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18 marzo

155. Querida Julia



Grabnado de Julia de Asensi publicado en 1897 en su libro de cuentos Brisas de primavera
Así, con esa fórmula de cortesía y afecto, solían empezar los artículos que nuestra protagonista envía a Julia de Asensi y que son publicados en La Mesa Revuelta, revista que dirige el hermano de la destinataria, Tomás. El primer número de la publicación aparece el siete de abril de 1875 y a lo largo de ese año son varios los escritos que llevan la firma de la joven Rosario: Correspondencia de Andalucía (⇑), Una corona marchita (⇑), Una peseta (⇑), El mejor recuerdo (⇑), Una ramilletera en Venecia (⇑).

Julia era hija del diplomático Tomás de Asensi Lugar y de Rosario de Laiglesia Laiglesia, apellidos que, de seguro, resultarán bien conocidos a quienes siguen lo que en este espacio se va contando. En efecto, esta Rosario, madre de Tomás y de Julia, era hermana de Augusto, el padre de Dolores, Francisco, María del Consuelo y Rafael de Laiglesia  Auset. Julia de Asensi y de Laiglesia era, por tanto,  prima carnal de quien no tardando se habría de convertir en marido de Rosario de Acuña Villanueva.

Para aquella jovencita aficionada a la poesía debió de resultar muy estimulante: la novia de su primo Rafael era algo mayor que ella y podía ser un buen espejo en el que mirarse,  pues había adquirido cierta soltura en el asunto de la versificación.  A Julia, ciertamente,  le gusta escribir poemas y en 1873, el año en el que cumplía los catorce, ya consigue ver alguno publicado. Al año siguiente, siguiendo una costumbre bien extendida entre las jovencitas de la buena sociedad de la época,  abre las páginas de su Álbum para que amigos y conocidos escriban sus poesías a ella dedicadas.

Fragmento del poema que Rosario de Acuña escribió en el álbum de Julia de AsensiAl pie de los versos allí escritos encontramos alguna que otra firma conocida. Están las de Gaspar Núñez de Arce, Juan Eugenio Hartzenbusch o Ramón de Campoamor, frecuentes en estos menesteres; también la de Joaquín Dicenta al pie de un soneto. La mayoría es obra de hombres más o menos duchos en el arte de la rima; dos son los poemas  escritos por mujer: el uno es obra de la sevillana Mercedes de Velilla y Rodríguez; el otro de Rosario de Acuña Villanueva. Precedida de la pertinente dedicatoria y convenientemente firmada, rubricada y datada (noviembre de 1874) en la página veintinueve encontramos «Una gota de rocío (⇑)», tres quintillas en el álbum manuscritas y que dos años después serán incluidas en Ecos del alma, el primer poemario publicado por su autora.

A Julia le gustaba escribir y a la escritura  se dedicó durante buena parte de su vida. Poesía, pero también alguna que otra obra dramática, artículos y, sobre todo, narraciones infantiles. En los primeros años coincide con Rosario, la mujer de su primo, en varias publicaciones. En las dos firmas aparece el apellido «de Laiglesia», el de su padre en el caso de la primera, el de su marido, en el de la segunda.  Así sucede en el Álbum calderoniano. Homenaje que rinden los escritores portugueses y españoles al esclarecido poeta don Pedro Calderón de la Barca... que ve la luz en 1881.

(Julia)
Cual poeta asombraste al mundo entero
y unir supiste a tan brillante dote
la de ser bravo y singular guerrero
y esclarecido y recto sacerdote
...

(Rosario)
Pasan los siglos, pasan las edades
a hundirse entre las sombras del olvido;
polvo queda no más de lo que han sido
populosas y espléndidas ciudades.
...

También en la obra colectiva Las mujeres españolas, americanas y lusitanas pintadas por sí mismas, en la cual Julia participa con tres escritos («La aristócrata devota», «La trapera» y «La pupilera»), mientras que Rosario lo hace con uno («La cordobesa» ⇑).

A partir de la segunda mitad de la década de los ochenta sus trayectorias se distancian. La separación de Rafael, primero, y su adhesión al librepensamiento, después, terminarán por alejarlas definitivamente. La escritura, que anteriormente tanto las había unido, reflejará bien a las claras la distancia que se va abriendo en sus vidas. Julia de Asensi parece sentirse cómoda transmitiendo a jóvenes y adultos las bondades de la tradición; Rosario se dedica a combatir con afán las supersticiones y el fanatismo.

