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26 diciembre

87. Lidia Falcón: un merecido homenaje


Hace siete u ocho años andaba yo dándole vueltas a la figura de Carlos Lamo Jiménez, con quien Rosario de Acuña pasó, día tras día, sus últimos treinta y tantos años de vida. Alguna cosa sabía de él: que había nacido en Úbeda en 1868, que se trasladó a Madrid junto a su familia a mediados de los ochenta, que realizó los estudios de Derecho... y que tuvo una hermana, Regina, una mujer ilustrada y combativa que, entre otras cosas, destacó como articulista, adalid del cooperativismo o feminista y que —lo más importante para mí entonces— era abuela de... Lidia Falcón. En ella estaba, por tanto, la posibilidad de conocer de primera mano lo que llevaba meses indagando en libros, periódicos y revistas.

Me hice con su teléfono (un amigo de otro amigo que sabe que otro más puede tenerlo), pero tardé un tiempo en decidirme. Me imponía el personaje. A ver: licenciada en Derecho; licenciada en Arte Dramático; licenciada en Periodismo; doctora en Derecho; fundadora de las revistas Vindicación Feminista y Poder y Libertad; fundadora y presidenta del Club Vindicación Feminista y del Partido Feminista de España; autora de más de tres docenas de libros, entre ensayos, obras dramáticas y novelas... Además estaba lo de la televisión: aún recordaba la vitalidad y pasión que ponía en sus intervenciones en algunos programas de finales de los setenta. Me imponía todo aquello.

Al fin me armé de valor y la llamé.

En efecto, al otro lado del teléfono encontré la fuerza que esperaba pero, por encima de todo, una gran persona, toda generosidad.

A aquella primera y larga conversación sucedieron otras: Rosario de Acuña, Regina Lamo, sus libros, mis trabajos... pero también denuncias: artículos, enlaces, manifiestos contra las injusticias que a diario se suceden en este mundo en el que algunos vivimos tan complacientes. Muchos de nosotros nos retiraríamos discretamente y nos dedicaríamos a disfrutar del merecido descanso tras la labor bien hecha. Pero ella no. Seguirá siendo una apasionada luchadora durante mucho tiempo más, como bien nos demostró no hace mucho con ocasión de la presentación de El árbol del pan, la última novela de Félix Población. Faltaban pocos días para la huelga general y no se cansó de decirnos que ya estaba bien de propuestas de futuro y de teorías, que lo que había que hacer era salir a pegar carteles y a convencer a la gente.


Fotografía de Lidia Falcón durante la presentación de El árbol del pan

En fin, aunque otras personas habrá que sepan cantar mejor las virtudes de tan combativa activista, sirvan estas palabras para mostrar desde esta página dedicada a su «ilustre tía-abuela» mi más entusiasta adhesión al homenaje que a mediados de diciembre se le rendirá en Madrid. He aquí el programa:

El día 14, «Homenaje a la vida y obra de Lidia Falcón» en el Instituto Internacional Americano (Calle Miguel Ángel, 8), con el siguiente horario:
  • 16,30 h. Mesa sobre la actividad de Lidia Falcón en las Universidades de Estados Unidos, que contará con la participación de Elizabeth Starciëvic, profesora de Literatura Hispánica de City College, Universidad de Nueva York (EEUU); Gloria F. Waldman, York College, profesora de Literatura Hispánica de la Universidad de Nueva York (EEUU); y Linda G. Levine, profesora de Literatura Hispánica de la Universidad de Montclair, New Yersey (EEUU).
  • 17,30. Mesa sobre el activismo feminista de Lidia Falcón, con la participación de Bo Lindblom, presidente de Amnistía Internacional en Suecia; Maite Canal, presidenta del Partido Feminista de Euzkadi; Shere Hite, escritora, investigadora feminista; Cristina Alberdi, exministra de Asuntos Sociales, miembro del Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid; Elvira Siurana, vicepresidenta del Partido Feminista de España.
  • 19 h. Mesa sobre el pensamiento de Lidia Falcón, en la que intervendrán: Marián Larumbe, profesora de Pedagogía de la Universidad de Zaragoza. Investigadora Feminista; Anna Caballé, profesora de Literatura de la Universidad de Barcelona; Brad Epps, profesor de Literatura Hispánica de la Universidad de Harvard, (Boston), Estados Unidos; y Carlos París, filósofo, presidente del Ateneo de Madrid.
El día 15, «Homenaje a Lidia Falcón» que se celebrará en el Ateneo de Madrid (Calle del Prado, 21) con el horario de actividades siguiente:

