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21 julio

240. Un alto en el camino

Como bien saben quienes suelen disfrutar de la montaña, no se trata de caminar por caminar, de ascender y ascender. De vez en cuando conviene hacer una parada. Resulta conveniente no solo para recuperar el aliento, aliviar el reseco gaznate o calmar el apetito con unos frutos secos o con el tan socorrido plátano, sino también –y no menos importante– para disfrutar con mayor sosiego del reconfortante panorama que se despliega ante nosotros; para escuchar, ver y sentir; para mudar la mirada, que con cierta testarudez vuelve a fijarse en el repecho que tenemos por delante, cuando no en la cima a la cual queremos llegar y que tras cada recodo reaparece ante nuestros ojos. Es entonces cuando, si el escenario lo permite, podemos echar la vista atrás; es entonces cuando nos percatamos de lo que ya llevamos recorrido. 

Tras doscientos treinta y nueve comentarios, bien podemos hacer lo propio: una parada, un alto en el camino para recordar de dónde venimos y para poder visualizar sobre el terreno la huella de nuestra ya larga andadura. El once de julio de 2009 echaba a andar este blog con un escrito de agradecimiento a la investigadora María del Carmen Simón Palmer (⇑), cuyos trabajos posibilitaron que la comunidad académica empezara a interesarse por la figura de nuestra protagonista, desconocida para la mayoría. Desde entonces no han faltado los comentarios, entreverados con análisis propios y ajenos, acerca de su vida y obra, en los que se ha dado cuenta de los avances que se han venido produciendo en el proceso de recuperación del testimonio vital que nos ha legado doña Rosario de Acuña y Villanueva. 

Sendero en las montañas de Covadonga (archivo del autor)

Nos hemos alegrado de que su pasión por la razón y por la libertad cobrara vida en el Centro Dramático Nacional, donde en el otoño de 2018 se estrenó la obra Rosario de Acuña: Ráfagas de huracán, escrita por Asunción Bernárdez. Asimismo, de su incorporación a espacios digitales muy visitados, no solo a la ya casi ineludible Wikipedia (⇑), sino también a otros más especializados como la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (donde cuenta con un portal desde febrero de 2013 ⇑), la Biblioteca Nacional (⇑), cuyos responsables la incluyeron en el programa Escritores en la BNE, o el sitio que acoge el Proyecto Ensayo Hispánico (⇑), ambiciosa y estimulante iniciativa puesta en marcha en 1997 por José Luis Gómez Martínez, profesor emérito de Ensayo Hispánico en el Departamento de Lenguas Románicas en la Universidad de Georgia, con el objetivo de difundir la cultura hispánica. 

Aunque en este campo aún quedan asuntos por resolver (⇑), lo cierto es que su nombre ha vuelto a tener presencia en el espacio público, en las calles y en los edificios. Hace un par de años su nombre volvió a figurar en el callejero de Tarrasa, poniendo fin a una situación paradójica (⇑). Unos meses antes, fue un edificio madrileño el que recuperó su antigua denominación. Al centro sociocultural sito en la calle María del Carmen número 65, inaugurado el 11 de febrero de 1933 como Grupo Escolar Rosario de Acuña, le fue entonces oficialmente restituido su anterior nombre (⇑). Mayor significación, si cabe, tiene lo sucedido en Pinto, donde otro centro municipal, en este caso de nueva creación, fue inaugurado con el nombre de nuestra protagonista, al ser el suyo el más votado en la consulta popular que se convocó a tal efecto (⇑).

Parece evidente que esta mayor visibilidad lograda en los últimos años no hubiera sido posible sin un mayor conocimiento de su vida y de su obra. A la recuperación de sus dos obras dramáticas más representativas efectuada a finales de los ochenta por Simón Palmer, siguió la publicación de varios estudios biográficos y la edición de las Obras reunidas (2007-2009). A medida que se iba abriendo el camino, a medida que se iba dibujando el sendero en la ladera, mayor era el número de quienes se adentraban por él, mayor el número de quienes se enrolaban en  esta tarea colectiva (⇑). No hay más que acudir a la relación bibliográfica (⇑) que aparece en la página Rosario para comprobarlo: artículos en la prensa diaria y en revistas académicas, especialistas de universidades españolas y extranjeras, nuevos estudios biográficos,  inclusión de obras suyas en diversas antologías, reedición de algunas otras que se habían dado por desaparecidas (⇑)... Con todo y de cara a lo que aún queda por recorrer, quizás lo más gratificante sea el hecho que Rosario de Acuña se haya convertido en materia de estudio para quienes finalizan sus estudios universitarios y que su vida o su obra sean el fundamento de algunos trabajos fin de grado o fin de máster. 