Están en orillas diferentes. Son militantes de dos bandos antagónicos,  como bien se demostrará con ocasión de los violentos sucesos que en 1909 tuvieron lugar en Barcelona, la Semana Trágica. La orden del Gobierno ordenando el envío de miles de reservistas –la mayoría padres de familias obreras– a Marruecos desencadena movilizaciones, protestas, huelgas contra la guerra y una dura represíón posterior. Ni Julia de Asensi ni Rosario de Acuña se mantienen calladas ante aquella situación. Ambas toman partido y lo hacen en trincheras diferentes.

Julia, escandalizada por los ecos que le llegan de Barcelona,  no duda en formar parte de la comisión constituida por las damas del Centro de la Defensa Social de Madrid  al objeto de recabar firmas en toda España no solo contra los revolucionarios, sino también contra el  «crimen de lesa patria y de alta traición que tales atropellos significan ejecutados cuando España tenía que defender en el Rif el honor nacional». A su lado se encuentran dos docenas de mujeres que, a tenor de los títulos que exhiben, bien pudieran ser consideradas genuinas representantes de la sociedad de orden, patriota, bienpensante... que no iba a la guerra. El escrito promovido por aquellas damas decía entre otras cosas lo que sigue:

Los vandálicos sucesos que sembraron de luto las calles de Barcelona y de otras poblaciones de Cataluña, no pueden pasar sin la más enérgica protesta de las personas honradas. Los templos y conventos  incendiados, los sacrilegios y profanaciones de cosas y personas sagradas, los robos y asesinatos y los delitos de alta traición y de lesa patria que los revolucionarios cometieron en los últimos días del mes de julio con escándalo del mundo civilizado, están pidiendo a gritos, no sólo un castigo ejemplar, sino una manifestación unánime y vigorosa de toda España para reprobar con indignación tan criminales atentados y para pedir a los poderes públicos, la adopción de medidas gubernativas que libren a la nación de tan siniestras desdichas...

Rosario, escandalizada por la desolación provocada por aquella leva forzosa que obligaba a miles de padres, a miles de obreros, a abandonar a su suerte a sus familias, decidió poner en escena La voz de la patria. Una obra estrenada en Madrid en 1893, «con ocasión de la otra guerra de Melilla»,  que refleja una situación similar a la que vivirían entonces muchas familias españolas. Trata de las disputas familiares que se originan ante la próxima partida de Pedro, quien, como reservista que es, ha sido llamado para combatir a las tropas marroquíes que llevan tiempo hostigando la ciudad de Melilla. La madre, que no entiende aquella guerra («¡Maldita guerra, maldita!»), quiere que su hijo huya por los montes hacia Francia; el padre no quiere ni oír hablar del asunto de la huida, pues es el honor el que está en juego («una guerra que es por honra/ no la maldicen las madres»). Por si fuera poco, Pedro tiene una novia que en la víspera le va a anunciar que va a ser padre... ¡Maldita guerra, maldita! Rosario de Acuña Villanueva, recién instalada en Gijón ciudad en la que ha decidido pasar los últimos años de su vida, no tiene otra forma de luchar contra aquella guerra que con sus palabras. Recupera La voz de la patria, dirige los ensayos y la presenta a sus nuevos vecinos en el gijonés teatro Jovellanos.

Rosario, escandalizada por la ejecución de Francisco Ferrer Guardia, a quien un consejo de guerra había condenado a muerte acusado de ser el máximo responsable de la Semana Trágica, alaba públicamente a Melquíades Álvarez por la defensa que realiza en el parlamento español del pedagogo y librepensador:  «Me enorgullece ser conciudadana de quien ha sabido de un modo maravilloso defender la majestad de la Justicia y la supremacía de la Razón», escribe con ocasión del discurso que aquél pronuncia durante el debate que se sigue en el Congreso acerca del llamado Proceso Ferrer.

Julia de Asensi y Rosario de Acuña se escandalizan por cosas bien diferentes. La poesía las unió en otro tiempo, la vida vivida las situó en orillas diferentes, por momentos enfrentadas.




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Rosario de Acuña y Villanueva. VIDA y OBRA (⇑)

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22 octubre

134. Proceso, exilio e indulto


Nuestra juventud masculina no tiene nada de macho; como la mayoría son engendros de un par de sayas la de la mujer y la del cura o el fraile y de unos solos calzones los del marido o querido resultan con dos partes de hembra: o por lo menos hermafroditas por eso casi todos hacen a pluma y a pelo. Tienen, en su organismo, tales partes de feminidad pero de feminidad al natural, de hembra bestia que sienten los mismos celos de las perras, las monas, las burras y las cerdas, y ¡hay que ver cuando estas apreciables hembras se enzarzan a mordiscos; las peloteras suyas son feroces...!