  • 16,30. Mesa sobre el trabajo profesional de Lidia Falcón, que contará con la participación de Irene Álvarez Sánchez, abogada del bufete Álvarez-Lidia Falcón de Barcelona; José Mª Loperena, abogado y escritor; Cristina Almeida, abogada y activista feminista; y Pablo Castellano, abogado y escritor.
  • 17,30. Mesa sobre la creación literaria de Lidia Falcón. Intervinientes: Fanny Rubio, profesora de Filología Románica de la Universidad Complutense de Madrid, escritora; Julio Rodríguez Puértolas, profesor de la Universidad Complutense de Madrid; Andrés Sorel, escritor, director de la revista República de las Letras; Ignasi Riera, periodista, escritor, exdiputado del Parlament de Catalunya; y Linda G. Levine, profesora de Literatura Hispánica de la Universidad de Montclair, (New Yersey) EEUU.
  • 19,30. Mesa sobre la creación teatral de Lidia Falcón, que contará con la participación de: Alicia Moreno, consejera de las Artes del Ayuntamiento de Madrid; Carmen Resino, profesora de la Escuela de Arte Dramático de Madrid; María José Ragué, profesora de Arte Teatral de la Universidad de Barcelona; Jesús Campos, escritor, presidente de la Asociación de Autores de Teatro de Madrid; y Patricia O’ Connor, profesora de Literatura Hispánica de la Universidad de Cincinnatti, EEUU.


Nota. Este comentario fue publicado originariamente en blog.educastur.es/rosariodeacunayvillanueva el 26-11-2010.




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Rosario de Acuña y Villanueva. VIDA y OBRA (⇑)

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25 diciembre

79. El impulso de la memoria


Portada de la novela El árbol del pan
El pasado día 17 de septiembre asistí en el Centro de Cultura Antiguo Instituto de Gijón a la presentación de El árbol del pan. No podía faltar. Por si no bastara el hecho mismo de dar a conocer aquella obra, una buena novela con la que disfruté meses atrás cuando llegó a mis manos en forma de archivo electrónico, la presencia en la tribuna de Félix Población y de Lidia Falcón era garantía suficiente de que la velada habría de ser, además de grata, útil y provechosa.

Y así fue, ciertamente. Y así lo entendieron los presentes que se lanzaron abiertamente a comentar, debatir y preguntar en cuanto el moderador declaró abierto el imprevisible colofón que suele acompañar a los actos de esta naturaleza. Al final, caras de satisfacción en unos y en otros. En mi caso quizás con más motivo habida cuenta del protagonismo que tuvo doña Rosario de Acuña en la velada, tanto que después de transcurridos unos días aún me sigo preguntando cómo es que ninguno de los presentes se sintiera lo suficientemente sorprendido como para hacer algún comentario al respecto.

¿Será que todos eran conocedores de la trama? ¿Será que todos sabían que Lidia Falcón es la sobrina-nieta de Carlos Lamo, el hombre que convivió durante casi cuarenta años con la pensadora de El Cervigón? ¿Conocían el parentesco de Félix Población con Amaro del Rosal, el dirigente socialista que desde su exilio mejicano se afanó en recuperar la memoria de doña Rosario? ¿Sabrían que entre los presentes se encontraba uno de los hijos de Luciano Castañón, el escritor que a finales de los años sesenta del pasado siglo consiguiera, entre otras cosas, recuperar el testamento ológrafo de la escritora?

