia. Estaban firmados por Benito Pérez Galdós, Ramón de Campoamor, José Francos Rodríguez, Roberto Castrovido, Fernando Dicenta, Luis Bonafoux o Virginia González. Aparecieron publicados en un folleto que, a modo de explicación, había editado la Junta Municipal de Enseñanza de Madrid con el objetivo de que el vecindario del distrito de La Latina conociera quién era la mujer que daba nombre al nuevo grupo escolar (⇑) que allí se había construido. Más tarde los mismos textos fueron reproducidos en Rosario de Acuña en la escuela, el primer volumen (luego resultó ser también el último) de la iniciativa de Regina Lamo para dar a conocer la obra de su buena amiga.

De algunos de ellos, como el que firma José Nakens (⇑), conocemos el texto completo del que forma parte; de otros, nada más. Es el caso del escrito firmado por Virginia González, del cual tan solo se podía deducir el periodo en el que había sido escrito y el suceso que rememora.

Fotografía de Virginia González Polo publicada en 1918

«Sabíamos que la puerta de la casita solitaria –situada en un alto a orillas del mar–, que nunca se abría a ninguna visita convencional, quedaba de par en par cuando se acercaban a ella los obreros.Tardes inolvidables en las que, cogidas del brazo, marchábamos por aquellos acantilados hablando de tantas cosas. Hablando del problema social, como una iluminada, profetizaba el gran cataclismo que pondría fin al régimen capitalista. La gran escritora ha muerto pobrísima. Ha sido perseguida y ultrajada por la prensa burguesa. Por decir grandes verdades ha sufrido grandes amarguras.¡Descansa en paz, mujer admirable! El cataclismo social que predecías se está realizando, y el mundo cambiará de estructura haciendo a los hombres más buenos, más inteligentes, más libres. ¡Una pena que ni tú ni yo podamos asistir al alumbramiento de la nueva vida!»

De la lectura de esas ciento treinta y seis palabras resulta evidente que fueron escritas tras la muerte de Rosario de Acuña; quizás formaran parte de un texto en el cual, como otros que se hicieron públicos en los días inmediatos a su fallecimiento, pretendían homenajear a nuestra protagonista. Sabemos también de qué está hablando: el momento en el cual estas dos mujeres se conocieron en Turón en el verano de 1919 (⇑), con ocasión de la visita de Virginia a Asturias para participar en una serie de actos. Lo sabemos gracias a la prensa de entonces y también al testimonio de doña Rosario, que rememoró ese momento en un escrito publicado en El Socialista (⇑) con ocasión del Primero de Mayo del año siguiente.

Virginia González Polo llegó a Asturias precedida por una intensa actividad política y sindical que había iniciado a los veinte años de edad en el ámbito de las sociedades de zapateros, su oficio desde que con tan solo nueve comenzó a trabajar como guarnecedora. Integrada en las filas socialistas desde finales de siglo, en 1915 se convirtió en vocal del Comité Nacional del PSOE y un año después ocupó el mismo puesto en la dirección de la UGT. Además de ser la primera mujer en formar parte de la Ejecutiva del partido socialista y la primera también en la dirección de un sindicato en España, fue una de las integrantes –la única mujer– del Comité de la huelga general de agosto de 1917, huelga en la cual a Rosario de Acuña también le atribuyeron algún que otro papel (⇑).

Hace unas semanas el profesor e investigador Manuel Almisas Albéndiz (⇑) tuvo la gentileza de enviarme algunos ejemplares del semanario La Antorcha, Órgano del Partido Comunista de España. En uno de ellos, publicado pocos días después de la muerte de doña Rosario,  aparece el texto íntegro de Virginia González, quien en 1921 había abandonado el PSOE para participar en la fundación del Partido Comunista Obrero Español. 

Aquí está:

- - - - -

Rosario de Acuña escribía de vez en cuando algún artículo en periódicos obreros, y recuerdo que cuando uno de éstos caía en mis manos lo leía con avidez, saboreando luego en el fondo de mi pensamiento la grandeza y el atrevimiento de los suyos. 

No hay que decir si yo tendría ganas de conocer a esta mujer excepcional, pero siempre creía que este deseo mío nunca sería satisfecho. 

