11 enero

300. Aquí empezó todo

 

Portada de La Escuela Neutra Graduada de Gijón
Al menos para mí.

Inicios del presente siglo. Entre mis ocupaciones de entonces figuraba la de buscar información referida a la escuela neutra de Gijón. Pasaba horas y horas ante el lector de microfichas, escudriñando cualquier noticia o comentario que con ella tuviera que ver. Así fue como me enteré de la ceremonia de su inauguración, que tuvo lugar el 29 de septiembre de 1911 en el Teatro de los Campos Elíseos. 

Cuentan las crónicas que fue todo un acontecimiento, que el aforo estaba completo y que quedaron fuera del recinto centenares de personas, sin poder ocupar una butaca. En el acto tomaron la palabra Antonio Pimentel, catedrático de Francés del Instituto Jovellanos; Eleuterio Alonso, miembro de la Comisión organizadora; Rosario de Acuña y Melquíades Álvarez, que por entonces era diputado de la Unión Republicana. Aunque, como era de esperar, fue el discurso de este último el que ocupó mayores espacios en la prensa gijonesa, la disertación de doña Rosario, titulada «El ateísmo en las escuelas neutras», fue muy alabada, hasta el punto de que hubo un grupo de personas que costeó su impresión como hoja volandera, y que fue profusamente distribuida tanto por la región como por los centros asturianos de Hispanoamérica. 

Buscando, buscando, supe que en la Biblioteca Asturiana del Padre Patac, posicionada entre las principales colecciones bibliográficas de temática asturiana, se encontraba una de estas hojas. Como quiera que ya por entonces sus fondos se encontraban depositados en la Biblioteca Pública Jovellanos, hasta allá me fui. 

Fragmento de «El ateísmo en las escuelas neutras»

La leí una vez; la volví a leer varias veces. Me sorprendió. La autora del escrito no se ajustaba a la imagen que me había llegado de ella: masona, feminista y atea; allí había más, en aquel texto se vislumbraba una personalidad mucho más rica, y aquellas tres palabras resultaban insuficientes para describirla, tanto que poco a poco fui añadiendo alguna otra: dramaturga, montañera, animalista, combativa, poeta, regeneracionista, librepensadora, avicultora, propagandista, solidaria, exiliada, iberista, puritana, filo-socialista, autodidacta, deísta, transgresora, republicana, melómana... Intrigado por lo que había leído y dado que apenas sabía cuatro cosas sobre ella, fue entonces cuando en el archivo de mis investigaciones abrí una nueva carpeta con el título «Rosario de Acuña»... que aún sigue abierta, veintitantos años después. 

A finales de 2004 me propusieron «publicar algo sobre Rosario de Acuña». La propuesta me hizo dudar:  trastocaba el esquema que me había trazado y añadía sombras al proyecto, pues cabía la posibilidad de que esta primera publicación hiciera inviable aquella otra en la que llevaba un tiempo trabajando. La respuesta que me di entonces ha guiado mi proceder durante este tiempo: no tiene ningún sentido acumular documentos y datos, hacer acopio de información (buscar, encontrar y almacenar); la investigación debe de ser compatible con la divulgación. Así que, con los debidos ajustes, se publicaron las dos obras.

La primera, no prevista inicialmente, se centró en su etapa en Asturias; se completó con los escritos que durante este tiempo publicó el diario gijonés El Noroeste. La segunda, siguió su proceso y se editó tiempo después. Bien. Ya se publicó la monografía, ya vio la luz «la heterodoxa», pero ¿qué hacer con la nueva documentación que se va almacenando en las carpetas?, ¿qué hacer con los escritos suyos que van apareciendo? Lo dicho. Es necesario que se conozca; no resulta apropiado que siga guardado en las hemerotecas, en los estantes de los archivos. Ese mismo año publico en la Red Rosario de Acuña y Villanueva - Vida y obra (⇑), una página donde se recogen los hechos más significativos de su biografía, varios centenares de sus escritos y una detallada bibliografía con referencias actualizadas a todo cuanto se va publicando sobre ella.

A diferencia del formato papel, el contenido digital es mucho más ágil e inmediato. No obstante, había cosas que, necesariamente habrían de quedar fuera de este nuevo espacio, pues mi pretensión era que la página resultara predecible para quienes se acercaran a ella: que pudieran consultar los capítulos más destacados de su biografía (⇑), que pudieran leer buena parte de sus escritos (⇑), en la actualidad algo más de quinientos. Su vida, su obra.

Como complemento de la página, para dar cabida a otras informaciones con ella relacionadas, a eventos, reseñas, dudas o rectificaciones, surgió el blog Rosario de Acuña y Villanueva - Comentarios, que es el lugar donde ahora nos encontramos y, que como puedes observar, ha alcanzado ya tres centenares de artículos. Aquí se ha dado cuenta de su inclusión en Proyecto Ensayo Hispánico (⇑), compartiendo espacio con Ortega y Gasset, Octavio Paz, José Martí, Simón Bolivar o Emilio Castelar; de la recuperación de la tumba de su madre (⇑) en el cementerio santanderino de Ciriego; de la sorprendente aparición de un archivo suyo (⇑) en la Biblioteca Histórica Municipal de Madrid; de la puesta en marcha en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes de un portal a ella dedicado (⇑) o de la iniciativa para que la estación de ferrocarril gijonesa pase a denominarse Estación de Gijón - Rosario de Acuña (⇑).

Parece fuera de toda duda que, en este asunto de la divulgación, la red informática que denominamos internet resulta un instrumento muy eficaz, como bien prueban las estadísticas de lectura, tanto de la página como del blog: son millares y millares las personas que han accedido desde España, sí, pero también desde México, Colombia, Brasil, Argentina, Estados Unidos, Suecia, Alemania o Francia. No obstante, creo que. en asunto de divulgación, no conviene olvidar otros soportes más cercanos y tradicionales. De ahí que no desaprovechara ocasión para publicar algún artículo en el  diario gijonés El Comercio (⇑); en la prestigiosa revista cultural Asturies, memoria encesa d’un país, en cuyo número 42 vio la luz «Una muyer exemplar que quiso vivir y morrer n´Asturies» (⇑), o la treintena de escritos que con ocasión del centenario de su muerte publicó La Nueva España durante meses con periodicidad quincenal (⇑)

Hablando de cercanía, nada mejor que compartir tiempo y espacio con las personas interesadas en conocer quién era Rosario de Acuña. Cierto es que el mensaje llega a menos personas, pero también lo es que el hecho de salir del lugar habitual de trabajo e interactuar con la gente te permite comprobar si lo que tu crees interesante lo es también para el resto; puedes percibir si lo que cuentas les aburre o les interesa. Además están las preguntas del final que, en ocasiones, resultan de lo más gratificante. 

