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04 marzo

260. Una muyer exemplar que quiso vivir y morrer n´Asturies

 

En algún lugar he dejado escrito que durante años, mejor aún, durante décadas, por aquello de la borrina que lo envolvía todo, pocas eran las personas que sabían decir alguna cosa sobre Rosario de Acuña. Ni siquiera en Gijón, la ciudad que ella eligió para pasar los últimos años de su vida, la ciudad en la que reposan sus restos, más cerca de la luz que otros de sus coetáneos (⇑), sabían algo de quien durante años fue su convecina. Afortunadamente, las cosas han cambiado. Sirva como ejemplo lo ocurrido la mañana del cuatro de marzo de 2023.

Dos primeras páginas del artículo «Una muyer exemplar que quiso vivir y morrer n´Asturies»

Bien temprano, abro el correo y me encuentro con varias noticias que tienen a Rosario de Acuña y Villanueva como protagonista. Veamos.

El 8M en Gijón, protagonizado por Rosario [de] Acuña y sus «herederas»

Tras el subtítulo «La conmemoración rendirá un doble homenaje a la escritora y a quienes han recogido su testigo», La Voz de Asturias dedica un espacio a enumerar las actividades (⇑) organizadas por el Ayuntamiento de Gijón para celebrar el Día Internacional de la Mujer.

«La pensadora Rosario de Acuña, pionera en la implantación de la igualdad en Gijón, y las mujeres que heredaron sus reivindicaciones feministas serán protagonistas de los actos del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, en Gijón. La alcaldesa, Ana González, ha presentado este viernes los actos que Gijón organiza por el 8M, un momento con una «historia muy larga de vindicaciones, aspiraciones y de luchas».

Este año en el que Gijón conmemora los 100 años de la muerte de Rosario de Acuña y Villanueva, la ciudad pondrá énfasis en la mirada que vuelve a la historia y a los orígenes más lejanos de la semilla pionera de la igualdad sembrada en la ciudad por Rosario de Acuña».

Pinto pone en valor a una de sus pioneras en favor de la igualdad y el feminismo: Rosario de Acuña

El Ayuntamiento de Pinto informa en su página web del amplio programa de actividades (⇑) que se van a desarrollar a lo largo del presente mes de marzo y que tienen a Rosario de Acuña como protagonista: «Charlas, conferencias, literatura y una exposición conmemorativa en el contexto del 8M».

«Las Jornadas de Patrimonio Histórico centran su V edición en la figura de Rosario de Acuña y para el mes de marzo se ha preparado una gran programación llena de actividades por estar considerada como una de las autoras más vanguardistas en el proceso español de igualdad social de la mujer y el hombre y los derechos de los más débiles en general de la segunda mitad del siglo XIX».

Las mujeres, sus hermanas 

«Las mujeres, sus hermanas», La Nueva España, 27 de febrero de 2023

Como antesala de todas estas noticias, el pasado lunes publicó La Nueva España una nueva entrega de la serie que mantengo abierta desde marzo del año pasado, en la cual, quincena a quincena, pieza a pieza, voy mostrando los aspectos más significativos de su trayectoria vital.   

Hablo de lo importante que para ella fue la perspectiva colectiva, la visión grupal, a la hora de abordar  la emancipación de la mujer:

«Con mirada colectiva, batalló por conseguir "la redención de la mujer", considerando a las mujeres, a todas las mujeres, sus amigas, sus compañeras, sus hermanas, y así lo entendieron muchas de ellas. El día de su entierro fueron numerosas las gijonesas que, abandonando su reducto doméstico y haciendo frente a la lluvia que incesantemente caía aquel sábado de mayo, se echaron a la calle para testimoniar su gratitud a aquella compañera, a aquella hermana suya, que había peleado los últimos cuarenta años de su vida por la dignidad de todas ellas».

Aunque el escrito fue publicado el pasado lunes, lo que ahora descubro, junto a las demás noticias referidas a ella, es que La Nueva España, como si se quisiera sumar a este suerte de homenaje colectivo, ha dejado en abierto el acceso al contenido de este escrito (⇑), en contra de lo que suele ser habitual, que solo está disponible para los suscriptores.

El feminismo de Rosario de Acuña y la historia del 8M en Gijón centran los actos del Día de la Mujer

En la página web del Ayuntamiento de Gijón (⇑) también encuentro esta mañana un espacio dedicado a doña Rosario.

«La figura de Rosario de Acuña Villanueva, en el marco de la celebración del Centenario de su muerte, y la historia de las movilizaciones del 8 de marzo convocadas desde su creación por el Consejo de Asociaciones de Mujeres de Gijón serán los dos pilares que centrarán el programa del Día de la Mujer en la ciudad, junto con la celebración del acto central organizado por el Instituto Asturiano de la Mujer, el próximo 8 de marzo».

Y siguen más noticias similares:

  • Un mes de marzo dedicado a la mujer en Pinto: teatro, conciertos y homenajes a Rosario de Acuña (ZIGZAGdigital, 4 de marzo de 2023 ⇑).
  • «El feminismo necesita ahora más que nunca las reivindicaciones del 8M». El Ayuntamiento ensalza el legado de Rosario de Acuña en el centenario de su fallecimiento y el papel del Consejo de Mujeres en la lucha por sus derechos (El Comercio, Gijón, 4 de marzo de 2023).
  • Marzo en Pinto es el mes de la igualdad. Se presentan multitud de actividades que girarán en torno a la Semana de la Mujer, incluida una interesante aproximación a la figura de Rosario de Acuña con conferencias, charlas y diversos talleres con el objetivo global de contribuir a eliminar toda forma de discriminación hacia las mujeres, promover su empoderamiento y conseguir su plena participación en la sociedad. (Actualidad21, 2 de marzo de 2023 ⇑)

Portada del nº 42 de  Asturies, memoria encesa d’un país

La última de las noticias que me ha llegado esta mañana tiene especial importancia para mí. Hace meses que me pidieron un escrito sobre Rosario de Acuña, cómo no, para  Asturies. Memoria encesa d´un país, una revista que es todo un referente en la investigación sobre la cultura asturiana en todas sus manifestaciones, ya sea  la historia, la  etnografía o el folklore. Sabía del buen hacer de sus responsables, de la calidad de los trabajos que habían sido publicados en los números anteriores y de su esmerada edición, y me hacía mucha ilusión que en sus páginas apareciera una semblanza de nuestra protagonista. Cuando llegó a mis manos el número 42, donde aparece el trabajo titulado «Una muyer exemplar que quiso vivir y morrer n´Asturies», no pude menos de alabar el trabajo realizado por Astur Paredes, responsable del diseño y la maquetación.