Un buen día, en una de aquellas excursiones por los pueblos mineros de Asturias, había llegado a Turón y descansaba de las fatigas del viaje.  Una compañera me anuncia que tengo una visita. ¿Quién es? –pregunto un poco descontenta, porque aún no había conciliado el sueño–. «Doña Rosario de Acuña, que quiere conocerla». Salto del lecho y, a medio vestir, me presenté a ella y nos abrazamos como si nos conociéramos de siempre. 

La viejecita admirable me contaba riendo las fatigas que había pasado para llegar hasta allí. No encontrando en Mieres coche que la llevara a Turón a aquella hora y obedeciendo a su deseo, con aquella voluntad de acero, se fue andando unos cuantos kilómetros por un camino muerto, donde a trechos se hacía difícil la respiración, debido a los gases que se desprenden de los grandes montones de carbón extraídos del río.

En fín, pasé dos días contentísima. Recuerdo que al siguiente se daba un mitin al aire libre porque no había local suficiente para albergar aquella multitud. Ella leyó unas cuartillas y el público la aclamó con entusiasmo. 

Después fue en Gijón. Se celebraba otro mitin en el que yo tomaba parte. La gente se apretujaba de tal forma que era imposible materialmente acomodar a nadie más. Por entre aquella multitud se divisaba fuera de la puerta a algunas mujeres que aspiraban a entrar. ¡Qué ajena estaba yo a que entre aquellas compañeras se encontraba ella! Al terminar de hablar se abrió paso entre la multitud con un ramo de rosas blancas y hermosísimas en la mano. «Toma –me dijo llena de entusiasmo– este ramo para ti. Son todas blancas como tu alma». Lloramos silenciosas y el público, ante aquella escena tan sencilla, aplaudía y pedía que hablara ella. Pero la gran escritora, que nunca se había dirigido al público más que por medio de su pluma para decir verdades que asustaban a los pobres de espíritu, delegó en mí y salí del paso como pude. La gente al fin empezó a desfilar haciendo comentarios de lo útil que sería que las mujeres se preocuparan de estas cosas. 

Mi estancia en Gijón se prolongó unos días y  varias tardes, unas veces sola y otras en compañía de algunos camaradas, iba hacia la casita solitaria situada en un alto a las orillas del mar. Sabíamos que aquella puerta, que nunca se abría a ninguna visita convencional, quedaba de par en par cuando se aproximaban a ella los obreros. 

¡Tardes inolvidables en las que, cogidas del brazo, marchábamos por aquellos acantilados hablando de tantas cosas interesantes! Hablando del problema social, como una iluminada, profetizaba el gran cataclismo que pondría fin al régimen capitalista.

Un día, sentadas en uno de aquellos montecillos, contemplando el mar y gozando de la caricia de un aire purísimo, me atreví a preguntarle por la triste aventura que corrió por su célebre artículo dedicado a los estudiantes. 

–Aquello fue brutal –me dijo. Venían como fieras a lincharme y como no me encontraron, arremetieron a pedradas contra mi casa. Los conocía bien y puse tierra de por medio. Emigré a Portugal y recorrí aquel hermoso país andando por carretera. Donde encontraba un arroyo me lavaba, y vivía mi vida. 

¡Mujer fuerte y valerosa! A los setenta años, ella, criada con todo regalo, hija de una familia burguesa, fregaba el suelo y lavaba la ropa. La gran escritora ha muerto pobrísima; ha sido perseguida y ultrajada por la prensa burguesa, por decir grandes verdades; ha sufrido grandes amarguras. Tu recuerdo no quedará en los corazones egoístas, pero vivirá en el alma de los que te conocieron y te trataron. 

¡Descansa en paz mujer admirable! Ya has penetrado en el gran misterio de la muerte. Ya sabrás si existe esa vida de espíritus errabundos que vuelven al mundo de los vivos: idea que al hablar del más allá de la muerte, sin preocuparte grandemente, admitías como posible. 

El cataclismo social que predecías se está realizando, y el mundo cambiará de estructura, haciendo a los hombres más buenos, más inteligentes, más libres. Una pena que ni tú ni yo podamos asistir al alumbramiento de la nueva vida.