Guardo especial recuerdo del encuentro que mantuve con alumnas (la mayoría) y alumnos de la Escuela Superior de Arte Dramático de Asturias: estaban preparando el espectáculo ROSARIO Reflejo de Acuña (⇑), querían conocer mejor a doña Rosario y sus intervenciones me demostraron que se habían metido de lleno en el personaje. Lo mismo me sucedió con el alumnado de sexto curso del Colegio Público Príncipe de Asturias: para mi sorpresa, mantuvieron su atención durante casi dos horas de reunión, realizando preguntas muy atinadas, tomando notas y siguiendo con detalle cuanto se decía.  

No fueron los únicos encuentros. En estos años he aceptado varias invitaciones que me hicieron llegar  para hablar sobre algún tema de interés relacionado con Rosario de Acuña. He aquí algunas de estas charlas o conferencias:

 

Equipo de hockey de la Agrupación Deportiva Femenina hacia 1934 (Fototeca de Asturias)

 

«De "señora de Laiglesia" a combativa feminista» (⇑)

 Centro de Cultura Antiguo Instituto, Gijón, 8 de abril de 2010

 

 

José Vázquez Varela, hijo de la víctima

 

«Rosario de Acuña y la naturaleza humana: El crimen de la calle de Fuencarral» (⇑)

 Club La Nueva España de Gijón, 2 de mayo de 2013

 

 

Imagen con el título de la charla pronunciada el 6/5/5019 
 
Club La Nueva España de Gijón, 6 de mayo de 2019
 
 
 

Portada del folleto editado por el Fórum de Política Feminista de Asturias 
Texto íntegro de mi intervención en la charla coloquio organizada por el Fórum de Política Feminista de Asturias que tuvo lugar en el gijonés Centro de Cultura Antiguo Instituto  el jueves 19 de enero de 2023 
 
 

Rosario de Acuña y la música
 
 
Biblioteca Jovellanos, Gijón, 26 de octubre de 2023




El renacer pinteño de Rosario de Acuña 
 
Centro Cultural Casa de la Cadena,  Pinto, 10 de marzo de 2023.


Investigar y divulgar. Llevaba ya unos cuantos años buscando el rastro de El crimen de la calle de Fuencarral,  un escrito suyo publicado en 1888 del que no se conservaba copia alguna en los archivos y bibliotecas que fui consultando, y eso que no debieron de ser pocos los folletos que se editaron por entonces, habida cuenta del interés que despertó en la opinión pública aquel suceso. Sin embargo, no había forma de encontrar uno solo, tan difícil resultaba que José Bolado no pudo incluirlo en las Obras reunidas, que vieron la luz entre los años 2007 y 2009. Al lado de la cita añadió «Falta». Indagué e indagué; seguí alguna prometedora pista que me llevó hasta la Biblioteca Británica, la British Library, en cuyos catálogos figuraba... Pero ya no está,  había sido destruida durante los bombardeos alemanes que padeció Londres en la Segunda Guerra Mundial. Al final, la fortuna se alió con el esfuerzo y pude hacerme con un ejemplar que pude localizar donde menos me esperaba. 

Otro de los temas que me ocupaba por entonces era el de comparar las trayectorias vitales de  Emilia Pardo Bazán y Rosario de Acuña, dos coetáneas casi perfectas, dado que sus nacimientos tienen lugar con apenas unos meses de diferencia, y sus muertes se suceden con un intervalo de dos años. Hijas únicas las dos, con una educación similar y un entorno familiar bien parecido, mediada la veintena se adentran de lleno en el ámbito literario, con un futuro alentador. Unos años más tarde, sus matrimonios se rompen y tanto Emilia como Rosario deben reiniciar su camino. Será a partir de entonces, mediados los ochenta, cuando su vidas, que hasta entonces habían transcurrido por escenarios tan similares, tomen caminos bien diferentes. Este será el tema de la conferencia que, con el título «Rosario de Acuña y Emilia Pardo Bazán: dos trayectorias divergentes», pronuncié en el Centro de Cultura Antiguo Instituto de Gijón el 11 de febrero de 2016, con motivo de la celebración del XXV aniversario del instituto gijonés que lleva su nombre. Este también será el tema de mi aportación al trabajo colectivo coordinado por Elena Hernández Sandoica que fue publicado en 2019.

 
A estas alturas, resultaba evidente que existía un creciente interés por la figura de Rosario de Acuña. Lejos parecían quedar aquellos tiempos en los cuales casi nadie sabía de su existencia. En 2017, casi al tiempo de la publicación de El crimen, me pidieron una biografía de Rosario de Acuña destinada al alumnado de Bachillerato. De  Rosario de Acuña y Villanueva. Una heterodoxa en la España del Concordato no quedan disponibles más ejemplares que los que se encuentren en las bibliotecas, la edición está agotada. Además, prefieren una obra menos densa, más asequible. Así fue como surgió ¿Quien fue Rosario de Acuña?
 
Cómo rechazar la petición, si la divulgación era uno de mis objetivos. No me negué entonces a participar en aquella iniciativa dirigida a la gente joven, ni lo hice tampoco, algún tiempo después, cuando la coordinadora editorial del proyecto Mujeres en la Historia, promovido por la empresa editora del diario El País, me propuso unirme al mismo y que Rosario de Acuña compartiera espacio con Isabel de Castilla, Simone de Beauvoir, Victoria Kent, Marie Curie o Cleopatra. ¿Dudas? Ninguna. 
 
Llegamos a 2023, el año en el que se cumple el centenario de su fallecimiento en Gijón. Fue intenso, de mucha actividad:  organización –en labor compartida con María José Lacalzada – de la exposición que tuvo por escenario la conocida como Casa de Rosario de Acuña (⇑), visitas guiadas a la misma, coloquios, artículos, conferencias, charlas... Intenso, pero muy gratificante. 
 
No obstante, aún quedaban cosas por hacer, textos suyos por dar a conocer, por difundir.  
 
Como ya he comentado, a lo largo de estos años he ido recopilando muchos de sus escritos, más de quinientos, de los cuales hay cerca de ochenta títulos que, por una u otra causa, no fueron incluidos en las Obras reunidas, la inestimable edición de José Bolado. A pesar de que todos ellos están accesibles en la página Rosario de Acuña y Villanueva - Vida y obra, me pareció que el año en el cual se cumplía el centenario de su muerte no era mal momento para recuperar algunos de ellos y contarlo todo de otra manera. 
 
