Mostrando entradas con la etiqueta Eduardo Varela. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Eduardo Varela. Mostrar todas las entradas

21 noviembre

298. Para los jóvenes socialistas de La Hueria


Hace unas semanas recibí del Centro Documental de la Memoria Histórica la copia de un ejemplar del semanario Vida Socialista que les había pedido hace ya un tiempo. Contaba con una referencia acerca de la publicación en sus páginas de un escrito de Rosario de Acuña y, aunque el periódico se puede consultar en otras bibliotecas, ese número sólo lo pude localizar en el CDMH. Sin duda, la espera mereció la pena.

En el texto del referido escrito –respuesta a una petición que le habían hecho llegar los responsables de las Juventudes Socialistas de la Hueria de San Andrés– encontramos una nueva evidencia de su cercanía al pueblo llano, a los más humildes, a los trabajadores, a los proletarios. Aunque no mucho antes hubiera escrito que «no es socialista en el sentido dogmático, ni científico de la palabra», la carta es prueba, una más, de que durante la última etapa de su vida, la que tiene por escenario su casa gijonesa, Rosario de Acuña se siente cerca de los desheredados, de los que sufren y padecen, de los que se retuercen ante las iniquidades de la sociedad. Así lo cuento en el apartado «Gijón: el compromiso social», incluido en Rosario de Acuña y Villanueva. Una heterodoxa en la España del Concordato (⇑)

El proceso de acercamiento progresivo a la clase trabajadora, iniciado en tierras cántabras, es ahora, tras su retorno del exilio, mucho más evidente. No es solo por justicia social; no se trata de que su conciencia de mujer criada en la abundancia burguesa necesite aproximarse a los desheredados de la tierra. No; es más bien una cuestión de esperanza. Lejos han quedado aquellos tiempos en que confiaba que la regeneración patria podía venir de la mano de unas mujeres ilustradas que, abandonando la enfermiza vida urbana e instaladas en sus nuevas residencias campestres darían a luz a una nueva sociedad ilustrada y racionalista. Su esperanza estaba ahora depositada en la clase trabajadora; anhelaba que los más concienciados pudieran guiar al resto por la senda del progreso. No podía menos que confiar en quienes eran capaces –hurtando horas al merecido descanso tras las largas jornadas de trabajo intenso–  de acudir a las clases nocturnas que organizaba el Casino-Obrero de Gijón en sus distintas sucursales: «No hay espectáculo más soberanamente hermoso, que ver a los hijos del pueblo ansiosos de ilustrarse»; no podía menos que confiar en los carreteros (⇑) que no dudaban en salir en defensa de quienes son injustamente tratadas por «esos hijos espurios, amamantados en los hogares de la clase burguesa española, todos ellos convertidos en beaterios, alcahuetes de vicios y crápulas...»; no podía menos que confiar en quienes se rebelan contra «el endiosamiento de unos pocos sobre la sumisión de muchos...»


Mineros de Minas Etelvinas, 1915 (Asociación Cultural de Amigos del Valle de La Hueria)
Mineros de Minas Etelvinas, 1915 (Asociación Cultural de Amigos del Valle de La Hueria) 

«¡Si no es por vosotros, proletarios, esto se acaba, se acaba!»: esa esperanza en la capacidad transformadora de la clase trabajadora será la que consiga sacarla del alejamiento y el silencio en los que se había refugiado tras el retorno de su obligada estancia en Portugal, donde tuvo que refugiarse para no ser procesada. Volvió más cansada y más pobre que cuando partió; también más decepcionada, tanto que bien pudiera pensarse que había tomado la decisión de abandonarlo todo y recluirse en la casa del acantilado: su firma desaparece de los periódicos y no consta que participe en ninguna reunión ni acto social. 

Tras unos meses de soledad, de retiro, parece ser que hay quien la echa en falta. La primera llamada que recibe procede de la Juventud Socialista de Gijón, cuyos integrantes se acuerdan de ella para los actos que organizan con motivo del Primero de Mayo de 1914. Inicialmente la invitan a participar en un té fraternal, más tarde tomaron la opción de «hacer el domingo inmediato a dicho día una visita a la venerable señora ya encanecida en las luchas por la causa de la libertad». 

