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04 septiembre

176. Republicana


Dibujo alegórico del triunfo de la República (La Flaca, 6-3-1873)
Tenía veintidós años por entonces y es bastante probable que la proclamación de la República viniera a agitar sus inquietudes, contagiada por la zozobra que a buen seguro sentiría su querido padre, vinculado  –fidelidad obliga– al largo historial de vaivenes estratégicos del general Serrano, quien en más de una ocasión había cambiado de papel, pasando de ser favorito de Isabel II a encabezar la rebelión –junto a Prim y el almirante Topete– que la derrocó. Los Acuña (véase el comentario 175. La sobrina descarriada ⇑) habían ligado su posición política a la de don Francisco Serrano Domínguez, para lo bueno y para lo no tan bueno. En 1868, conocido el triunfo de La Gloriosa, Pedro Manuel de Acuña Espinosa de los Monteros, al grito de «¡Viva la libertad y viva la soberanía nacional!», se apresura a constituir y asumir la presidencia de la junta provisional de Andújar; poco después es nombrado gobernador de Jaén; y en los primeros días de octubre estaría entre los andujareños que en la estación de Baeza reciben alborozados al general Serrano, de camino hacia Madrid para presidir el Gobierno Provisional. Tras la proclamación de la República, el general marcha a Francia, a verlas venir. Rosario de Acuña Villanueva, también. Es probable que lo hiciera en compañía de su padre y de su madre. De lo que sí hay constancia escrita es que permaneció una temporada en el sur del país vecino, en Bayona y sus alrededores.

Tal parece que la proclamación de la República había teñido de incertidumbre el futuro de aquella joven, emparentada con la vieja nobleza castellana (⇑), que había crecido escuchando las lecturas que su padre entresacaba de los volúmenes que Modesto Lafuente iba publicando de su Historia General de España. Aquellas lecciones paternales consiguieron que Rosario asumiera aquella visión de la historia común: formaba parte de una nación que hundía sus raíces en la antigüedad y que se había forjado en los principios cristianos y monárquicos. De ahí que el destronamiento de Isabel II no hacía más que agrietar parte del confortable escenario en el que había crecido, razón por la cual no podía compartir de buen grado las muestras de entusiasmo que aquel hecho provocaba en otros compatriotas. De haber visto por entonces la imagen que ilustra este texto (una alegoría del triunfo de la República que insertó en sus páginas centrales la revista satírica La Flaca), cabe pensar que no sería ilusión lo que experimentaría la hija de Felipe de Acuña, sino más bien algo parecido a la zozobra. Al menos eso parece deducirse de algunos de sus escritos de entonces.

En la Bayona francesa, donde reside por entonces, publica un folleto titulado Un ramo de violetas (⇑), que tiene por destinataria a la mismísima Isabel II, exiliada en el país galo. En sus páginas manifiesta bien a las claras la lealtad y consideración que siente por la destronada reina: «...pues si bien mi canto nunca llegó a Vuestras plantas, mi amor y mi respeto, siempre lo habéis tenido a vuestro lado». También queda patente la visión que por entonces tiene de los sucesos que acontecen en España: « y el día en que Vuestra patria y la mía, vislumbre la aurora de la felicidad en medio de la oscura noche que la envuelve, cuando la veáis para jamás perderla...». No es este el único escrito en el que muestra a las claras su adhesión a la causa monárquica. Apenas un par de años después saluda con ilusión la llegada del nuevo rey a la restaurada corte canovista con una poesía: Al rey don Alfonso (⇑):

¡Llamado estás a despertar a España
del letárgico sueño en que yacía;
tú borrarás la fratricida saña
que la ambición titánica encendía!
¡Tú la puedes borrar, mi voz extraña
acaso torne el cielo en profecía;
Tú puedes, al tomar nuestra bandera,
hacer del mundo la nación primera!