Al final, elegí veinte de sus cartas por creer que son los escritos que mayor interés pudieran tener, tanto por ser transmisoras de su pensamiento más puro, sin artificios literarios, como por permitirnos una aproximación a su círculo de amistades, a sus preocupaciones cotidianas, a sus intereses. Junto a ellas, a su lado, reuní los artículos que durante varios meses fui publicando en La Nueva España. El resultado es Rosario de Acuña. Actualidad y legado en el año de su centenario (⇑), una obra concebida como un conjunto de piezas, unas suyas (las cartas), otras mías (los artículos). A diferencia de los libros anteriores, no existe orden cronológico ni temático. Eso sí, se abra por donde se abra, cada uno de los elementos que lo componen es capaz, por sí solo, de despertar la admiración y el interés hacia esta extraordinaria mujer, polifacética y transgresora. 

Hace ya veintitantos años, al leer aquella hoja volandera en la que quedó impreso su discurso titulado «El ateísmo en las escuelas neutras», intuí que la autora de aquellas palabras no se ajustaba a la imagen, al estereotipo, que se tenía de ella por entonces, que me encontraba ante una personalidad mucho más rica, más plural, más profunda, más trascendente. Tras más de dos décadas dedicado a investigar su vida y su obra, creo que la intuición de entonces fue acertada. Me parece que, visto lo visto, publicado lo ya publicado,  bien podemos decir que nos encontramos ante una mujer ejemplar, excepcional, fuera de lo común.

 
En Gijón, a 11 de enero de 2025, año en el que se cumple el CLXXV (175.º) aniversario del nacimiento de Rosario de Acuña. 

 
 
 

18 diciembre

299. Un colegio, cuatro mujeres

 

Sábado 11 de febrero de 1933. El presidente de la República Niceto Alcalá Zamora inaugura el Grupo Escolar Rosario de Acuña. En ese momento, la mujer cuyo nombre identificará desde entonces a ese colegio llevaba casi una década muerta; Regina contaba con 62 años; Julia iba a cumplir los treinta; Rosa María aún no había nacido. 

Cuenta la prensa que el barrio de Aluche se había engalanado para la ocasión, que desde el Puente de Segovia no eran pocas las casas que lucían colgaduras de los colores nacionales, colchas o mantones de Manila, y que en la Puerta del Ángel se había levantado un arco de triunfo con una inscripción que decía: «¡Viva la República, que ama la cultura!». Para que nada faltara, la Junta Municipal de Enseñanza había editado un folleto titulado ¿Quien fue Rosario de Acuña? con la pretensión de que el vecindario pudiera conocer a la mujer que daba nombre al nuevo colegio.

Cuatro mujeres que unieron su nombre al grupo escolar Rosario de Acuña

Unas semanas después de la inauguración ya encontramos noticias de la existencia del Patronato Rosario de Acuña, a cuyo frente se encuentra Regina Lamo Jiménez, «sobrina», amiga y entusiasta transmisora de su vida y obra, labor a la cual llevaba ya un tiempo entregada: elegida vicepresidenta del Ateneo Socialista de Barcelona, a finales de 1928 organiza  una velada para honrar la memoria de su amiga Rosario; un año después pone en marcha la Editorial Cooperativa Obrera y su colección quincenal La Novela Blanca, en cuyos dos primeros números, titulados El secreto de la abuela Justa (⇑) y El País del Sol (⇑), recopila algunos de los escritos de «su excelsa ascendiente». 

Instalada en Madrid, prosigue su actividad divulgadora, ahora desde la presidencia del Patronato. A primeros de abril de 1933 participa en una velada en honor de Rosario de Acuña que tiene lugar en la Sociedad Matritense de Amigos del País, con el mismo propósito que la celebrada semanas atrás –el día anterior a la inauguración del grupo escolar– en el Ateneo de Madrid. En los inicios del mes de junio se conocen las gestiones que el Patronato está realizando para organizar una función en el teatro Calderón con la finalidad de obtener fondos que permitan habilitar un dispensario infantil en el colegio. Sabemos también de sus intenciones de organizar una colonia escolar en Gijón, en la misma casa del acantilado donde había vivido su amiga. El 3 de julio más de 600 niños celebran en las instalaciones del grupo escolar el Día de la Cooperación Internacional con una chocolatada; unos días después, Belén Sárraga pone fin al ciclo de conferencias organizado por el Patronato con la que lleva por título «Problemas educativos». Antes de que el año finalice se publica Rosario de Acuña en la escuela, un libro que recopila algunos de sus cuentos y poemas...

Grupo Escolar Rosario de Acuña
En la primavera de ese mismo año se había celebrado un concurso-oposición a direcciones de escuelas graduadas de seis o más grados. Julia Álvarez Resano fue una de las maestras que logró superar los exámenes y queda a la espera de conocer su nuevo destino. Nacida en 1903 en Villafranca, una localidad navarra que por entonces contaba con cerca de tres mil habitantes, estudió en la Escuela Normal de Maestras de Pamplona. Tras aprobar las oposiciones en Zaragoza, se matriculó por libre en la Facultad de Derecho y comenzó a trabajar en varias escuelas hasta obtener destino en su localidad natal. Durante un tiempo compaginó trabajo y estudios: «Había que conocer las leyes para hacerlas cumplir, en algunos casos, …o para derogarlas, cuando era injustas». 

A principios de 1934 ya conoce que será la directora del madrileño Grupo Escolar Rosario de Acuña. Tal y como nos cuenta la profesora e investigadora Isabel Lizárraga Vizcarra, al mes siguiente ya se encuentra en su nuevo destino: «Después de cesar el 25 febrero de 1934 como maestra de Villafranca, se incorporó a la plaza de Aluche y se presentó en la capital con su madre Nemesia y sus hermanos Miguel y Carmen». Como el sueldo no da para mucho, abre despacho de abogada en la calle Mayor y asume la asesoría de la Federación Provincial de Trabajadores de la Tierra. «Como Rosario de Acuña, Julia también era una mujer valiente y luchadora, otra propagandista revolucionaria, y tenía ante sí en aquellos momentos la oportunidad de seguir batallando por la justicia, tanto desde su labor docente como desde la asesoría de la Federación o desde su despacho».