Aunque, ciertamente, cada vez son más las personas que se interesan por nuestra protagonista, aunque cada vez es mayor el número de quienes transitan por el sendero, también lo es que, vuelta la vista al tramo ya recorrido, notamos la ausencia de algunas otras que lo han dejado. El último en abandonarnos ha sido José Bolado, de cuya ausencia nos enteramos hace unas pocas semanas. Nos unía el interés por conocerla mejor, y ella era el tema principal de nuestras conversaciones. Aunque coincidimos en alguna ocasión, casi todas fueron a distancia. Las primeras, allá en el verano de 2006, cuando preparaba las Obras reunidas. Recuerdo que trataron de la estancia de doña Rosario en Santander. Contrastamos nuestras informaciones sobre los escritos publicados en El Cantábrico y hablamos sobre la fecha de su marcha de Cueto. Fue entonces cuando me contó que su familia paterna era originaria de Cantabria y que unos parientes suyos habían rastreado infructuosamente el asunto de la mudanza; yo le conté lo que había averiguado al respecto. Cambió de correo, cambiamos de correo, pero el tema era el mismo. El largo proceso de preparación de Rosario de Acuña, Hipatia (1850-1923) Emoción y razón (⇑), el libro colectivo en el que ambos participamos, propició un intercambio epistolar más intenso.

Mi muy estimado José, aunque sin duda notaremos tu ausencia, creo que estarás de acuerdo conmigo en que debemos dar por finalizado este alto en el camino para volver al sendero, con más ganas aún si cabe y con la mirada puesta en lo que todavía nos queda por recorrer.




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Rosario de Acuña y Villanueva. VIDA y OBRA (⇑)

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26 abril

158. ¿Quién fue Rosario de Acuña?


Importante. Transcurridos ya unos años desde la publicación del libro al que se refiere el presente comentario y dada la dificultad para hacerse con un ejemplar, quien tenga interés puede descargarlo en formato PDF pulsando  aquí (⇑)

 = = = =

 

Corría el año 1997 cuando me topé de frente con la figura de Rosario de Acuña, me habían destinado al instituto gijonés que lleva su nombre. Poco era lo que por entonces sabía de ella, apenas unas cuantas generalidades que hablaban de su condición de masona y mujer batalladora.

Portada del nuevo libro (Archivo del autor)Curiosamente fue otro trabajo de investigación el que me empujó a interesarme por su vida y por su obra. En pleno proceso de documentación acerca del funcionamiento de la Escuela Neutra de Gijón me encontré con  «El ateísmo en las escuelas neutras» (⇑), el discurso que pronunció en la ceremonia inaugural de la escuela. En aquel contexto sus palabras dejaban traslucir una personalidad más rica que la que había intuido al leer sus dos dramas más conocidos. Fue entonces cuando quise conocer más acerca de esta mujer y me puse manos a la obra. Seguí su rastro por archivos y bibliotecas con el auxilio de la información que  María del Carmen Simón Palmer (⇑)  había publicado en  Escritoras españolas del siglo XIX. Manual bio-bibliográfico, una valiosa obra que nunca agradeceré bastante: allí encontré cerca de cien detalladas referencias que pusieron a mi alcance artículos, poesías, conferencias...

Tras aquel impulso inicial, las copias de las obras de Rosario de Acuña fueron llenando carpetas y carpetas. De cada nuevo libro conseguido deposité una en la biblioteca del instituto, sumándose así a las publicaciones que acerca de nuestra protagonista iban apareciendo por entonces.

Conocedor como era de mis investigaciones, en 2004 Francisco Alonso Llano, por entonces director del instituto, me habló de su proyecto de publicar un libro sobre Rosario de Acuña para entregar al alumnado al acabar sus estudios de Bachillerato. Me preguntó si estaba dispuesto. Tal y como ya he contado, tuve mis dudas, pues me asaltaba el temor de que este encargo, esta primera entrega de mi investigación, representara una dificultad insalvable de cara a la futura publicación del trabajo que llevaba ya un tiempo preparando. Ciertamente, suponía todo un reto hacer posible este primer e inesperado trabajo sin debilitar ni trastocar la estructura del segundo.