Virginia González

La Antorcha, Madrid, 18 de mayo de 1923


Nota. Se recomienda la lectura del interesante artículo titulado «Los últimos días de Virginia González, la primera dirigente obrera del Estado español» (⇑), de Manuel Almisas Albéndiz.




También te pueden interesar 


Catalina Breshkovskaya (1844-1934)290. La abuela de la «revolución»
Abuela Rosario de Acuña, usted me recuerda siempre a María Breskoskaya, la abuela de la revolución rusa, que se pasó cuarenta o cincuenta años en presidio, y a la que, al caer el zarismo, hicieron dormir los revolucionarios en la cama de la emperatriz Alejandra...
 
 

Galileo ante el Santo Oficio, obra de Joseph-Nicolas Robert-Fleury (Museo de Luxemburgo, París) 210. La sombra de Galileo y el eclipse
Aparece un tercer elemento, el eclipse total de Sol que, al actuar como nexo de unión entre el pasado y el entonces presente, confiere contemporaneidad a la disputa, abriendo la puerta a una revisión del proceso inquisitorial...


Mapa en el que señala el itinerario del viaje que realizó Rosario de Acuña en el verano de 1887130. De un viaje a caballo por Léon, Asturias y Galicia
Convertida en librepensadora y masona, su nombre no dejaba a nadie indiferente. En el verano de 1887 realizó un viaje para estudiar la vida de la gente del Norte, en el transcurso del cual pudo comprobar las reacciones que provocaba...



Caricatura publicada en El Motín (1-4-1888)71. De curas y beatas
Algunos se sorprenden cuando afirmo que Rosario de Acuña fue una persona de hondas creencias religiosas. Y no es de extrañar que tal cosa suceda: se hacen eco de sonoras etiquetas etiquetas...



Miguel de Unamuno. Grabado publicado en 191015. Las explicaciones de Unamuno
La ira estudiantil alcanzaba también a Bonafoux y a cuantos no condenaran abiertamente el escrito. En las asambleas se empieza a criticar la posición de don Miguel de Unamuno, rector de la Universidad de Salamanca por entonces, de quien se dice que «se había adherido...



Rosario de Acuña y Villanueva. VIDA y OBRA (⇑)

Pulsa en la imagen para acceder a la página



 
© Todos los derechos reservados – Se permite la reproducción total o parcial de los textos siempre que se cite la procedencia 
Comentarios, preguntas o sugerencias: info.rosariodea@gmail.com
 

04 agosto

241. «Tarea pendiente la del centenario de Rosario de Acuña», por Félix Población

 

El reciente fallecimiento de José Bolado, a quien tuvo el gusto de conocer cuando se publicó su magnífica edición de las Obras Reunidas de Rosario de Acuña, me hizo recordar a la escritora librepensadora que vivió y murió en Gijón el 5 de mayo de 1923 y de la que tuve temprana noticia cuando pocos adolescentes de mi edad sabían que ese nombre no solo respondía al de una apartada zona de la ciudad sino al de una personalidad literaria, comprometida con la lucha social, y sepultada, como tantas otras, por la mordaza de la dictadura.

Mi conocimiento precoz se lo debo a Amaro del Rosal (⇑), que había tenido oportunidad de visitar a la poeta y escritora en su casa del Cervigón un primero de mayo y desde su exilio en México solicitaba regularmente a Luciano Castañón artículos publicados por Acuña en el diario local El Noroeste, en el que colaboró durante bastantes años. Movido por la curiosidad, recuerdo haber solicitado en la biblioteca pública del viejo instituto, con catorce o quince años, un tomo de ese periódico sin que se me permitiera su lectura. 

Con el paso del tiempo, antes de que Bolado llevase adelante su más que notable edición –en la que podemos leer una excelente biografía de la escritora–, tuve oportunidad de revisar los artículos publicados por Rosario de Acuña en Las Dominicales del Libre Pensamiento, al lado de las firmas más sobresalientes del primer feminismo en España. Amaro de Rosal, que guardaba un recuerdo imborrable de Acuña, comparaba su personalidad con la de Flora Tristán, sobre la que Vargas Llosa escribió una novela (El paraíso en la otra esquina) que no está precisamente entre las mejores.