En El árbol del pan Félix Población recupera para todos nosotros la vida cotidiana de una de las familias a las que la Guerra condenó al exilio interior. También, la intrahistoria de una pequeña ciudad de provincias inundada de carencias y aterida por los violentos recuerdos, por las dolorosas ausencias. Memoria reencontrada. Lidia Falcón hizo lo propio años antes con Los hijos de los vencidos, intensa memoria de tres mujeres a las que la dura y cruel posguerra confinó en un gran cercado anegado de temor y silencio.

Ambos llevan tiempo entregados a disipar la neblina que alimenta nuestra desmemoria. Cierto es que con ello no hacen más que recoger el testigo de algunos de sus familiares más cercanos. De aquellos que como Regina Lamo(véase el comentario 66. En justa respuesta ⇑ ) y Amaro del Rosal (35. El impulso que vino de México ⇑) se empeñaron tiempo atrás en luchar contra el olvido, afanándose en mantener vivo el valioso testimonio vital, ahora en buena medida recuperado, de doña Rosario de Acuña y Villanueva.

Tal parece que la recuperación de una parte de la memoria tuviera efectos multiplicadores. Se activan nuevos resortes que impulsan nuevas búsquedas de la Verdad. Con palabras más cuidadas y precisas, así lo expresaba Félix Población entonces:

Somos nuestra memoria —afirma también Jorge Luis Borges—, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos. En El árbol del pan he tratado de restaurar esos espejos, susceptibles de ser empañados por el brumoso acecho del silencio, e intentar a través de la escritura —pintura de la voz, según Voltaire— que lo relatado sea una expedición a la verdad, máximo objetivo de la literatura para Kafka. Los libros deben respirar verdad. La verdad nos hace libres y ésta es la condición sine qua non para que la cultura aflore, arraigue y crezca frente a los procelosos turbiones de niebla del oscurantismo y la intolerancia


Nota. Este comentario fue publicado originariamente en blog.educastur.es/rosariodeacunayvillanueva el1-10-2010




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Rosario de Acuña y Villanueva. VIDA y OBRA (⇑)

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22 diciembre

45. Carta de Lidia Falcón al diario Público


Fotografía de Lidia Falcón publicada en la contraportada de Los hijos de los vencidos
Quiero agradecer a Félix Población –de cuya opinión y criterio tengo la mejor opinión– el artículo dedicado a mi tía abuela (⇑), Rosario de Acuña. Lamentablemente no pude asistir a la presentación de sus obras en el Ateneo de Madrid, pero sí presidió el acto mi marido el presidente de la entidad, el filósofo Carlos París que me describió la emoción del acto, y la asistencia numerosa al mismo, aunque no tuviera el merecido eco en los medios de comunicación. Y ya no sé si es por Rosario de Acuña o por el Ateneo. Mi tío abuelo, Carlos de Lamo Jiménez, hermano de mi abuela Regina de Lamo –música, escritora, militante anarquista, cooperativista y feminista cuya figura también ha sido silenciada por la ideología fascista que ha imperado en nuestro país– fue su compañero sentimental en los últimos 20 años de su vida en el caserón de El Cervigón en Gijón. Mi madre Enriqueta O'Neill, pasó largas temporadas en su casa y aprendió de ella tantos conocimientos como poseía. Hago referencia a ella en mi libro "Mujer y Sociedad" publicado en 1969, en donde tuve que limitar el texto dada la época que vivíamos. Después, Macrino Fernández ha tenido la amabilidad de escribirme y tener una larga correspondencia con motivo de su minucioso y brillante estudio sobre Rosario. [Se refiere a Rosario de Acuña y Villanueva. Una heterodoxa en la España del Concordato]. De todo ello, y de más contenidos que serían largos de reproducir aquí me gustaría hablar con Félix Población. Si tuviera la amabilidad de escribirme autorizo al periódico a proporcionarle mi email. Con las más efusivas gracias por esta recuperación de la memoria perdida de nuestras mejores mujeres, reciba el testimonio de mi afecto.