Pues bien, hoy bien de mañana, entre la lista de noticias relacionadas con Rosario de Acuña, también se encuentra ésta:

El númberu 42 de la revista ‘Asturies, memoria encesa d’un país’ ta en distribución

La Fundación Belenos yá tien a la venta’l númberu 42 de la revista ‘Asturies, memoria encesa d’un país’. Esti exemplar, que cuenta coles seiciones habituales y ocho artículos d’interés firmaos por investigadores de primer orde, vive un pequeñu aumentu de preciu –hasta los 20 euros en llibrería– por mor de la xuba del costu del papel (Asturies.com, 3 de marzo de 2023 ⇑)

Durante años, mejor aún, durante décadas, por aquello de la borrina que lo envolvía todo, pocas eran las personas que sabían decir alguna cosa sobre Rosario de Acuña...




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Rosario de Acuña y Villanueva. VIDA y OBRA (⇑)

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01 junio

213. Preparando el centenario


Xosé Bolado ha donado al Ayuntamiento de Gijón la documentación que durante años ha ido reuniendo acerca de Rosario de Acuña y Villanueva. El fondo incluye material de su época: «álbumes, antologías con textos (poemas y otras composiciones) de la escritora, hojas y folletos, abundante documentación hemerográfica, grabados, fototipias, fotos, documentación del contexto literario e histórico, almanaques, programas, revistas, tarjetas, convocatorias...». Ha sido depositado en la Hemeroteca Municipal y, tras su catalogación, estará a disposición de cuentas personas quieran profundizar en el conocimiento de nuestra protagonista.

La noticia, que no puede ser calificada más que como magnífica por quienes llevamos años empeñando nuestro esfuerzo en la tarea de difusión del testimonio vital de doña Rosario, se complementa con otra información que tiene una especial relevancia para quien esto escribe: como contrapartida a la donación, el Ayuntamiento se ha comprometido «a organizar los actos conmemorativos del centenario del fallecimiento en Gijón, en 1923, y en los que se incluye la programación y ejecución de una exposición dedicada a la escritora y activista madrileña afincada en Gijón».

El cuarto estado (Il Quarto Stato), óleo de Giusseppe Pellizza (Museo del Novecento, Milán)

Parece ser que algo empieza a moverse y que el centenario del fallecimiento de Rosario de Acuña no pasará inadvertido. Queda ahora por saber qué tipo de «actos conmemorativos» serán los que se desarrollarán o, dicho de otra forma, qué tipo de objetivos serán los que se pretendan alcanzar con las actividades que a tal fin se programen. Pues conmemorar supone recordar algo o a alguien, y tal acción es susceptible de ser abordada de diferentes grados y maneras. Se puede, ciertamente, acotar unos espacios y unos tiempos para rememorar con mayor o menor solemnidad quién fue esta ilustre vecina de Gijón y seguidamente entregarnos, de nuevo, al apacible letargo de la progresiva desmemoria. O, mirando más allá, podemos aprovechar la coyuntura del centenario para intentar que su testimonio vital se integre en la memoria colectiva de la ciudadanía gijonesa.

Hace unos meses, una concejala del Ayuntamiento de Gijón se interesaba por conocer cuáles eran mis propuestas al respecto. Por diversas circunstancias no se las pude hacer llegar entonces. Quizás ahora sea buen momento para dar respuesta a su interés y, de paso, exponerlas a la consideración pública. Como bien se puede deducir de lo más arriba expresado, el objetivo de las mismas trasciende el propio centenario para intentar lograr que, al fin, la figura de Rosario de Acuña y Villanueva forme parte del acervo gijonés. Se estructuran en tres ámbitos de actuación:

Primero. Habida cuenta de que no se parte de cero, de que ya hay un camino recorrido, creo que desde el principio –en la fase de preparación y diseño de las actividades– es preciso contar con aquellos colectivos que, de una u otra forma, ya han mostrado su interés en preservar vivo su recuerdo. Es el caso de la entidades que han asumido el nombre de Rosario de Acuña como enseña (un coro de voces femeninas, una logia masónica, un instituto, una escuela feminista); también del Ateneo Obrero de Gijón (con vinculación histórica con doña Rosario) o de aquellas otras que tienen su razón de ser en la defensa de algunos de los postulados por los cuales ella batalló a lo largo de su vida (Tertulia Feminista Les Comadres, Asturias Laica, Ateneo Republicano de Asturias...). Con el concurso de todas ellas, el programa de actos del centenario resultará más rico, plural y participativo.

Pero no sólo eso, la confluencia de estas entidades representa además una magnífica ocasión –y he aquí lo que a mi juicio adquiere mayor trascendencia–, para impulsar la creación de una plataforma que tuviera entre sus objetivos la difusión del pensamiento de doña Rosario, a semejanza de otras ya existentes.

Segundo. Si queremos que su testimonio vital enraíce en la colectividad y perdure en el tiempo, debemos procurar que sea conocido por la juventud gijonesa. También en este campo de actuación contamos con un trabajo previo que deberíamos tener en cuenta. Desde hace ya unos cuantos años, el instituto que en Gijón lleva su nombre entrega al alumnado que termina sus estudios de Bachillerato un libro que tiene a la librepensadora como protagonista. En un principio fue la edición que realizó María del Carmen Simón Palmer de dos de sus obras dramáticas más emblemáticas: Rienzi el tribuno y El padre Juan. Luego fue Rosario de Acuña en Asturias (⇑) y, más recientemente, ¿Quién fue Rosario de Acuña? Quizás fuera posible que esta labor de divulgación llegara a otros centros docentes, lo cual posibilitaría que el alumnado de Bachillerato del concejo de Gijón conociera, primero, e indagara, después, en el valioso testimonio vital que nos ha legado. A tal fin y si se considera de interés, me comprometo a ceder los derechos de ¿Quién fue Rosario de Acuña? (⇑) y a entregar los archivos correspondientes en los formatos PDF, EPUB y MOBI para que la obra pueda ser conveniente distribuida.

Sería posible entonces que en la edición del centenario, la de 2023, el Premio de Investigación Rosario de Acuñad abriera una nueva modalidad para estudiantes de Bachillerato, que tuviera por objeto el estudio de su vida, su obra o de aquellas materias a las cuales ella dedicó buena parte de sus escritos (feminismo, movimiento obrero, la naturaleza y su conservación, la libertad de conciencia...). Ni qué decir tiene que si la experiencia alcanzara el éxito que auguramos, habría de tener la deseable continuidad, lo cual facilitaría grandemente el objetivo perseguido.