El resultado final fue Rosario de Acuña en Asturias (⇑): una parte de su biografía, la que más interés podía tener para los alumnos del instituto que lleva su nombre, y un enfoque diferente a aquel con el que estaba elaborando Rosario de Acuña y Villanueva. Una heterodoxa en la España del Concordato (⇑), concluido en 2007 aunque, por aquello de la crisis y el consecuente retraimiento editorial,  no vio la luz hasta dos años más tarde. 

Promoción tras promoción, quienes terminaban sus estudios de Bachillerato en el instituto recibieron un ejemplar del libro Rosario de Acuña en Asturias. Y así fue hasta que se acabaron. Hace un año, poco más o menos, se repitió la historia. Un nuevo equipo directivo del instituto, encabezado ahora por Isabel Puente Costales, me plantean el proyecto de realizar una biografía de Rosario de Acuña, pues, como queda dicho, se agotan los ejemplares de los libros antes mencionados que fueron editados ya hace unos años. De hecho, de Rosario de Acuña y Villanueva. Una heterodoxa en la España del Concordato no quedan disponibles más ejemplares que los que se encuentren en las bibliotecas, la edición está agotada y no hay indicios de que se vuelva a reeditar. Me han pedido que sea menos ambiciosa, que procure que resulte más biográfica que la última. Creo que con lo primero me están sugiriendo que reduzca su volumen, pues sus casi quinientas páginas deben parecerles excesivas para la tarea de divulgación que persiguen.

Un año después ha visto la luz ¿Quién fue Rosario de Acuña? (⇑) una versión más «biográfica» y actualizada que alberga  la pretensión de satisfacer tanto a quienes hayan leído mis anteriores libros a ella dedicados, como a cuantos se acerquen por primera vez a la figura de nuestra protagonista. Los primeros sabrán apreciar las novedades que aquí encontrarán; los segundos tendrán cumplida respuesta a la pregunta que encabeza esta obra. Unos y otros disfrutarán, sin duda, con la selección de escritos de doña Rosario que figuran al final del volumen.




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Rosario de Acuña y Villanueva. VIDA y OBRA (⇑)

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04 febrero

149. Caricatura


Caricatura de Rosario de Acuña publicada en Madrid Cromo en 1885
Cuando me topé con Rosario de Acuña, de esto hace ya unos cuantos años, hasta mí solo llegaban algunos retazos aislados, etiquetas sueltas, que apenas alcanzaban para bosquejar débilmente su figura: masona, escritora, librepensadora... Profundizar un poco más, conocerla un poco mejor, no resultaba  sencillo por entonces, la mayoría de sus escritos permanecían inaccesibles, sepultados por el olvido. Hubo que buscar y rebuscar. Luego su palabra fue tomando forma poco a poco: primero el discurso pronunciado en la ceremonia de inauguración de la Escuela Neutra de Gijón, más tarde Rienzi y El padre Juan, su testamento...

En cuanto a su fisonomía, poca cosa. Durante bastante tiempo su nombre estuvo unido a aquella imagen de la blusa negra, del pañuelo blanco ceñido al cuello por obra y gracia de un prendedor floreado, de la mirada un tanto perdida en algún ignorado lugar a la izquierda del espectador, del cuidadoso peinado que había conseguido poner en orden sus ensortijados cabellos, aunque para ello hubiera que dejar algunos sueltos, caracoleando sobre su frente. El grabado de Camacho, que había sido publicado en las páginas de La Ilustración Española y Americana en 1876, fue utilizado –en su versión original o con alguna ligera modificación– por quienes por entonces tenían algo que contar sobre nuestra protagonista. Aparece en el reportaje que con el título «Masones de Cantabria» publica José Ramón Saiz Viadero en el diario Alerta de Santander a finales de 1988; en la edición que María del Carmen Simón Palmer realiza en 1990 de Rienzi el tribuno y El padre Juan; en la portada del folleto «Rosario de Acuña. Homenaje», editado por el Ateneo Obrero de Gijón en 1992...