Lidia Falcón



Notas 

(1) Este comentario fue publicado originariamente en blog.educastur.es/rosariodeacunayvillanueva el 18-2-2010


(2) En 2023, el año del centenario de su muerte, la Escuela Feminista Rosario de Acuña contó con la presencia de Lidia Falcón, que pronunció la conferencia titulada «Rosario de Acuña, librepensadora, republicana, laica y heroína de su tiempo», tal y como se cuenta en el comentario 272. Lidia Falcón en la Escuela (⇑) 

 



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Rosario de Acuña y Villanueva. VIDA y OBRA (⇑)

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44. «Memoria del olvido», por Félix Población


Fotografía de Félix Población publicada en La Nueva España (15-9-2010)
Se presentaron en Madrid las Obras reunidas de Rosario de Acuña y Villanueva (1850-1923), un acto que apenas tuvo repercusión pública, como si el olvido que por circunstancias históricas pesó tanto tiempo sobre la escritora hubiese alcanzado también al evento que culminaba la edición de sus escritos, iniciada en 2007.

Fue ese año, centenario del testamento ológrafo suscrito por Acuña para que sus obras fueran recopiladas y publicadas algún día, cuando bajo el patrocinio del Ayuntamiento de Gijón y el Instituto Asturiano de la Mujer se inició la publicación (KRK) de los cinco tomos que comprenden esas Obras reunidas (⇑), en cuya profusa tarea trabajó el profesor Xosé Bolado, autor asimismo de la introducción biográfica que las precede. Acerca de Acuña y su época es muy interesante el libro de reciente aparición de Macrino Fernández Riera: Rosario de Acuña y Villanueva: una heterodoxa en la España del Concordato (Zahorí Ediciones).

Esa heterodoxia se ciñe al año de nacimiento de Acuña en Madrid, uno antes de que el Estado firmara con la Santa Sede el concordato de 1851 –por el cual la religión católica continuaba siendo «la única de la nación española»–, y a la denuncia reiterada que la autora hizo del clero por su represivo control sobre la conciencia de las mujeres: «La doctrina, la esencia, el alma católica –decía Acuña– , nos lleva a ser un montón de carne inmunda, cieno asqueroso que es necesario sufrir en el hogar por la triste necesidad de reproducirse. He aquí el destino de la mujer católica. Fuera sofismas ridículos y necias exclamaciones del idealismo cristiano, la mujer, en la comunión de esta Iglesia, es sólo la hembra del hombre».

Para llegar a esas conclusiones y pasar de escribir folletos dedicados a Isabel II (⇑) a ingresar en la masonería bajo el nombre simbólico de Hipatia, Acuña va a recorrer la notable distancia que media entre la lírica romántica y moralizante de sus primeras composiciones en La Ilustración Española y Americana –donde el protagonismo femenino se reduce al consabido papel de alma del hogar en el entorno doméstico– a sus asiduas colaboraciones en Las Dominicales del Libre Pensamiento a partir de 1884 en pro de la regeneración social de la clase obrera y la conquista de los derechos civiles de la mujer. En la primavera de ese mismo año, cuando su nombre era ya sobradamente conocido como autora de un drama de mucho éxito titulado Rienzi el tribuno (⇑), Rosario de Acuña sube a la tribuna del Ateneo de Madrid para dar un recital poético. Es la primera vez que una mujer lo hace en la historia de la docta institución.