Aunque el proyectado encuentro no se llevó a cabo entonces, pues doña Rosario se encontraba enferma y no puede recibirlos como ella hubiera querido, bien podemos pensar que esta iniciativa de los jóvenes socialistas gijoneses facilitó su recuperación, avivó de nuevo la esperanza: además de aquellos  universitarios, hijos de la burguesía, que ataviados con sombrero y corbata salieron a las calles para pedir su cabeza, también había otros que claman contra las injusticias, se empecinan en acabar con las «tremendas iniquidades sociales», se acuerdan de ella y la toman como ejemplo.

Unos meses después y a unas pocas decenas de kilómetros de donde ella vive, otros jóvenes deciden agruparse para constituir las Juventudes Socialistas de la Hueria de San Andrés, una localidad del concejo de San Martín del Rey Aurelio que contaba por entonces con varias minas abiertas para la explotación de carbón: el coto carbonífero denominado Etelvinas, propiedad de Duro y Compañía,  situado en el centro del fértil valle de Carrocera o el grupo denominado La Encarnada, de Gregorio Vigil Escalera y Compañía. 

Mineros de Minas Etelvinas, finales de los veinte (Asoc. Cultural de Amigos del Valle de La Hueria) 

De los cerca de quinientos mineros que, según informaciones de entonces, trabajan en la zona, unos pocos de entre los más jóvenes han decidido dar un paso al frente y agruparse para intentar contribuir al «mejoramiento moral y material de todos los explotados». De los integrantes de aquellos primeros comités de las Juventudes Socialistas de la Hueria conocemos algunos nombres. Sabemos de la ilusión y entusiasmo de Bernardo Villa y Amador Vicente (encargados  de las suscripciones a El Socialista), del secretario José Calleja o de Luis Montes, presidente de las Juventudes, de cuyas actividades proporcionaba cumplida información en la prensa socialista.  

Gracias a sus escritos conocemos algunos de los actos que organizan, bien sea para para propagar el ideario socialista o para estrechar lazos con las Juventudes y agrupaciones socialistas de otras localidades. En ocasiones, también organizan jiras campestres, actividad que permite tanto lo uno como lo otro, pues tras la caminata y la posterior comida fraternal no suele faltar el discurso de algún dirigente socialista.  

Además de las informaciones sobre las actividades que llevan a cabo sobre las tareas internas de la organización, Luis Montes también escribe acerca de los asuntos que preocupan a sus jóvenes correligionarios, como los accidentes en la mina, el mutualismo obrero, la desatención médica, el precio del pan o la conveniencia de que en La Hueria se lea El Socialista y no los periódicos burgueses, «que han de defender siempre los intereses contrarios a los de los trabajadores, por sus ideas o por su dependencia económica». 

En las páginas de ese mismo periódico, en la edición correspondiente al día 6 de septiembre de 1915, Luis Montes y sus correligionarios debieron de haber leído una noticia que, sin duda, resultaría de gran interés para ellos, pues hablaba del homenaje que se le había tributado en Gijón al veterano socialista Eduardo Varela Bellido, de la «imponente manifestación con las banderas al frente» que recorrió las calles gijonesas, también de una corona de flores que iba tras las banderas, en la cual se podía leer la siguiente dedicatoria: «A memoria de Eduardo Varela (un buen sembrador), su antigua amiga Rosario de Acuña y Villanueva».

Pocos días después, El Socialista publica un texto de la vieja luchadora, que por este acto recibió un voto de gracias en la clausura del X Congreso de la Federación Socialista Asturiana. Se trata del titulado «Conquistemos los campos...», un fragmento del contenido de su respuesta a la carta de agradecimiento que le hizo llegar el presidente de la Agrupación Socialista Gijonesa.