Esa era, como queda dicho, la imagen habitual, la que por entonces se asociaba de forma casi automática a su nombre. Con menor frecuencia aparecía aquella otra, la de los tirabuzones. Un grabado, obra también de Camacho, que ilustró su poemario Ecos del alma. Lo incluyó Elvira María Pérez-Manso en el capítulo dedicado a nuestra protagonista en su trabajo  Escritoras asturianas del siglo XX. Entre el compromiso y la tradición. Y fue la ilustración que elegí para la portada de Rosario de Acuña en Asturias (⇑). Tiempo después encontré un nuevo grabado suyo en la portada de La Ilustración de la Mujer del ocho de junio de 1884. Imagen diferente a las dos anteriores,  con mantilla y la mirada hacia la derecha. Era una novedad y la utilicé en la portada de un nuevo libro: Rosario de Acuña y Villanueva. Una heterodoxa en la España del Concordato (⇑). No es en el único sitio donde apareció, pues fue la ilustración elegida en los espacios a ella dedicados en la Wikipedia y en Proyecto Ensayo Hispánico.

Entre los papeles de Aquilina Rodríguez Arbesú aparecieron algunas fotografías suyas: el retrato ecuestre que había editado Matarredona cuando publicó El crimen de la calle de Fuencarral, los posados ante la tienda de campaña, la fotografía de la cofia, capturada cinco días antes de su fallecimiento, con ocasión de la celebración del Primero de Mayo del año 1923... Las guardaba Aquilina como oro en paño, las publicó El Comercio en 1969 ilustrando las cinco entregas que Patricio Adúriz dedicó a nuestra protagonista,  pasaron luego a manos de Amaro del Rosal (⇑) y ahora, integrados en su archivo personal (AADR), se conservan en la Fundación Pablo Iglesias.

No era mucho, pero se iba ampliando su galería iconográfica. Y aún habría de hacerlo más. En un ejemplar del Heraldo de París de fines del diecinueve encontramos una nueva fotografía suya: un retrato robado (⇑) en el cual aparece con un aspecto algo diferente. Para que nada faltara, he aquí una caricatura. Fue publicada en el semanario Madrid Cromo, en el número correspondiente al 22 de marzo de 1885. Este periódico literario, festivo e ilustrado, que había salido a la calle en los últimos días del año anterior, abría con una caricatura en su portada: José Echegaray, Mariano Benlliure, Julián Romea, Ramón Chíes... En el número doce aparece la primera dedicada a una mujer, a una escritora, a Rosario de Acuña. Por entonces su nombre empieza a asociarse al bando heterodoxo, pues tan solo unos meses atrás había proclamado a los cuatro vientos que se convertía en propagandista del librepensamiento y la quintilla que acompaña el dibujo se hace eco de este hecho:

Vena fecunda y copiosa
tiene su claro talento;
es discreta y es hermosa...
y pide en verso y en prosa
¡libertad de pensamiento!

Su galería iconográfica ya contaba con una caricatura. Andando el tiempo la lista se ampliaría con  las fotografías relacionadas con  La jarca: aquella en la que aparecía sentada en su casa de El Cervigón rodeada de patos y gallinas, como si no se hubiera enterado de los tumultos estudiantiles, y la de la sierra de la Estrella, en el tiempo del exilio portugués.

Solo me queda añadir que todas las imágenes a las cuales se ha hecho referencia en este comentario pueden verse con tan solo pulsar aquí (⇑).



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15 agosto

14. Tras la pista inglesa


Quienes decidimos hace ya unos cuantos años indagar acerca de la vida y obra de esta mujer, no podemos menos que agradecer a cuantos nos han precedido en la labor, de manera especial a María del Carmen Simón Palmer (⇑) (quien puso a nuestra disposición las referencias bibliográficas de buena parte de su obra, en torno al 60-70% de lo que ahora conocemos), pero también a Regina Lamo, Patricio Adúriz, Luciano Castañón o Elvira Pérez-Manso. La investigación es una tarea colectiva, una suma de sucesivas contribuciones individuales que mejoran y consolidan lo que otros nos han legado.

Cuando me puse a la labor, busqué en cuantos catálogos de archivos y bibliotecas tuve a mi alcance las obras de las cuales tenía alguna referencia.

Había una que, buscara por donde buscara, no aparecía por sitio alguno: El crimen de la calle de Fuencarral. Odia el delito y compadece al delincuente. Un día surgió una esperanzadora pista: la obra figuraba en el catálogo de la British Library con la siguiente referencia:

Title: El crimen de la calle Fuencarral. Odia el delito y compadece al delincuente
Author/editor: Acuña, Rosario de
Place of publication: pp.48. Madrid, (1888) Holdings (BL) D-6006.a.38.(5.)
Shelfmark: D-6006.a.38.(5.)