A partir de su adhesión al librepensamiento, Acuña deja atrás la mentalidad burguesa y liberal en la que se educó durante su niñez y juventud. Sus correligionarios serán tanto los fundadores de Las Dominicales, Ramón Chíes y Fernando Lozano, como los líderes socialistas Virginia González e Isidoro Acevedo. Los artículos, poemas y relatos de la escritora se prodigarán a lo largo de casi medio siglo en la citada y prestigiosa publicación masónica y en otros periódicos socialistas. La entidad literaria de esos escritos, así como la pujanza de sus ideas renovadoras, harán que un eminente periodista, Roberto Castrovido, proponga y defienda públicamente la candidatura de Rosario de Acuña a la Real Academia de la Lengua un siglo antes de que a esa institución accediera la primera mujer (Carmen Conde) en 1978 (1). Según señalaba a comienzos del siglo XX el director del extinto diario republicano El País, la «poetisa, autora de dramas y escritora de grande bríos» podía compararse al regeneracionista Joaquín Costa.

Después de su temprana separación matrimonial y luego de haber residido en Pinto (Madrid) y Santander, Acuña pasará los últimos años de su vida en Gijón. Fue en esta ciudad donde se inició la recuperación de su memoria, mucho antes de que su obra fuera atrayente objeto de estudio a partir de los años noventa. Durante el franquismo, a finales de los sesenta, el histórico dirigente sindicalista asturiano Amaro del Rosal, que había tenido la oportunidad de conocer a la escritora, se interesó desde México por recuperar epistolarmente documentos y artículos de Acuña. Supe así, gracias a mis vínculos familiares con Amaro (2), que Rosario Acuña era algo más que un nombre con el que se identifica en Gijón el solitario paraje junto al mar donde la nombrada tuvo su modesta casa, por entonces todavía visible sobre el promontorio de El Cervigón, y de cuya inquilina nada sabíamos los escolares criados en el nacional-catolicismo.

Amaro del Rosal comparaba la figura de Acuña con la de la revolucionaria francesa Flora Tristán. Como ella, estuvo en la vanguardia de la lucha social y fue además en nuestro país una pionera en reivindicar con energía la emancipación de la mujer. Por eso fue recordada durante la Segunda Republica y por eso también pasó a formar parte del silencio y olvido con que el franquismo pretendió enterrar la significación de su nombre.

Cuenta Fernández Riera que durante muchos años, los días 6 [por 5] de mayo y 1 de noviembre, había rosas rojas sobre la tumba de Acuña en el cementerio civil de Gijón. Las fechas se corresponden con el día de la muerte y el nacimiento de la escritora, y quien hacía la ofrenda, Aquilina Rodríguez Arbesú (3), había sido una gran amiga y admiradora suya, depositaria asimismo de su testamento ológrafo. Amaro del Rosal contactó con ella por carta desde el exilio para que «el ideario de libertad, justicia y humanismo, las tres palabras a las que Rosario de Acuña dedicó su vida, fuera conocido por la juventud de hoy que tanto lo necesita».

Cuarenta años después nos llegan por fin esas palabras en los cinco tomos de sus Obras reunidas para que de verdad las sigamos necesitando y cultivando.


Público, Madrid, 14-2-2010


Notas

(1) Véase 31. Tres mujeres a las puertas de la Academia (⇑).
(2) Véase 35. El impulso que vino de México (⇑).
(3) Véase 135. El último eslabón (⇑).
(4) Este comentario fue publicado originariamente en blog.educastur.es/rosariodeacunayvillanueva el 14-2-2010.




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25 diciembre

35. El impulso que vino de México


En un acto oficial celebrado a finales del pasado mes de octubre, el Partido Socialista Obrero Español rehabilitaba a varias decenas de militantes que habían sido expulsados en 1946 por sumisión a la Unión Soviética durante la Guerra Civil. Al informar de la noticia, los titulares de los periódicos destacaban entre los rehabilitados al presidente Juan Negrín, pero en la lista también había otros militantes que ocuparon diferentes cargos de responsabilidad. Uno de ellos fue Amaro del Rosal Díaz (Avilés, 1904 - Madrid, 1991), secretario adjunto de la UGT y director general de la Caja de Reparaciones durante la Guerra Civil (véase el artículo de Félix Población: «Amaro del Rosal, rehabilitado» ⇑). Fue también un entusiasta admirador de doña Rosario de Acuña y Villanueva, a quien comparaba con Flora Tristán.

