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12 marzo

102. ¿Qué opina de Pablo Iglesias?



Me preguntan ustedes cuál es mi opinión respecto a Pablo Iglesias. Pues la de que es uno de los pocos españoles por los cuales no se siente absoluta vergüenza de llamarse español...

A pesar de no considerarse socialista en sentido estricto, a pesar de que «no rinde la integridad de su razón a nadie ni a nada», sí que ha confesado ansiar «la hora solemne en que a las cumbres suban los miserables y bajen a las honduras los ensoberbecidos»; también su simpatía por algunos dirigentes socialistas.  La sintonía con algunos de ellos viene de atrás, al menos desde los primeros años del siglo XX, cuando residía en Cantabria. Por entonces colabora con el primer periódico socialista que se editaba en Santander, el semanario La Voz del Pueblo que dirigía  el asturiano Isidoro Rodríguez González (conocido como Isidoro Acevedo), quien, según él mismo nos ha contado «requería el concurso de su pluma –y en alguna ocasión el de su palabra hablada– para asociarla a determinadas tareas de nuestra obra colectiva». Esta colaboración proseguirá en Asturias, cuando doña Rosario traslade su residencia a Gijón y Rodríguez Acevedo reciba el encargo de dirigir el semanario ovetense La Aurora Social.

A la vieja amistad que le une a Isidoro Acevedo, hay que añadir la de Teodomiro Menéndez (⇑) a quien apoya públicamente en la campaña electoral de 1919, o la de Virginia González, dirigente nacional con quien coincide en algunos mítines celebrados en Asturias y a quien rinde homenaje en las páginas de El Socialista con ocasión del Primero de Mayo de 1920 (⇑)... No hay que olvidar tampoco que en 1917 doña Rosario afirma  que solo lee El Socialista y algunos periódicos portugueses, ni que, desde que retornara a Gijón tras el exilio portugués, su figura adquiere cierto protagonismo en las celebraciones del Primero de Mayo gracias a la iniciativa de las Juventudes Socialistas de invitarla en 1914 a los actos que organizan ese día.

Fotografía de Pablo Iglesias publicada en la portada de Acción Socialista, 26-12-1915
Pablo Iglesias
Acción Socialista, 26-12-1915

Poco antes, el 21 de marzo, se publica en Madrid el primer número de  Acción Socialista, «revista semanal ilustrada», órgano del grupo de igual nombre constituido por militantes pertenecientes a las Juventudes Socialistas Madrileñas. Dirigida por Andrés Saborit, sus páginas acogerán artículos de carácter doctrinal junto a otros de actualidad. En el número 81, de tres de octubre de 1915, modifica su cabecera para añadir la leyenda «literatura, cuentos, poesías, estudios sociales y científicos, etc.». Será entonces cuando en sus páginas aparezca la firma de Rosario de Acuña junto a las de Pablo Iglesias, Jaime Vera, Daniel Anguiano o el propio Saborit. Ese mismo mes de octubre se publica en portada su soneto «¡Por saturación...!» (⇑) y unas semanas después un artículo titulado «Los deportes del porvenir» (⇑).

Para contrarrestar «la cobarde calumnia lanzada misteriosamente por [el semanario] El Dominó Negro» la revista lleva a cabo una encuesta entre diversas personalidades a quienes  proponen responder a la siguiente pregunta: ¿Qué opina usted de Pablo Iglesias?

Las respuestas se publican en el número que sale a la calle el día 26. Allí están las opiniones de Gabriel Alomar, Joaquín Dicenta, José Ortega y Gasset, Américo Castro, Miguel de Unamuno, Antonio Zozaya, Gumersindo de Azcárate... He aquí la que envió Rosario de Acuña y que está fechada en Gijón el 15 de diciembre:

Me preguntan ustedes cuál es mi opinión respecto a Pablo Iglesias. Pues la de que es uno de los pocos españoles por los cuales no se siente absoluta vergüenza de llamarse español.

Si la burguesía patria, esa masa amorfa de la que apenas sale ya otra cosa que zoquetes deformes: unos, para ser molinillos en el remate de la perinola de la pedantería, y otros, para chapotear en el fangal de todas las bribonadas. Si esa burguesía contase siquiera con un millar de hombres de la hombría de bien, seriedad, firmeza de convicción, constancia en el ideal y voluntad activa y seguida para la propaganda, podría decirse que había clase media en España, y no una inmensa manada de atortolados, que berrean, mirando a dos polos: el de la vanidad o el de la gamella. 

Pablo Iglesias, como otra escasísima porción de hombres de España –unos muertos ya y olvidados, y otros vivos aún, pero olvidados también– representará en la historia de nuestros últimos días la sagrada hueste que quiso –y vivió y trabajó para lograrlo– rehacer en lo posible la personalidad recia, honrada, valiente, sensata y digna que tuvimos... (y perdimos, creo que para siempre) los españoles.