Tercero. Bien está que en las estanterías de las bibliotecas encontremos sus obras y los trabajos que sobre ella se van publicando; bien está que estén accesibles en Internet y que cada vez sean más consultadas (un dato alentador al respecto: las consultas de su entrada en la Wikipedia han aumentado en el último semestre un 62%); pero no por ello debemos de olvidarnos de la necesaria presencia de  su recuerdo en el paisaje urbano, en la cotidianidad ciudadana. Creo que no está demás que, al tiempo que ponemos los ojos más allá del centenario, intentemos consolidar lo que en este sentido ya se hizo tiempo atrás. A finales de la década de los ochenta del pasado siglo, el Ayuntamiento de Gijón decidió contribuir a la recuperación para el acervo ciudadano de la figura de Rosario de Acuña, durante tantos años sumida en el más absoluto olvido. Fue entonces cuando se compró la que durante años fue su vivienda en El Cervigón, salvándola de la ruina, y poco tiempo después se tomó el acuerdo de denominar Paseo Rosario de Acuña (⇑) al tramo comprendido entre el sanatorio Marítimo y la carretera de la Providencia. Pues bien, como ya he contado en escritos anteriores, la casa lleva años sin uso conocido y del paseo casi nadie conoce su existencia, pues no se encuentra en el lugar indicador alguno que lo informe. Las medidas a tomar en este último caso no parece que sean ni complicadas ni costosas, bastarían un par de placas que así lo indicaran a las numerosas personas que cotidianamente disfrutan de este lugar privilegiado del litoral gijonés.

En cuanto a los posibles usos de la casa de El Cervigón que permitieran su recuperación para la vida ciudadana, tuve ocasión de plantear algunas propuestas en un escrito titulado «Qué hacer con la casa de Rosario de Acuña» (⇑) (La Nueva España, 7 de noviembre de 2018). Sugería entonces que se dieran los pasos necesarios para convertirla en una casa-museo en donde, además de dar a conocer su testimonio vital a las personas interesadas, se pudiera ahondar en algunos de los temas que a ella más le interesaron, citando expresamente la posibilidad de albergar un centro de documentación del movimiento obrero y/o del movimiento feminista. De la propuesta apenas me llegaron algunos ecos, que situaban el principal inconveniente en la lejanía del edificio. Cierto es que la casa de doña Rosario se encuentra a poco más de tres kilómetros y medio de la plaza Mayor, pero también lo es que a mayor distancia se hallan otros edificios municipales, otros equipamientos culturales, y ello no es obstáculo para que reciban varios miles de visitantes al año.

La casa de El Cervigón lleva años sin uso conocido, y el centenario de la muerte de quien fue su primera moradora bien pudiera ser momento idóneo para que recuperara su uso colectivo y, de esa forma, se convirtiera en referente vivo y cotidiano de esta ilustre gijonesa, de esta incansable luchadora que, contando con treinta y pocos años, abandonó su prometedora carrera como dramaturga para iniciar una larga lucha en defensa de la libertad de conciencia y en contra de la subordinación social de la mujer. Una gijonesa ilustre que al avecindarse en la ciudad ya estaba bien curtida en el duro batallar, y que a pesar de encontrarse próxima a iniciar la sesentena no por ello dejó de luchar. Tanto es así que si tuviéramos que definir la etapa gijonesa con pocas palabras, éstas tendrían que referirse al decidido apoyo que dispensa a los más necesitados: los presos, las mujeres agredidas, los niños sin futuro, los trabajadores, los pescadores abandonados a su suerte, los soldados que combaten en trincheras africanas o europeas... A juzgar por las palabras que escribió el cronista el día de su entierro, bien podemos afirmar que el pueblo gijonés no lo olvidó: «el cadáver, encerrado en un modesto féretro, con arreglo a las disposiciones testamentarias, fue sacado a hombros de obreros, que se disputaban este honroso tributo», y que «a pesar de la lluvia pertinaz y de todos los inconvenientes que ofrecía el tiempo, en extremo desapacible, el pueblo siguió hasta el cementerio el cadáver de doña Rosario que fue conducido a hombros», a lo largo de los varios kilómetros que separan su casa del cementerio civil.

Sucedió hace noventa y siete años. Tenemos tres años por delante para preparar adecuadamente su centenario.

La Nueva España, edición de Gijón, 29-5-2020





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09 marzo

208. El paseo que (casi) nadie conoce


La Oficina de Políticas de Igualdad del Ayuntamiento de Gijón ha editado una agenda y un calendario con el título Mujeres míticas (⇑). El mes de marzo está dedicado a Rosario de Acuña, de quien se dice lo siguiente: 

«Escritora, poeta, pensadora y periodista de origen aristócrata, tenía un talante librepensador e ideología republicana. Algunas de sus obras son Rienzi el tribuno, Amor a la patria o Tribunales de venganza. Considerada ya en su época como una de las más avanzadas vanguardistas y defensora de la igualdad social de la mujer y el hombre. Ilustre vecina que se afincó en Gijón/Xixón en 1909, participó activamente en la vida política, social y cultural de la ciudad. El Paseo Rosario de Acuña recuerda su paso por el Cervigón.»

El texto hace referencia a alguna de las razones que, a no dudar, tuvo en cuenta la corporación municipal para dar su nombre a un paseo situado en las proximidades de la que fue su casa gijonesa. Tal y como cuenta mi muy estimado Luis Miguel Piñera en su obra Las calles de Gijón, el 11 de mayo de 1990 el Ayuntamiento de Gijón acordó denominar Paseo Rosario de Acuña al tramo comprendido entre el sanatorio Marítimo y la carretera de la Providencia.

Un tramo del paseo Rosario de Acuña (archivo del autor)


Pues bien, tal parece que el citado paseo se haya quedado recluido en el ámbito de los papeles, aquellos que sirvieron de soporte al acta de la sesión en la cual se tomó el acuerdo referido, y estos que conforman la agenda y el calendario que para el presente año ha editado la citada Oficina. Llevo años formando parte del numeroso grupo que, cotidianamente y de formas muy diversas, disfruta del muro que bordea la bahía gijonesa y no he encontrado hasta el momento referencia alguna que informe a quienes por él transitan dónde empieza y dónde acaba el denominado Paseo Rosario de Acuña.

Cierto es que este muro, que fue construido para proteger a la población de los embates del mar, ha dado nombre a este espléndido paraje de la geografía urbana, y que la mayoría lo conoce como El Muro, por más que unas placas de cerámica situadas en la pétrea base que sustentan las luminarias se empeñe en decirnos cada doscientos cincuenta metros que nos encontramos en el «Paseo litoral de San Lorenzo». Su íntima relación con el mar le otorga la singularidad que lo diferencia y distingue de las calles con las que comparte relación administrativa. Nada hay que recuerde a quienes por él caminan, corren o patinan que se encuentran en la calle Ezcurdia o en la avenida de Rufo Rendueles. Por ello resulta sorprendente que el único indicador relacionado con el callejero que nos encontramos en El Muro se localiza en el lugar en el que aproximadamente debiera comenzar el paseo Rosario de Acuña. Se trata de una placa colocada en una de las farolas que se alza sobre la granítica acera y lleva la siguiente leyenda: avenida de José Bernardo.

Aunque todo es Muro, tramos hay que tienen su propia singularidad. En los inicios se encuentra el Campo Valdés; de todas las escaleras que lo jalonan, hay una con nombre propio: la Escalerona; luego está el puente sobre el río Piles; y las esculturas que han dado nombre a las zonas donde se ubican: Les Chapes y La Lloca. Precisamente ahí, en las proximidades del Monumento a la madre del emigrante, El Muro cambia de fisonomía: abandona la compañía de la carretera, se estrecha y muda de pavimento. Quizás ese fuera el lugar en el cual comenzara el paseo Rosario de Acuña tras el cambio producido en el lugar con la construcción de una urbanización en la zona. La farola allí situada parece probarlo, pues aún conserva lo que bien pudieran haber sido los soportes de una placa informativa, ahora ausente.   

