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04 febrero

149. Caricatura


Caricatura de Rosario de Acuña publicada en Madrid Cromo en 1885
Cuando me topé con Rosario de Acuña, de esto hace ya unos cuantos años, hasta mí solo llegaban algunos retazos aislados, etiquetas sueltas, que apenas alcanzaban para bosquejar débilmente su figura: masona, escritora, librepensadora... Profundizar un poco más, conocerla un poco mejor, no resultaba  sencillo por entonces, la mayoría de sus escritos permanecían inaccesibles, sepultados por el olvido. Hubo que buscar y rebuscar. Luego su palabra fue tomando forma poco a poco: primero el discurso pronunciado en la ceremonia de inauguración de la Escuela Neutra de Gijón, más tarde Rienzi y El padre Juan, su testamento...

En cuanto a su fisonomía, poca cosa. Durante bastante tiempo su nombre estuvo unido a aquella imagen de la blusa negra, del pañuelo blanco ceñido al cuello por obra y gracia de un prendedor floreado, de la mirada un tanto perdida en algún ignorado lugar a la izquierda del espectador, del cuidadoso peinado que había conseguido poner en orden sus ensortijados cabellos, aunque para ello hubiera que dejar algunos sueltos, caracoleando sobre su frente. El grabado de Camacho, que había sido publicado en las páginas de La Ilustración Española y Americana en 1876, fue utilizado –en su versión original o con alguna ligera modificación– por quienes por entonces tenían algo que contar sobre nuestra protagonista. Aparece en el reportaje que con el título «Masones de Cantabria» publica José Ramón Saiz Viadero en el diario Alerta de Santander a finales de 1988; en la edición que María del Carmen Simón Palmer realiza en 1990 de Rienzi el tribuno y El padre Juan; en la portada del folleto «Rosario de Acuña. Homenaje», editado por el Ateneo Obrero de Gijón en 1992...

Esa era, como queda dicho, la imagen habitual, la que por entonces se asociaba de forma casi automática a su nombre. Con menor frecuencia aparecía aquella otra, la de los tirabuzones. Un grabado, obra también de Camacho, que ilustró su poemario Ecos del alma. Lo incluyó Elvira María Pérez-Manso en el capítulo dedicado a nuestra protagonista en su trabajo  Escritoras asturianas del siglo XX. Entre el compromiso y la tradición. Y fue la ilustración que elegí para la portada de Rosario de Acuña en Asturias (⇑). Tiempo después encontré un nuevo grabado suyo en la portada de La Ilustración de la Mujer del ocho de junio de 1884. Imagen diferente a las dos anteriores,  con mantilla y la mirada hacia la derecha. Era una novedad y la utilicé en la portada de un nuevo libro: Rosario de Acuña y Villanueva. Una heterodoxa en la España del Concordato (⇑). No es en el único sitio donde apareció, pues fue la ilustración elegida en los espacios a ella dedicados en la Wikipedia y en Proyecto Ensayo Hispánico.

Entre los papeles de Aquilina Rodríguez Arbesú aparecieron algunas fotografías suyas: el retrato ecuestre que había editado Matarredona cuando publicó El crimen de la calle de Fuencarral, los posados ante la tienda de campaña, la fotografía de la cofia, capturada cinco días antes de su fallecimiento, con ocasión de la celebración del Primero de Mayo del año 1923... Las guardaba Aquilina como oro en paño, las publicó El Comercio en 1969 ilustrando las cinco entregas que Patricio Adúriz dedicó a nuestra protagonista,  pasaron luego a manos de Amaro del Rosal (⇑) y ahora, integrados en su archivo personal (AADR), se conservan en la Fundación Pablo Iglesias.