Ya están juntas, en el mismo barco. Julia como directora del colegio y Regina presidiendo el patronato. Son dos mujeres valientes, decididas, luchadoras. No escatimarán esfuerzos a la hora de reclamar mejoras para el colegio. Llaman a todas las puertas, sean  del Ayuntamiento, del Ministerio o de la Presidencia de la República. 

Sea por su insistencia, sea por cualquier otra razón, el caso es que en los inicios de 1935 la prensa informa de que el alumnado del Grupo Escolar Rosario de Acuña será el que ese año, «con motivo de las fiestas de Reyes», reciba los juguetes donados por Presidencia. Y don Niceto, acompañado del gobernador civil y del alcalde de la ciudad, acude de nuevo a la barriada de Aluche para hacer entrega a la ilusionada concurrencia de juguetes y libros (quizás entre ellos hubiera algún ejemplar de Rosario de Acuña en la escuela, que acababa de ser incluido por el Comité Nacional de Cultura en la lista de libros seleccionados para uso en las escuelas).

 

Regina sigue insistiendo. En los inicios del mes de abril de 1935, encabeza la comisión del Patronato Rosario de Acuña que es recibida por Alcalá Zamora en el palacio presidencial. Unos días después, en las instalaciones del colegio se conmemora la proclamación de la República con una merienda para la totalidad del alumnado y las madres lactantes del barrio. En el transcurso de la misma la comisión municipal prometió al Patronato que ese mismo mes funcionaría la cantina escolar y se resolvería el problema de los accesos al colegio. Julia, por su parte, debe de hacer frente a quienes no ven con buenos ojos su intensa labor como activista política y sindical: el Consejo Provincial de Primera enseñanza suspendió temporalmente las clases hasta la conclusión de un expediente abierto por la actuación continuada de un maestro, que ha venido «realizando una labor demoledora entre los niños, al mismo tiempo que llevaba a cabo una campaña en contra de la directora (de filiación socialista), interesando en dicha campaña a los padres de los alumnos». 

Ciertamente, Julia Álvarez Resano, que ya había sido secretaria general del PSOE en su localidad natal, se había dado de alta en la Agrupación Socialista de Madrid nada más llegar a la capital para hacerse cargo de la dirección del Grupo Escolar Rosario de Acuña. Su destacada actividad política, primero en Navarra y ahora en Madrid, la llevaron a formar parte de la candidatura del Frente Popular por la circunscripción provincial en las elecciones legislativas de febrero de 1936; a convertirse en diputada, meses antes de que todo se volviera guerra.

Tal y como se cuenta en un comentario anterior (⇑), antes de que concluya aquel trágico mes de julio del año treinta y seis, el Patronato Rosario de Acuña hace público un comunicado de apoyo al Gobierno del Frente Popular y anuncia  «que está organizando una guardería de niños que ampare a los de la barriada de Aluche, a la cual pertenece el grupo escolar». 

La situación se complica. A principio de octubre los militares sublevados avanzan hacia Madrid. A partir de entonces ya nada será igual para el Grupo Escolar Rosario de Acuña. Una parte del alumnado es enviado a la huerta murciana; los de la guardería parten hacia Barcelona. Meses de guerra, dolor y muerte.

Decretada la paz por los vencedores, todo se volvió negro para los vencidos. En la negritud del olvido se enterró todo recuerdo de Rosario de Acuña Villanueva: el polvo cubrió sus libros en archivos y bibliotecas, su nombre se borró de los callejeros (⇑), el grupo escolar del barrio de Aluche, distrito de Latina pasó a denominarse San José de Calasanz...  El inicio de la larga posguerra confinó a Regina Lamo Jiménez en Barcelona al amparo de su hija Enriqueta y para colaborar en la economía familiar publicó algunos libros bajo el seudónimo Nora Avante. Falleció en 1947, cuando contaba con setenta y siete años. Julia Álvarez Resano, después de prestar sus servicios como gobernadora de Ciudad Real, como juez de primera instancia e instrucción en Alberique, como magistrada interina del Tribunal Central de Espionaje y Alta Traición, partió para el exilio. La antigua directora del Grupo Escolar Rosario de Acuña residió primero en el sur de Francia y más tarde en México, donde murió en 1948, unos meses después que Regina.

Tras varias décadas de olvido, silencio y desmemoria, el aire viciado que todo lo envuelve parece que empieza a moverse, abriendo algunos huecos entre la densa neblina. En Gijón comienzan a preguntarse (⇑) quién había sido esa mujer cuyo nombre permanecía unido a un determinado lugar del litoral gijonés, un topónimo tantas veces utilizado por quienes por él transitan: «estuve por Rosario Acuña» o «fui a dar un paseo hasta Rosario Acuña». Algunos años más tarde, María del Carmen Simón Palmer, investigadora del Instituto de Filología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas  reedita dos de sus obras (⇑) y hace pública una lista con el paradero de varias decenas de sus escritos. Poco a poco va aumentando la nómina de quienes se interesan por desempolvar el rastro de su existencia, por rescatar su ejemplar testimonio vital para incorporarlo al patrimonio colectivo (⇑).

Centro Sociocultural Rosario de Acuña

En 2017 se constituye en Madrid la Asociación Mesa de Memoria Histórica del Distrito de Latina.  Entre sus integrantes se encuentra Rosa María Arteaga Cerrada, la cuarta protagonista de esta historia, la cuarta de las mujeres que han unido su nombre al del Grupo Escolar Rosario de Acuña.

En la segunda reunión que celebra la Mesa, Rosa María presenta una propuesta que tiene por objetivo la restitución de la denominación del centro cultural conocido como San José de Calasanz por el de Rosario de Acuña, el nombre con el cual fue inaugurado el edificio en febrero de 1933. Fue bien acogida por el resto de integrantes y se acuerda su traslado a las autoridades municipales. A ella le corresponderá defender la proposición ante la Junta Municipal, exponiendo a los presentes un documentado resumen de la biografía de doña Rosario, al tiempo que reivindica la importancia que conlleva el propio acto de restitución, de recuperación, de la denominación original. Semanas después, la Junta Municipal del Distrito de Latina acordó asignar el nombre Rosario de Acuña al centro sociocultural sito en la calle María del Carmen, número 65. Al verano siguiente, la decisión es ratificada por el delegado del Área de Gobierno de Coordinación Territorial y Cooperación Público-Social.