No fue esta de 1990 la primera vez que el Ayuntamiento gijonés situó a Rosario de Acuña en el callejero. Lo hizo en dos ocasiones anteriores. La primera sucedió en el verano de 1923 (⇑), a los pocos meses de su muerte. A propuesta del Ateneo Obrero, con catorce votos favorables y tres en contra, el pleno municipal acuerda dar el nombre de «Avenida de Rosario de Acuña» al camino que va del Piles a la Providencia. Pocos días después, un grupo de vecinos de la zona presentó un recurso de alzada ante el gobernador civil, con la intención de que se dejara sin efecto la decisión municipal. Según cuenta la prosa administrativa, el recurso había sido interpuesto por don José de la Sala «y otros vecinos», expresión genérica que oculta la existencia de algunas personas con mayor significación en la vida ciudadana. Una lectura más atenta nos informa, sin embargo, que entre los recurrentes se encuentran «los herederos del Excelentísimo Señor Conde de Revillagigedo», quienes actúan mediante los oportunos apoderados. Si a la conocida posición ideológica de los herederos unimos las referencias que en el escrito se realizan al carácter religioso del camino (no hay que olvidar que, como allí se dice, el punto final del mismo se encuentra en la ermita de la Virgen de La Providencia), cabe pensar que las cuestiones de orden material que se aducen no fueran las únicas, que algunos no estaban dispuestos a tolerar que el camino que conduce a la ermita llevara el nombre de una mujer, librepensadora y masona.  Pasados unos meses, la autoridad gubernativa revoca el acuerdo tomado por el consistorio. Rosario de Acuña se queda sin «su» avenida.

Habrá que esperar a la proclamación de la Segunda República para que tenga lugar un segundo intento (⇑). El 30 de abril de 1931 el Ayuntamiento gijonés vuelve a las andadas y retoma el acuerdo del verano de 1923, el recurrido. Así fue como durante seis años el camino de la Providencia, el que conduce a la ermita, ostentará la denominación oficial de «Avenida de Rosario de Acuña». En 1937 las nuevas autoridades, que fueron elegidas por la fuerza de las armas para gestionar el municipio, deciden sustituir el nombre por el de «Avenida de Italia», como homenaje a los soldados italianos que colaboran con los militares sublevados en julio de 1936.

A finales del siglo XX todo hacía indicar que las circunstancias resultaban más favorables para que, tras dos intentos fallidos, Rosario de Acuña tuviera al fin un lugar en el callejero de su ciudad, la que eligió para vivir sus últimos años, y donde quiso permanecer para siempre. Sorprendentemente y por razones que no alcanzo a comprender, casi treinta años después de que el Ayuntamiento así lo acordara, el de Rosario de Acuña se ha convertido en un paseo que (casi) nadie conoce. Un paseo semiclandestino del cual y paradójicamente tan solo existe constancia en algunos documentos oficiales; también en el espacio dedicado al mes de marzo en la agenda que, con el título Mujeres míticas, ha editado la Oficina de Políticas de Igualdad del Ayuntamiento de Gijón.

Quizás sea este un buen momento, me refiero al mes de marzo del año 2020, para que el paseo Rosario de Acuña salga de los papeles y se haga presente en el lugar señalado. Bastarían un par de placas que así lo indicaran. Sería una excelente forma – no muy costosa, según mi parecer– de dar mayor visibilidad a una mujer ejemplar, de preparar el centenario de la muerte de esta ilustre gijonesa. Nos quedan tres años por delante.

La Nueva España, edición de Gijón, 14-3-2020


Notas

(1) El sábado 1 de octubre tuve la ocasión de conversar sobre el gijonés paseo de Rosario de Acuña con Pablo Vázquez Otero, director del programa Un buen día para viajar que se emite en Radio del Principado de Asturias (RPA). Pulsando en el enlace (⇑) podéis acceder al contenido completo del programa, y si lleváis el cursor al minuto -21:29 escucharéis nuestra conversación sobre el tema. 

(2) Al fin, treinta y tres años después de que así fuera aprobado en un pleno municipal, el viernes 5 de mayo de 2023, día del centenario de su muerte, se colocaron dos placas, una al inicio del paseo (en las proximidades del Monumento a la madre del emigrante) y otra al final (en su entronque con el Camino de los Arces), que nos anuncian que caminamos por el Paseo Rosario de Acuña.





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01 enero

203. Ninguno de los dos


Cuento con una base de datos que contiene información relativa a varios centenares de sus escritos. De ellos, ya son más de quinientos los que se encuentran a disposición de las personas interesadas en la página Rosario de Acuña. Vida y obra (⇑), donde pueden ser localizados mediante dos sistemas diferentes: bien sea por un enlace a cada una de las categorías (⇑) en que se ha divido su obra, bien sea por la búsqueda alfabética del título (⇑) requerido. En cuanto al resto, solo la perseverancia en las investigaciones –con el necesario aliño de la fortuna, ingrediente nada desdeñable en alguno de los anteriores hallazgos (⇑) – podrá depararnos la llegada de nuevas incorporaciones, por más que demos por hecho que algunos de esos escritos serán muy difíciles de localizar, ya sea porque nos conste su extravío (de alguna de esas pérdidas (⇑) era sabedora su autora), ya sea porque fueran destruidos, como suponemos sucedió con buena parte de las cartas que nuestra protagonista enviaba con cierta frecuencia (sabemos, porque ella nos lo ha contado, que a diario un tiempo a la correspondencia) a muchas de las personas con las que, por diversos motivos, se relacionaba.

Copia de un fragmento de la sección de este blog donde se encuentra la relación alfabética de sus obras

Consciente de que esos centenares de textos –salidos de su pluma en el transcurso de más de cincuenta años–  estaban desperdigados,  Rosario albergaba el deseo de que pudieran ser reunidos y, tras  necesaria ordenación cronológica, vieran nuevamente la luz formando parte de una colección. Así lo dejó escrito en su testamento (⇑) firmado en la ciudad de Santander a veinte de febrero de 1907:

Dejo por ejecutores testamentarios de mi voluntad a don Carlos Lamo y Giménez y a don Luis París y Zejín, y encargo a don Luis París y Zejín que ayude a ordenar, coleccionar, corregir y publicar (poniéndole prólogo a la colección) a D. Carlos Lamo y Giménez todas mis obras literarias publicadas o inéditas, en prosa o en verso, recomendándole que para la colección y publicación se atenga al orden de las fechas, con la cual podrá seguirse la evolución de mis pensamientos. 