No era mucho, pero se iba ampliando su galería iconográfica. Y aún habría de hacerlo más. En un ejemplar del Heraldo de París de fines del diecinueve encontramos una nueva fotografía suya: un retrato robado (⇑) en el cual aparece con un aspecto algo diferente. Para que nada faltara, he aquí una caricatura. Fue publicada en el semanario Madrid Cromo, en el número correspondiente al 22 de marzo de 1885. Este periódico literario, festivo e ilustrado, que había salido a la calle en los últimos días del año anterior, abría con una caricatura en su portada: José Echegaray, Mariano Benlliure, Julián Romea, Ramón Chíes... En el número doce aparece la primera dedicada a una mujer, a una escritora, a Rosario de Acuña. Por entonces su nombre empieza a asociarse al bando heterodoxo, pues tan solo unos meses atrás había proclamado a los cuatro vientos que se convertía en propagandista del librepensamiento y la quintilla que acompaña el dibujo se hace eco de este hecho:

Vena fecunda y copiosa
tiene su claro talento;
es discreta y es hermosa...
y pide en verso y en prosa
¡libertad de pensamiento!

Su galería iconográfica ya contaba con una caricatura. Andando el tiempo la lista se ampliaría con  las fotografías relacionadas con  La jarca: aquella en la que aparecía sentada en su casa de El Cervigón rodeada de patos y gallinas, como si no se hubiera enterado de los tumultos estudiantiles, y la de la sierra de la Estrella, en el tiempo del exilio portugués.

Solo me queda añadir que todas las imágenes a las cuales se ha hecho referencia en este comentario pueden verse con tan solo pulsar aquí (⇑).



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Rosario de Acuña y Villanueva. VIDA y OBRA (⇑)

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28 diciembre

95. La fiabilidad de la Wikipedia



A propósito del 165º aniversario del nacimiento de Rosario de Acuña



No será preciso mucho espacio para presentar a la Wikipedia, la enciclopedia digital, políglota y de acceso libre, que echó a andar en enero de 2001 impulsada por los estadounidenses Larry Sangres y Jimmy Wales, siendo gestionada desde el año 2003 por la Fundación Wikimedia. Es mundialmente conocida, pues somos millones las personas que la consultamos habitualmente, tantos que, al parecer, se ha situado entre los diez sitios más visitados de Internet. Por si fuera poco, no hace muchos días ha recibido el Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional 2015, galardón otorgado en razón al «importante ejemplo de cooperación internacional, democrático, abierto y participativo, en el que colaboran desinteresadamente miles de personas de todas las nacionalidades, que ha logrado poner al alcance de todo el mundo el conocimiento universal en una línea similar a la que logró el espíritu enciclopedista del siglo XVIII.» Ahí es nada.

Bien es verdad que también cuenta con detractores, algunos hablan de la escasa relevancia de algunos temas; otros ponen en duda su precisión y fiabilidad. Tanto es así que se han realizado diversos estudios comparando el rigor de la Wikipedia en relación con otras enciclopedias, como la Británica.

Coincidiendo con la celebración del 165º aniversario del nacimiento de Rosario de Acuña Villanueva (Madrid, 1850-Gijón, 1923), me he permitido realizar una comprobación con tal propósito. Veamos

Nació doña Rosario en la madrileña calle Fomento el primer día del mes de noviembre de 1850, en el seno de una distinguida familia que hundía sus orígenes en las raíces de los Grandes de España. Su juventud debió de semejarse bastante a las de aquellas jovencitas de la burguesía madrileña que la novela realista tan bien nos ha retratado: una vida cómoda salpicada por fiestas, teatro, viajes, modas... y ¡poesía!, para la cual la señorita de Acuña parece estar especialmente capacitada, a tenor de los parabienes que reciben algunas de sus obras.

En 1876 alcanza un clamoroso éxito con el estreno de Rienzi el tribuno, su primera obra dramática. Unos meses después se casa con el capitán de Infantería Rafael de Laiglesia y Auset. Todo parece indicar que su vida continuará discurriendo por los confortables márgenes que aguardan a quienes como ella han nacido en la parte afortunada de la sociedad. Sin embargo, unos años después Rosario se separa de su marido, se declara librepensadora, ingresa en la masonería y se convierte en una escritora militante. A partir de entonces su pluma se convierte en arma demoledora al servicio de la libertad de pensamiento, el racionalismo, la educación laica, el republicanismo y a la defensa de los más desfavorecidos. Sus numerosos artículos, publicados en diversos periódicos y revistas, tanto del país como del extranjero, dan cumplido testimonio de su lucha, larga y penosa lucha, contra el fanatismo, el fundamentalismo religioso y la postergación social a la que está sometida la mujer.