A finales de ese mismo año, también pueden leer en las páginas del mismo periódico un suelto que les atañe, pues pide su colaboración: «Las Juventudes y Agrupaciones deben preocuparse por conseguir que este notable número sea muy leído y propagado...». Se refiere a la próxima edición del semanario ilustrado Acción Socialista en el cual se incluyen las respuestas que sus responsables plantearon a diversas personalidades: «¿Qué opina usted de Pablo Iglesias?». Allí están las opiniones de Gabriel Alomar, Joaquín Dicenta, José Ortega y Gasset, Américo Castro, Miguel de Unamuno, Antonio Zozaya o Gumersindo de Azcárate. También la de Rosario de Acuña («Me preguntan ustedes cuál es mi opinión respecto a Pablo Iglesias...» ⇑).

Bien parece que doña Rosario se encuentra cómoda en aquel entorno. No hay que olvidar que ha dejado escrito que por aquel entonces sólo leía la prensa portuguesa y El Socialista. En esas mismas páginas que ella solía leer vuelve a aparecer un escrito suyo con un título muy atractivo para sus lectores: «El Primero de  Mayo de 1916», que también será publicado en la edición correspondiente del semanario Acción Socialista.

Fragmento del escrito de Rosario de Acuña publicado en El Socialista el 2-5-1916

Bien. Amador Vicente, Bernardo Villa, José Calleja, Luis Montes y los demás integrantes de las Juventudes Socialistas de La Hueria parece que lo tienen claro. Están pensando en celebrar el segundo aniversario de su fundación y toman el acuerdo de enviar una carta a Rosario de Acuña con el fin de pedirle un escrito suyo para leerlo en la velada conmemorativa que tienen previsto organizar. A su favor cuentan con un antecedente: saben que unos meses atrás, en marzo de ese mismo año, en la velada que había organizado la cercana Agrupación de La Vega con motivo de la «conmemoración de La Commune» se había leído un texto suyo escrito expresamente para tal acto. 

Doña Rosario aceptó la invitación. En su respuesta (⇑), firmada en Gijón el 6 de diciembre de 1916, encontramos algunas reflexiones ya conocidas, que tienen que ver con la necesidad de formarse, de no ceder ante la llamada de las «sensualidades groseras», de permanecer bien despiertos en la batalla diaria «con el trabajo por lema, la justicia por fin y el amor por medio». No faltan manifestaciones similares en otros escritos suyos dirigidos a distintas sociedades obreras. En esta ocasión y además de lo anterior, la carta contiene un elemento novedoso, tanto que me resultó sorprendente cuando lo leí. 

Resulta que Rosario de Acuña no solo estaba al tanto de la existencia de las Juventudes Socialistas y de sus actividades, sino que también conocía a su fundador. Estaba al tanto de que Tomás Meabe había fallecido meses atrás, «en la plenitud de su vida», y conocía también algunos de sus escritos, tanto sus artículos doctrinales como sus poesías, «delicadezas de alma, penetración de entendimiento, voluntad generosísima y mentalidad cultivada hasta la cumbre del arte literario».

Así que el consejo que les brinda a los destinatarios de sus palabras, jóvenes socialistas de La Hueria, no es otro que el de seguir el ejemplo del fundador, que estudien sus escritos y que los aprendan de memoria, «ellos os darán las claves de todas las literaturas fecundas, humanas y justas».

Por las informaciones publicadas en El Socialista sabemos que, en efecto, el contenido de esta carta fue leída en la velada conmemorativa. También que unos días después, quizás como consecuencia de estos actos, el comité acordó dirigir una circular a todas las de la región (más de treinta) «con el fin de crear la Federación de Juventudes Socialistas de Asturias». 

Fotografía de José Calleja (Fundación José Barreiro)
José Calleja Díaz

También sabemos qué fue de alguno de aquellos entusiastas socialistas que un día decidieron escribir una carta a Rosario de Acuña. Gracias a la Fundación José Barreiro tenemos noticia de la trayectoria seguida por José Calleja Díaz, secretario por entonces de las Juventudes. 

