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23 abril

108. Cervantes: ¡¡Yo te saludo!!


Extraño resulta que una admiradora confesa de Miguel de Cervantes no hubiera dado a la imprenta detalle alguno de tal sentimiento. Ni siquiera en aquel tiempo en el cual –joven escritora, poeta que no poetisa– prodigaba laureles de admiración a los integrantes del parnaso nacional. Si en 1875 imitaba a Espronceda en El canto del poeta (⇑) y con unos pocos años más a sus espaldas glorificaba a Calderón (Pasan los siglos, pasan las edades... ⇑), Bécquer (Ya eres polvo, ya nada de lo que eras... ⇑) o a Echegaray, (Como el cóndor en la región serena... ⇑), nada encontrábamos que hubiera sido escrito para alabanza y gloria de don Miguel. A nuestro alcance sí que teníamos alguna pequeña muestra de su honda admiración, como aquel comentario en el que define al Quijote como  «evangelio de purezas y enseñanzas», en la carta que remite a Baldomero Villegas (⇑) con ocasión de la celebración del III centenario de la muerte de su autor, hace de esto cien años.

Uno de los grabados que sugieren la supuesta fisonomía de Cervantes

Sabiendo de su pasión por la lectura, conociendo por sus palabras que los suyos la habían alentado desde la más tierna infancia, ¿a qué dudar que tuviera a su alcance alguna edición del Quijote? Quizás en su niñez su padre le leyera algunos fragmentos cuando sus ojos no podían hacerlo por sí mismos; quizás imaginara las aventuras del simpar caballero en las páginas de El Quijote de los niños, publicado en 1861, cuando ella aún no había cumplido los once años. Tal vez allí viera el retrato de Cervantes realizado por Daniel Urrabieta, que acompaña estas líneas. Quizás, años después, mudara aquella imagen por la que ella misma moldeara al leer la descripción que de sí mismo realiza don Miguel en el prólogo de sus Novelas ejemplares («Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva...»). Muchos «quizás», algún «tal vez»... suposiciones todas. Hora es que aportemos alguna certeza, algún testimonio escrito.

 
En 1905 se publicó el libro La casa de Cervantes en Valladolid, obra de Fidel Pérez Mínguez, en cuyas páginas se dan a conocer diversas circunstancias relacionadas con la vivienda vallisoletana que ocupó Miguel de Cervantes en los inicios del siglo XVII. Relata los pormenores de la creación en 1875 de una sociedad artística y literaria que tenía por objeto dar mayor realce a la histórica casa, sin descuidar el papel de conservación que había venido realizando hasta entonces una junta conservadora en la que figuraban diversos miembros de la familia propietaria. También de la apertura el día 23 de abril de ese mismo año de un álbum dedicado al autor del Quijote, «en cuyas páginas habrían de estampar cuantos visitasen la histórica casa, el pensamiento que les sugiriese la vista de la humilde morada». Y entre los textos recogidos se encuentra el de doña Rosario de Acuña:

«¡Gloria a tu nombre, ilustre mártir de la inteligencia! Tu corona de espinas la has trocado por la inmortal de la gloria. Bendita la Justicia Eterna, que graba en la historia del mundo el nombre de los genios. ¡¡¡Yo te saludo!!!

Ahí está la certeza, el documento que prueba no sólo su admiración sino su visita a la que fuera la casa vallisoletana del genio. El único problema es que no figura la fecha. Aunque pudo tener lugar en cualquier momento, dada la cercanía de la ciudad vallisoletana, sabemos que en 1877 doña Rosario se desplazó de Zaragoza, donde residía con su marido, a Valladolid para dirigir los ensayos de su drama Rienzi el tribuno, cuya representación tiene lugar en el teatro de Calderón en los primeros días del mes de abril. 

Cuadra bien esa fecha de abril de 1877 con el evento que a continuación se refiere  y que también tiene a Miguel de Cervantes Saavedra como protagonista.  Resulta que para el día 23 de ese mes y de ese año, en Zaragoza, lugar de residencia por entonces de Rosario y Rafael, han organizado un homenaje al autor del Quijote y con tal motivo le piden unos versos a nuestra protagonista (¡Al fin!). El 23 de abril de 1877 se da lectura a la poesía titulada «A Cervantes», obra de doña Rosario de Acuña Villanueva, exitosa autora del drama Rienzi el tribuno. A la hora de elegir, la poeta se pone en situación, se ambienta en la época del genio, y opta por la quintilla, una estrofa muy utilizada en el teatro clásico del Siglo de Oro.

Me dijeron sin por qué,
que escribiese para ti,
por ser galante accedí,
mas luego que lo pensé,
juro que me arrepentí.

Que ni tú puedes hallar
 dignos de ti mis cantares,
ni yo te puedo cantar,
que no se debe pulsar
la lira con los pesares.

Y, ¡por Cristo!, que sin ver
 el puro azul de los cielos,
nadie llegase a creer,
ni pudiera florecer
la primavera entre hielos.

¿Qué ofrece tu vida, di?
¡El cáliz de la amargura
y algún placer baladí,
de esos que llaman aquí,
yo no sé por qué, ventura.

Después el triunfo en la historia
cual sólo a los genios cabe
de tu calvario a la gloria
subiste, cual sube el ave
hasta el sol desde la escoria.

¿Y yo te puedo seguir
a esa región infinita?
¿Puedo mis fuerzas medir
donde se empieza a vivir
en atmósfera bendita?

Inútil empeño el mío;
ni aun sintiendo mucho brío
conseguiría mi anhelo,
porque es muy grande el vacío
desde la tierra hasta el cielo.