¡Ahí es nada!, ¡no morder aquellos estudiantitos a sus compañeras! Sus órganos semifemeninos les hacen ver una competencia desastrosa, para ellos, con que las mujeres vayan al alcance de sus entendimientos de alcancía rellena de ilusiones, de doctorados, diputaciones y demás sainetes sociales.

¿Qué les quedaría que hacer a aquellas pobres chicas?... digo pobres chicos... si las mujeres van a las cátedras, a las academias, a los ateneos y llegan a saber otra cosa que limpiar los orinales, restregarse contra los clérigos, y hacer a sus consortes cabrones y ladrones, para lucir ellas las zarandajas de las modas...? ( «La jarca de la Universidad» (⇑), El Progreso, Barcelona, 22-11-1911).

La autora de aquellas ácidas palabras, «de lenguaje viril», como ella misma las calificaría tiempo después, no podría menos que sorprenderse por la trascendencia que tomaba aquel asunto, pues en las más altas instancias del país se estaban adoptando las medidas pertinentes para satisfacer a los ofendidos estudiantes: se dice que el ministro de Instrucción pública se ha reunido con el fiscal del Supremo y que éste ha telegrafiado al de la Audiencia de Barcelona. Al final, la Fiscalía de la capital catalana interpone una querella contra la autora del artículo por un delito de calumnias. Mientras tanto, en la prensa nacional no dejan de aparecer escritos que, en cuanto a ofensas, no se distancian mucho del que tan acaloradamente critican. Así, por ejemplo, en Madrid Cómico del 2 de diciembre se publican unos «Couplets de actualidad con música de “La gatita blanca”» (⇑), en los cuales el autor no puede menos que recurrir al castizo repertorio que santifica la domesticidad de la mujer para atacar a doña Rosario y, por extensión, a todas las que osan salir del confinamiento doméstico. Palabras más gruesas se vierten en el artículo que con el título «Los estudiantes y la Rosario» (⇑) publica ese mismo día el semanario Cataluña. Ernest Homs, colaborador habitual del periódico y a la sazón estudiante de Derecho, firma un escrito plagado de duras palabras hacia la escritora, a quien empieza aplicando el tan usado calificativo de histérica, para proseguir en escala ascendente con los de alcohólica, cretina y degenerada y terminar con los llamativos «harpía laica», «chantajista de sufragio universal» o «trapera de inmundicias». Menos mal que la destinataria de tales epítetos no llegó a leerlos, puesto que, a la vista de cómo se estaban poniendo las cosas, había tomado ya la decisión de abandonar su casa y buscar un lugar seguro para cobijarse. De tal manera que cuando el primer día de diciembre acude a su casa una pareja de la Guardia Civil con el consiguiente exhorto judicial para proceder a su detención, se encuentra con que no estaba, en la casa no había nadie. La prensa afirma al día siguiente que «hace días que había marchado a París».


Fotografía de una manifestación anticlerical celebrada en Lisboa en 1912


No fue a la capital francesa adonde dirigieron sus pasos Rosario y Carlos, su fiel acompañante, sino a Portugal, la tierra de la que siglos antes habían partido los antepasados de la escritora. Dejando a un lado este lejano vínculo con el país vecino, lo cierto es que esa tierra y sus gentes cuentan con el aprecio y el cariño de la pareja, como bien han dejado patente años atrás, con ocasión del Ultimátum británico de 1890, cuando ambos se apresuraron a escribir manifiestos en solidaridad con el pueblo portugués y a colaborar en cuantos actos se celebraron entonces con el mismo objetivo. Además, el país vecino resultaba ahora aún más atractivo para quienes, como ellos, llevaban tiempo enarbolando la bandera de la libertad de pensamiento, pues el Gobierno de la recientemente proclamada república lusa había dado pasos decisivos para poner fin a la confesionalidad del estado: se disolvieron las órdenes religiosas, se instauraron fiestas civiles en sustitución de las religiosas, se procedió a la supresión de la enseñanza religiosa en la escuela, se clausuró la Facultad de Teología de la Universidad de Coimbra, se dio vía libre al divorcio, se secularizaron los cementerios… es decir, muchas de las cosas por las que nuestra propagandista lleva tiempo luchando: las reformas que ella anhela ver implantadas en España ya se han logrado, y en poco tiempo, en Portugal, un país que ya será para ella «esa admirable nación que supo, de una manotada, quitarse de encima Iglesia, Monarquía y oligarcas…»