Por la amistad que mantenía con su familia, a Luis París lo conocía desde niño (⇑). Más tarde, compartirán esfuerzos en defensa de la libertad de conciencia. En el mes de mayo de 1884, con veintiún años recién cumplidos, este joven estudiante de Medicina proclama su adhesión a la causa del librepensamiento que defienden Las Dominicales del Librepensamiento (meses después hará lo propio nuestra ilustre protagonista). No tardará en llevar a la práctica lo que antes había manifestado por escrito, pues él será uno de los líderes de las protestas (conocidas como «sucesos universitarios de la santa Isabel») que los estudiantes madrileños protagonizaron en defensa del profesor Morayta, a quien la prensa confesional acusa de haber pronunciado un discurso herético en la inauguración del curso 1884-85. Su firma encabezará la carta que los huelguistas envían a doña Rosario, agradeciendo su oferta (⇑) de asumir el pago de la matrícula al alumno más aventajado que, por negarse a entrar en clase, perdiese el derecho a la matrícula de honor. Luego vino la publicación de Gente Nueva, donde París analiza las «personalidades y los trabajos» de un grupo de disidentes (⇑) entre los cuales tan solo figura una mujer: Rosario de Acuña («sencilla en su estilo, genial en el procedimiento y apasionada de todo cuanto significa progreso nacional»). Años después encontramos al médico librepensador volcado en el mundo de los escenarios: autor de libretos de zarzuela, gerente del teatro Real, director de escena... Su amiga sabe de su dedicación y participa en el homenaje (⇑) que se le dedica en 1909 («Sigue trayéndonos el arte a trazos grandes, sublimes, heroicos, y ya que gracias a ti, los españoles hemos vislumbrado el ritmo de la armonía universal...»). Del encargo testamentario, nada sabemos.

En cuanto a Carlos Lamo, su heredero universal, admirador, discípulo, compañero inseparable durante las últimas décadas de su vida... y ejecutor testamentario, sí que somos conocedores de su empeño en evitar que la memoria de doña Rosario quedara envuelta en las entretelas del olvido. A pesar de no recibir ingresos económicos regulares, a pesar de verse obligado a ir vendiendo poco a poco los bienes heredados (⇑), se las fue ingeniando para mantener vivo el testimonio de tan «excelsa mujer». Coincidiendo con el aniversario de su muerte, se celebra en el Ateneo Obrero de Gijón una velada necrológica en el transcurso de la cual Carlos sube a la tribuna para dar lectura a varias obras de «la cantera enorme que dejó doña Rosario». Así lo hace durante varios años. Hizo lo mismo en la localidad mierense de Turón, en la sucursal que el ateneo gijonés tenía abierta en el barrio de La Calzada.... Del encargo testamentario, nada sabemos.

Fotografía de Regina Lamo publicada en Mundo Gráfico, 24-4-1918
Ni uno ni el otro. Ninguno de los dos. Ni el amigo al que conocía desde niño ni el buen discípulo con el que compartió las últimas décadas de su vida. Fue Regina Lamo Jiménez, la hermana de este último, quien se esforzó hasta lo indecible por cumplir los deseos de su tía, por dar a conocer sus obras, por evitar que su ejemplar trayectoria vital cayera en el olvido. Tras la fallida velada del tercer aniversario (⇑) de la muerte de doña Rosario, fue ella la que tomó el relevo de su hermano. Elegida vicepresidenta del Ateneo Socialista de Barcelona en noviembre de 1928, organiza antes de que el año acabe una velada para honrar la memoria de su amiga Rosario. Tras la proclamación de la Segunda República, Regina redobla sus esfuerzos, que se van a ver en parte recompensados cuando a principios del año 1933 la Junta Municipal de Enseñanza de Madrid, a propuesta de Andrés Saborit, acuerde que uno de los grupos escolares de nueva creación lleve el nombre de nuestra protagonista. El 11 de febrero, con la asistencia de Niceto Alcalá Zamora, presidente de la República, Fernando de los Ríos, ministro de Instrucción Pública, y Pedro Rico, alcalde de la capital, se inaugura el Grupo Escolar Rosario de Acuña, establecido en la calle de España, en el distrito de La Latina, que inicia su andadura con siete unidades: cuatro de niños y tres de niñas.

Al fin. Parece que en esta España, a la que tanto quería, hay gentes que no están dispuestas a consentir que el silencio entierre su testimonio. Regina se vuelca en cuanto tenga que ver con aquel colegio: participa en los actos previos a la inauguración y pone en marcha el Patronato Rosario de Acuña (⇑), que nace con el objetivo de enriquecer la actividad del centro escolar, programando conferencias para las madres, los padres y los alumnos de las clases de adultos, organizando actividades para los escolares en fechas señaladas o apoyando el funcionamiento del dispensario infantil. Todo para enaltecer a la mujer que daba nombre al colegio, una mujer por la cual sentía una gran admiración, como bien se puede deducir leyendo algunas de las cosas que por entonces escribe sobre ella:

Rosario de Acuña encarnaba el anticlericalismo, la heterodoxia científica, la épica lucha liberal de la España racionalista frente al reaccionarismo furibundo, sanguinario, cruel, impío, con la máxima impiedad que entraña hablar en nombre de Cristo –cantor de la fraternidad universal–, persiguiendo sañudamente a los practicantes de esa fraternidad cuando no va controlada por obispos, curas y monaguillos. Rosario de Acuña era la protesta viva, la llama de las hogueras de la Inquisición española –la más cruel y sanguinaria– hecha verbo, centella, látigo flagelador de escribas y fariseos católicos apostólicos romanos.
Eso era ella. Yo, ¿quién soy yo? Una mujer que la amó mucho, a quien su padre enseñó a admirarla a ella como un ente semidivino, traído a la vida de la Humanidad para guiarla entre escorias, hacia el camino del Bien, de la Justicia, del Amor.

Por esas fechas Regina se involucra en un nuevo proyecto editorial que tendrá a los niños por principales destinatarios, pues la publicación tiene el confesado objetivo de convertir los textos elegidos en material de lectura y reflexión para los escolares españoles. En 1933 ve la luz Rosario de Acuña en la escuela, en cuyas páginas los artículos, diálogos teatrales, cuentos o poesías de la escritora, fallecida diez años atrás, comparten espacio con las opiniones que algunos de sus contemporáneos habían pronunciado elogiando su vida y obra, la mayoría de las cuales ya habían aparecido en el folleto editado por el Ayuntamiento de Madrid al inaugurarse el grupo escolar que lleva su nombre. Reunir aquellos textos no le resultó nada fácil,  a juzgar por lo que cuenta en el Pórtico de la obra:

Siemprevivas y laureles acumulados flor a flor, rama a rama, en acarreo tenacísimo, por voluntad voluntariamente sostenida contra viento y marea. Contra propios y extraños.  Despreciando calumnias e insidias, que trataban de presentar mi propósito como maniobra de lucro personal. Con lágrimas, y sonrisas de dolor y desprecio, las regué y mantuve erguidas, laureles y siemprevivas con que fabricar el pórtico a estas obras de Rosario de Acuña, que ahora veré publicadas, como un sueño realizado a tanta costa…