Imagen del artículo dedicado a Rosario de Acuña en la Wikipedia (captura de imagen, 25-10-2015)
 Rosario de Acuña en la Wikipedia (25-10-2015)

Esto es lo que actualmente y a grandes rasgos sabemos de esta mujer. Pero no siempre fue así. Hace apenas unos años algunos de los datos de su biografía estaban sumidos en una nebulosa confusión. Tal sucedía, por ejemplo con su marido, del que se tenían escasas referencias. También, y esto parece más significativo, con la fecha y el lugar de su nacimiento. Fue una de las cosas que más me sorprendió cuando, a finales del siglo pasado, empecé a investigar acerca de su vida y su obra: no había informaciones ciertas sobre su lugar de nacimiento, pues unos afirmaban que era oriunda de Galicia y otros decían que había nacido en la localidad cántabra de Bezana o en Cuba, aunque fueran Pinto y Madrid los lugares más frecuentemente citados. En cambio, parecía haber unanimidad en cuanto al año: 1851. Luego se demostraría que ni esos eran los lugares, ni ese el año.

Lo curioso del caso es que datos tan dispares, e inexactos, no procedían de ninguna enciclopedia alojada en la Red y de dudosa fiabilidad. No. Las fuentes consultadas provenían de lo que bien podríamos llamar, para entendernos, el estamento académico, que se rige por unos procedimientos de investigación, digamos, ortodoxos. No estamos hablando, en ningún caso, de espontáneos que, de buenas a primeras, escriben lo primero que se les ocurre. Lo hacemos, por tanto, de estudiosos de alguna de las disciplinas del saber, en este caso la Historia o la Literatura, quienes, al hacer públicos los resultados de sus investigaciones, aceptan la crítica, el debate y, eventualmente, las rectificaciones a que hubiera lugar.

Bien, pues tras cierto desconcierto inicial, lo que me quedó claro es que tendría que tomar con mucha prudencia todo lo que se había venido publicando acerca de doña Rosario, pues tal parecía que algunos lo que habían hecho era dar por bueno lo que otros habían publicado anteriormente sin realizar ninguna labor de comprobación.

Y, en efecto, a medida que avanzaba en mi investigación se activaron todas las dudas y alarmas. También alguna que otra certidumbre. El primer hallazgo apareció cuando di con escritos de la escritora en los que aseguraba que había nacido en la capital de España (sirvan de ejemplo los artículos titulados «A los misioneros de la cultura y la fraternidad que Francia nos envía» (⇑) « ¡Justicia!…, ¡Justicia!…, ¡Justicia! (Al pueblo asturiano)» ⇑, publicados en el diario El Noroeste de Gijón en 1917 y 1920 respectivamente). Parecía prueba suficiente para desechar otros lugares, por más que algunos aparecieran de forma reiterada en los estudios a ella referidos, como sucedía con Pinto. También su origen cubano, admitido como cierto por el mismísimo José Martí en su obra Lira guerrera (⇑) y defendido durante décadas por quienes consideraban que El Apóstol de la independencia cubana no podía errar en un asunto como éste. La mayoría de los escritores cerraron filas defendiendo la veracidad de lo afirmado por el líder independentista: «Era cubana. ¿Qué mayor autoridad que la de José Martí, quien seguramente la conoció en la Península o tuvo de ella exactas referencias?». No será hasta el año 1967 cuando la redacción de Patria decida que ha llegado la hora de admitir el error:

Agradecemos a JDP su respuesta, así como al Dr. Iraizoz el gentil envío de su libro, donde se consigna que en el Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano aparece que la poetisa nació en Madrid, y, en la Historia de la Literatura Española, en Bezana, provincia de Santander. Si los propios españoles no se pusieron de acuerdo en el lugar de nacimiento, ¿por qué sorprendernos del lapsus de Martí?