Nacido en La Hueria de San Andrés en 1898, empezó a trabajar como minero en La Encarnada cuando tan solo contaba doce años de edad. Tras su paso por las Juventudes, se integró en la Agrupación Socialista de su localidad. En noviembre de 1925 participó como delegado en el XV Congreso de la Federación Socialista Asturiana. A propuesta de las agrupaciones de San Martín del Rey Aurelio, fue uno de los integrantes de la candidatura socialista en las elecciones municipales de febrero de 1931, resultando elegido concejal y uno de los miembros de la Comisión de Obras Públicas...

Lo que desconozco es si en algún momento realizó algún testimonio público acerca de una carta que tiempo atrás, cuando contaba con dieciocho años y era secretario de las Juventudes Socialistas de La Hueria, una vieja luchadora les remitió desde una casa situada sobre un acantilado del litoral gijonés exhortándoles al estudio y al trabajo, si habló a alguien de su afectuosa despedida: «Siempre pensando en vuestra labor de titanes y deseándoos fe para mirar alto y valor para luchar toda la vida, queda vuestra amiga Rosario de Acuña y Villanueva»

 

 



También te pueden interesar 

 

Fragmento del escrito publicado en El Noroeste (6/5/1926) 249. «Rosario de Acuña. Una gloria menospreciada»
Si doña Rosario en vez de nacer en Madrid y de ser su linaje castizo, clásico, patriótico, hubiera nacido en Cuba, como equivocadamente supuso y dijo en verso y en prosa José Martí, sería reverenciada, exaltada su memoria... 
 
 
La zarina Alejandra Romanova y sus hijas en un fotografía publicada en 1915183. Mujeres coronadas
Las crónicas de la Gran Guerra sobrecogen el corazón de quienes las leen en la retaguardia. También el de las mujeres coronadas. Reinas y emperatrices penaban por el padecimiento de sus súbditos en las trincheras...


Fotografía de José Jackson publicada en 1922133. «Couplets de actualidad con música de La gatita blanca», José Jackson Veyán
Manifestaciones y protestas de universitarios ofendidos. No tarda mucho Pepe Jackson en afilar su pluma y, a ritmo de opereta, sacar a relucir los fantasmas varoniles de la tropa estudiantil... 
 
 
 
Ilustración del doctor Albitos en su clínica (El Heraldo de Madrid, 19-7-1904111. El doctor Albitos y la luz recuperada 
En 1885, gracias a una intervención quirúrgica realizada por el doctor Albitos, Rosario de Acuña se libra de la conjuntivitis escrofulosa, una afección ocular que...
 
 
Caricatura publicada en El Motín en diciembre de 188341. El catedrático de instituto y la servidumbre
Nuestra protagonista pasó largos periodos de su infancia, «rodeada por buena porción de criados», en la casa solariega que su abuelo paterno tenía en Jaén. Creció teniendo por natural aquella relación, «siendo el señor moralmente amo...

Rosario de Acuña y Villanueva. VIDA y OBRA (⇑)

Pulsa en la imagen para acceder a la página



 
© Todos los derechos reservados – Se permite la reproducción total o parcial de los textos siempre que se cite la procedencia 
Comentarios, preguntas o sugerencias: info.rosariodea@gmail.com
 
 

19 noviembre

138. Arreglos florales


¡La naturaleza!, o, como ella prefería escribirla, «Naturaleza», así con mayúscula, era la fuente de todas las bondades, de todos los bienes, de todas las bellezas. Y nos dejó páginas y páginas en las que describe con deleite riscos y montañas, analiza el comportamiento de los animales, proclama sus efectos salutíferos, por ella comprobados. Páginas llenas, también, de flores, de muchas flores. 

Imagen del cuadro Muchacha en un jardín haciendo ramilletes, del pintor barroco Tomás Yepes

En cuanto abandonó la ciudad y se fue a vivir al campo, a la casa que mandó construir en las afueras de Pinto, se rodeó de flores: «guirnaldas de rosas y de pámpanos en sus ventanas; entoldaba sus cenadores con madreselva y enredaderas». Más que un jardín, lo que ella tenía en su Villa-Nueva era un trozo de Naturaleza prendido al lado de su vivienda.