Lo más probable es que atravesara la frontera por Tuy, pues sabemos que una vez en tierra lusa decidió instalarse en la vecina localidad de Valença do Minho, en el hotel O Valenciano. Debió de pensar que aquel era un buen lugar para esperar a ver cómo se desarrollaban los acontecimientos: estaba en otro país, libre de la justicia española; estaba cerca de casa, cerca del regreso. Si en un principio pensó que su estancia en Portugal era cosa de poco tiempo, las informaciones que habría de recibir no tardarían en moderar su optimismo. A finales del mes de enero se debe enterar que el juez del distrito del Hospital en Barcelona la ha citado a declarar en dicho juzgado por la causa que se sigue contra ella por el delito de escándalo público. Un mes después se sabe que el diputado Álvaro de Albornoz realiza una pregunta al gobierno acerca de su caso, denunciando el hecho de que se publiquen edictos interesando la busca y captura de Rosario de Acuña «sólo porque se acusa a ésta de un delito de injurias que no tiene prisión preventiva». Es seguro que de estas y otras actuaciones le informan puntualmente algunos correligionarios que, procedentes de diferentes localidades gallegas, la visitan en Valença. 

A mediados del mes de marzo del año 1912 abandona la localidad fronteriza para dirigirse a Lisboa, según informa un diario local. Han pasado ya más de tres meses y no se vislumbra el final de su obligada estancia en Portugal. De su paso por la capital, sabemos poca cosa, lo que la protagonista nos ha contado: que los portugueses fueron muy caballerosos con ella;  que el líder republicano Alfonso Costa (exministro de Justicia y futuro presidente de la República) la invitó a comer a su casa y que al final de la velada le regaló un clavel, «símbolo –recuerdo que dijo textualmente– de la pureza de la República Portuguesa».

¿Qué hizo a partir de entonces? Tal vez se instaló en las inmediaciones de la capital o quizás se dedicó a recorrer el territorio portugués, como si se tratara de uno de los largos viajes que antaño solía realizar por las tierras españolas. Además de sus estancias en la Sierra de la Estrella, Valença o Lisboa, sabemos que también estuvo en Aveiro, donde permaneció varios días que aprovechó para conocer la ciudad y sus alrededores, según nos cuenta un periódico de la localidad («A nossa hospede, que fala com notavel vivacidade, conta demorar-se algum tempo entre nós...»).  

Fotografía de Rosario de Acuña en la sierra de la Estrella (Rosario de Acuña en la Escuela)De poco más tengo constancia. En cualquier caso, sea como fuere, estuviera donde estuviere, de seguro que a sus oídos llegan noticias acerca de las gestiones que algunos están realizando para conseguir para ella un indulto. Tal es el caso de los integrantes de la gijonesa logia Jovellanos, quienes en reunión celebrada el 25 de octubre de 1912 acuerdan dirigirse al Gran Consejo de la Orden instándole a realizar las gestiones que considere pertinentes a fin de conseguir la promulgación de una medida de gracia para todos los condenados por delitos políticos y de imprenta. Con este objetivo se envían dos cartas al Venerable Maestre del Grande Oriente Español. En la primera de ellas se exponen claramente las intenciones: «Trátase de conseguir un indulto general por delitos políticos y de imprenta», para, de esta forma, lograr que unos puedan salir de las cárceles y otros, regresar a España. De entre todos los posibles beneficiados por esta medida, los masones gijoneses se refieren especialmente a Rosario de Acuña, de cuya suerte se muestran preocupados pues «aquí (donde solía residir) se susurra entre el elemento reaccionario que se redactará el indulto de manera que no pueda ella aprovecharlo». La segunda, enviada dos días después, apuntan el argumento en que se podría basar tal petición: desde hace diez años no se ha concedido ningún indulto, mientras que entre 1898 y 1902 hubo tres.