Hay que decir, no obstante, que el proceso no resulto sencillo. Para empezar, la aprobación en la Junta del Distrito no fue fácil: tanto en la primera votación como en la segunda se registró el mismo número de votos a favor de la propuesta como en contra, siendo necesario el voto de calidad de la presidenta para que, finalmente, fuera aprobada. O bien no estaban de acuerdo con esta labor de recuperación, o bien era la propia Rosario de Acuña la causa de su negativa; quizás fueran ambas cosas. Fuera como fuera, el caso es que surgen nuevos obstáculos: el acuerdo de la Junta de Distrito no acaba de recibir el visto bueno de la Junta de Gobierno del Ayuntamiento de Madrid, sin cuya aprobación el cambio de nombre, la recuperación del históricamente primigenio, no se produciría. Al parecer, podría haber algún obstáculo en el entramado normativo municipal que impediría la duplicidad en el nombre de calles y de edificios municipales, lo cual sucedería en este caso, pues ya existe una calle con su nombre.

Probablemente los ortodoxos cuidadores de la normativa municipal no contaban con que Rosa María Arteaga fuera tan luchadora como el resto de mujeres que protagonizan este comentario, que habría de batallar con tesón por aquello que consideraba justo; tampoco con su larga trayectoria en el desempeño de funciones jurisdiccionales como fiscal, jueza y magistrada. El caso es que no cejó en su empeño. Tras meses de espera, en una reunión de la Mesa de Memoria Histórica informa de las trabas que se ha encontrado la propuesta que habían presentado y, bien lejos del desistimiento,  procede a leer el recurso de impugnación que ha preparado acerca de la interpretación realizada de la ordenanza municipal en vigor.

Al final, como ha quedado dicho, en junio de 2018 queda formalmente aprobada la nueva denominación oficial: desde ese momento el edificio que albergara aquel grupo escolar que fue inaugurado el sábado 11 de febrero de 1933, destinado ahora a otros usos, recupera su nombre primigenio: Centro Sociocultural Rosario de Acuña. 

Cuenta la prensa que el barrio de Aluche se había engalanado para la ocasión, que desde el Puente de Segovia no eran pocas las casas que lucían colgaduras de los colores nacionales, colchas o mantones de Manila, y que en la Puerta del Ángel se había levantado un arco de triunfo con una inscripción que decía: «¡Viva la República, que ama la cultura!».




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21 noviembre

298. Para los jóvenes socialistas de La Hueria


Hace unas semanas recibí del Centro Documental de la Memoria Histórica la copia de un ejemplar del semanario Vida Socialista que les había pedido hace ya un tiempo. Contaba con una referencia acerca de la publicación en sus páginas de un escrito de Rosario de Acuña y, aunque el periódico se puede consultar en otras bibliotecas, ese número sólo lo pude localizar en el CDMH. Sin duda, la espera mereció la pena.

En el texto del referido escrito –respuesta a una petición que le habían hecho llegar los responsables de las Juventudes Socialistas de la Hueria de San Andrés– encontramos una nueva evidencia de su cercanía al pueblo llano, a los más humildes, a los trabajadores, a los proletarios. Aunque no mucho antes hubiera escrito que «no es socialista en el sentido dogmático, ni científico de la palabra», la carta es prueba, una más, de que durante la última etapa de su vida, la que tiene por escenario su casa gijonesa, Rosario de Acuña se siente cerca de los desheredados, de los que sufren y padecen, de los que se retuercen ante las iniquidades de la sociedad. Así lo cuento en el apartado «Gijón: el compromiso social», incluido en Rosario de Acuña y Villanueva. Una heterodoxa en la España del Concordato (⇑)

El proceso de acercamiento progresivo a la clase trabajadora, iniciado en tierras cántabras, es ahora, tras su retorno del exilio, mucho más evidente. No es solo por justicia social; no se trata de que su conciencia de mujer criada en la abundancia burguesa necesite aproximarse a los desheredados de la tierra. No; es más bien una cuestión de esperanza. Lejos han quedado aquellos tiempos en que confiaba que la regeneración patria podía venir de la mano de unas mujeres ilustradas que, abandonando la enfermiza vida urbana e instaladas en sus nuevas residencias campestres darían a luz a una nueva sociedad ilustrada y racionalista. Su esperanza estaba ahora depositada en la clase trabajadora; anhelaba que los más concienciados pudieran guiar al resto por la senda del progreso. No podía menos que confiar en quienes eran capaces –hurtando horas al merecido descanso tras las largas jornadas de trabajo intenso–  de acudir a las clases nocturnas que organizaba el Casino-Obrero de Gijón en sus distintas sucursales: «No hay espectáculo más soberanamente hermoso, que ver a los hijos del pueblo ansiosos de ilustrarse»; no podía menos que confiar en los carreteros (⇑) que no dudaban en salir en defensa de quienes son injustamente tratadas por «esos hijos espurios, amamantados en los hogares de la clase burguesa española, todos ellos convertidos en beaterios, alcahuetes de vicios y crápulas...»; no podía menos que confiar en quienes se rebelan contra «el endiosamiento de unos pocos sobre la sumisión de muchos...»


Mineros de Minas Etelvinas, 1915 (Asociación Cultural de Amigos del Valle de La Hueria)
Mineros de Minas Etelvinas, 1915 (Asociación Cultural de Amigos del Valle de La Hueria) 

«¡Si no es por vosotros, proletarios, esto se acaba, se acaba!»: esa esperanza en la capacidad transformadora de la clase trabajadora será la que consiga sacarla del alejamiento y el silencio en los que se había refugiado tras el retorno de su obligada estancia en Portugal, donde tuvo que refugiarse para no ser procesada. Volvió más cansada y más pobre que cuando partió; también más decepcionada, tanto que bien pudiera pensarse que había tomado la decisión de abandonarlo todo y recluirse en la casa del acantilado: su firma desaparece de los periódicos y no consta que participe en ninguna reunión ni acto social. 

Tras unos meses de soledad, de retiro, parece ser que hay quien la echa en falta. La primera llamada que recibe procede de la Juventud Socialista de Gijón, cuyos integrantes se acuerdan de ella para los actos que organizan con motivo del Primero de Mayo de 1914. Inicialmente la invitan a participar en un té fraternal, más tarde tomaron la opción de «hacer el domingo inmediato a dicho día una visita a la venerable señora ya encanecida en las luchas por la causa de la libertad». 

Aunque el proyectado encuentro no se llevó a cabo entonces, pues doña Rosario se encontraba enferma y no puede recibirlos como ella hubiera querido, bien podemos pensar que esta iniciativa de los jóvenes socialistas gijoneses facilitó su recuperación, avivó de nuevo la esperanza: además de aquellos  universitarios, hijos de la burguesía, que ataviados con sombrero y corbata salieron a las calles para pedir su cabeza, también había otros que claman contra las injusticias, se empecinan en acabar con las «tremendas iniquidades sociales», se acuerdan de ella y la toman como ejemplo.