La derrocada reina conoce estos cariñosos escritos y, en carta fechada en París en abril de 1875, le agradece aquellos recuerdos de su patria que le llegan impregnados con aroma de violetas, así como los versos que la joven poeta dedica a su hijo. No será esta la única carta que Rosario reciba de quien fuera reina de España.  En su archivo personal (⇑) se conservan otras dos:  en la primera, de finales de abril del setenta y seis, la por entonces madre del rey de España felicita a Rosario por el éxito obtenido con su drama Rienzi el tribuno, al tiempo que lamenta no haber podido asistir al estreno al tener prohibida su entrada a la patria; en la segunda le da la enhorabuena por su reciente matrimonio.
 
Monárquica y católica: Acuña de vieja raigambre, por más que la suya fuera una rama secundaria y que el entorno familiar en el que había crecido respirara un aire más liberal. En cualquier caso y como quiera que las biografías no vienen escritas al nacer, sino que se van construyendo día a día, resulta que las firmes convicciones que hasta entonces había sostenido empezaron a resquebrajarse tras la muerte de su padre («toda la sombra esparcida en mi existencia, que, como humana que es, no está libre de sombras, se extendió fría y desolada en mi derredor»)... y saltaron hechas añicos cuando decidió adherirse al bando que luchaba en defensa de la libertad de pensamiento, tras estudiar durante casi un año los contenidos publicados en el semanario Las Dominicales del Libre Pensamiento («¡Cuánto he meditado teniéndolas delante y con los ojos a medio cerrar!»). Sombra y luz.

La publicación de su carta de adhesión (⇑) («...vengo a ofrecer mi entusiasta concurso a la causa del librepensamiento, con la mesura del caminante que, viajando solo, ni se precipita ni retrocede») supone también, como es lógico pensar, el abandono de sus anteriores creencias religiosas. Ya no es católica: es público y notorio tanto para quienes la colman de parabienes, como para aquellos que la repudian desde entonces. Aún habrá que esperar hasta que se pueda constatar que también ha dejado de ser monárquica. Tan solo es cuestión de tiempo, pues en aquella redacción, en aquellas páginas, las ideas republicanas afloran por doquier, no sólo en los escritos de Ramón Chíes y Fernando Lozano, codirectores del semanario librepensador, sino en los de buena parte de sus colaboradores entre los que encontramos, con mayor o menor frecuencia,  a José Francos Rodríguez, Odón de Buen, Antonio García Vao, Miguel Morayta, Manuel Curros Enríquez, Salvador Sellés, Francisco Pi y Margall o Joaquín Dicenta, cuya militancia republicana es de sobra conocida. Tan solo es cuestión de tiempo, pues como ella misma afirma en una carta fechada en 1888 y dirigida a Antonio Ros de Olano, vizconde de Ros, «allí donde mi nombre aparezca con alguna representación ha de respirarse el ambiente librepensador, republicano, anticatólico...» . Era cuestión de tiempo... y hubo que esperar.

En una carta abierta dirigida a Anselmo López (quien probablemente fuera el primer presidente del Sporting de Gijón tal y como planteo en un comentario anterior ⇑) publicada a principios de 1917 doña Rosario, en una larga descripción retrospectiva de sus años de lucha en defensa de la libertad de conciencia, nos cuenta que en cierta ocasión, encontrándose en la zona en la cual se unen las tierras cántabras y palentinas, decidió ascender a lo más alto del pico Cordel portando una gran bandera; y que, una vez alcanzada la cima situada a más de dos mil metros de altura, puso «una bandera gigantesca en que con un ¡Viva la República! y un ¡Viva la libertad de pensamiento! se enlazaba mi nombre...». No consta cuándo tuvo lugar tal ascensión. Quizás fuera en los años ochenta, en alguna de las expediciones a caballo (⇑) que por entonces acostumbraba  realizar  recorriendo durante meses las tierras patrias; quizás ocurriera más tarde, en los primeros años del siglo veinte, cuando –habiendo dado por finalizada su trabajo de avicultora que con tanto afán había desarrollado en Cantabria– se dedicó a recorrer la Montaña (⇑) y los territorios limítrofes. Aunque este «¡Viva la República!» no tenga fecha, sí que sabemos que en el verano de 1910, al poco de fijar su residencia en Gijón, participó en una manifestación en defensa de la llamada Ley del candado enarbolando una bandera republicana. También que, unos años antes, no dudó a la hora de adherirse a una iniciativa encaminada a reorientar e impulsar el partido republicano. Veamos.