 La casa con anterioridad a la reforma (El Comercio, 16-1-1988)

Desconozco si la actual corporación municipal, con ocasión de centenario del fallecimiento de Acuña –cuyo entierro reunió a una multitud en las calles de la ciudad–, tiene proyectado algún tipo de conmemoraciones que haga más viva la precaria presencia de su memoria. Macrino Fernández Riera, que tan bien conoce la obra de Rosario de Acuña, recordaba en varios artículos la necesidad de que el equipo de gobierno municipal no pasase por alto esa oportunidad.

En este sentido, no solo convendría resaltar el nombre del paseo que lleva el nombre de Acuña, desde el Sanatorio Marítimo a la carretera de La Providencia, sino recuperar un uso colectivo para la casa del Cervigón, que bien podría convertirse en un centro de documentación feminista. Se da la circunstancia de que el tío abuelo de Lidia Falcón, la persona que reúne en España la mayor documentación sobre el feminismo histórico, fue Carlos de Lamo Jiménez, con quien convivió Acuña durante los últimos años de su vida, hermano de la abuela de Falcón, Regina de Lamo, música, escritora y una avanzada también en la lucha por los derechos de la mujer.

En la localidad de Pinto (Madrid), en donde Rosario de Acuña también vivió, su nombre no solo está en el callejero sino al frente de un centro social inaugurado hace más de diez años. Esos precedentes son la base para que, con vistas al año 2023, una de las asociaciones culturales de aquella ciudad proyecte incrementar las obras de Acuña en las bibliotecas públicas y dedicar todo el año del Aula de Historia a la personalidad y obra de la escritora. Allí, ya está entre las previsiones del municipio todo un mes de mayo de 2023 dedicado a exposiciones, conferencias, proyecciones y funciones teatrales en torno a Rosario de Acuña.

Porque Gijón puede y debe, si quiere ser coherente con la multitudinaria despedida que sus ciudadanos dieron a quien tanto se preocupó por las clases populares en su lucha por una vida digna, sería deseable que en breve tuviéramos noticia de que Rosario de Acuña ha dejado de ser algo más que un bello promontorio desde el que se avista el mar. También debería avistarse desde allí una ciudad agradecida con quienes se comprometieron con la emancipación social.

MiGijón, 28-6-2021

 

 



También te pueden interesar


Dos primeras páginas del artículo «Una muyer exemplar que quiso vivir y morrer n´Asturies» 260. Una muyer exemplar que quiso vivir y morrer n´Asturies
Afortunadamente, las cosas han cambiado. Sirva como ejemplo lo ocurrido la mañana del cuatro de marzo de 2023. Bien temprano, abro el correo y me encuentro con varias noticias que tienen a Rosario de Acuña y Villanueva como protagonista... 


Emblema teosófico (Sophia, Madrid, 1/1913) 214. Su última confesión
«Rosario de Acuña, teósofa», es el título que Mario Roso de Luna le pone al escrito  que publica en Hesperia y en el cual se hace eco de la carta que ha recibido de Carlos Lamo. Su contenido bien pudiera considerarse la última confesión...



Reproducción de la pintura titulada ¿Será difteria? de Marcelino Santamaría Sedano (La Ilustración Española y Americana, 30-6-1894)172. De médicos y enfermedades
Una historia que dio comienzo el primer día del mes de noviembre de 1850, cuando el doctor Pablo León y Luque la ayudaba a nacer en el domicilio familiar, y termina en el momento en que el doctor Alfredo Pico Díaz certifica... 
 
 

Lidia Falcón en el Centro de Cultura Antiguo Instituto (Gijón)87. Lidia Falcón: un merecido homenaje
Faltaban pocos días para la huelga general y no se cansó de decirnos que ya estaba bien de propuestas de futuro y de teorías, que lo que había que hacer era salir a pegar carteles y a convencer... 
 

 

Fragmento del artículo de Cristóbal de Castro publicado en el Heraldo de Madrid21. El escrito que provocó su reacción
A finales del mes de noviembre de 1911 a Rosario de Acuña se le torció la vida. La aparición interesada en uno de los periódicos de Lerroux de su artículo La jarca de la Universidad desató las iras de los universitarios españoles que fueron intensificando... 
 