Unos meses después y a unas pocas decenas de kilómetros de donde ella vive, otros jóvenes deciden agruparse para constituir las Juventudes Socialistas de la Hueria de San Andrés, una localidad del concejo de San Martín del Rey Aurelio que contaba por entonces con varias minas abiertas para la explotación de carbón: el coto carbonífero denominado Etelvinas, propiedad de Duro y Compañía,  situado en el centro del fértil valle de Carrocera o el grupo denominado La Encarnada, de Gregorio Vigil Escalera y Compañía. 

Mineros de Minas Etelvinas, finales de los veinte (Asociación Cultural de Amigos del Valle de La Hueria) 

De los cerca de quinientos mineros que, según informaciones de entonces, trabajan en la zona, unos pocos de entre los más jóvenes han decidido dar un paso al frente y agruparse para intentar contribuir al «mejoramiento moral y material de todos los explotados». De los integrantes de aquellos primeros comités de las Juventudes Socialistas de la Hueria conocemos algunos nombres. Sabemos de la ilusión y entusiasmo de Bernardo Villa y Amador Vicente (encargados  de las suscripciones a El Socialista), del secretario José Calleja o de Luis Montes, presidente de las Juventudes, de cuyas actividades proporcionaba cumplida información en la prensa socialista.  

Gracias a sus escritos conocemos algunos de los actos que organizan, bien sea para para propagar el ideario socialista o para estrechar lazos con las Juventudes y agrupaciones socialistas de otras localidades. En ocasiones, también organizan jiras campestres, actividad que permite tanto lo uno como lo otro, pues tras la caminata y la posterior comida fraternal no suele faltar el discurso de algún dirigente socialista.  

Además de las informaciones sobre las actividades que llevan a cabo sobre las tareas internas de la organización, Luis Montes también escribe acerca de los asuntos que preocupan a sus jóvenes correligionarios, como los accidentes en la mina, el mutualismo obrero, la desatención médica, el precio del pan o la conveniencia de que en La Hueria se lea El Socialista y no los periódicos burgueses, «que han de defender siempre los intereses contrarios a los de los trabajadores, por sus ideas o por su dependencia económica». 

En las páginas de ese mismo periódico, en la edición correspondiente al día 6 de septiembre de 1915, Luis Montes y sus correligionarios debieron de haber leído una noticia que, sin duda, resultaría de gran interés para ellos, pues hablaba del homenaje que se le había tributado en Gijón al veterano socialista Eduardo Varela Bellido, de la «imponente manifestación con las banderas al frente» que recorrió las calles gijonesas, también de una corona de flores que iba tras las banderas, en la cual se podía leer la siguiente dedicatoria: «A memoria de Eduardo Varela (un buen sembrador), su antigua amiga Rosario de Acuña y Villanueva».

Pocos días después, El Socialista publica un texto de la vieja luchadora, que por este acto recibió un voto de gracias en la clausura del X Congreso de la Federación Socialista Asturiana. Se trata del titulado «Conquistemos los campos...», un fragmento del contenido de su respuesta a la carta de agradecimiento que le hizo llegar el presidente de la Agrupación Socialista Gijonesa.

A finales de ese mismo año, también pueden leer en las páginas del mismo periódico un suelto que les atañe, pues pide su colaboración: «Las Juventudes y Agrupaciones deben preocuparse por conseguir que este notable número sea muy leído y propagado...». Se refiere a la próxima edición del semanario ilustrado Acción Socialista en el cual se incluyen las respuestas que sus responsables plantearon a diversas personalidades: «¿Qué opina usted de Pablo Iglesias?». Allí están las opiniones de Gabriel Alomar, Joaquín Dicenta, José Ortega y Gasset, Américo Castro, Miguel de Unamuno, Antonio Zozaya o Gumersindo de Azcárate. También la de Rosario de Acuña («Me preguntan ustedes cuál es mi opinión respecto a Pablo Iglesias...» ⇑).

Bien parece que doña Rosario se encuentra cómoda en aquel entorno. No hay que olvidar que ha dejado escrito que por aquel entonces sólo leía la prensa portuguesa y El Socialista. En esas mismas páginas que ella solía leer vuelve a aparecer un escrito suyo con un título muy atractivo para sus lectores: «El Primero de  Mayo de 1916», que también será publicado en la edición correspondiente del semanario Acción Socialista.

Fragmento del escrito de Rosario de Acuña publicado en El Socialista el 2-5-1916

Bien. Amador Vicente, Bernardo Villa, José Calleja, Luis Montes y los demás integrantes de las Juventudes Socialistas de La Hueria parece que lo tienen claro. Están pensando en celebrar el segundo aniversario de su fundación y toman el acuerdo de enviar una carta a Rosario de Acuña con el fin de pedirle un escrito suyo para leerlo en la velada conmemorativa que tienen previsto organizar. A su favor cuentan con un antecedente: saben que unos meses atrás, en marzo de ese mismo año, en la velada que había organizado la cercana Agrupación de La Vega con motivo de la «conmemoración de La Commune» se había leído un texto suyo escrito expresamente para tal acto. 

Doña Rosario aceptó la invitación. En su respuesta (⇑), firmada en Gijón el 6 de diciembre de 1916, encontramos algunas reflexiones ya conocidas, que tienen que ver con la necesidad de formarse, de no ceder ante la llamada de las «sensualidades groseras», de permanecer bien despiertos en la batalla diaria «con el trabajo por lema, la justicia por fin y el amor por medio». No faltan manifestaciones similares en otros escritos suyos dirigidos a distintas sociedades obreras. En esta ocasión y además de lo anterior, la carta contiene un elemento novedoso, tanto que me resultó sorprendente cuando lo leí. 

Resulta que Rosario de Acuña no solo estaba al tanto de la existencia de las Juventudes Socialistas y de sus actividades, sino que también conocía a su fundador. Estaba al tanto de que Tomás Meabe había fallecido meses atrás, «en la plenitud de su vida», y conocía también algunos de sus escritos, tanto sus artículos doctrinales como sus poesías, «delicadezas de alma, penetración de entendimiento, voluntad generosísima y mentalidad cultivada hasta la cumbre del arte literario».

Así que el consejo que les brinda a los destinatarios de sus palabras, jóvenes socialistas de La Hueria, no es otro que el de seguir el ejemplo del fundador, que estudien sus escritos y que los aprendan de memoria, «ellos os darán las claves de todas las literaturas fecundas, humanas y justas».