El momento político parece favorable a la medida, razón por la cual en los primeros días del año 1913 los diputados Morote, Roberto Castrovido y Melquíades Álvarez visitan al conde de Romanones, nuevo presidente del Gobierno, con objeto de solicitarle la concesión de un indulto para los procesados y condenados por delitos políticos y sociales y de prensa. Al parecer, el presidente del Consejo de Ministros se mostró dispuesto a acceder a lo demandado, pues quería contribuir con la medida a mantener el estado de tranquilidad que por entonces existía en España. El caso es que unos días después de la entrevista, coincidiendo con la onomástica del rey, se promulga un real decreto por el cual se concede un «indulto total a los que hubieren sido condenados, cualquiera que sea el Tribunal o jurisdicción que hubiere impuesto la condena, por los delitos cometidos por medio de la imprenta, el grabado u otro medio mecánico de publicación o por medio de la palabra hablada en reunión o en manifestación pública o en espectáculo con fin político…». Parece claro que Rosario de Acuña es una de las indultadas y puede regresar cuando quiera, pues, días después, la Gaceta publica unas instrucciones en las que, entre otras cosas, confirma que la medida tiene plena vigencia desde el día siguiente al de su promulgación. No obstante, el retorno de la escritora no se produjo de inmediato; ni siquiera cuando, a primeros de abril, la Audiencia de Barcelona hizo público una disposición que deja sin efecto la orden de captura que había dictado contra la escritora a finales del año 1911, por estar, efectivamente, comprendida su causa en el indulto de enero. Debió de demorar el regreso a la casa de El Cervigón hasta finales de ese año, pues, según sus propias palabras fueron dos los años que pasó de emigración en Portugal.



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26 marzo

104. Revolucionaria


Dejará de ser la propiedad privada (La tierra es del Hombre, sus frutos son de TODOS los hombres). Dejará de ser la organización de los Estados bajo poderes personales. (Los reyes y sus similares son la organización de la ley de castas, el símbolo del prehistórico pastoreo; los hombres no son ya las piaras, son individualidades aptas para pensar y conocer, indagando y deduciendo, por sí mismos, las leyes de la Naturaleza)...

Las líneas que abren este comentario forman parte de un artículo dedicado al Primero de Mayo (⇑) y  publicado en la primera página del gijonés diario El Noroeste ese primer día del mes de mayo del año 1916. De su lectura se desprende que por aquel entonces a Rosario de Acuña ya no le cabe ninguna duda: aquella sociedad en la que vive no tiene remedio: «Todo cuanto vemos, y padecemos, a nuestro alrededor, ha de derrumbarse...». ¡Qué lejos quedan aquellos tiempos en los que aún albergaba la esperanza de que la luz de la razón, la educación, la ciencia, la vuelta a la naturaleza, terminarían por enderezar el rumbo de su querida España, presa de las supersticiones y dominada por la hipocresía y las vanidades!

Lejos quedan aquellos primeros años de la década de los ochenta del siglo anterior, cuando, tras su frustrante etapa zaragozana, decidió vivir en una quinta campestre y divulgar los positivos efectos que para la regeneración social tenía la vida en el campo y el acercamiento a la Naturaleza.

Vano fuera el decir que debieran arrasarse las ciudades para que, regenerado el individuo con la vida agrícola, se preparase la regeneración social, que tan necesaria se está haciendo en la familia humana: sobre ser imposible, hoy por hoy, la supresión de los grandes centros, como los ánimos no están dispuestos a tan radicales modificaciones, quien dijese tal cosa pasaría por loco, y a la verdad, ni aun con visos de injusticia quiero que así se me nombre; pero si bien es imposible en la actualidad tan enérgica transformación, se debe inclinar a los habitantes de las ciudades hacia la vida campestre, donde por lo menos deberían pasar dos meses al año, siendo las casas de campo una especie de lazaretos del alma, donde se purificase el espíritu de ruindades, pequeñeces y miserias de la vida mercantil, industrial, bursátil u oficinesca, y donde la familia, con la mujer a la cabeza, comparase las alegrías vertiginosas de las calles, plazas, salones y coliseos con las tranquilas felicidades de la vendimia, de la sementera, de la recolección o del pastoreo. (Influencia de la vida del campo en la familia ⇑, 1882)

Lejos también aquellos otros –la mayor parte de su vida– en los que fió todo a la defensa del librepensamiento en la confianza de que, vencidos el dogma y la superstición, la regeneración de la patria sería un hecho cierto.

No es posible ninguna evolución hacia la mayor suma de felicidad sobre mayor número de seres esparcida, sin que en el alma de las masas prenda el fuego de la cultura; y el hombre y la mujer, sin saber leer, sin saber escribir, sin saber contar, sin saber dónde vive ni lo que hay más allá de donde vive, es un verdadero animalito, es una unidad de rebaño rumiante, que con la cabeza baja, buscando siempre el pasto, anda sumiso al mandato de los pastores, bien lo lleven éstos a dehesas excelentes o bien lo conduzcan a cruentos mataderos.(«Por la cultura» ⇑).

Tras la dura experiencia del exilio portugués y después de una etapa de silencioso alejamiento, algo parece haber cambiado en el pensamiento de doña Rosario al respecto. ¿Y si la evolución, la renovación o la regeneración de la sociedad no fuera el mejor medio para su transformación?