A pesar de las dificultades encontradas, se muestra decidida a completar la tarea, a cumplir el encargo testamentario de su guía, amiga y tía, aunque lo haga de aquella manera, aunque sus obras no estén ordenadas por fechas, aunque su destino sean las escuelas. Claro está que para lograr su objetivo necesita de unos dineros de los que no dispone, y para conseguirlos llama a unas puertas y a otras. También a las del Ayuntamiento de Gijón, a cuyos regidores dirige un escrito dando cuenta de la publicación de aquel libro destinado a los colegios de primera enseñanza: «y teniendo en cuenta los muchos años que aquí residió voluntariamente dicha señora y las muchas simpatías con que en Gijón cuenta, vea el Ayuntamiento el número de ejemplares que desea adquirir para los escolares gijoneses». Pues bien, trasladada la propuesta a la Comisión de Instrucción Pública, y siendo su dictamen contrario a la adquisición, la Corporación desestima comprar ejemplar alguno, por muy vecina y muy ilustre que hubiera sido la autora de aquellos escritos.

El proyecto Rosario de Acuña en la escuela queda truncado: el volumen que se había publicado como «Tomo I», se convierte en «tomo único», pues no tiene la prevista continuidad, quedando así la iniciativa frustrada. A pesar de los reveses, debió de seguir porfiando en su intento de dar a conocer las obras de la ilustre escritora, pues es probable que tuviera algo que ver en la nueva edición de El padre Juan que se realiza en el año 1938: en la ciudad de Valencia, con un prólogo de Regina (⇑),  la editorial Guerri, que por entonces firma sus volúmenes con el añadido «colectivizada», publica la que para algunos es su obra más emblemática. Seguro que no habría sido su último intento para cumplir la voluntad testamentaria de su amiga, pero las feroces fauces de la guerra  –y de la posguerra– se llevaron sus propósitos a la región de lo imposible.

«... y encargo a don Luis París y Zejín que ayude a ordenar, coleccionar, corregir y publicar (poniéndole prólogo a la colección) a don Carlos Lamo y Giménez todas mis obras literarias...». Ni uno ni el otro. Ninguno de los dos.



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19 diciembre

202. Mujeres míticas


Ilustración incluida en la Agenda 2020 Mujeres míticas de Gijón/Xixón
Un buen día, consultando Asturias en el resurgimiento español (Apuntes históricos y biográficos) de Antonio López Oliveros, me detuve a analizar el índice onomástico que se incluía en aquella edición. Allí encontré más de quinientos nombres de personajes que, según el autor, tuvieron algún tipo de protagonismo en los sucesos que relata. Pues bien, entre esos cientos de referencias tan solo aparecen citadas tres mujeres. Ellas son: Veneranda García Manzano, maestra, escritora y política, diputada por Asturias en la legislatura de 1933-1935; Matilde de la Torre Gutiérrez, de Cabezón de la Sal, folklorista, intelectual y política que fue diputada por Asturias en la legislatura de 1933-1935; y Rosario de Acuña. El hecho, además de sorprendente, resultaba muy significativo, tanto por la cualificación del autor como por la trascendencia de la obra. A Antonio L. Oliveros se le puede considerar un testigo excepcional de la época que describe, pues ocupó la dirección del periódico El Noroeste desde 1917 hasta 1934, años en los cuales el rotativo gijonés desempeñó una notable influencia en la sociedad asturiana. Su libro, editado en 1935, pretende recoger los hechos más significativos de la vida regional sucedidos entre 1898 y 1934: el dinamismo de los indianos, el desarrollo del movimiento obrero, la huelga general de 1917, la revolución de 1934… Pues bien, de su lectura se deduce que quienes protagonizaron este periodo de gran significación en la vida de la región fueron los hombres, con esos centenares a la cabeza. ¿Qué hacían las mujeres mientras tanto? ¿Dónde estaban? Esas preguntas fueron el detonante de Mujeres de Gijón (1898-1941), donde intento darles adecuada respuesta.

Imagen de la portada del libro Mujeres de Gijón (1898-1941)
Hombres eran los que dirigían la política, las empresas, las organizaciones obreras, los periódicos… Hombres los que se manifestaban, los que se ponían en huelga, los que acudían a asambleas, los que se agrupaban… Hombres los de la Extensión Universitaria, los del Ateneo, los de los casinos, los de los clubes deportivos… Ante esa evidencia, ante la constatación de la ausencia de mujeres en las crónicas de un periodo de gran interés en la historia regional y, especialmente, en la gijonesa, no pude menos de preguntarme ¿qué hacían las mujeres mientras tanto?, ¿dónde estaban? La búsqueda de respuestas a esas preguntas me ocupó varios meses en los que me vi obligado a ajustar la lente con la cual miramos el mundo. Con paciencia y enfoque adecuado las busqué en las fábricas, en las calles, en los bailes, en las casas… Al final, ¡cómo no!, las encontré. Allí estaban: en la Gota de Leche, en la Pescadería, en La Algodonera, en el matadero, cogiendo agua en La Pipa, manifestándose por las calles, en el Ateneo Obrero, en la playa, en las trincheras, en el Ayuntamiento, en la cárcel de El Coto, en la Escuela de Comercio, en el Sindicato de la Aguja, ante los tribunales, en la Fábrica de Tabaco, jugando a jóquey, en las Agrupaciones de Mujeres Antifascistas, en el teatro Dindurra, atendiendo la Cocina Económica, descargando pescado, en los conventos, en la Fábrica de Vidrios, huyendo de la guerra… Ahí están por centenares, con nombre y apellidos.

Estaban ahí. ¡Claro que estaban ahí! Solo era preciso buscarlas en el sitio adecuado y, una vez encontradas, darles la visibilidad adecuada. Eso es lo que ha venido haciendo en los últimos años el Servicio de Políticas de Igualdad del Ayuntamiento de Gijón, que por estas fechas publica una agenda que tiene por únicas protagonistas a las mujeres. La de 2020 lleva por título Mujeres míticas de Gijón/Xixón y sus protagonistas  son –según escribe Ana González Rodríguez, alcaldesa de la ciudad– destacadas mujeres «que forman parte de nuestra cultura, de nuestra memoria colectiva, de nuestra idiosincrasia». Al lado de Rosario de Acuña, a quien se le dedica el mes de marzo, aparecen Xosefa Jovellanos, Les Cigarreres (las obreras de la fábrica de tabacos de Cimavilla), Esmeralda Maseda (la primera concejala del Ayuntamiento) o las mujeres dedicadas a los tradicionales oficios de la mar (las pescaderas ambulantes y con puesto fijo, rederas, conserveras).

«Recordamos con admiración su trabajo, sus reivindicaciones laborales, políticas y sociales, su obra artística y literaria. Su memoria se perpetúa desde el cariño, la admiración y el reconocimiento, manteniendo vivo su pensamiento feminista que ha contribuido a hacer de Gijón/Xixón la ciudad que hoy es».