En la primavera de 1902 José Nakens, director del semanario El Motín, hace pública una propuesta a los periódicos republicanos para que tomen la iniciativa y lideren la convocatoria de una asamblea  «que fije y determine la marcha futura del partido», en la que participen cuantos republicanos puedan costearse el viaje para, olvidándose de lo que les diferencia, sean capaces de elegir un líder, «un hombre de autoridad, prestigio y voluntad», que ponga al partido «en condiciones de lucha». Se trata de logar el partido republicano y no un (otro) partido republicano y así lo entienden los periódicos y exsenadores republicanos que se suman a la iniciativa. Tras varios meses de propuestas y contrapropuestas, de réplicas y matices, el 14 de febrero de 1903 se reúnen los representantes de las distintas facciones republicanas y alcanzan un acuerdo: se constituye una comisión «que, puesta de acuerdo con los elementos republicanos que se han declarado, y aún puedan declararse, partidarios de la Asamblea general, prepare y realice con ellos la urgente convocatoria de la misma».  Con el fin de que los republicanos de toda España pudieran participar en aquel proceso de unificación, se publican unos boletines de adhesión en los cuales las personas interesadas designan un delegado que los represente. Pues bien, allí está ella y José Nakens es la persona en quien delega.



Cuarta lista de adhesiones a la Asamblea Republicana

Al fin, el 25 de marzo de 1903 se celebra en el teatro Lírico de Madrid la «magna asamblea republicana» que dio origen a la Unión Republicana, presidida por Nicolás Salmerón. Aquella unificación casi completa de los republicanos (el Partido Republicano Democrático Federal se mantuvo aparte, aunque accedió a una alianza electoral) se tradujo, tal y como predecía José Nakens, en una mejora evidente en los resultados electorales. En las elecciones celebradas en aquella primavera, la Unión Republicana obtuvo treinta y seis diputados, algunos de los cuales contaban con la amistad y admiración de la republicana Rosario de Acuña. Tal es el caso de Miguel Morayta (⇑), Joaquín Costa (⇑), Melquíades Álvarez o Nicolás Salmerón (Exoristo, uno de sus hijos, era uno de los invitados habituales (⇑) a la casa de El Cervigón). A ellos habría que unir los nombres de otros ilustres republicanos que también contaron con su afecto y respeto: Ramón Chíes, Fernando Lozano, José Nakens, Roberto Castrovido, Joaquín Dicenta (⇑), José María Esquerdo (⇑) o Luis Bonafoux (⇑).

Aunque fue reacia a que se la adscribiera a formación política alguna, resulta evidente a la luz de todo lo anterior que no tuvo mayor inconveniente –antes al contrario– a que su nombre figurara en el campo del republicanismo español.




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21 diciembre

38. Tratando con una infanta de España sobre el futuro de la masonería


Como un rumor no bien definido sabía que la masonería española, al unificarse bajo una sola autoridad representada por el nobilísimo vizconde de Ros, había elevado al Protectorado a una mujer de estirpe regia; circunstancias imprevistas aprovechadas por mí con gran contentamiento me ofrecían la ocasión de conocer a esta mujer, y... ¡mis plantas temblaban y mi corazón se estremecía! Todo tu ser, pueblo masónico, iba en aquellos instantes en mi personalidad; ¡una mujer, y de estirpe regia!

Con estas palabras expresaba Rosario de Acuña en el artículo «Al pueblo masónico» (⇑) la emoción que le embargaba momentos antes de entrevistarse con esta mujer, de estirpe regia, al objeto de tratar asuntos de interés para el futuro de la masonería española. Pero, ¿quién era esa ilustre dama y qué hacía allí nuestra protagonista?