La Libertad guiando al pueblo, Eugéne Delacroix (1830)

Algunos asuntos ocurridos en 1917 –y la reflexión que sobre ellos nos ha dejado por escrito– puede aportarnos alguna pista. Próxima a cumplir los sesenta y siete, cansada y arruinada, ha comprobado en sus  propias carnes que los enemigos son muy poderosos; que poco se ha conseguido desde que treinta y tanto años antes decidiera adherirse al campo de los librepensadores.  ¿Destruir para construir?

Rusia ha despertado a la «Edad Futura». Esta espantosa guerra europea ha sido la tea encendida ante cuyo resplandor se vuelcan, en las necrópolis de la historia, todos los poderíos aristócratas, todos los privilegios de clase, todas las autoridades impuestas a la Humanidad, espiritualmente, por los terrores del más allá de la muerte, y materialmente, por las bombas de los cañones y el filo de los sables. («Las mujeres revolucionarias rusas» ⇑)

Las bombas de los cañones y el filo de los sables... Por entonces en España reformistas, republicanos y socialistas le dan vueltas a la posibilidad de convocar una huelga general, hasta el punto de que habían llegado a pactar la formación de un Gobierno provisional del cual Melquíades Álvarez sería el presidente y Pablo Iglesias el ministro de Trabajo. Las simpatías políticas de doña Rosario eran conocidas; sus contactos con socialistas, reformistas y anarquistas,también; sus apelaciones a la NUEVA ERA que habría de llegar para acabar con la civilización que se derrumba, estaban en las páginas de los periódicos. Y, sobre todo, aquel artículo (⇑), repleto de expresiones grandilocuentes, con sospechosas palabras resaltadas con letras mayúsculas: «en esta HORA SUPREMA para España…», «¡más vean los demás si para ellos y su descendencia llegó la hora de vivir, porque la cuestión es de VIDA o MUERTE!»

  Hoy es Rusia, la patria de Gorki y de los dos más grandes apóstoles de la emancipación moral y material del hombre, la que levanta el primer grito de libertad… ¿Cuál será el que se alce mañana para sacudirnos por siempre, de los sicarios de la superstición, de las tiranías y del odio?... Uno de los primeros decretos de los primeros salvadores hombres (hombres) de Rusia es la abolición de la pena de muerte: sólo este decreto basta para conocer el plano de grandezas con que actúan. «Por el fruto los conoceréis», ha dicho el Evangelio. A la Rusia que fue, durante siglos, una sucesión de ajusticiados, de asesinados; a la Rusia de los zares, ha sucedido la Rusia de los garantidos en sus vidas, el primero de los derechos que constituye la personalidad humana.(«Las mujeres revolucionarias rusas» ⇑)

En 1917 Rosario de Acuña estuvo en el punto de mira de los gobernantes. La policía efectuó, de madrugada, dos registros en su vivienda. Los organizadores de la huelga general fueron encarcelados... Represión, dolor.

¿Y no lloraremos por todos estos dolores? ¡Vaya si lloraremos! Pero hay que sobreponerse, dejar el llanto para luego, para más tarde, cuando dejen de actuar las garfiadas y los mordiscos ¡Ay! Han de llegar para la humanidad días luminosos, después de la noche en que vamos entrando; días en que el llanto corra, corra, no acre, royente de piedades y conocimientos, sino suave, desahogador, brotando de un insaciable afán de amar, de comprender, de esperar y de creer... Luego, ¡luego, lloraremos!; ahora, ¡vivan las guadañas, las hoces y las piedras! Las mueve el soplo de Némesis, que ni sonríe ni acaricia mientras una sola desviación de su balanza le preocupa.(«Las castañas asadas» ⇑, 1923)



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Rosario de Acuña y Villanueva. VIDA y OBRA (⇑)

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19 agosto

17. Los masones se movilizan


Octubre de 1912. Rosario de Acuña lleva ya casi once meses en Portugal, huida de España para evitar ser detenida, pues desde el mes de enero pesa sobre ella una orden de busca y captura dictada por un juzgado de Barcelona tras la querella interpuesta por el fiscal correspondiente como consecuencia de la publicación de La jarca de la Universidad (⇑).

Meses atrás, casi desde el mismo momento en que se dictó la orden, hubo quienes se movilizaron para conseguir la vuelta a casa de la escritora. Así, en febrero el diputado republicano y masón Álvaro de Albornoz interpeló en el Congreso al Gobierno para exigirle la anulación de la orden en cuestión pues no cabía tal  «por un delito de calumnia contra una clase que no es del Estado». Otros, de manera más o menos discreta, iniciaron  gestiones con el fin de conseguir la promulgación de un indulto para los delitos de opinión y de imprenta, al cual se podría acoger doña Rosario.