Rosario de Acuña y Villanueva. VIDA y OBRA (⇑)

Pulsa en la imagen para acceder a la página



 
© Todos los derechos reservados – Se permite la reproducción total o parcial de los textos siempre que se cite la procedencia 
Comentarios, preguntas o sugerencias: info.rosariodea@gmail.com
 
 


09 abril

210. La sombra de Galileo y el eclipse


Fue uno de los textos que Regina Lamo incluyó en Rosario de Acuña en la escuela, publicado en 1933, diez años después de su muerte. Desconozco cuándo lo escribió y tampoco he podido encontrar el periódico en que se publicó por primera vez (1). No obstante, «La sombra de Galileo» contiene algunas referencias que bien pudieran permitirnos situarlo en el contexto adecuado, con lo cual doy por supuesto que cobraría buena parte de su originario potencial.

Galileo ante el Santo Oficio, obra de Joseph-Nicolas Robert-Fleury (Museo de Luxemburgo, París)

Los ingredientes principales de su pública reflexión (⇑) son dos clásicos: la oscuridad y la luz;  la religión y la ciencia; la Iglesia católica y Galileo. La podía haber escrito en cualquier momento de su larga lucha como librepensadora pues el tema da para ello, basta recordar. Finalizaba el primer tercio del siglo XVII cuando el científico pisano, cumplidos ya los sesenta y ocho, publica un libro titulado Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo, en el cual defendía el modelo heliocéntrico de Copérnico: la Tierra y el resto de planetas del sistema solar giraba alrededor del Sol. Esta tesis chocaba frontalmente con la teoría geocéntrica que situaba a nuestro planeta en el centro del universo, tal y como había formulado Aristóteles, completado Ptolomeo y consagrado la Iglesia católica, al considerar que era la que mejor se ajustaba a las Sagradas Escrituras. Poco después de la aparición del libro, la Inquisición romana inicia un proceso contra él. Se le acusa formalmente de haber violado la censura vigente sobre la teoría copernicana, que el Santo Oficio había declarado herética años atrás. Las amenazas de tortura debieron de ser lo suficientemente convincentes y Galileo,  condenado a cadena perpetua y conminado a abjurar de sus ideas, confesó y abjuró.

Lo dicho: dos ingredientes clásicos en un viejo combate. Pero resulta que en el escrito aparece un tercer elemento, el eclipse total de Sol que, al  actuar como nexo de unión entre el pasado y el entonces presente, confiere contemporaneidad a la disputa, abriendo la puerta a una revisión del proceso inquisitorial. Llegado el momento, la Luna se encuentra tan cercana a la Tierra que va ocultando al Sol por completo. «Entonces, cuando más sombrío y tétrico se mostraban el monte y el mar, no sé si de las profundidades de mi memoria, o venida del mundo ignorado que principia más allá de la muerte, surgió una figura austera, emanando de sí la grandeza de la ancianidad sabia». El espectro se abre paso entre la penumbra de aquel oscurecer forzado por el predecible movimiento astral, en una de las ocultaciones solares, ahora ya sabidas y esperadas. Sí, pero ¿en cuál? ¿Cuál de los eclipses que tuvieron lugar a lo largo de su vida fue el que hizo surgir la sombra de Galileo?

De los tres que pudieron ser vistos en España por nuestra ilustre heterodoxa, parece descartable el de 1912, por su brevedad (unos pocos segundos), por la estrecha franja de totalidad (unos centenares de metros) y porque ésta se situaba en el mar (con excepción de una pequeña zona de tierra). El primero de los otros dos tuvo lugar el 28 de mayo de 1900 y contó con un atento seguimiento por parte de la prensa nacional. Los estudios previos realizados por un astrónomo valenciano apuntaban a la zona de Elche como uno de los mejores puntos de observación de toda Europa. Y hasta allí se desplazaron varias comisiones científicas procedentes de los más prestigiosos observatorios europeos, integradas por reputados astrónomos, entre los cuales se encontraba Camille Flammarion, fundador de la Sociedad Astronómica Francesa y conocido divulgador de la astronomía.



