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28 febrero

259. Otra vuelta por el paseo

 

En apenas unos días se cumplirán tres años  desde que apareciera en La Nueva España un artículo titulado «El paseo que (casi) nadie conoce» (⇑), en el que se ponía de manifiesto el común desconocimiento de la existencia del denominado «Rosario de Acuña», a pesar de ser cotidianamente transitado por caminantes de Gijón y por visitantes del resto del mundo. Escribía yo por entonces que el hecho de colocar un par de placas que así lo hicieran saber resultaría una medida –sencilla de ejecutar y no muy onerosa para las arcas municipales– de ir preparando el centenario de la muerte de doña Rosario. 

Hace unos meses, el pasado primero de octubre, volví a tratar sobre el paseo en una conversación que mantuve con Pablo Vázquez Otero en el programa Un buen día para viajar que se emite en Radio del Principado de Asturias (RPA). Cualquiera que oyera nuestra conversación bien podría dar por hecho que,  al igual que en el resto de las plazas o calles, el de Rosario de Acuña contaría con las necesarias placas que lo identificaran como tal. De ahí que, para evitar la predecible confusión, me vi en la obligación de manifestar, una vez más, que no es el caso, que quienes por él transiten no encuentra nada que así lo indique. (Pulsando en el enlace (⇑) podéis acceder al contenido completo del programa, y si lleváis el cursor al minuto -21:29 escucharéis nuestra conversación).

 

Situación del paseo de Rosario [de] Rosario de Acuña

Como quiera que cada vez queda menos para que se cumpla el centenario de la muerte de doña Rosario, vuelvo una vez más al paseo confiando en que, al fin, sepamos por dónde andamos. Y lo hago poniendo los ojos en el principio, en el momento en el cual el Ayuntamiento de Gijón tomó el acuerdo de poner su nombre a un tramo del paseo marítimo, como parte de una iniciativa de modificación del callejero de la ciudad que afectó a un total de ciento dieciocho calles. Según cuenta la prensa local, el viernes 11 de mayo de 1990 en el salón de plenos se encontraba «un colectivo de mujeres» que solicitó intervenir. Su portavoz defendió su propuesta de «dar nombres femeninos a más de sesenta calles de la ciudad». El alcalde Vicente Álvarez Areces explicó que, a pesar de que «la Alcaldía siempre ha mostrado gran sensibilidad por estas peticiones», en esta ocasión había sido imposible incluir más de diecisiete nombres de mujer, comprometiéndose a ampliar la lista en una nueva modificación del callejero.


Según nos cuenta Luis Miguel Piñera en su obra  Las calles de Gijón. Historia de sus nombres, los diecisiete nombres de mujer que subieron al callejero gijonés tras el acuerdo municipal del 11 de mayo de 1990 fueron los siguientes: Blanca de los Ríos, Robustina Armiño, Madres de Plaza de Mayo, Enriqueta Ceñal, Pintora Carolina del Castillo, Rosalía de Castro, Victoria Kent, Margarita Xirgu, María Zambrano, Gabriela Mistral, Clara Campoamor, Marian Pineda, Pintora Julia Alcayde, Aurora de Albornoz, María Teresa de León, Carmen Conde y Rosario de Acuña. 

En la mayor parte de los casos, aparece también el nombre de la calle a la que sustituye; en el referente al nuevo Paseo Rosario de Acuña, no figura al carecer de nombre anterior, razón por la cual se delimita su principio y final: «desde Madre del Emigrante hasta Carretera de la Providencia».  Y aquí es donde estamos: por mucho que busquemos en la zona donde se ubica la escultura de Ramón Muriedas La madre del emigrante (conocida también como La llocaLa lloca'l Rinconín o La muyerona) no encontraremos nada que nos indique que caminamos por el Paseo Rosario de Acuña.

Imagen con el detalle de la zona en la web del CatastroLo curioso del caso es que, además de en los papeles, en los libros de actas o en el Archivo Municipal de Gijón, hay constancia de tal nombre en el mundo digital, en páginas de organismos oficiales como el Catastro. Si accedes a la página Sede Electrónica del Catastro (https://www.sedecatastro.gob.es/) y vas ampliando el mapa que allí aparece hasta la zona que nos interesa,  aparece el paseo Rosario [de] Acuña, bordeando la que fuera su casa. Sucede lo mismo si en el Directorio de la web del Ayuntamiento de Gijón (https://www.gijon.es/es/directorio) introduces "casa de Rosario de Acuña" en el apartado "Texto a buscar": aparece un plano en el que sitúa con precisión dónde se ubica, al borde del paseo de su nombre, que es la imagen que aparece al inicio de este comentario.