En estos días de otoño todo son rumores al respecto. Parece que el indulto es inminente, pero que no será todo lo amplio que los partidarios del retorno de la librepensadora de El Cervigón desearían. Se dice, incluso, que hay sectores que están presionando para que la autora de aquel artículo que tantas censuras recibió no se beneficie del mismo.

Fragmento de la carta enviada por la logia Jovellanos

Así las cosas, el 26 de octubre los masones gijoneses que integran la logia Jovellanos, conocedores de las gestiones que se están haciendo al respecto, deciden enviar una carta al Gran Consejo de la Orden que, en lo sustancial, dice lo siguiente:

Trátase de conseguir un indulto general por delitos políticos y de imprenta, para que salgan de las cárceles los presos y vuelvan a España los desterrados y expatriados. Entre estos últimos se encuentra la ilustre h.·. Rosario Acuña, y aquí (donde solía residir) se susurra entre elemento reaccionario que se redactará el indulto de manera que no pueda ella aprovecharlo.

Ante tamaña injusticia se subleva el ánimo y este taller en ten.·. de ayer acordó por unanimidad dirigiros la presente para poneros sobre aviso, y que en cumplimiento de nuestro deber de proteger al h.·. y al débil, procuréis, por los medios que a vuestro alcance están que no se cometa tal monstruosidad, velando por los fueros de la razón y la justicia.

Habrá que esperar, no obstante, hasta el mes de enero de 1913 para que el nuevo Gobierno de Romanones, tras haber recibido la visita (hay que decirlo, aunque no se pueda probar la relación causa-efecto entre los dos hechos) de los diputados Melquíades Álvarez (asturiano y masón), Moroto y Castrovido, se decida a hacer público el real decreto por el cual se concede un indulto total «a los que hubieren sido condenados, cualquiera que sea el tribunal o jurisdicción que hubiera impuesto la condena, por los delitos cometidos por medio de la imprenta, el grabado u otro medio mecánico de publicación o por medio de la palabra hablada en reunión  o en manifestación pública o espectáculo con fin político...»



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Rosario de Acuña y Villanueva. VIDA y OBRA (⇑)

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12 agosto

12. La solitaria de «El Cervigón», por Manuel Tejedor


En suerte le cupo el Primero de Mayo de este año poder holgar a nuestro viandante. Porque no siempre el que viaja con frecuencia puede festejar el día mayor de los trabajadores (1). Otros años nos ha sorprendido la estancia en esta fecha en pequeños pueblos donde la falta de organización obrera hacía que el Primero de Mayo pasara inadvertido y se viese uno lanzado forzosamente a su habitual trabajo.

Fotografía tomada cuatro días antes de su fallecimiento, en la celebración del  Primero de Mayo (El Comercio, Gijón, 16-3-1969)Pero este año, no. Este año hemos tenido la dicha de poder estar al lado de la familia y de la organización a la vez. Y, verdaderamente, ¿por qué no decirlo?, ciertas expansiones que realizan los obreros organizados en este día no son de nuestro agrado. Suelen tener derivaciones que inconscientemente se traducen en consecuencias no muy prestigiosas precisamente.

He aquí un fundamento para que a los socialistas gijoneses les haya sugerido la acertada idea que ponen en práctica de hace unos años acá. Se trata, sencillamente, de una excursión agradable, a la vez que silenciosa. Para los socialistas de Gijón es tradicional ya hacer una visita, el día Primero de Mayo, a la solitaria de «El Cervigón», la eximia, la viril escritora librepensadora doña Rosario de Acuña. Es un homenaje sencillo, de respeto y admiración, por parte de los trabajadores socialistas y simpatizantes hacia esa valiente dama que, ya vieja, empero rompería su lanza en pro siempre de las ideas avanzadas...

Fraternizando, en grupos, hemos partido del centro de nuestra industriosa villa gijonesa a realizar la excursión. Día esplendoroso, de irradiante sol; alejándonos del bullicio de la población en donde siempre vemos la vida monótona, vulgar y cansada, empezamos bordeando la hermosa playa, respirando la brisa del mar, disfrutando a nuestras anchas... Llegamos al extrarradio de Gijón sin perder de vista el mar, expansionándonos ante el paisaje que se nos ofrece: a la izquierda, las rocas del Cantábrico, en donde el oleaje impetuoso se estrella; a la derecha, los verdes campos, pletóricos de alegría. Nos hallamos en el empalme, en la unión de la ciudad de Jovellanos y la aldea de Somió. Algo en lo alto se destaca: la mansión de la solitaria. Una modestísima casa que la circunda una tapia...