Por las informaciones publicadas en El Socialista sabemos que, en efecto, el contenido de esta carta fue leída en la velada conmemorativa. También que unos días después, quizás como consecuencia de estos actos, el comité acordó dirigir una circular a todas las de la región (más de treinta) «con el fin de crear la Federación de Juventudes Socialistas de Asturias». 

Fotografía de José Calleja (Fundación José Barreiro)
José Calleja Díaz

También sabemos qué fue de alguno de aquellos entusiastas socialistas que un día decidieron escribir una carta a Rosario de Acuña. Gracias a la Fundación José Barreiro tenemos noticia de la trayectoria seguida por José Calleja Díaz, secretario por entonces de las Juventudes. 

Nacido en La Hueria de San Andrés en 1898, empezó a trabajar como minero en La Encarnada cuando tan solo contaba doce años de edad. Tras su paso por las Juventudes, se integró en la Agrupación Socialista de su localidad. En noviembre de 1925 participó como delegado en el XV Congreso de la Federación Socialista Asturiana. A propuesta de las agrupaciones de San Martín del Rey Aurelio, fue uno de los integrantes de la candidatura socialista en las elecciones municipales de febrero de 1931, resultando elegido concejal y uno de los miembros de la Comisión de Obras Públicas...

Lo que desconozco es si en algún momento realizó algún testimonio público acerca de una carta que tiempo atrás, cuando contaba con dieciocho años y era secretario de las Juventudes Socialistas de La Hueria, una vieja luchadora les remitió desde una casa situada sobre un acantilado del litoral gijonés exhortándoles al estudio y al trabajo, si habló a alguien de su afectuosa despedida: «Siempre pensando en vuestra labor de titanes y deseándoos fe para mirar alto y valor para luchar toda la vida, queda vuestra amiga Rosario de Acuña y Villanueva»

 

 



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30 octubre

297. Con las niñas a otra parte

Aunque sabemos que Regina Lamo Jiménez solía visitar a su hermano Carlos y a su tía Rosario, gracias a la prensa local tenemos constancia de alguna de estas visitas, como la que tiene lugar en el verano de 1920, pues a mediados de septiembre el diario El Noroeste da cuenta de su partida «tras haber pasado en Gijón la temporada veraniega» en compañía de sus dos hijas: Carlota, que ya tiene quince años, y Enriqueta, que en la primavera cumplió los once. 

Regina la conocía desde bien joven (⇑) y, a pesar de que tiene veinte años menos que Rosario, comparte con ella puntos de vista e inquietudes en lo que respecta a la emancipación de la mujer, a la llamada cuestión social, al gusto por la poesía o al amor por los animales: Regina estará en los inicios de la Federación Ibérica Protectora de Animales y Plantas, desde donde luchará contra las corridas de toros y contra todo acto que pueda suponer sufrimiento para los animales, objetivo que comparte con Rosario de Acuña. Las coincidencias no se limitan al campo de las ideas que defienden (la necesidad de avanzar en la situación social de la mujer, la defensa del librepensamiento, la importancia de la educación de las nuevas generaciones, el papel protagonista que ha de jugar el proletariado español en la regeneración patria…); además, las dos se caracterizan por poseer una fuerte personalidad: ambas muestran decisión, voluntad y coraje para pelear por la consecución de sus ideales.

Quizás sea esa capacidad de lucha, esa decisión, la razón de que fuera ella y no su hermano quien intente por todos los medios a su alcance cumplir la encomienda que Rosario de Acuña dejó escrita en su testamento: «encargo a don Luis París y Zejín que ayude a ordenar, coleccionar, corregir y publicar (poniéndole prólogo a la colección) a D. Carlos Lamo y Giménez todas mis obras literarias publicadas o inéditas, en prosa o en verso...». Tal y como explico en un comentario anterior (⇑), no fue ni el uno ni el otro, fue Regina quien impulsó varias iniciativas para publicar las obras de su tía: a principios del año 1929 pone en marcha la Editorial Cooperativa Obrera, que publicará varios de sus cuentos y algún que otro escrito; en 1933 logra editar Rosario de Acuña en la escuela, con algunos artículos, diálogos teatrales, cuentos o poesías: un proyecto destinado al ámbito escolar que quedó truncado, y el libro, anunciado como «Tomo I», se convierte en «tomo único», pues no tuvo la continuación inicialmente prevista.

Aunque no está presente en los homenajes que se le tributan en Gijón con ocasión de los dos primeros aniversarios de su fallecimiento («ausente yo de Gijón, adonde no fui hasta transcurridos dos años y cinco meses del tránsito de mi tía»), será ella quien tome el relevo de su hermano para evitar que la ejemplar trayectoria vital de Rosario de Acuña cayera en el olvido. Elegida vicepresidenta del Ateneo Socialista de Barcelona en noviembre de 1928, organiza una velada para honrar la memoria de su amiga. Tras la proclamación de la Segunda República, Regina redobla sus esfuerzos que se van a ver en parte recompensados cuando, a principios del año 1933, la Junta Municipal de Enseñanza de Madrid, acuerde que uno de los grupos escolares de nueva creación lleve su nombre. El 11 de febrero, con la asistencia de Niceto Alcalá Zamora, presidente de la República, se inaugura el Grupo Escolar Rosario de Acuña, establecido en la calle de España, en el barrio de Aluche. 

Poco después, con la intención de prestar apoyo al nuevo colegio y de enaltecer la memoria de la mujer que figura en su denominación oficial, impulsa la creación del Patronato Rosario de Acuña (⇑), que pasa a presidir. Los actos se suceden. Ilustres conferenciantes (Jiménez de Asúa, Belén Sárraga o Tato y Amat) que hablan sobre educación e higiene, pero también sobre otros asuntos de interés general. En cuanto a las actividades para el alumnado, destacan las veladas artísticas o las meriendas de confraternización con ocasión de algunas efemérides, como el Día de la Cooperación Internacional o el aniversario de la proclamación de la República. El último tuvo lugar el domingo 19 de abril de 1936: tras repartirse una «suculenta y abundantísima merienda» no solo para quienes asisten al centro escolar sino también para muchos pequeños del barrio, «aspirantes a ingreso en sus aulas», la Agrupación Musical Obrera de La Latina amenizó una animada velada de confraternización. 