Puente de la Torre de Londres (archivo del autor)


¡Al fin! La tenía al alcance de la mano; solo había que hacerse con una copia de la obra, lo cual, dicho sea de paso, no parecía que fuera a ser nada fácil, pues era conocedor de que en esto de las reproducciones de los originales eran un tanto estrictos, que por norma las tienen limitadas a un número de páginas ya establecido o a un determinado porcentaje del total. En cualquier caso y llegados a este punto, no iba a desistir de buenas a primeras después de haber buscado y rebuscado. Así que me dirigí a  la Consejería de Cultura de la embajada de España en Londres, donde fui atendido con prontitud por Isabel M. Mateos, a quien agradezco el empeño que puso en el asunto. Me consta que José Antonio del Tejo, consejero de Cultura de la embajada, se puso en contacto con el director del Departamento Español de la British Library para interesarse por la obra que yo les había indicado.

Todo parecía ir perfectamente encaminado (ya acariciaba las fotocopias de aquella obra esquiva), cuando recibo un inesperado correo que, poco más o menos, venía a decir que lamentablemente aquella obra había sido destruida durante los bombardeos alemanes que padeció Londres en la Segunda Guerra Mundial; que así se indicaba ya en la signatura, pues, la "D" que allí figura no quiere indicar otra cosa que destroyed, y la llevan todos los fondos que fueron destruidos.

Librería inglesa tras uno de los bombardeos (octubre de 1940)


¡Qué se le va a hacer! Ni fue la primera, ni será la última. Lo bueno del asunto era que aquel fracaso me obligó a replantearme toda la investigación que había llevado hasta entonces, gracias a lo cual alcancé a ver que la solución estaba más cerca de lo que pensaba: poco tiempo después la copia estaba en mis manos. 





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Durante bastante tiempo su nombre estuvo unido a aquella imagen de la blusa negra, del pañuelo blanco ceñido al cuello por obra y gracia de un prendedor floreado, de la mirada un tanto perdida en algún ignorado...




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Rosario de Acuña y Villanueva. VIDA y OBRA (⇑)

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11 julio

1. María del Carmen Simón Palmer: el impulso en la investigación


Portada de la edición realizada en 1989 por Simón PalmerLas labores de investigación acerca de la vida y obra de  Rosario de Acuña van a experimentar a finales de los ochenta un fuerte impulso gracias a los trabajos de divulgación que realiza por entonces María del Carmen Simón Palmer,  investigadora del Instituto de Filología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas donde dirige la información bibliográfica de la Revista de Literatura. Ella será la responsable de la edición de dos obras emblemáticas de nuestra escritora: en 1989 el Instituto de la Mujer publica Rienzi el Tribuno - El padre Juan. Teatro. Dos años más tarde edita  Escritoras españolas del siglo XIX. Manual bio-bibliográfico, en cuyas páginas se facilita información detallada sobre el paradero de un centenar de obras de Rosario de Acuña (bibliotecas donde se encuentran, periódicos o revistas en cuyas páginas se publicaron...).

Es de justicia reconocer que a partir de entonces se incrementó el número de investigadores interesados en la vida y obra de doña Rosario y, en consecuencia, también lo hizo la publicación de artículos a ella referidos; recuperó espacio en las historias de la literatura, especialmente en los apartados referidos al teatro, que aparecieron desde entonces; y empezó a figurar como tema de debate en algunos congresos especializados.

Para hacerse una idea acerca de lo que supuso el trabajo de la profesora Simón Palmer para la investigación sobre la obra de Rosario de Acuña baste citar algunas de las referencias publicadas en su manual arriba referido:

La Iberia, Madrid:
La Ilustración Española y Americana, Madrid:
 La Mesa Revuelta, Madrid:

Fragmento de Escritoras españolas del siglo XIX. Manual bio-bibliográfico

 Revista Contemporánea, Madrid:
El Imparcial, Madrid:

[...]

Y así hasta cerca de cien detalladas referencias, algunas de ellas con la cita de las críticas de la prensa. Parece evidente que el trabajo de María del Carmen Simón Palmer dejó abiertas muchas puertas a cuantos vinimos detrás.

Gracias. 





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