Todo ello a pesar de que, como queda dicho, existen artículos en los que la propia Rosario de Acuña afirma que había nacido en Madrid. De haberlos leído es posible que nos hubiéramos ahorrado tantos dimes y diretes. O no. No lo sé. A estas alturas mantengo ciertas dudas al respecto. Me explico. En esos mismos artículos, la interesada también decía que su nacimiento había tenido lugar en el año 1850. Y a pesar de lo cual, hubo quien al encontrarse con ellos y leer ese dato que chocaba frontalmente con todo lo que se había escrito al respecto, no se le ocurrió otra cosa que concluir afirmando: «En varios escritos del final de la vida de la autora aparece, 1850, como año de su nacimiento, en lugar de 1851. ¿Olvido, o una curiosa expresión de coquetería?».

Una de las obras en las cuales señala que nació en Madrid y que lo hizo en 1850
Y yo que pensaba que, a falta de mejor prueba, debería de haber bastado con el testimonio de la propia interesada… En fin. A la vista de cómo estaban las cosas, teniendo en cuenta el gran peso con el que contaba la tradición académica que se llegaba a cuestionar las manifestaciones de doña Rosario, no quedaba otra que seguir investigando al respecto. Elaboré un calendario en el cual señalé las referencias que iban surgiendo. Eran más los datos que apuntaban hacia 1850 que los que lo hacían a un año después. En estas estaba cuando me topé con la Historia Genealógica y Heráldica de la Monarquía Española… escrita por Fernández de Bethencourt en 1901. En el capítulo titulado Las casas de Acuña en Baeza leo lo siguiente:

Doña María del Rosario Santos Josefa de Acuña y Villanueva, nacida en Madrid el 1º de noviembre de 1850, bautizada el 2 en la Parroquial de San Martín; escritora y poetisa notable, autora del drama Rienzi el tribuno, y, entre otros muchos trabajos del libro titulado En el campo…

El 1 de noviembre de 1850. Aquel dato vino a dar respaldo a los indicios que había ido recogiendo. Para mí estaba claro, tanto que cuando en el año 2005 publiqué Rosario de Acuña en Asturias, decidí ir contra corriente y afirmar que, a pesar de lo que machaconamente se había venido afirmando, Rosario de Acuña Villanueva «ve la luz el primer día de noviembre del año 1850, en las cercanías de la que será años más tarde la Gran Vía madrileña». A pie de página expuse mis argumentos que, básicamente, eran los siguientes:

  1. Las afirmaciones de la escritora en algunos de sus escritos.

  2. Aquella fecha del primero de noviembre de 1850 no contradecía lo manifestado en el certificado de defunción, en el que se decía que la finada contaba en el momento de su muerte con «setenta y dos años de edad», pues de ser cierta mi hipótesis, los setenta y tres años los habría cumplido, en efecto, el primero de noviembre del año 1923.

  3. Estaba además lo de las flores rojas que dos veces al año, el 5 de mayo y el primer día de noviembre, una admiradora fiel, su amiga Aquilina Rodríguez Arbesú, depositaba sobre su tumba. A mi parecer resultaba bastante improbable que una persona de su círculo de amistades, que le profesaba respeto y cariño, que había participado en la creación de un comité para ensalzar la vida y obra de la pensadora, que conocía las penalidades que la escritora había padecido frente al clericalismo reinante, tuviese la ocurrencia de acudir al cementerio coincidiendo con una fecha señalada en el calendario litúrgico de los católicos. Por el contrario, pienso que si lo hacía, a pesar de todas estas consideraciones, era porque había una razón de peso: ése era un día importante en la biografía de doña Rosario.

Las argumentaciones eran muy convincentes o, al menos, a mí me lo parecían. Faltaba, no obstante, la prueba irrefutable que, después de varias indagaciones, estaba próximo a recibir. Poco después de realizada la presentación del libro llegó la documentación que había solicitado tiempo atrás, en la cual figuraba la partida de bautismo de la escritora donde, en efecto, se confirma lo que ya había quedado escrito en el libro.