Está, está. Tan sólo se precisa unas placas, unos indicadores, que así lo indiquen. En fin, parece que algo se mueve en este sentido y, según mis noticias, en las próximas semanas puede haber novedades al respecto. Que sean bienvenidas. De ser así, tan solo quedaría pendiente lo del cambio de nombre de la estación de ferrocarril (⇑) pues, a pesar de que lo que se ha dicho –incluso en un pleno municipal celebrado no hace mucho– todavía no es oficial que su nueva denominación sea la de Estación de Gijón - Rosario de Acuña. 

Habrá que seguir esperando.


Nota. Al fin, treinta y tres años después de que así fuera aprobado en un pleno municipal, el viernes 5 de mayo de 2023, día del centenario de su muerte, se colocaron dos placas, una al inicio del paseo (en las proximidades del Monumento a la madre del emigrante) y otra al final (en su entronque con el Camino de los Arces), que nos indican que caminamos por el Paseo Rosario de Acuña.





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09 marzo

208. El paseo que (casi) nadie conoce


La Oficina de Políticas de Igualdad del Ayuntamiento de Gijón ha editado una agenda y un calendario con el título Mujeres míticas (⇑). El mes de marzo está dedicado a Rosario de Acuña, de quien se dice lo siguiente: 

«Escritora, poeta, pensadora y periodista de origen aristócrata, tenía un talante librepensador e ideología republicana. Algunas de sus obras son Rienzi el tribuno, Amor a la patria o Tribunales de venganza. Considerada ya en su época como una de las más avanzadas vanguardistas y defensora de la igualdad social de la mujer y el hombre. Ilustre vecina que se afincó en Gijón/Xixón en 1909, participó activamente en la vida política, social y cultural de la ciudad. El Paseo Rosario de Acuña recuerda su paso por el Cervigón.»

El texto hace referencia a alguna de las razones que, a no dudar, tuvo en cuenta la corporación municipal para dar su nombre a un paseo situado en las proximidades de la que fue su casa gijonesa. Tal y como cuenta mi muy estimado Luis Miguel Piñera en su obra Las calles de Gijón, el 11 de mayo de 1990 el Ayuntamiento de Gijón acordó denominar Paseo Rosario de Acuña al tramo comprendido entre el sanatorio Marítimo y la carretera de la Providencia.

Un tramo del paseo Rosario de Acuña (archivo del autor)


Pues bien, tal parece que el citado paseo se haya quedado recluido en el ámbito de los papeles, aquellos que sirvieron de soporte al acta de la sesión en la cual se tomó el acuerdo referido, y estos que conforman la agenda y el calendario que para el presente año ha editado la citada Oficina. Llevo años formando parte del numeroso grupo que, cotidianamente y de formas muy diversas, disfruta del muro que bordea la bahía gijonesa y no he encontrado hasta el momento referencia alguna que informe a quienes por él transitan dónde empieza y dónde acaba el denominado Paseo Rosario de Acuña.

Cierto es que este muro, que fue construido para proteger a la población de los embates del mar, ha dado nombre a este espléndido paraje de la geografía urbana, y que la mayoría lo conoce como El Muro, por más que unas placas de cerámica situadas en la pétrea base que sustentan las luminarias se empeñe en decirnos cada doscientos cincuenta metros que nos encontramos en el «Paseo litoral de San Lorenzo». Su íntima relación con el mar le otorga la singularidad que lo diferencia y distingue de las calles con las que comparte relación administrativa. Nada hay que recuerde a quienes por él caminan, corren o patinan que se encuentran en la calle Ezcurdia o en la avenida de Rufo Rendueles. Por ello resulta sorprendente que el único indicador relacionado con el callejero que nos encontramos en El Muro se localiza en el lugar en el que aproximadamente debiera comenzar el paseo Rosario de Acuña. Se trata de una placa colocada en una de las farolas que se alza sobre la granítica acera y lleva la siguiente leyenda: avenida de José Bernardo.

Aunque todo es Muro, tramos hay que tienen su propia singularidad. En los inicios se encuentra el Campo Valdés; de todas las escaleras que lo jalonan, hay una con nombre propio: la Escalerona; luego está el puente sobre el río Piles; y las esculturas que han dado nombre a las zonas donde se ubican: Les Chapes y La Lloca. Precisamente ahí, en las proximidades del Monumento a la madre del emigrante, El Muro cambia de fisonomía: abandona la compañía de la carretera, se estrecha y muda de pavimento. Quizás ese fuera el lugar en el cual comenzara el paseo Rosario de Acuña tras el cambio producido en el lugar con la construcción de una urbanización en la zona. La farola allí situada parece probarlo, pues aún conserva lo que bien pudieran haber sido los soportes de una placa informativa, ahora ausente.   