Todo habrá de cambiar pocas semanas después con las primeras noticias de la sublevación del Ejército de Marruecos contra el Gobierno de la República. Aunque en Madrid no triunfó la conspiración militar y la capital queda bajo control gubernamental, la toma de la ciudad es un objetivo para los sublevados. Antes de que concluya aquel trágico mes de julio del año treinta y seis, el Patronato Rosario de Acuña hace público un comunicado de apoyo al Gobierno del Frente Popular en el cual ofrece la colaboración de sus miembros para prestar auxilio en hospitales, ambulancias o guarderías. El texto, firmado por la presidenta Regina Lamo, concluye anunciando «que está organizando una guardería de niños que ampare a los de la barriada de Aluche, a la cual pertenece el grupo escolar que ostenta el nombre de la insigne republicana librepensadora Rosario de Acuña».

Enriqueta O´Neill Lamo en la guardería infantil Rosario de Acuña reinstalada en Barcelona
Enriqueta O´Neill Lamo en la guardería infantil Rosario de Acuña reinstalada en Barcelona

A principios de octubre, los militares sublevados que habían reorganizado sus tropas en el Frente del Tajo, inician su avance a Madrid. Es entonces cuando se decide trasladar a los niños. Una parte de los que integran el grupo escolar Rosario de Acuña son enviados a la huerta murciana. Los de la guardería parten hacia Barcelona, donde ya se encuentran a primeros de noviembre, instalados en una guardería sita en la calle Aviñó número 20.

La capital catalana se convierte por entonces en lugar de acogida para la infancia desplazada. Se ponen en marcha varios CAIR (Comité de Ayuda Infantil en la Retaguardia) con la misión de proporcionar refugio a los niños evacuados. Tal y como se cuenta el semanario madrileño Crónica en el primer número del año 1937, son más de tres mil quinientos niños los que por entonces están a cargo de Ayuda Infantil en la Retaguardia. Los primeros habían llegado del frente de Aragón, luego de Irún, los últimos llegaron de Madrid. 

Texto de la aclaración al reportaje publicado por el semanario Crónica acerca de la guardería Rosario de Acuña
El reportaje, firmado por Madrigal Hernández, es muy completo, a doble página, pero contiene un error: las fotografías que lo ilustran no son de la guardería Lina Odena como equivocadamente se afirma, sino de la Rosario de Acuña, «radicada en Madrid, Paseo de Extremadura, 105», y llegada a Barcelona el 5 de noviembre, tal y como precisa la nota que publicó el periódico barcelonés El Diluvio en los primeros días del mes de enero de 1917, recogiendo la aclaración remitida por las profesoras Enriqueta O´Neill y Josefa Mildon, que son quienes aparecen en las fotos.

La menor de las hijas de Regina Lamo, había interrumpido varias veces su enseñanza por razones familiares y cambios de domicilio; luego intentó estudiar diversas enseñanzas que no llegó a completar. «Su belleza, su inteligencia, su desordenada cultura, sus conocimientos de esto y de aquello, sus ansias de superación, constituían un hermoso conjunto». Con veintitantos años conoció a César Falcón, por entonces uno de los mejores escritores y periodistas de habla hispana, activo militante del Partido Comunista de España y director de Mundo Obrero. En diciembre del año treinta y cinco nació su hija, a la que pusieron por nombre Lidia. Once meses después del nacimiento, abandona Madrid con los niños de la guardería Rosario de Acuña, que queda instalada «solo accidentalmente» en la barcelonesa calle Aviñó. 

Como años después contará su hija, Lidia Falcón O´Neill, en Los hijos de los vencidos, la estancia de Enriqueta en Barcelona no tendría el carácter de provisionalidad que ella pensaba por entonces. El inicio de la larga posguerra las pilló a las tres, hija, madre y abuela, en aquella ciudad, «sin un amigo, sin un céntimo, sin una esperanza». Menos mal que, sorprendentemente, Enriqueta consiguió una plaza de secretaria en la recién creada Delegación de Prensa y Propaganda, dependiente del Ministerio de Educación Nacional. 

Gracias al dinero que ganaba Enriqueta con su nuevo trabajo (y al cupo de alimentos al que tenía derecho) se alimentaban las seis personas que se alojaban en un piso de la barcelonesa calle Muntaner. Allí habían logrado reunirse la abuela Regina, sus hijas Carlota y Enriqueta y sus tres nietas: Lidia, la más pequeña, que había llegado de Madrid y María Gabriel y Carlota, rescatadas del Asilo de Huérfanos de Militares, donde se encontraban desde los inicios de la guerra civil, cuando su padre, el comandante de aviación Virgilio Leret, fue sentenciado a muerte por oponerse a la sublevación militar y su madre, Carlota Lamo O´Neill, ingresó en la prisión de Melilla. Al final, las seis se encontraban gracias a los buenos oficios de Bernabé, que por entonces era el Delegado de Prensa y Propaganda en Barcelona: «Mis años de infancia transcurrieron bajo el amparo de Bernabé y sus relaciones con mi madre no me dejaron entrever la existencia de aquel amor que era para todos patente». 

De Bernabé, a quien llamaban familiarmente Pepe, cuenta también Lidia Falcón que fue el artífice de la desaparición de los antecedentes de su madre. Relata que tuvo que pagar una buena cantidad de dinero a un policía para hacerse con el expediente completo de su madre: su matrimonio con César Falcón, sus colaboraciones en Mundo Obrero, su trabajo en el Teatro Proletario o su pertenencia a Film Popular, productora que se dedicaba a la importación de películas soviéticas y a la redacción del noticiero España al día.  

Uno de los dibujos de Enriqueta O´Neill Lamo que ilustra el libro Rosario de Acuña en la escuela

Ni qué decir tiene que la condena que podría esperarse de hacerse público el expediente hubiera sido muy grave, nefasta para la familia. Todo quedó destruido. Gracias a la actuación de Bernabé nadie sabría lo de César Falcón, Mundo Obrero, Film popular o el Teatro Proletario; tampoco que Enriqueta O´Neill Lamo pasó temporadas en la casa gijonesa de aquella mujer cuyo nombre se había proscrito, arrancado de paseos, calles y colegios; que sus dibujos habían ilustrado aquel libro, titulado Rosario de Acuña en la escuela, que su madre había conseguido publicar para enaltecer la memoria de su tía y amiga; o que había sido profesora en la guardería Rosario de Acuña, cuando no tuvieron más remedio que salir del asediado Madrid para refugiarse en aquella misma ciudad donde ahora las tres nietas de Regina Lamo Jiménez iniciaban una larga posguerra, que no parecía acabar nunca.






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