Hace unos días, un familiar suyo me comentaba que llevaba tiempo interesado por nuestra protagonista, quizás desde que a los quince años supiera de su existencia por boca del propio Amaro del Rosal. No es de extrañar: el entusiasmo se contagia. Y el de don Amaro por la figura de Rosario de Acuña está fuera de toda duda.

Fotografía de Amaro del Rosal publicada en el año 1977
Desde la lejanía, desde su exilio mexicano, utilizando la correspondencia como instrumento principal y gracias a varios colaboradores que le auxilian desde España, Amaro va reuniendo todo lo que le envían, sean libros, recortes de prensa o manuscritos, con la finalidad de «sacarla del olvido y darla a conocer a la juventud de hoy que tanto necesita de un ideario de libertad, de justicia y de humanismo, que son las tres palabras a las que Rosario de Acuña dedicó su vida...».

A finales de los sesenta, las pesquisas (⇑) conducen a los investigadores hasta Aquilina Rodríguez Arbesú, una superviviente de los años difíciles que en su juventud había conocido a la escritora, de la cual conserva algunos valiosos recuerdos. Tras el hallazgo, un ilusionado Amaro del Rosal le comunica al escritor gijonés Luciano Castañón, uno de sus colaboradores en España, las gestiones que ha realizado al respecto:

Estuve ausente de México una pequeña temporada y esto hizo que retrasara mi contestación a sus cartas relacionadas con Rosario de Acuña. Para su información debo decirle que un colaborador en Madrid y otro en Barcelona, trabajan en la búsqueda de algunas de las obras de Rosario de Acuña siguiendo el guion biográfico que le adjunto... Sin embargo es obvio que donde se encuentran los mejores materiales es en Gijón, muy especialmente aquellos que puedan tener un carácter inédito, como sucede con el proyecto de testamento que usted logró. Con esta fecha estamos escribiendo a la señora Aquilina Rodríguez, de acuerdo con sus indicaciones. Le adjunto copia de la carta. Sería muy importante que usted pudiera obtener los documentos que posee doña Aquilina...

Así fue. Aquilina Rodríguez Arbesú (⇑)  facilitó a Luciano Castañón (⇑) fotos, escritos, (incluso unos mechones de cabello), recortes de periódicos y el proyecto de testamento ológrafo al que se refería Amaro del Rosal en su carta. Gracias a esta mujer la neblina que ocultaba el testimonio de Rosario de Acuña empezó a levantarse. Los documentos que atesoró durante tanto tiempo sirvieron de base al reportaje de Patricio Aduriz titulado «Rosario Acuña» (⇑), que el diario gijonés El Comercio publicó en cinco entregas en la primavera de 1969; y sirvieron también para documentar el de Javier Ramos «Rosario de Acuña: una mujer que se adelantó a su época», publicado por Asturias Semanal en octubre de 1973.

El libro proyectado por Amaro del Rosal –para el que contaba incluso con un prólogo escrito por Clementina B. de Bassols– no llegó a publicarse, pero no cabe duda que el impulso que él imprimió a la investigación, el impulso que vino de México, nos facilitó el camino a los que, años más tarde, nos dispusimos a continuar la tarea emprendida. Los materiales que había logrado reunir, tanto los que Aquilina Rosríguez Arbesú entregó a Luciano Castrañón, como otros más que fueron localizados por diferentes colaboradores, se encuentran actualmente depositados en el archivo de la Fundación Pablo Iglesias en Alcalá de Henares.




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