Mejores perspectivas presenta para el tema que nos ocupa el que tuvo lugar el 30 de agosto de 1905. Fue un eclipse total visible en la costa cantábrica (su amigo José Estrañi, director de El Cantábrico, inició una pronta campaña para incluir tal evento en los festejos veraniegos de la capital: «la celebración de los Santos Mártires, patronos de Santander, con un espectáculo magnífico que se puede organizar sin gastar un céntimo»). Sin embargo, no fue la capital cántabra el destino elegido por los astrónomos (probablemente por razones metereológicas), sino otras localidades de la meseta castellana, decantándose la mayoría por Burgos. Rosario de Acuña vivía por entonces en Bezana, localidad cántabra situada bien próxima a la «zona de la totalidad del eclipse», razón por la cual  resulta más plausible que su descripción de aquel señalado momento fuera escrita ahora y no en 1900:  « A mi alrededor el mundo de animales que me tienen por Providencia se agrupaba, sorprendido por tan pronto anochecer...».

De todas formas y aunque resulte más probable que fuera este eclipse de 1905 el que impulsara a Rosario de Acuña a escribir «La sombra de Galileo», aún nos restaría por confirmar   –en uno o en otro momento, en uno de los dos eclipses en cuestión– la presencia cierta del cuarto elemento que aparece en su escrito, el personaje que confiere a la escena toda su fuerza dramática, pues es quien da la réplica muda a Galileo: un astrónomo enviado por el Vaticano para estudiar aquel llamativo suceso.

No es preciso buscar mucho para encontrarlo entre las personalidades desplazadas al Levante español. A mediados del mes de mayo de 1900 la prensa se hace eco de la llegada a Elche del enviado de Roma, «al cual manda Su Santidad a España, con objeto de estudiar el fenómeno celeste». Antes de desechar la segunda hipótesis, la que por su cercanía resultaba más plausible en un primer momento, aún nos queda por realizar una última búsqueda para corroborar o no lo que ya se vislumbra como cierto. Es entonces cuando descubro que también en esta ocasión, entre los astrónomos venidos se encuentra el enviado del Vaticano. Sabemos de sus estancias previas en La Rioja y Medina del Campo, y que luego partió hacia el convento de La Vid, desde donde realiza las observaciones que hasta aquí le han traído.

Resulta, por tanto, que ese titular de prensa con el que Rosario de Acuña inicia su escrito («El Vaticano ha mandado un astrónomo a estudiar el eclipse»), no tiene el poder discriminatorio que yo le concedía en un principio. Es tan válido para uno como para otro, para el de mayo de 1900 y para el de agosto de 1905, lo pudo haber escrito en un año o en el otro, residiendo en Cueto o en Bezana. Resulta también que, en ambos casos, el enviado es la misma persona, el agustino zamorano Ángel Rodríguez Prada, quien desde el año noventa y ocho ejerce la dirección  del  Observatorio Astronómico Vaticano. 

Llegados a este punto, pudiera resultar que lo de menos sea el hecho de saber quién es el enviado papal y que a éste lo hubiera enviado León XIII  o Pío X –según se trate del primer o segundo eclipse–, que lo realmente importante para esta historia es su misma presencia, el hecho de que el Vaticano enviara un astrónomo a estudiar el eclipse (los eclipses), pues esa decisión es la de que da pie a que Galileo, la sombra de Galileo, –tras mostrar su asombro por la mansedumbre experimentada por aquella casta sacerdotal que imponía sus creencias con mano de hierro y que ahora «acude sumisa a deponer su autoridad en el concurso donde los sabios analizan y descubren»–, reclame entonces el resarcimiento de la sangre derramada por tantas víctimas que lucharon en defensa de la verdad:

¡El Vaticano mandando a uno de sus astrónomos a investigar el Sol, su ser y sus modos de ser!... ¡Ah! ¡La losa de mármol donde quedaron las huellas de mis rodillas debe saltar en pedazos estremecida al escuchar la nueva! ¡Ah! ¡La infatigable, la omnipotente, la que cerró con el anatema y el tormento todos los caminos de investigación a la razón humana y se plantó erguida e inmóvil en el dintel de los siglos, negando toda verdad que no emanase de ella, manda hoy sin corte, sin ejércitos, sin realeza ninguna, a uno de los suyos para que fije su pupila en el telescopio y entregue después, en los laboratorios de la ciencia, sus investigaciones!...¿Y mis lágrimas y mis sufrimientos de vencido siendo el fuerte? ¿Y la sangre que a torrentes, antes y después de mi vida, corrió de las venas humanas en holocausto de la verdad, cruelmente perseguida por la Iglesia?...