Portada de la Agenda 2020 Mujeres míticas de Gijón/Xixón
Tanto la inclusión de nuestra protagonista en la agenda como las palabras de la alcaldesa, dan pie a pensar que algo parece haber cambiado en el Ayuntamiento con respecto a la figura de Rosario de Acuña. Tras varios años de atonía, me enrolé en la lista de quienes confiaban en que la llegada de una nueva corporación municipal podría restablecer el respaldo que, tiempo atrás y desde la Plaza Mayor, se había prestado a todo cuanto tuviera que ver con la recuperación de su testimonio vital. Así lo manifesté en el escrito «Cuatro años por delante» (⇑), publicado en la edición gijonesa del diario La Nueva España el pasado 2 de julio, con la mirada puesta en 2023, año en el que se cumplirá el centenario de la muerte de esta ilustre gijonesa.

Aunque ya han pasado unos meses desde entonces, aún se está a tiempo para hacer reconocible ese paseo que lleva su nombre y que, como se escribe en la agenda, «recuerda su paso por el Cervigón» (aunque casi nadie sepa que camina por él, pues nada hay que así lo informe); aún se está a tiempo de darle un aprovechamiento apropiado a la que fuera su casa. Lograrlo sería una magnífica manera de afrontar el reto del centenario: una oportunidad para dar visibilidad a esta mujer excepcional, «gran defensora de los derechos sociales y la emancipación de las mujeres». Confío en que Mujeres míticas, la agenda para el año 2020, sea un indicio de que, efectivamente, el Ayuntamiento de Gijón va a involucrarse en la organización del centenario de la muerte de una de sus vecinas más ilustres. Al fin y al cabo, toda caminata, por larga y exigente que sea, empieza siempre por un primer paso.




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Rosario de Acuña y Villanueva. VIDA y OBRA (⇑)

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07 julio

193. Cuatro años por delante. El reto del centenario


La sede del Ayuntamiento gijonés a principios del siglo XX
El pasado sábado día 15 se constituyó el Ayuntamiento de Gijón: dieciséis concejalas y once concejales que, a buen seguro, llegan al salón de plenos con el decidido propósito de dar cumplida respuesta a los retos que el concejo tiene planteados, de satisfacer las demandas de la ciudadanía. Aunque doy por hecho que acuden con una mochila repleta de ideas, de ilusionantes proyectos, que intentarán llevar a buen término a lo largo de los cuatro años de mandato que tienen por delante, voy a atreverme a plantearles uno más, con la esperanza de que tengan a bien tomarlo en consideración.

Resulta que en 2023, coincidiendo con el final del mandato de este renovado consistorio, se cumplirá el centenario de la muerte de Rosario de Acuña y Villanueva, una madrileña que en Gijón quiso vivir los últimos años de su vida, cumpliendo así un deseo que abrigaba desde que visitó la ciudad por primera vez, cuando tan solo contaba quince años de edad: «Hace muchos años, casi desde mi niñez, fue mi sueño rosado vivir y morir en esta Asturias, a la que conozco palmo a palmo, pues que la recorrí a caballo y a pie durante varios años…». En El Cervigón construyó su última morada y en el cementerio civil de El Sucu descansan sus restos desde el día aquel, una tarde gris y lluviosa del primer domingo del mes de mayo de 1923, en el cual una muchedumbre silenciosa acompañara su humilde féretro hasta una sencilla tumba, con sus iniciales grabadas por única distinción.

Cuando en 1908 llega a la ciudad esta ejemplar gijonesa (¿podemos acaso negarle tal condición a quien, no siéndolo por los azares del nacimiento, lo es por voluntaria decisión?), ya era bien conocida en el solar patrio por su largo batallar en defensa de la libertad de conciencia y en apoyo de los más desfavorecidos. Nacida en confortable cuna y convertida en reputada escritora (desde que, con tan solo veinticinco año y tras el exitoso estreno de Rienzi el tribuno (⇑), su primera obra dramática, alcanzara el aplauso del público y el reconocimiento de la crítica), decidió abandonar su cómoda situación para adentrarse en la otra orilla, allí donde se encuentran quienes, enfrentándose al omnímodo poder de la jerarquía religiosa, del pensamiento único, se afanan en cizallar las cadenas de oscuridad que aprisionan al pueblo español. Admira su lucha, su tenacidad, pero cree que nada podrán hacer sin contar con las mujeres. El hombre, por temor a considerarla su igual, ha preferido mantenerla en la ignorancia y ahora se encuentra con que su compañera se ha convertido en un dócil instrumento al servicio del púlpito y del confesionario. Combatan ustedes leyes, combatan ustedes a los prelados y a los gobiernos que se oponen al progreso de la libertad, que «yo me contentaré con combatir a los enemigos, sean los que fueren, del hogar, de la virtud femenina, de la ilustración de la mujer, de la dignificación de la compañera del hombre». Y vaya si lo hizo.

A punto de llegar a los sesenta, cansada ya de batallar, creyó hallar en los acantilados de El Cervigón la tranquilidad que andaba buscando. Se equivocó. Bien puede decirse que en esta última etapa, su compromiso social fue aún más intenso y evidente. Nada de lo que pasa a su alrededor le es indiferente y no puede menos que prestar todo su apoyo a quien más lo necesita: los presos, las mujeres agredidas, los niños sin futuro, los trabajadores, los pescadores abandonados a su suerte, los soldados que combaten en las trincheras africanas o europeas... Enterada de la agresión a la que fue sometida una universitaria en la madrileña Universidad Central, toma la pluma para condenar con toda la dureza de la que es capaz aquella tropelía. Su escrito de repulsa (⇑) desató las iras de los universitarios, que no tardaron en ponerse en huelga, y que fueron intensificando sus protestas en las calles, hasta que consiguieron que la Fiscalía interpusiese una querella contra la escritora y se dictase una orden de búsqueda y captura contra ella, que bien hubiera dado con sus cansados huesos en la cárcel, de no haber huido a la vecina tierra portuguesa.

Tras dos largos años en Portugal (⇑), regresa a la casa de El Cervigón más desilusionada, más cansada y con una merma importante en sus ya reducidos ahorros. Sus únicos ingresos son los de su pensión de viudedad: poco más de noventa pesetas mensuales («Unas sayas de algodón barato; un amplio delantal de tela gruesa propio para las faenas domésticas y campestres de una finca rural y un pañuelo de punto, anudado sobre mis canas, completan mi pelaje… »). Quien tiempo atrás formó parte de lo que ella calificó como «alta burguesía», se encuentra ahora tan próxima a las personas desheredadas, a quienes sufren y padecen, que bien pudiera decirse que se siente una más entre ellas, con las mismas estrecheces, con esperanzas similares. Tan próxima está, tan próxima la ven, que en 1917 los responsables de Gobernación, acuciados por las noticias de una inminente convocatoria de huelga general, ordenan el registro de su vivienda, y lo hacen en dos ocasiones diferentes, convencidos de que en algún lugar de la finca habrán de encontrar los pasquines que se estaban repartiendo en las fábricas, las proclamas revolucionarias.