Crúcelo cual torbellino
quien pueda, por el camino
del arte, seguir tu paso,
en tanto se hunde en ocaso
la estrella de mi destino.

Con los últimos fulgores
y entre sus campos mejores
te mando cuanto se encierra
de inspiración y de amores
en esta cárcel de tierra.

Y si llega la armonía
que hoy el Parnaso te envía
hasta ese cielo en que flotas,
¡Cervantes! entre sus notas
hay una del alma mía.


Quiso el afán, y también la casualidad (¡quien busca –y busca, y busca, y...– halla!), que el autor de estos comentarios diera con esta poesía titulada «A Cervantes» en un lugar próximo, y un tanto alejado de donde tuvieron lugar. Fue publicada en la edición correspondiente al 18 de mayo de 1877 del diario La Mañana, subtitulado «Diario político» y editado en León, en cuya biblioteca se conserva.

 
Quiso el afán, y también la casualidad, que, por fin, supiéramos la fecha exacta en la que Rosario de Acuña visitó la Casa de Cervantes en Valladolid: fue el ocho de abril de 1877, tal y como se recoge en la información publicada días después en El Norte de Castilla, y que coincide, como era de suponer, con su estancia en la capital castellana para asistir al estreno de Rienzi el tribuno en el teatro Calderón.




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Rosario de Acuña y Villanueva. VIDA y OBRA (⇑)

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26 diciembre

81. Quijote ortodoxo, Quijote heterodoxo



Dado lo mucho que se ha escrito sobre las actividades llevadas a cabo por la Inquisición a lo largo de su existencia, a nadie se le oculta que hubo momentos en los cuales el Tribunal del Santo Oficio ejerció un férreo control en los territorios de la Corona de Castilla y de la Corona de Aragón. Nada se escapaba al largo brazo del Inquisidor General, ni lo que se hacía, ni lo que se decía, ni –claro está–  lo que se pintaba o lo que se escribía.

Así las cosas hay quien piensa que hubo autores que utilizaron una especie de código secreto para burlar a los inquisidores, de manera tal que los objetos representados en un inocente bodegón no serían tales sino elementos de un mensaje cifrado o que en los pasajes de un libro caballeresco, publicado con el preceptivo nihil obstat de la prelatura, se escondían toda suerte de interpretaciones acerca de la católica España de los Austrias.

Imbuidos por esta idea, algunos creyeron ver en las páginas del Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha toda suerte de mensajes que don Miguel de Cervantes habría ocultado bajo el ropaje del simpar caballero. Noticias tenemos de que a lo largo del siglo XIX hubo quien se aplicó con afán a la tarea de descubrir la verdad del Quijote: Nicolás Díaz Benjumea, Benigno Pallol o Adolfo Saldías son algunos de ellos; también Baldomero Villegas, un cántabro, de Santoña, que se empleó a fondo en esta labor como lo demuestra la publicación de varias obras sobre este tema:
  1. Estudio tropológico sobre el D. Quijote de la Mancha del sin par Cervantes. Burgos: Imp. del Correo de Burgos, 1899.
  2. La revolución española. Estudio en que se descubre cuál y cómo fue el verdadero ingenio del Quijote y el pensamiento del simpar Cervantes. Madrid: Imp. de Fontanet, 1903.
  3. La cuestión social en el Quijote. Reto en tres cartas abiertas a D. Marcelino Menéndez y Pelayo. Madrid: Imprenta Moderna, 1904.
  4. Cervantes, luz del mundo. Enseñanzas cervantinas crítico-apologético-metafísicas (Discurso leído en el Ateneo de Madrid el 12 de abril de 1915). Madrid: Imp. de Fontanet, 1915.
En 1916 se conmemora el centenario de la muerte de Cervantes. No faltan publicaciones y homenajes; casi todos cuentan con el beneplácito oficial. Don Baldomero, insensible al desaliento, acude también a la cita y publica una nueva entrega de su peculiar visión de la obra del autor del Quijote: Catecismo de la doctrina cervantina: homenaje al genio. El Quijote ortodoxo y el Quijote heterodoxo.

Reseña de la obra «El catecismo de la doctrina cervantina»  publicada en El País el 8-8-1916

¿Qué posición ocuparía doña Rosario de Acuña, admiradora confesa de la genial obra cervantina (⇑), en este tema? He aquí la respuesta:

Ni una sola voz, ni incidentalmente siquiera, al menos en lo que yo he leído, se ha hecho mención en este Centenario, de sus primorosos, morales y racionales libros sobre ese evangelio de purezas y enseñanzas que se llama el Quijote. ¿Habrá míseros y ramplones en nuestra patria entre los que se llaman kultos? Y es tal mi indignación, que no puedo menos de tomar la pluma y dirigirme a usted haciendo que mi protesta le demuestre que no todos los españoles nos hemos vuelto ya cuadrumanos; a mucha honra tengo sostenerme en dos pies y dominando los instintos de la animalidad, casi enseñoreada de nuestros compatriotas…

Que conste mi protesta. Ínterin las faldas manejadas por delegados del Vaticano gobiernan a España, todos los que son como usted están sentenciados al ostracismo, cuando no al martirio. ¡Cuándo se librará la patria de esta pesadilla!

Es siempre su amiga
ROSARIO DE ACUÑA Y VILLANUEVA


Nota. Este comentario fue publicado originariamente en blog.educastur.es/rosariodeacunayvillanueva el 15-10-2010.




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Rosario de Acuña y Villanueva. VIDA y OBRA (⇑)

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