La presencia del agustino zamorano Ángel Rodríguez Prada, el astrónomo enviado por el Vaticano a estudiar los eclipses visibles en la España de los años 1900 y 1905 (no fueron los primeros; ya en 1887 hubo una delegación pontificia que se desplazó a Rusia con el mismo objetivo), es todo un símbolo, pues supone el implícito reconocimiento del gran error, del craso error cometido siglo tras siglo por la jerarquía de la omnipotente Iglesia, que arrasó con todo lo que pudiera representar una sombra de duda de la «verdad revelada», que actuaba como si fuera la poseedora de la única sabiduría verdadera.

Nota

(1) En el primer párrafo de este comentario hice constar que desconocía la fecha en la cual Rosario de Acuña había escrito «La sombra de Galileo». Teniendo en cuenta las referencias del texto y las informaciones acerca de los eclipses que fueron visibles en España en vida de nuestra protagonista, deduciendo, deduciendo, pudimos concluir que aquel que motivó el texto tanto pudo haber sido el de mayo de 1900 como el de agosto de 1905. A las pocas semanas de haberlo publicado  recibí de la Biblioteca Nacional de Francia varias copias que había solicitado del semanario La Campaña. En uno de los ejemplares, correspondiente al diecisiete de junio de 1900, me encontré con el referido artículo. Así pues y aunque tal dato no parece que tenga gran trascendencia para el fondo del asunto,  quede aquí constancia de que fue el eclipse de mayo de 1900 el que impulsó a doña Rosario a escribir «La sombra de Galileo».




También te pueden interesar 


San Pablo escribiendo (detalle). Maestro del Papagayo. Museo Nacional del Prado274. Lo que dice la grafología
Hace ya unas cuantas semanas recibí un mensaje en el correo que me llamó poderosamente la atención. Me preguntaban dónde podían encontrar documentos con la firma de nuestra protagonista. Su interés no tenía nada que ver con el autógrafos...
 

Teodomiro Menéndez Fernández (Oviedo, 1879-Madrid, 1978). Fotografía publicada en 1918182. Amigo Teodomiro
Cierto es que manifestó que no se consideraba socialista en el sentido dogmático y científico de la palabra, pero no es menos cierto que colaboró en algunas de sus iniciativas y que mantuvo buenas relaciones con unos cuantos...




Anuncio de la sastrería de Anselmo de Lamo publicado en Las Dominicales del Libre Pensamiento en 1891131. Micaela y Anselmo
Amigos y familiares parecen dar la espalda a quien se ha convertido en librepensadora y masona. A mediados de los ochenta Rosario de Acuña entabla relaciones con la familia de Micaela Jiménez y Anselmo Lamo, integrada...




Imagen actual de la tumba de Rosario de Acuña en el cementerio civil de Gijón (archivo del autor)62. «La fosa de Rosario de Acuña», por Mario Eduardo de la Viña
Que la fosa de Rosario de Acuña y la fosa de un animal cualquiera son una misma cosa. Que si a alguien le da por llevarse de allí aquel trozo miserable...



Portada del libro Rosario de Acuña en Asturias20. Tocaba nadar contra corriente
Aunque no había concluido, ni mucho menos, mis investigaciones ya podía aportar algunos datos que podían clarificar algunos aspectos de su vida, ocultos bajo la capa que el olvido y la inercia habían tejido durante años. En aquellas páginas aparecían datos contrastados...


Rosario de Acuña y Villanueva. VIDA y OBRA (⇑)

Pulsa en la imagen para acceder a la página



 
© Todos los derechos reservados – Se permite la reproducción total o parcial de los textos siempre que se cite la procedencia 
Comentarios, preguntas o sugerencias: info.rosariodea@gmail.com