«No hay espectáculo más soberanamente hermoso, que ver a los hijos del pueblo ansiosos de ilustrarse, de elevarse…» Hasta su hipotecada vivienda del acantilado solían acercarse los representantes de las organizaciones obreras locales quienes, desde que regresara del exilio, tenían por costumbre realizar una gira hasta El Cervigón para compartir con ella la festividad del Primero de Mayo. No olvidan su larga lucha por la libertad, su continuo batallar contra las injusticias, su tenaz apoyo a quienes sufren la marginación y la pobreza. La última visita tuvo lugar el martes 1 de mayo de 1923. Cuatro días después, una embolia cerebral acabó con la vida de su anfitriona, mientras trajinaba por la casa realizando tareas domésticas. El día de su entierro fueron numerosas las personas que allí se congregaron para manifestar su admiración y respeto por quien fuera su ilustre convecina. Cuenta el cronista que «el cadáver, encerrado en un modesto féretro, con arreglo a las disposiciones testamentarias, fue sacado a hombros de obreros, que se disputaban este honroso tributo», y que «a pesar de la lluvia pertinaz y de todos los inconvenientes que ofrecía el tiempo, en extremo desapacible, el pueblo siguió hasta el cementerio el cadáver de doña Rosario que fue conducido a hombros», a lo largo de los varios kilómetros que separan su casa del cementerio civil.

Sirvan los párrafos anteriores como escueto resumen de su valioso testimonio vital (quienes quieran conocerlo con mayor profundidad pueden consultar la edición de las Obras reunidas (⇑), alguno de los libros que he escrito sobre ella o la página Rosario de Acuña y Villanueva. Vida y obra (⇑), que desde hace diez años mantengo actualizada). Su recuerdo, sepultado durante décadas por la desmemoria, empezó a recuperarse a finales de los sesenta gracias al trabajo de Patricio Adúriz, Luciano Castañón o Amaro del Rosal. Aunque aún era mucho lo que se desconocía, el eco difuso de algunos de los hechos que aquí se han recordado fue razón suficiente para que, poco a poco, floreciera en la ciudad un halo de simpatía hacia su figura, especialmente entre las mujeres. A ellas se debe en gran medida que una asociación de viudas de la República, un coro femenino, un instituto (⇑) o una escuela feminista lleven su nombre.

Señoras concejalas, señores concejales, esta es la mujer de cuya muerte se cumplirán cien años en 2023. Su valioso testimonio vital forma parte ya del patrimonio colectivo, del patrimonio de la ciudad, y este centenario puede ser ocasión propicia para darle una mayor visibilidad. Sería deseable que la corporación municipal que ustedes integran tome la iniciativa en este asunto y prepare como se merece el importante evento que el calendario ha puesto en sus manos. Sería una buena forma de recuperar el protagonismo que en este tema tuvo el Ayuntamiento de Gijón tiempo atrás. A finales de los ochenta compró la que había sido su casa en, unos años más tarde tomó el acuerdo de denominar «paseo Rosario de Acuña» al tramo que va del sanatorio Marítimo a la carretera de la Providencia: se notaba entonces cierta sensibilidad hacia la figura de esta ilustre vecina. En los últimos años parece que la desmemoria ha vuelto a hacer de las suyas. Así, mientras su nombre recupera protagonismo en otros lugares (en 2015 un centro municipal en Pinto (⇑); hace unos meses, otro en Madrid (⇑) , en el mismo edificio en el que estuviera ubicado el colegio con su nombre que fue inaugurado por el presidente de la República el 11 de febrero de 1933; hace tan solo unas semanas recuperó su espacio en el callejero de Tarrasa (⇑)…), aquí, en la ciudad en la que ella quiso permanecer para siempre, parece desvanecerse el impulso de otro tiempo. Para ejemplo, ahí tenemos su calle y su casa. Pocas son las personas que hoy conocen la existencia de tal paseo, pues no habiendo ningún cartel, ninguna placa que así lo informe, la mayoría camina por él sin saberlo. En cuanto a la que fuera su vivienda en El Cervigón, ya di cuenta, en un escrito publicado hace unos meses en el diario La Nueva España, de su preocupante retorno al olvido (⇑). La casa, que fue comprada por el Ayuntamiento en los años ochenta, que quiso ser un albergue juvenil y terminó siendo la sede de una escuela taller, se ha convertido en un edificio que lleva tiempo, demasiado tiempo, sin uso conocido. Para evitar que siguiera siendo un edificio entregado a los avatares del tiempo, un punto que se divisa en el litoral, un mojón de referencia, un topónimo más en la costa gijonesa, me atreví a plantear una propuesta en el escrito: que se convirtiese en una casa museo, un lugar en el cual, además de dar a conocer su valioso testimonio vital, se ubicara un centro de documentación del movimiento obrero y/o del movimiento feminista, tan cercanos ambos al discurrir de sus días.

La Nueva España, Gijón, 2-7-2019

Hacer reconocible el paseo Rosario de Acuña, darle un aprovechamiento apropiado a la que fuera su casa, constituirían una magnífica manera de afrontar el centenario de la muerte de una ilustre gijonesa, dramaturga, feminista, montañera, poeta, republicana, regeneracionista, librepensadora, avicultora, articulista, exiliada, iberista, puritana, filo-socialista, productora teatral, autodidacta, deísta, masona, publicista, melómana… empecinada luchadora por la libertad de conciencia, incansable defensora de quienes sufren la injusticia y la marginación. Tan intensa fue su etapa gijonesa, tan fuerte fue la huella que aquí dejó, que la pesada losa del olvido con la que se pretendió ocultar cualquier rastro de su presencia no fue capaz de extinguir su recuerdo. Ahora que, gracias al esfuerzo colectivo, hemos conseguido recuperar su memoria no creo que la ciudadanía gijonesa, al menos una parte de ella, acepte de buena gana que volviera a caer en el olvido (a las intervenciones de algunas de las presentes en la charla (⇑) que pronuncié el pasado seis de mayo en el Club La Nueva España me remito).

Señoras concejalas, señores concejales, dentro de cuatro años se cumplirá el centenario de la muerte de esta portentosa mujer que quiso vivir y morir en Gijón. En sus manos está recuperar el protagonismo perdido en los últimos tiempos, en sus manos está la posibilidad de contribuir a dar la mayor visibilidad posible a su valioso testimonio vital, en sus manos está aprovechar esta oportunidad que se presenta ante ustedes. Ciertamente, el centenario de la muerte de Rosario de Acuña constituye todo un reto para las dieciséis concejalas y los once concejales que desde el pasado sábado día 15 integran el Ayuntamiento de Gijón. 

 

La Nueva España, edición de Gijón, 2-7-2019





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Rosario de Acuña y Villanueva. VIDA y OBRA (⇑)

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