Doña Rosario de Acuña, vive en compañía de su sobrino don Carlos, el que muy atentamente nos recibe a la puerta y nos da acceso al interior. Nuestro asombro ha sido grande al apreciar el sencillo y escueto mobiliario de doña Rosario: una camilla grande, un trinchero antiguo, varias sillas, etcétera; pero no el mobiliario de lujo, ni siquiera de apariencia, que hoy cualquier familia humilde posee. De ahí el contraste.

La visita ha sido breve, pero ha sido muy grata para los excursionistas. Pocas palabras se han cruzado, pero hemos dicho mucho. Claro es que ha sido el pensamiento el que todo lo ha expresado, porque en los allí reunidos era el mismo nuestro fondo, el mismo nuestro ideal.

En la amigable charla con doña Rosario se ha revelado ora el optimismo, ora el pesimismo. La eximia escritora nos ha pedido un favor y nos ha referido una de las pinceladas de su amarga vida. Nos ha pedido, y nosotros aceptado, que a la par que en el día 1º de mayo representemos la obra Juan José, los socialistas representemos una obra suya: El padre Juan. Nos ha ofrecido el argumento de la obra, prescindiendo de cobrar los derechos. Muy agradecidos, lo hemos estimado con distinción.

La solitaria nos ha referido lo que le acaeció al querer estrenar la citada obra en Madrid, cosa que no consiguió por la prohibición del Gobierno de aquel entonces. Pretendió que la pusieran en escena varias compañías, y, aunque con sentimiento, todas se negaron. La obra era bonita; el conjunto, los personajes, la intención, la argumentación, revelaba la verdad, la justicia...; pero hablaba muy claro. Obligada se vio doña Rosario a alquilar un teatro de Madrid por veinte días, formar la compañía, encargar el vestuario y decoraciones para su propiedad. Y cuando había invertido quince mil pesetas, el día del estreno la prohibieron las autoridades, tomando éstas las bocacalles del teatro para evitar la representación.

A este respecto nos advertían, nos recordaba nuestra doña Rosario cómo volcó su fortuna en beneficio de las ideas avanzadas, procedimiento contrastable con el de nuestros políticos y seudorrevolucionarios de oficio, que gracias a sus prédicas han medrado.

Nos pareció acertada la forma en que calificaba a los políticos revolucionarios al uso. Nos decía de uno que sigue pasando por republicano en España el concepto que de él tenía, que no era otro que el de jefe de la policía palatina. Se nos refería a otro que lo fue, calificándole de político ingenuo a disposición de la Monarquía, como un gran colaborador y sostenedor, a pesar de su pregón constante de democratizarla.

Y, por último, vimos un gesto viril, varonil, a la solitaria de El Cervigón. Celebraba mucho, con gran alegría, la posición de nuestros diputados socialistas, de nuestros concejales socialistas de Madrid, del triunfo resonante en las últimas elecciones generales en Madrid. Vislumbraba llegada la hora de depurar las responsabilidades de Marruecos. Luchaba ella titánicamente ante nosotros. «A ver, amigos socialistas –nos decía– únanse ustedes los socialistas, los comunistas, los sindicalistas, los anarquistas, todos los verdaderos liberales; unirse en bloque ante esa avalancha que se nos echa encima en todos los países, que es el fascismo, que aquí lo componen los jesuitas, el clero, la Acción ciudadana, los sindicatos católicos, los libres, los mauristas, los conservadores; en fin, todos los que sostienen este podrido régimen, que se tambalea, y un simple soplo sobraría para echarlo abajo...»

¡Qué mujer más santa; qué mujer más hermosa, en un elevado sentido de la palabra!

Manuel Tejedor
León 
El Socialista, Madrid, 19-5-1923 (2)

Notas

(1) Manuel Tejedor era viajante de comercio. Miembro de la UGT y de la Agrupación Socialista de Gijón, participó en la creación de la Federación Nacional de Viajantes y Agentes de Comercio y de la Industria siendo vicepresidente de la misma en 1934.

(2) El texto, publicado dos semanas después del fallecimiento de doña Rosario de Acuña, iba precedido del siguiente comentario de la redacción del periódico: «Por la triste actualidad que encierran y como recuerdo de una exquisita manifestación de cariño a la que fue ilustre escritora, publicamos hoy las siguientes cuartillas de un estimado correligionario».



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