Y no hagan caso de esos pasquines y libelos que pululan por la corte. En un ambiente en que la justicia anda a trompicones, siempre haciendo zalemas al mando y cortesías al éxito; en un país tan completamente disgregado en bandos, banditos y bandidajes de todas castas y colores, las escorias humanas borbotean en las superficies y salpican, sin ton ni son, unas veces a unos y otras a otros... Mas en los crisoles queda siempre el oro puro y brillante. ¡Si fuéramos a entretenernos en quitarnos salpicaduras, ya teníamos trabajo para toda la vida! Bien está una sacudida de cuando en cuando, pero sin más trascendencia. A Pablo Iglesias no podría mancharle ya ni aun una apostasía: su obra de cuarenta años le asegura la inmortalidad, sin pasquines y aun sin defensores. 




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Rosario de Acuña y Villanueva. VIDA y OBRA (⇑)

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11 agosto

11. El último adiós de El Socialista


«No soy socialista en el sentido dogmático y científico de la palabra», escribió en cierta ocasión, en una carta (⇑) fechada en el verano de 1915 y dirigida al presidente de la Agrupación Socialista Gijonesa. Aunque, ciertamente,  y que  rechazara pertenecer a cualquiera de los «ismos» que componían el grupo de los «verdaderos liberales» (ya fueran republicanos, socialistas, anarquistas o, más tarde, comunistas), bien puede decirse que Rosario de Acuña y Villanueva –al menos en los últimos años de su vida– mantuvo relaciones cordiales en los círculos socialistas. No faltan ejemplos que así lo parecen indicar. A la vieja amistad que le une a Isidoro Acevedo, nacida en los años en que ambos residían en Santander, hay que añadir la de Teodomiro Menéndez (⇑) a quien apoya públicamente en la campaña electoral de 1919, o la de Virginia González, dirigente nacional que coincide con ella en algunos mítines celebrados en Asturias (⇑)... No hay que olvidar tampoco que doña Rosario afirma en 1917 que solo lee El Socialista y algunos periódicos portugueses, ni que su figura adquiere cierto protagonismo en las celebraciones del Primero de Mayo desde que retornara a Gijón tras el exilio portugués, gracias a la iniciativa de las Juventudes Socialistas de invitarla en 1914 a los actos que organizan ese día, y que más tarde proseguirán las sociedades obreras acudiendo hasta El Cervigón para rendirle su homenaje.

Fragmento de la primera página de El Socialista, 8-5-1923

Precisamente el Primero de Mayo de 1923 tuvo lugar la última de estas visitas, pues la homenajeada fallecía cuatro días después. Pues bien,  El Socialista se despidió de la ilustre librepensadora con una necrológica publicada el 8 de mayo y con un artículo firmado en León por Manuel Tejedor que lleva por título «La solitaria de El Cervigón» (⇑) y que apareció en sus páginas el día 19.

La necrológica decía así:

 A la avanzada edad de setenta y dos años ha fallecido en su apartado retiro de Gijón la notabilísima escritora e incansable paladín de los ideales democráticos y de libertad de conciencia doña Rosario de Acuña.

Cultivó con fortuna diversos géneros literarios, alcanzando éxitos resonantes con el estreno de algunas obras dramáticas de marcado carácter anticlerical.

Como periodista, publicó numerosos trabajos, en los que campea la brillantez de su estilo vigoroso y una sólida cultura, que acreditaba lo profundo y constante de sus estudios.

Fragmento de la necrológica publicada en El SocialistaReaccionando briosamente contra la gazmoñería dominante en la educación de las mujeres, supo mantener siempre la pureza de sus convicciones racionalistas, a las cuales ha sido fiel hasta en sus últimos momentos, disponiendo que su entierro fuera civil, como se ha celebrado, concurriendo gran número de trabajadores, entre los cuales contaba con merecidas simpatías.

Su fina sensibilidad de mujer y de ciudadana se expresó últimamente en una inflamada protesta contra la guerra de Marruecos, redactando un sentidísimo manifiesto a las madres españolas que recogimos íntegramente en las columnas de EL SOCIALISTA.  [Se refiere al primero de los tres artículos  que con el título «¡Justicia!... ¡Justicia!... ¡Justicia!» (⇑) fue publicado por  El Noroeste el 7 de diciembre de 1922 y que apareció posteriormente en la edición de  El Socialista correspondiente al  21 del mismo mes].

Rendidamente tributamos a Rosario de Acuña el efusivo homenaje de nuestra admiración por su vida ejemplar y la obra de cultura que realizó entre los trabajadores

Para completar el homenaje que le dispensa el diario de los socialistas, dos días después publica en su primera página un cuento suyo, titulado El baratero (⇑), que había escrito en el verano de 1917, aquel en el que, de nuevo, estuvo en el punto de mira de unas autoridades que no dejaban de sospechar de ella, a pesar de su edad, por las buenas relaciones que la escritora mantenía con socialistas, reformistas y anarquistas en vísperas de la huelga general que por entonces se estaba preparando.




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Rosario de Acuña y Villanueva. VIDA y OBRA (⇑)

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