En el año 2009 publico Rosario de Acuña y Villanueva. Una heterodoxa en la España del Concordato (⇑) y allí muestro todas las referencias que avalan lo afirmado cuatro años antes. Por esas fechas pongo en marcha la página Rosario de Acuña. Vida y obra (www.rosariodeacuna.es ⇑), donde reproduzco la trascripción de la Partida de bautismo… ¿Qué más se puede hacer?

Diez años después, cualquiera puede constatar lo difícil que resulta hacer frente a la inercia que representa una parte del saber establecido. Así, por ejemplo, la Enciclopedia Larousse, sigue afirmando que nació en 1851; la Enciclopedia Británica, lo mismo. No cabe duda que a las viejas enciclopedias les falta la agilidad con que cuenta la Wikipedia, que si bien en el año 2006, momento en el que incorporó un pequeño espacio dedicado a Rosario de Acuña, decía que había nacido en Pinto en 1851, en la actualidad la entrada dedicada a nuestra protagonista está libre de errores, aportando información veraz y suficiente para quienes hasta allí se acercan. El trabajo de unos cuantos colaboradores ha hecho posible que la entrada Rosario de Acuña, sea fiable. Tan fiable, que es la información de referencia que utiliza la Biblioteca Nacional de España.



Nota. Este artículo fue publicado en el diario El Comercio, de Gijón, en dos entregas tituladas: «Una biografía en cuestión» (1-11-2015) y «Dudas y certidumbres» (2-11-2015)



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Rosario de Acuña y Villanueva. VIDA y OBRA (⇑)

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26 diciembre

83. Que no, que no... que nació en Madrid


Escribo estas líneas horas después de que se hiciera pública la muerte de Marcelino Camacho. Luego resultó que la noticia no era tal, que el dirigente sindical se encontraba ingresado en un hospital de Madrid en estado muy grave, pero que no había muerto. Al parecer, los errores se sucedieron: una agencia proporcionó la noticia –sin haberla contrastado, se supone– a sus abonados, algunos de los cuales la publicaron sin más. Hete tú aquí, que hay quien llama a la familia y comprueba que lo publicado no es cierto, que el fundador de CCOO está grave, pero aún vive.

Sirva el hecho como muestra de la confusión que rige nuestros actos: tal parece que nos importa más la cantidad que la calidad, la rapidez que la verdad. ¿Para qué perder tiempo contrastando una fecha, un dato... una muerte?

Y si esto sucede con hechos contemporáneos, de fácil comprobación, ¿qué no sucederá con asuntos acaecidos décadas atrás? De eso sabemos bastante todos cuantos nos dedicamos a rastrear las fuentes del pasado: los errores, las pistas falsas, suponen mayor contratiempo que la ausencia de datos. Veamos un ejemplo en el asunto que nos compete: cuando empecé a investigar acerca de la vida y obra de doña Rosario de Acuña –hará de esto del orden de unos de diez años– me sorprendió que no hubiera informaciones ciertas sobre su lugar de nacimiento, pues unos afirmaban que era oriunda de Pinto y otros que decían que había nacido en Bezana, en Madrid o en Cuba. En cambio, parecía haber unanimidad en cuanto al año: 1851.

Dibujo de la Puerta de Alcalá publicado en La Ilustración Española y Americana, marzo de 1876