Fragmento del artículo publicado en Las Dominicales


Vayamos por partes. Cuando Rosario de Acuña ingresa en la logia alicantina Constante Alona en 1886, la masonería española se encuentra dividida en varias obediencias. Pues bien, a comienzos de 1888 se intensifican los contactos en las más altas instancias masónicas para intentar conseguir la unificación de la mayor parte de las logias en una sola Obediencia. A primeros de abril, tras las conversaciones habidas entre el Gran Oriente Nacional de España que lidera Alfredo Vega, vizconde consorte de Ros, y el Gran Oriente de España que encabeza Miguel Morayta, se celebra una asamblea constituyente que tiene como resultado la unificación pretendida. La nueva obediencia, que por decisión de los reunidos mantiene la denominación de Gran Oriente Nacional de España, surge con planteamientos renovados: se dota de una estructura de funcionamiento más democrática y descentralizada, al tiempo que muestra su firme voluntad de favorecer el ingreso de las mujeres en la Orden, en prueba de lo cual nombra Protectora de la Masonería de Adopción a una infanta de España.

En cuatro horas seguidas fueronseme presentado las aptitudes características de esta gran personalidad, y conforme mi observación iba ahondando en aquellos misterios de la entidad intelectual y moral, iba sintiendo en mi espíritu el triunfo de nuestra causa. Firmeza y talento, inteligencia y ternura, juventud y belleza; he aquí la síntesis del carácter de nuestra protectora.

¿Quién era la persona que tan buena impresión había causado en su interlocutora? Su nombre completo es del de María Olvido de Borbón y Castellví (1863-1907), hija de Enrique de Borbón y Borbón y de Elena María Castellví y Shelly, nieta de Francisco de Paula de Borbón y biznieta de Carlos IV; por tanto, una de las primas del rey Alfonso XII.

¡Pueblo masónico! Ha llegado el instante en que tus esfuerzos en pro de la fraternidad humana se vean condensados por un espíritu capaz de conducirnos a la victoria: solo una mujer de excepcionales condiciones podría levantar sobre la gran familia el emblema del triunfo, porque solo un compuesto de energía y suavidad, ilustración y gracia, sencillez y perseverancia, puede acometer la gran empresa de tu enaltecimiento y de tu potestad.

¡Una infanta de España protectora de la masonería! No es de extrañar el entusiasmo de Rosario de Acuña; tampoco el descontento que la noticia provocó en los sectores confesionales, hasta el punto que algunos periódicos salieron al paso de la noticia negando el hecho. ¡Sólo faltaba que la masonería, organización que León XIII había situado en la vanguardia del ejército del mal, se infiltrase en la familia real!

El asunto no terminó ahí. Meses después fueron varios los periódicos, tanto regionales como nacionales, que se mostraban indignados con una noticia que situaba los contactos al más alto nivel: por mediación de María del Olvido y de Rosario de Acuña, los masones habían llegado hasta la mismísima reina regente:

El Figaro, de París, publicó tres o cuatro días hace este suelto que desde el primer instante llamó la atención de varios de nuestros colegas, los cuales naturalmente se han adherido a su justa protesta:

 Dando crédito a algunos periódicos españoles de oposición, la prensa católica francesa ha anunciado la aceptación, por parte de la Reina Regente, del más alto puesto de la masonería española, añadiendo que las insignias del grado 33 le había sido presentadas en el Real Palacio en presencia de D.ª María del Olvido, hermana del duque de Sevilla, D.ª Rosario de Acuña y muchas otras damas. Claró está que, como el Figaro indica, ninguna persona inteligente ha podido dar crédito de buena fe a una patraña de tal índole, tratándose de la católica princesa que custodia el Trono de San Fernando, en que felizmente se sienta D. Alfonso XIII; pero no por eso nos parece menos grave que con toda impunidad se puedan propalar en España especies que, además de ofender los sentimientos religiosos de la Reina, indudablemente llevan el dañado propósito de indisponer con el Trono constitucional a la gran masa de españoles que no ven en el masonismo sino una asociación condenada por el Papa


Notas

(1) María del Olvido de Borbón fue iniciada en 1888; en ese tiempo era una de las integrantes de la logia Amantes del Progreso de Madrid.

(2) Este comentario fue publicado originariamente en blog.educastur.es/rosariodeacunayvillanueva el 15-1-2010.





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