No fue esta de 1990 la primera vez que el Ayuntamiento gijonés situó a Rosario de Acuña en el callejero. Lo hizo en dos ocasiones anteriores. La primera sucedió en el verano de 1923 (⇑), a los pocos meses de su muerte. A propuesta del Ateneo Obrero, con catorce votos favorables y tres en contra, el pleno municipal acuerda dar el nombre de «Avenida de Rosario de Acuña» al camino que va del Piles a la Providencia. Pocos días después, un grupo de vecinos de la zona presentó un recurso de alzada ante el gobernador civil, con la intención de que se dejara sin efecto la decisión municipal. Según cuenta la prosa administrativa, el recurso había sido interpuesto por don José de la Sala «y otros vecinos», expresión genérica que oculta la existencia de algunas personas con mayor significación en la vida ciudadana. Una lectura más atenta nos informa, sin embargo, que entre los recurrentes se encuentran «los herederos del Excelentísimo Señor Conde de Revillagigedo», quienes actúan mediante los oportunos apoderados. Si a la conocida posición ideológica de los herederos unimos las referencias que en el escrito se realizan al carácter religioso del camino (no hay que olvidar que, como allí se dice, el punto final del mismo se encuentra en la ermita de la Virgen de La Providencia), cabe pensar que las cuestiones de orden material que se aducen no fueran las únicas, que algunos no estaban dispuestos a tolerar que el camino que conduce a la ermita llevara el nombre de una mujer, librepensadora y masona.  Pasados unos meses, la autoridad gubernativa revoca el acuerdo tomado por el consistorio. Rosario de Acuña se queda sin «su» avenida.

Habrá que esperar a la proclamación de la Segunda República para que tenga lugar un segundo intento (⇑). El 30 de abril de 1931 el Ayuntamiento gijonés vuelve a las andadas y retoma el acuerdo del verano de 1923, el recurrido. Así fue como durante seis años el camino de la Providencia, el que conduce a la ermita, ostentará la denominación oficial de «Avenida de Rosario de Acuña». En 1937 las nuevas autoridades, que fueron elegidas por la fuerza de las armas para gestionar el municipio, deciden sustituir el nombre por el de «Avenida de Italia», como homenaje a los soldados italianos que colaboran con los militares sublevados en julio de 1936.

A finales del siglo XX todo hacía indicar que las circunstancias resultaban más favorables para que, tras dos intentos fallidos, Rosario de Acuña tuviera al fin un lugar en el callejero de su ciudad, la que eligió para vivir sus últimos años, y donde quiso permanecer para siempre. Sorprendentemente y por razones que no alcanzo a comprender, casi treinta años después de que el Ayuntamiento así lo acordara, el de Rosario de Acuña se ha convertido en un paseo que (casi) nadie conoce. Un paseo semiclandestino del cual y paradójicamente tan solo existe constancia en algunos documentos oficiales; también en el espacio dedicado al mes de marzo en la agenda que, con el título Mujeres míticas, ha editado la Oficina de Políticas de Igualdad del Ayuntamiento de Gijón.

Quizás sea este un buen momento, me refiero al mes de marzo del año 2020, para que el paseo Rosario de Acuña salga de los papeles y se haga presente en el lugar señalado. Bastarían un par de placas que así lo indicaran. Sería una excelente forma – no muy costosa, según mi parecer– de dar mayor visibilidad a una mujer ejemplar, de preparar el centenario de la muerte de esta ilustre gijonesa. Nos quedan tres años por delante.

La Nueva España, edición de Gijón, 14-3-2020


Notas

(1) El sábado 1 de octubre tuve la ocasión de conversar sobre el gijonés paseo de Rosario de Acuña con Pablo Vázquez Otero, director del programa Un buen día para viajar que se emite en Radio del Principado de Asturias (RPA). Pulsando en el enlace (⇑) podéis acceder al contenido completo del programa, y si lleváis el cursor al minuto -21:29 escucharéis nuestra conversación sobre el tema. 

(2) Al fin, treinta y tres años después de que así fuera aprobado en un pleno municipal, el viernes 5 de mayo de 2023, día del centenario de su muerte, se colocaron dos placas, una al inicio del paseo (en las proximidades del Monumento a la madre del emigrante) y otra al final (en su entronque con el Camino de los Arces), que nos anuncian que caminamos por el Paseo Rosario de Acuña.





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07 mayo

110. Velada necrológica, año XCIII

 

A primeros de mayo de 1924,  en el primer aniversario de la muerte de doña Rosario de Acuña Villanueva, Carlos Lamo Jiménez, su inseparable compañero, organizó lo que se dio en llamar una «velada necrológica» que tuvo lugar en el Ateneo Obrero de Gijón. Los intervinientes en aquel acto, que volvió a celebrarse al año siguiente, rememoraron algunos de los hitos más significativos de su biografía y leyeron algunos fragmentos de sus obras.