...vuestro jardín ha de semejarse en todo a obra de la naturaleza, y no a un artefacto industrial: las plantas, creciendo libres y mezcladas, sin otro orden que el necesario para su mayor desarrollo y amplitud; las flores estacionales, brotando al natural impulso de los agentes creadores de la atmósfera, ni forzado su desarrollo en cálido invernadero, ni perturbada su generación por el ensanchamiento y multiplicidad de sus pétalos; que a la vez haya entre ellas flores campestres las más bellas y admirables de todas las flores: vuestro jardín ha de ser todo lo más rústico y natural que sea posible en un recinto plantado y cuidado por la mano del hombre; pero tanto como sencillo, ha de ser rico en abundancia de flores y plantas; que podáis coger las rosas, las lilas, las azucenas, los claveles, los jazmines, las dalias, el geranio y la verbena, materialmente a cargas...

Tanto le gustaban que, cuando la ocasión lo requería, ése era su regalo: un buen ramo de flores. Tal fue el obsequio que envió al madrileño teatro Español –«una bandeja con ramos de flores» y un abanico seda y concha– con ocasión del homenaje tributado a la actriz Elisa Mendoza Tenorio en abril de 1880.

Andando el tiempo, su situación económica empeora hasta el punto de que el hecho de encargar un ramo de flores para hacer un obsequio constituye todo un lujo para su bolsillo. No por ello deja de regalar flores. Claro está que por entonces son sus manos las que las cortan; son sus manos las que dan forma, las que preparan los ramos y las coronas.

Tras el abandono obligado de su quinta Villa-Nueva, no tardó Rosario de Acuña en tener otro huerto repleto de plantas. Primero fue en Cueto y más tarde en Bezana. Allí  residía en 1906, cuando la muerte se encontró con el escritor santanderino José María de Pereda. Su entierro constituyó todo un acontecimiento social en la capital cántabra, donde cerraron la mayoría de los establecimientos en señal de duelo. Con todo, la prensa destacó un aspecto singular:  «Al pasar la fúnebre comitiva por el pueblo de Bezana, la ilustre escritora doña Rosario de Acuña colocó sobre el féretro una soberbia corona de flores naturales». Este sucedido, que la única corona que embellecía el féretro de quien fuera persona de hondas creencias católicas hubiera sido elaborada por las cariñosas  manos de persona tan «apasionadamente anticlerical» como nuestra protagonista, sorprendió tanto como el hecho de que el diseño del panteón en que habrían de reposar los restos de Pereda fuera obra de Benito Pérez Galdós.

Cuando, años más tarde, las flores que adornan su vida crecen en El Cervigón, son las páginas de la prensa gijonesa las que nos dan cuenta de otros arreglos florales, de otras coronas. Sus destinatarios no son en ese momento actrices famosas o célebres escritores, no. Sus regalos son reconocimientos postreros a quienes deciden que sus restos reposen en el cementerio civil. Tal sucede en abril de 1914, recién regresada de su exilio portugués. Es entonces el féretro de un obrero gijonés, de nombre Rafael Díaz Secades, miembro de la Agrupación Socialista Gijonesa y de la sociedad El Despertar, el depositario de un ramo que doña Rosario había elaborado con las flores de su huerto. Al año siguiente, también en abril, la familia de Guadalupe de la Campa y Trabanco, suegra del conocido dirigente obrero Pedro Sierra, es quien agradece a la ilustre escritora «por la atención que ha tenido al enviar un magnífico ramo de flores que se colocó sobre el féretro». En 1917 tendrá lugar el entierro civil de Julián Moreno Villazón, «excelente ciudadano de ideas sanas y progresivas». Cuatro años más tarde fallece Javiera Zaspe Uriz, viuda de Casimiro Acero, miembro de la logia Jovellanos y uno de los promotores de la Escuela Neutra gijonesa. No falta entonces el ramo de flores enviado por doña Rosario de Acuña. Tampoco faltó una corona suya en el homenaje que los socialistas asturianos tributaron en 1915 a Eduardo Varela Bellido, uno de los pioneros del socialismo asturiano que había fallecido tres años antes. Gracias a una carta suya (⇑), escrita en respuesta a la que le había enviado el presidente de los socialistas gijoneses agradeciéndole su participación en el homenaje, sabemos de los primores con los que realizaba estos trabajos florales:

la corona que les mandé como ofrenda a la buenísima memoria que conservo de Varela fue tejida por mis propias manos, que también hicieron primero el dibujo y la armadura y, por último, el cartel con la dedicatoria. Compradas las flores a los aldeanos de Somió, que con la venta de ellas se ayudan a su penosa vida de colonos esquilmados, estuve trabajando en esa pobre ofrenda, sin casi comer ni dormir, durante veinticuatro horas y muy gozosa de poder dedicar a la memoria del noble muerto no un objeto adquirido por un puñado de plata, sino el producto de largas horas de esfuerzos y de atención.  

Más sorprendente puede resultar el último caso al que me voy a referir. No se trata ni de un ramo, ni de una corona de flores. El arreglo floral que realiza nuestra librepensadora tiene forma de aeroplano. Sí, de aeroplano. Veamos. En el verano de 1916 la gijonesa sociedad Arte y Sport organiza un homenaje al aviador Valentín Díaz en un restaurante gijonés. Una vez dispuestos los comensales a dar cumplida cuenta del banquete, llama la atención de los presentes el arreglo floral situado en la mesa presidencial. Se trata de  «un hermosísimo aeroplano, hecho de flores, obra y regalo de la ilustre escritora doña Rosario de Acuña, admiradora del aviador desde que pudo apreciar sus vuelos desde el retiro de El Cervigón». Las alas del aparato estaban hechas con claveles, figurando la bandera española.  De las hélices del aparato pendía una tarjeta que decía:

Al señor don Valentín Díaz: Aunque ese aeroplano no vuele, él lleva, como trabajo de mis manos, mi admiración y agradecimiento por los hermosos vuelos con que nos obsequia usted.




También te pueden interesar 



Con este cuento dirigido al alumnado del primer ciclo de Primaria se cierra el círculo: ya se puede decir que Rosario de Acuña está en las aulas, en todas las etapas, accesible desde los niveles iniciales hasta...
 
 
 
 
Fragmento del escrito publicado en El Noroeste (6/5/1926) 249. «Rosario de Acuña. Una gloria menospreciada»
Si doña Rosario en vez de nacer en Madrid y de ser su linaje castizo, clásico, patriótico, hubiera nacido en Cuba, como equivocadamente supuso y dijo en verso y en prosa José Martí, sería reverenciada, exaltada su memoria... 
 

Invitación al acto de presentación en Gijón de El crimen de la calle de Fuencarral164. De la presentación de El crimen de la calle de Fuencarral
De todos los crímenes cometidos a lo largo de la historia, algunos hay que se instalan en la memoria colectiva y su recuerdo perdura a lo largo del tiempo. Tal es el caso del ocurrido en la madrileña calle de Fuencarral a finales del siglo XIX. Han transcurrido...



Imagen de la Biblioteca de Autor dedicada a Rosario de Acuña91. Rosario de Acuña en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
El 28 de febrero de 2013 la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes inauguró un portal dedicado a Rosario de Acuña y Villanueva, con lo cual esta infatigable luchadora pasa...



Imagen de la tumba de Rosario de Acuña, tomada de «Masonería siglo XXI», de Víctor Guerra60. «Recordando a Rosario de Acuña», por Víctor Guerra
Víctor Guerra, en una entrada publicada en su blog «Masonería del siglo XXI» realiza un recorrido por los homenajes a Rosario de Acuña que desde el año 2004 se realizan en la ciudad...


Rosario de Acuña y Villanueva. VIDA y OBRA (⇑)

Pulsa en la imagen para acceder a la página



 
© Todos los derechos reservados – Se permite la reproducción total o parcial de los textos siempre que se cite la procedencia 
Comentarios, preguntas o sugerencias: info.rosariodea@gmail.com