Tras varios años de investigaciones, entrada ya la primavera de 2005, en Rosario de Acuña en Asturias (⇑) pude avanzar lo siguiente: «Una vida que comenzó mediado el anterior siglo [me refería al de su llegada a Gijón] en Madrid, donde ve la luz el primer día de noviembre del año 1850, en las cercanías de la que será más tarde la Gran Vía madrileña». O sea que, a pesar de lo que se había venido diciendo, no había nacido ni en Pinto, ni en ningún otro lugar que no fuera la capital de España; y no lo había hecho en el año 1851. Más adelante, en otro capítulo, citaba alguno de los argumentos en los que basaba aquella afirmación. El más contundente de todos ellos quizás fuera el aportado por Francisco Fernández de Bethencourt, quien en su Historia genealógica y heráldica de la Monarquía Española, publicada en 1901, señalaba lo que sigue: «Doña María del Rosario Santos Josefa de Acuña y Villanueva, nacida en Madrid el 1º de noviembre de 1850, bautizada el 2 en la parroquial de San Martín...». Basándome en este dato, de gran precisión y procedente de una fuente cuya fiabilidad había podido contrastar en ocasiones anteriores, así como en algunos otros que allí también enumeraba y que apuntaban en la misma dirección, di por buena aquella fecha, a pesar de que cuantos a ella se han referido en el pasado, y aun en el presente, en las diversas enciclopedias, historias de la literatura y monografías que he consultado se habían empeñado en afirmar que 1851 era el año del nacimiento de Rosario de Acuña Villanueva.

No era uno, sino varios los argumentos en los que me apoyaba para realizar esa afirmación. De todas formas, meses después recibí la prueba que estaba esperando: la copia de la Partida de bautismo de la escritora, documento que se encuentra en el expediente abierto en 1883 con motivo de la solicitud de pensión de viudedad que realizó su madre por entonces. No sólo hice mención a la existencia del documento en Rosario de Acuña y Villanueva. Una heterodoxa en la España del Concordato (⇑) (2009), sino que poco después publiqué el texto de la citada partida (⇑) en la página «Rosario de Acuña. Vida y obra»:

«En la Iglesia Parroquial de S. Martín de Madrid a dos de Noviembre de mil ochocientos cincuenta, Yo D. Sebastián Fernández, Teniente Cura de ella, bauticé solemnemente y puse los Santos Óleos y Crisma a una niña que nació el día primero del corriente a las cinco y media de la mañana en la calle de Fomento número veintinueve y la puse por nombre María del Rosario Santos Josefa, hija legítima de D. Felipe Acuña, natural de Arjonilla, provincia de Jaén, y de Dª Dolores Villanueva de Elices, natural de Yebra, diócesis de Toledo. Abuelos paternos D. Felipe, natural de Baeza, provincia de Jaén y Dª Rosario Solís y Abellán, natural de Doña Mencía, provincia de Córdoba, y los maternos D. Juan, natural de San Pedro del Monte, provincia de León y Dª Polonia Elices, natural de Ocaña. Padrinos D. José Gómez y Dª Francisca Elices, a quienes advertí el parentesco espiritual y obligaciones. Testigos D. Isidoro María Fernández y D.José Sánchez y lo firmé. Sebastián Fernández.»

Bien creía, iluso de mí, que con aquello sería suficiente, que ya nadie albergaría dudas al respecto y que a partir de entonces no habría publicación que no dijera que doña Rosario de Acuña y Villanueva había nacido en Madrid el primer día de noviembre del año 1850 (en unos días, el CLX aniversario).

Claro está que no contaba con el hecho de que la Wikipedia puede ser actualizada por cualquiera que pase por allí. Y el otro día me encontré con que en este lugar tan socorrido en estos tiempos, la entrada dedicada a nuestra librepensadora se decía que había nacido en Pinto el 1 de noviembre de 1851.


Captura de la página dedicada a Rosario de Acuña en la Wikipedia
Captura de la página en octubre de 2010

De nuevo a las andadas. ¡Qué tiempos! Todo rápido, todo globalizado, todo al alcance de todos... Lo que a unos les lleva años de investigación, otros lo resuelven con una lectura de reojo; lo que a unos les supone consultar y consultar fuentes, otros lo ventilan cortando y pegando de cualquier sitio, en el cual ha sido publicado tras haberlo cortado y pegado de vete tú a saber dónde...

Notas 

(1) Parece ser que las cosas han empezado a cambiar, al menos en algunos ámbitos. Para que conste, véase el comentario 95. La fiabilidad de la Wikipedia (⇑).

(2) Este comentario fue publicado originariamente en blog.educastur.es/rosariodeacunayvillanueva el 29-10-2010.



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Rosario de Acuña y Villanueva. VIDA y OBRA (⇑)

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