Hace unos días, coincidiendo con el XCIII aniversario del luctuoso suceso,  nos reunimos un grupo de entusiastas seguidores de la ilustre librepensadora para recordar su figura y su testimonio. Los asistentes al acto, que tuvo lugar en el Club La Nueva España –un activo foro de debate abierto a las inquietudes socioculturales de los gijoneses coordinado por Luis Miguel Piñera– pudieron escuchar al cantautor gijonés Carlos Riestra interpretar su tema «Rosario Acuña». Al final de la velada, Luis Felipe Capellín nos presentó su documental «Descubriendo a Rosario Acuña (⇑)». Si difícil es condensar en apenas treinta minutos toda una vida –y más, si cabe, la de una persona como nuestra protagonista– tan difícil, al menos, lo es hacerlo en una canción. Y los dos, creo yo, lo han conseguido. Riestra, con el ritmo y la melodía; Capellín con las imágenes y la aportación de varios de los integrantes del cada vez más nutrido grupo de quienes tienen en gran estima, por considerarlo sobresaliente y extraordinario, el testimonio vital de doña Rosario de Acuña Villanueva.

Fotografía de los intervinientes en la velada. La Nueva España, 7-5-2016

Puesto que a mí me correspondía trazar una  reseña biográfica de la homenajeada, quise prestar especial atención a sus relaciones con los trabajadores, con «el pueblo auténtico, los bajos, los últimos, los que viven de su trabajo de todos los días»; a aquellos obreros que cada Primero de mayo se desplazaban hasta su casa de El Cervigón para compartir unas horas con aquella mujer que, abandonando los privilegios de su cuna, quiso vivir y morir defendiendo la libertad, la fraternidad y la igualdad.
  
Como si de una prolongación de los actos del Primero de mayo que se celebró hace pocos días y remedando lo que se hiciera en aquella velada necrológica celebrada en el Ateneo Obrero, me pareció oportuno recordar el discurso leído en el Ateneo (⇑)  la noche del  15 de septiembre de 1888; y leer un interesante artículo, uno de los últimos escritos que hemos recuperado. Fue publicado en el Heraldo de París el 5 de enero de 1901:

Oye tú, obrero; no soy de tu clase; vengo de muy alto; en mi ascendencia hubo reinas, obispos, grandes capitanes, señores de horca y cuchillo. Sin entroncamientos con ruines, soy noble de sangre, de apellidos, de linaje. Las onzas de oro eran moneda baladí en manos de mis abuelos, y las hembras de los míos tenían sitio escogido y aparte en la iglesia parroquial de sus pueblos para cuando se dignaban acudir a ellas. En el presente soy burguesa, desde la coronilla hasta los pies; me baño, lavo y peino todos los días; tengo abrigos para el invierno y medios de pasar fresco el verano; poseo biblioteca, muebles cómodos y ropas abundantes para mi limpieza e higiene. Soy para ti una odiosa burguesa, que siempre tiene un duro en el bolsillo para un antojo, y, si quisiera, podría pasar tumbada las horas del día y dormida las de la noche ¿Te enteras bien? Soy tu enemiga por abolengo, por educación, por costumbres material y físicamente. Y por esto mismo, porque no soy de los tuyos, te voy a decir una porción de verdades, que tu debes creer como la esencia misma de la verdad, porque debes ver claro que al decírtelas no arrimo el ascua para que se ase mi sardina, sino que la arrimo para que se ase la tuya. Es decir, que no gano nada ni para mi pasado, ni para mi presente, ni para mi porvenir, porque ya tengo buena porción de años y no dejo atrás de mí ningún ser mío; en cambio, te hago a ti ganar, inspirándote ideas que acaso no te hubiesen ocurrido. Y no solamente no gano nada, sino que pierdo, y puedo perder mucho; porque pierdo la estimación de los de mi clase, que no me perdonaron ni me perdonarán nunca que ande contigo al habla; y puedo perder mucho si te facilito el camino para que realices tu ideal de retorcerme el pescuezo, quitándome antes mi bienestar. Conque mira tú, y medita sobre esto, si seré yo altruista, o sea generosa, y si tendré decidida vocación de mártir, porque no necesitándote (y, te advierto, que para mi vida individual no te necesito, porque si hubiera por ahí una isla desierta comprable, me iría a ella y sembrando, labrando y cogiendo unas patatas y ordeñando unas cabras y cosiendo de sus pieles un capisayo, no me cambiaba por una emperatriz), y no temiéndote, porque gracias a mi raza no sé lo que es miedo; no debiendo ni por mi ayer, ni por mi hoy, ni por mi mañana ayudarte, ilustrarte, ni hacerte caso para maldita cosa, voy a sacudir tu cerebro con una porción de argumentos que, si los tomas como consejo de enemigo –que es el único y verdadero consejo que se debe tomar en serio– te han de servir como arma poderosísima para concluir con la odiada sociedad burguesa. ¿Te enteras? Pues oye...

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